Que tu espíritu me conmueva

T. Novan



Descargos: Xena y compañía no son de mi propiedad. Ojalá hubiera sido así de creativa hace cuatro años, ahora sería rica. Pertenecen a MCA/Universal, los muy suertudos...
Esto es un fanfic y no se pretende infracción alguna de los derechos de autor.
Subtexto: No sé escribir otra cosa que no sea subtexto... Así que si sois menores de edad, pasad a otra cosa. Si es ilegal donde vivís, mudaos.
Violencia: Sólo si la guerrera sigue provocando a la bardo...
Esto es para aquellos de vosotros que os preguntabais qué estaban haciendo Xena y Gabrielle en Historia de dos musas mientras Tara y su novio bailaban... (Si por casualidad podéis acceder a la canción, probad a escucharla mientras leéis esto. He hecho todo lo posible por escribirlo al ritmo de la música). También explica la escena entre Gabrielle y Autólicus. Cuando él le sugiere que lo que necesita es...
tnovan@aol.com
[Nota de Atalía: Aunque por la introducción de la autora creo que queda claro, el título de este relato es el mismo que el de la canción que se oye mientras bailan Tara y su chico: Let Your Spirit Move Me. Por cierto, ése es uno de mis episodios preferidos de la serie, aunque es tirando a raro...]

Título original: Let Your Spirit Move Me. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Gabrielle ladeó la cabeza al oír la delicada música que flotaba en el aire nocturno.

—Xena, ¿no te parece raro que estén tocando música en un pueblo donde no se permite bailar?

—He estado investigando. Parece que es una especie de ofrenda a Calíope —dijo, escuchando la música.

—Me parece una crueldad —comentó la bardo, al tiempo que empezaba a mecerse de lado a lado, siguiendo despacio el ritmo de la música.

La guerrera se quedó mirando a la bardo unos segundos más y luego se levantó y se acercó a ella despacio. Gabrielle tenía los ojos cerrados y parecía estar absorbiendo la música. Notó la proximidad de la guerrera y abrió los ojos. Xena sonrió y le ofreció la mano a la bardo.

Gabrielle sonrió y aceptó la mano. La guerrera estrechó a la bardo entre sus brazos y empezaron a mecerse juntas al son de la música que llenaba el aire.

—¿No tienes miedo de que nos pillen? —susurró Gabrielle mientras se movía con la guerrera, mirándola a los ojos azules.

—La verdad es que me da igual —susurró Xena a su vez, al tiempo que estrechaba más a la bardo.

Las manos de Xena se trasladaron a las caderas de la bardo y la acercaron. Bajó la cabeza para apoyar la frente en la de la bardo y observó su cara mientras seguían moviéndose al unísono, meciéndose despacio con la música, cuerpo con cuerpo. Gabrielle soltó una leve exclamación al darse cuenta de que Xena le estaba cantando.

La voz de Xena llegó a oídos de la bardo suavemente al principio.

—Soy una vela al viento. Mi futuro vacila ante mis ojos. Estoy demasiado inquieta para sentirme satisfecha o callarme. Así que avanzaré en la noche. Di que quieres apagarme...

Gabrielle gimió suavemente al oír las palabras y sentir el fuego que iba en aumento.

—Aunque ya he oído esas mentiras —siguió cantando Xena, con una ligera sonrisa en los labios—. Porque el fuego de mi interior sigue ardiendo. No voy a soportarlo más.

Xena dio la vuelta a Gabrielle y la envolvió en sus brazos, colocándose detrás de ella. Sus movimientos se hicieron más sensuales a medida que el ritmo de la música se iba animando. Gabrielle sintió que se fundía en Xena mientras el aliento de la guerrera jugaba con su cuello.

—Apareciste, me levantaste cuando estaba hundida. La forma en que hiciste que me sintiera me pilló por sorpresa. Me cogiste de la mano, me robaste el corazón, alimentaste el fuego. Al moverte conmigo, me devolviste la vida.

Xena volvió a girar a Gabrielle para mirarla directamente a los ojos al tiempo que sus cuerpos se fundían y sus manos se recorrían la una a la otra. Las palabras de Xena resonaban ahora con más fuerza, coincidiendo con el ritmo.

—Que el espíritu me conmueva. Que el espíritu me conmueva. Que tu espíritu me conmueva. Que tu espíritu me conmueva. Que el espíritu me conmueva. Que el espíritu me conmueva.

Las palabras de Xena tocaron a su fin cuando la música terminó. Sus cuerpos se fueron parando y Xena se inclinó para darle un beso suave y tierno. Gabrielle abrió los ojos y Xena sonrió.

—Creo que será mejor que durmamos —dijo, mientras volvía a su petate y se echaba.

Gabrielle se quedó atónita por un momento y luego se acercó donde estaba echada la guerrera con los ojos cerrados.

—¿Me tomas el pelo? Empiezas a seducirme y vas y... y... ¡te paras!

—Gabrielle, te quiero y lo sabes. Y aunque la idea de que me pillen bailando contigo no me preocupa, la idea de que nos pillen haciendo otra cosa sí. Si esta gente se pone así de histérica con el tema del baile, estallarían en llamas si supieran lo de nuestra relación. Así que hasta que nos vayamos de aquí, me temo que...

—Ni lo digas, princesa guerrera, ni lo digas. —Gabrielle se tumbó al lado de Xena y se puso de lado, apartándose de la guerrera. Xena alargó una mano y se la puso a la bardo en el hombro—. No me toques —gruñó Gabrielle.

Xena se apoyó en un codo y se inclinó, dándole a la bardo un beso en la mejilla.

—Pero qué cosa más mona eres cuando te enfadas. Te prometo que en cuanto nos larguemos de aquí soy toda tuya.

—Mmmfff —fue la única respuesta que obtuvo la guerrera, que cerró los ojos y se relajó.

Antes de quedarse dormida, Xena notó que la mano de Gabrielle se deslizaba en la suya. Sonrió y se sumió en un apacible sueño.


FIN


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