El silencio

Vutzyluv



Descargos: Estos personajes no me pertenecen. Son propiedad de unas personas muy afortunadas. No se pretende infringir ningún derecho de autor.
Sexo: Nada (lo siento).
Violencia: Se menciona, pero nada demasiado malo.
Episodios revelados: Alguno, temporadas 1-5.
Comentarios: Podéis enviar cualquier comentario a vutzyluv@yahoo.com

Título original: The Silence. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Nunca hasta ahora he hecho todo lo posible por separarme de ella. La idea casi me daba miedo, pero lo propuse antes siquiera de haberme parado a pensar y para entonces ya era demasiado tarde. Y cuando lo aceptó con tanta indiferencia, pensé que a lo mejor era lo que ella también necesitaba.

Sí, ya la había dejado anteriormente para ir a casa y pensar un poco. Pero esto era distinto. Esta vez me iba a distanciar de ella conscientemente, y ella se comportaba como si lo único que hubiera propuesto fuera una pequeña acampada por mi cuenta. Por supuesto, ésa era la impresión que había querido causar. Tanto hablar y al final nunca se dice nada.

Ese mismo día había ido al mercado a comprar provisiones para las dos. Iba buscando un sitio donde conseguir cordones nuevos para mis botas, y por el rabillo del ojo habría jurado que vi a Esperanza. No a Esperanza como la última vez que la vi, sino como cuando era pequeña. Sentí que el miedo y la desesperación me atenazaban el corazón, pero cuando la vi más de cerca me di cuenta de que no era Esperanza en absoluto. Tuve que pararme y recordarme a mí misma que Esperanza había muerto, que habíamos logrado librar al mundo de ella años antes.

En cuanto me liberé del recuerdo de Esperanza, otra serie de recuerdos me atacó al mismo tiempo. Me quedé plantada en el mercado y visualicé la muerte de todas las personas a las que había conocido. Vi a Terreis abatida por las flechas. Vi a Pérdicas acuchillado por Calisto. Vi a Xena sujetando el cuerpo de Solan en sus brazos. Oí los aplausos del gentío cuando iban a ejecutar a Craso. Vi a Eli asesinado por Ares. Y a Joxer, el pobre Joxer. Y otras muertes innumerables asaltaron mi memoria a la vez, y pensé que yo también me iba a unir a ellas, en ese mismo instante.

Cuando conseguí volver a orientarme, regresé al campamento, donde le dije a Xena que esta noche iba a acampar yo sola. Le dije que quería terminar de escribir una cosa y que estar sola me podía venir bien. Ella asintió, dijo que le parecía buena idea y me deseó suerte con mis escritos.

En cuanto lo aceptó tan alegremente me entraron ganas de estrangularla. ¿Acaso no se daba cuenta de que estaba llena de dolor? ¿Es que es demasiado pedir que se dé cuenta de cuándo algo va mal? ¿Por qué nunca se acerca a mí? ¿Por qué tengo que optar por venirme abajo delante de ella cada vez que necesito que me consuele? Bueno, pues esta vez no. Yo también podía hacerme la guerrera dura. Así que en lugar de verbalizar mi dolor, recogí mis cosas y me adentré en la noche.

Cuando encontré un lugar adecuado, instalé el campamento inmediatamente. Me sorprendió lo fácil que era. Xena y yo siempre habíamos trabajado por igual a la hora de acampar. Yo siempre había creído que era un trabajo de dos, pero me las había arreglado perfectamente yo sola.

Tras acomodarme, saqué mis pergaminos para intentar escribir, pero fue en vano. Una vez a solas con mis pensamientos, no hubo manera de eludirlos. En lugar de recordar nuestras últimas aventuras y registrarlas, sólo conseguía imágenes de mi pasado dolor. Ya sé que los recuerdos siempre te alcanzan cuando menos te lo esperas, y ésta no era la primera vez que me ocurría. A veces recuerdo cosas que he jurado haber dejado atrás, pero Xena siempre ha estado ahí para hablarlo con ella. A fin de cuentas, nadie conoce el pesar mejor que Xena. Pero esta vez no me parecía que pudiera acudir a ella.

Con los años nuestra relación se ha reequilibrado de una forma rara. Hace años ella era la que se ocupaba del aspecto físico de las cosas, mientras que yo utilizaba mi habilidad con las palabras para salir de las situaciones que eran más... delicadas. Pero desde entonces me he convertido en guerrera por derecho propio, y la comunicación ha sido escasa por ambas partes. Es como si ya no estuviéramos metidas en esta intensa relación; es más como si fuésemos socias.

Era esta sensación de que Xena se había transformado en una socia de negocios lo que me hacía sentir que debía ocuparme yo sola de esto, pero no me estaba funcionando muy bien. No tenía modo de superar el dolor. Lo único que podía hacer era quedarme ahí sentada y sentir un recuerdo tras otro seguido de un ataque de náuseas. No encontraba el modo de romper el círculo. Me puse a dar vueltas de un lado a otro. Mientras caminaba enérgicamente de acá para allá sentí que mi cuerpo era presa de una fiebre. Aunque tenía el cuerpo ardiente, empecé a temblar. Los temblores de mi cuerpo me daban aún más náuseas y traté de parar a base de fuerza de voluntad, pero no pude. Empecé a desear que ocurriera algo, cualquier cosa que me apartara de mis pensamientos. Estaba todo demasiado silencioso. No lograba pensar con tanto silencio.

Y fue entonces, justo cuando ya no podía más y estaba a punto de llamarla a gritos, cuando noté un brazo fuerte que me rodeaba la cintura. Levanté la mirada y me encontré con un par de ojos azules llenos de preocupación. Y en ese momento mi silencio se rompió.


FIN


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