Impresiones

Claire Withercross



Descargo: Los personajes de este relato pertenecen a MCA/Universal/RenPic. El relato es mío.
Avisos: Si os molesta o es ilegal donde vivís (ya sabéis a qué me refiero), leed otra cosa, aunque aquí no aparece nada gráfico.
Rollos de bardo: Gracias a todos los de la lista de los Ex-Guards que han comentado la versión beta de este relato. Gracias también a Ann y a Pam, y posiblemente a Michael, aunque no creo que él haya contribuido nada a este relato: ¡menudo cambio! Una mención especial para Kate, Angela, Marsha y Spike por la melaza. Otro saludo especial para Stormybard. Ah, y Richard quiere otra mención, aunque sigue sin leer estas cosas. Mm... ¿alguien más? Ah, sí, un saludo muy especial para Murphy, gracias por las vírgenes y las cosas de picar. Gracias a Ruth, Marie, Lawls y Steph por hacer lo que hacen y permitir que la gente lea mis cosas (y a MaryD por mi relato de Voyager). Gracias a Kam por dejar que la odie :-). Saludos a Ali y a AJ. Muchísimas gracias a todos los que me han escrito para decir que les ha gustado uno de mis relatos. Sí, esas personas existen de verdad, ¡es genial! Ya que estoy, gracias a las dos And y a BG por ayudarme tantísimo. Partes de este relato se han escrito en estado de desnudez (calma, MK). Ahora creo que ha llegado el momento de parar, antes de que esto sea más largo que el relato en sí.
Nota histórica: Este relato ocurre.
clairewitherx@altavista.com

Título original: Impressions. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2010


Mi primera impresión fue que la guerrera, Xena, estaba al mando y que la joven, Gabrielle, era su esclava. Creo que era por la forma en que Xena iba montada a caballo y Gabrielle la seguía a pie. Cuando se detuvieron para comprar provisiones, la guerrera se quedó con el caballo mientras Gabrielle hacía las compras. Cuando se detuvieron para comer, la guerrera se ocupó de sus armas mientras la joven preparaba la comida y se la servía. Todo aquello parecía encajar en el patrón guerrera/esclava.

Mi siguiente impresión fue que Gabrielle no era muy inteligente. Durante la comida, parloteaba sin cesar de naderías, mientras la guerrera se limitaba a asentir cortésmente y ni intentaba hacerla callar o responder. A veces Gabrielle alargaba la mano para birlar algo del plato de la guerrera. Xena sonreía con tolerancia, como uno sonreiría a un niño que hubiera hecho lo mismo. A lo mejor Xena no era una guerrera sin corazón y se había apiadado de esta simplona y le permitía seguirla.

Mi siguiente impresión fue que se trataban como iguales y que viajaban juntas porque disfrutaban de su mutua compañía. Después de comer, la guerrera ayudó a Gabrielle a subirse a la silla de montar y las dos cabalgaron juntas, riendo y bromeando. Se tomaban amablemente el pelo la una a la otra y el ambiente era relajado. Esta impresión se vio reforzada por la noche, cuando se acostaron juntas.

Por la mañana, mi impresión sobre su relación cambió. Xena se levantó temprano y con entusiasmo, aunque poca habilidad, le preparó el desayuno a Gabrielle para cuando se despertara. La guerrera canturreaba una sencilla melodía mientras colocaba la comida en el plato, regañándose a sí misma cuando ponía algo mal. Cuando la joven se despertó y vio el desayuno, gorjeó encantada y alabó muchísimo a la otra. Xena se ruborizó y se puso tímida por lo mucho que Gabrielle jaleaba su esfuerzo. ¡Tímida! ¿Una guerrera? A lo mejor la simplona era Xena, que fingía ser guerrera, y Gabrielle estaba con ella para vigilarla y cerciorarse de que no se metía en líos.

Todas estas impresiones eran erróneas. Ya más avanzado el día se me reveló la auténtica naturaleza de su relación.

Gabrielle entró sola en la taberna mientras Xena acomodaba al caballo en el establo. No tardó en llamar la atención no deseada de un grupo de hombres. Hizo todo lo posible por no darse por enterada, pero estaban borrachos y sólo pensaban en una cosa. Uno de ellos insinuó que Gabrielle era una mujer de afectos negociables. Salió entonces disparado por los aires y se estrelló con la pared. Xena estaba plantada donde había estado el hombre, con los ojos relucientes y el amago de una sonrisa en la comisura de los labios, retando a los demás hombres. No voy a entrar en detalles sobre la pelea, baste decir que se desenfundaron armas y que los hombres salieron mal parados. Pero eso resolvió el tema de su relación. Durante toda la pelea, Xena tenía vigilada a Gabrielle en todo momento, tomando nota exacta de dónde estaba y de lo cerca que podía estar del peligro. Xena era la esclava. La protectora. Dispuesta a jugarse la vida por la joven. ¿Qué poder debía de poseer Gabrielle para convertir en esclava a una temible guerrera? Para domar un alma violenta y volcarla hacia...

El amor.


FIN


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