Pececitos, pececitos

T. Novan



Descargos: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y todos los demás relacionados con la serie de televisión del mismo nombre son propiedad de MCA/Universal Pictures. Esto es un fanfic y no se pretende infracción alguna de los derechos de autor.
Subtexto: Creo que dado todo lo que llevo escrito vamos a dejar de llamarlo subtexto para llamarlo texto explícito. Sí, están enamoradas la una de la otra.
Sexo: En esta vida no.
Violencia: Todavía no.
Otros: No se me debería permitir descansar. Éstas son las estupideces que se me ocurren. Sólo lo he hecho por el halibut. :-) Vale, es malísimo... lo siento. Pido disculpas.
tnovan@aol.com

Título original: Here, Fishy, Fishy, Fishy. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


—Tenía que pasar tarde o temprano —comentó Gabrielle, intentando orientarse—. Supongo que nos lo merecemos.

—Pero esto no está bien —rezongó Xena, echando un vistazo a su nuevo entorno.

—Está tan bien como cualquier otro lugar, Xena. Al menos seguimos juntas. ¿Qué probabilidades crees que había de que fuera así?

—Somos almas gemelas. Doy por supuesto que estaremos juntas siempre.

—Sí, pero lo que tú das por supuesto y lo que conseguimos de verdad a veces son dos cosas distintas.

—No me digas. —El tono de la guerrera estaba cargado de sarcasmo.

—Así no se va a resolver la situación.

—Nada va a resolver esta situación, Gabrielle. Estamos atrapadas y no podemos hacer nada al respecto.

—Tiene que haber algo que podamos hacer. —La bardo intentó pasar entre dos rocas pero no lo consiguió y retrocedió despacio.

—No, esta vez sí que estamos atrapadas.

—No puedo creer que te des por vencida. No es propio de ti.

—Gabrielle, ¿qué es lo que te cuesta comprender de todo esto?

Xena se puso a rebuscar por las piedras del suelo para ver si allí había algo que pudiera servirles. Soltando un profundo suspiro mental, intentó buscar en otra parte del recinto. Seguía sin haber nada que pudiera ayudarlas a salir.

—¿Encuentras algo, Gabrielle?

—Sí, esta planta está muy buena —comentó la bardo, arrancando otra hoja y probándola.

—Tú siempre pensando con el estómago —refunfuñó Xena.

—Oye, que eres tú la que dice que es una causa perdida y no podemos hacer nada. Ya que estamos, podemos evitar morirnos de hambre.

—Cierto. —Xena volvió con la bardo y probó la hoja—. No está mal. Pero espero que haya algo más de comer que eso.

—Seguro que sí. Mira a tu alrededor. Al menos estamos rodeadas de cosas que podemos comer.

De repente, un escalofrío recorrió la espalda de la guerrera.

—Gabrielle, quédate totalmente quieta.

La gata se colocó al lado de la pecera. De su pecho escapó un ronroneo muy satisfecho al tiempo que apretaba una zarpa contra el cristal. Miró hacia la parte superior de la pecera.

Oh, Xena, Gabrielle. Cuánto me alegro de volver a veros. Cuando averigüe cómo abrir la tapa y supere el miedo a mojarme, me pasaré a saludaros en persona.

La gata levantó la vista y ladeó ligeramente la cabeza al oír la familiar voz.

—¡Gatita, gatita, ven! ¡Vamos, Calisto! ¡Ven, gatita, gatita! Es hora de cenar.

Sí, lo sé. Me apetecía un poco de sushi.


[Por favor, no le tiréis fruta podrida a la bardo. ;-) A veces no queda más remedio que escribir cosas muy tontas.]


FIN


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