Recuerdo...

T. Novan



Descargos: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y todos los demás relacionados con la serie de televisión del mismo nombre son propiedad de MCA/Universal Pictures. Esto es un fanfic y no se pretende infracción alguna de los derechos de autor.
Subtexto: Creo que dado todo lo que llevo escrito vamos a dejar de llamarlo subtexto para llamarlo texto explícito. Sí, están enamoradas la una de la otra.
Sexo: Nada.
Violencia: Nada.
Lenguaje soez: Nada.
Episodios destripados: Ninguno en realidad. Son sólo reflexiones de Gabrielle.
Otros: Esto ocurre poco después de Atracción animal. Se pueden enviar comentarios a tnovan@aol.com

Título original: I Remember... Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Recuerdo un tiempo en que jamás me despertaba con tanta facilidad. Recuerdo un tiempo en que refunfuñaba y gruñía por tener que levantarme. Es increíble cómo cambian las cosas.

No sé muy bien qué es lo que me ha despertado. Creo que no era más que un ciervo que se había acercado demasiado a nuestro campamento, pero lo único que sé es que ahora estoy despierta. Satisfecha de vigilar y protegerla a ella y a nuestro campamento. Igual que lo ha hecho ella por mí durante tantos años.

Sonrío, al tiempo que echo otro leño al fuego y miro nuestro petate. Xena duerme ahí ahora, tan apaciblemente, tan profundamente. Veo la ligera curva de su tripa y sonrío de nuevo.

Ella jura que no sabe cómo ha sucedido esto y que no me ha engañado. Al principio no la creí. ¿Cómo podía creerla?

Luego mi mente asimiló la noticia y recordé un momento muy doloroso de mi propio pasado. Ella me creyó. ¿Por qué no iba a creerla yo?

Dice que este niño es bueno. Eso también tengo que creerlo.

¿Por qué, podríais preguntar, cuando ella no le dio una oportunidad a mi propia hija? Porque, a lo largo de los años, he aprendido a confiar en ella. No confiaba en Esperanza porque percibió que la niña era malévola.

Tenía razón.

Dice que este niño es bueno. Yo también lo siento. Este niño es bueno y lo quiero como si fuera mío. Quiero a este niño, porque quiero a su madre.

Meneo la cabeza cuando vuelve a quitarse las mantas de encima. Poniéndome en pie, voy hasta ella y la tapo de nuevo, dándole un beso en la frente mientras ella me gruñe en sueños. Todavía cree que me intimida. Se equivoca, pero yo dejo que se lo crea.

Cada día que el niño crece dentro de ella, se pone más bella. Además, últimamente está muy graciosa. Las batallas con las náuseas matutinas son algo que hemos tenido que superar. He descubierto que una taza de té caliente con menta y un poco de pan es lo que mejor le funciona, pero como es terca como ella sola, siempre anda buscando algo que se lo cure.

No le hizo ninguna gracia cuando le tomé el pelo y le dije que la cura tardaría unos seis meses más en llegar. Tengo que recordar que además, ahora mismo sus emociones están totalmente descontroladas.

Detesto que llore, y en estos días llora a la más mínima. Hay que tomarle el pelo con mucho cuidado.

Me acomodo a su lado, apoyada en una roca mientras duerme. Sabe que estoy cerca y se acurruca con la cabeza en mi regazo. Al menos puedo hacer guardia y tenerla tapada al mismo tiempo.

Ahora no me gusta dormir al aire libre. Preferiría una posada, sobre todo ahora que tenemos un bebé en camino. Tiene gracia. Fijaos, ahora que "tenemos" un bebé en camino.

La verdad es que sí que "tenemos" un bebé en camino. Xena y yo llevamos juntas mucho tiempo y no hay un padre de por medio, así que supongo que este niño crecerá con dos madres. Somos una familia y eso es lo único que importa.

Me pregunto si Xena querrá instalarse en algún sitio. No me imagino seguir viajando con un bebé. Sin embargo, si hay una forma de hacer que eso sea factible, mi compañera la encontrará.

Ya ha empezado a fabricar capachos para el bebé. Unos arneses que nos podemos poner para que el bebé esté pegado a nosotras. Y la otra noche la pillé intentando hacer patucos de piel de ciervo, pero se apresuró a esconderlos y yo no le dije nada.

Observo la apacible expresión de su rostro y sé que se la ha dado el niño. Es feliz. Las pesadillas que nos han atormentado durante tanto tiempo prácticamente han desaparecido. Mis dedos le peinan distraídos el pelo y ella se arrima más a mí.

Desde que se quedó embarazada quiere estar más cerca de mí. Ahora tiene más ganas de tocarme y acurrucarse conmigo. Se ha puesto muy cariñosa desde que ha ocurrido esto. Se siente más en paz. Creo que eso hace que le resulte más fácil relajarse y ser la persona que realmente es.

Noto su tripa pegada a mi pierna y el bebé está dando patadas. Qué sensación de felicidad tan grande tuvimos, la primera noche que notó el movimiento. Yo estaba preparando la cena y ella vino corriendo del baño y me colocó las manos sobre su tripa. Nos quedamos ahí mirándonos la una a la otra, notando cómo se movía el niño dentro de ella.

Se inclinó y me besó. Nos unimos de una forma especial que nunca creí posible. Fue el beso perfecto. Esa fue la noche en que reconocí y acepté todo esto.

La miro dormir.

Recuerdo.

Recuerdo a la jovencita que siguió a Xena, la gran Princesa Guerrera. La jovencita que quería ser como esa mujer fuerte que la había rescatado de una vida que era peor que insoportable.

Recuerdo a la mujer que aprendió bien rápido que con Xena no se jugaba. La mujer que aprendió que la guerrera tenía un genio que podía estallar y estallaba en cualquier momento.

Me guió. Me enseñó. Me dejó que la siguiera.

Recuerdo a la muchacha.

La bardo.

La alumna.

La amazona.

Recuerdo cómo me enamoré de ella. Recuerdo nuestra primera noche juntas y todas las noches desde entonces.

En un momento dado, fui yo la que se vio seguida. Mientras intentaba encontrar mi camino, ella me siguió. Jamás dudó de mí. Se mantuvo a mi lado incluso cuando me encontraba perdida y confusa.

Le pregunté por qué. Su respuesta fue sencilla.

—Porque recuerdo. Porque te amo. Porque jamás te dejaré. Porque somos almas gemelas.

Así que ahora nos enfrentamos al futuro como iguales y nos adentramos juntas en lo que nos deparen las Parcas.

Querremos y criaremos a este niño.

Porque recuerdo.

Porque la amo.

Porque jamás la dejaré.

Porque somos almas gemelas.

Sonrío de nuevo mientras la tapo otra vez y ella se pega más a mí. Empieza a salir el sol, entregándonos otro día para amarnos y estar aún más cerca la una de la otra.

Recuerdo.


FIN


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