Bienestar

T. Novan



Descargos: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y todos los demás relacionados con la serie de televisión del mismo nombre son propiedad de MCA/Universal Pictures. Esto es un fanfic y no se pretende infracción alguna de los derechos de autor.
Subtexto: Creo que dado todo lo que llevo escrito vamos a dejar de llamarlo subtexto para llamarlo texto explícito. Sí, están enamoradas la una de la otra.
Sexo: AQA (¿Argumento, qué argumento?). Verde.
Violencia: No.
Lenguaje soez: No.
Episodios destripados: Ninguno.
Otros: Sólo una cosita...
tnovan@aol.com

Título original: Afterglow. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2002


Premio Xippy


Los últimos acordes de placer salieron de debajo de las pieles del petate. Los graves gemidos y los suaves quejidos se apagaron poco a poco al tiempo que el movimiento frenético de las mantas también se detenía. Una mano pequeña se escapó de debajo de las mantas para ser recuperada por otra más grande.

La manta se apartó, permitiendo que dos cabezas empapadas en sudor llenaran los pulmones de aire fresco. Ambos cuerpos, ahora totalmente saciados, se movieron y cambiaron de postura. Las piernas se entrelazaron, los troncos se deslizaron, los brazos se estrecharon. Unos labios llenos besaron delicadamente una ceja rubia, al tiempo que un gemido satisfecho se escapaba del pecho de Xena.

—¿Xena?

—¿Mmm?

—¿Tenemos que levantarnos por la mañana?

—No.

—¿Podemos pasarnos todo el día en la cama? ¿Disfrutando la una de la otra?

—Por supuesto.

Gabrielle se apretó más contra la guerrera, acomodando de nuevo la cabeza en el hombro de la mujer alta. Su cuerpo aún hormigueaba por la experta manera en que Xena le había hecho el amor. Cuando movió un poco las piernas, fue premiada con otra ligera descarga de placer. Se le escapó otro largo gemido. Xena la estrechó con más fuerza.

—Lo dices por decir, ¿verdad? —Gabrielle plantó un beso suave en una mandíbula y una oreja que sabían salados.

—Mmm-mm. —La guerrera ladeó la cabeza, permitiendo que la bardo siguiera explorando.

—Entonces —otra hilera de suaves besos—, ¿tenemos que levantarnos y seguir adelante?

—Sí, eso me temo. Bandidos que combatir. Gente que salvar —explicó Xena, lamiéndose los labios.

Gabrielle observó la cara de su compañera a la luz de la luna. Con los ojos cerrados y el pelo alborotado por su pasión, jamás le había parecido más bella. La bardo se quedó sorprendida al descubrir esto. Estaba segura de que había visto a Xena en prácticamente todos los estados posibles. Pero ahora tenía un nuevo recuerdo que podía rememorar. Hasta podría escribir un pergamino sobre ello, lo llamaría Xena a la luz de la luna. Ése sería uno que no contaría en ninguna taberna.

La guerrera se puso de lado, acercando más a la bardo y haciendo que de nuevo la descarga de placer les recorriera el cuerpo a las dos.

—Tal vez deberíamos aprovechar todo lo que podamos ahora —susurró la guerrera, acariciando con la nariz y mordisqueando la oreja de Gabrielle.

—¿Tú crees? —gimió la bardo al tiempo que se movía para dejar todo el sitio del mundo a la guerrera.

Xena asintió.

—Lo creo. Vaya si lo creo. —Empezó a dejar un reguero de besos lentos y húmedos por el pequeño cuerpo que tenía debajo.

—Oh, Xena. —Gabrielle recorrió con los dedos el pelo de la guerrera, rascándole suavemente el cuero cabelludo y entrelazando los dedos con las oscuras guedejas—. Oh, sí. —Movió la cabeza de un lado a otro cuando notó una cálida lengua en torno a su pezón—. Sí... qué bien.

—Mmm... —gimió la guerrera totalmente de acuerdo, notando la reacción de Gabrielle cuando el pezón se endureció en su boca. Los cambios de sensaciones y texturas en la carne de su bardo siempre la excitaban más de lo que podía explicar.

Las manos de la bardo abandonaron el pelo de Xena. Una mano subió y bajó por su espalda, dejando leves arañazos, lo cual provocó un profundo gruñido por parte de la guerrera. La bardo fue recompensada con un ligero y juguetón mordisco en el pezón que la guerrera estaba atormentando en ese momento.

—Eh, eh... esos dientes —advirtió la bardo. Su otra mano se deslizó por la parte frontal del cuerpo de la guerrera.

—Ahí —gimió Xena, mirando hacia abajo—. Qué bien.

—Eso te gusta, ¿verdad?

—Oh, sí —asintió con entusiasmo—. Ya sabes lo que quiero que hagas, Gabrielle.

—Dímelo, por favor —bromeó la bardo.

Xena se limitó a trasladar el peso y menear las caderas, tomando lo que quería en lugar de esperar a que la bardo se lo diera.

—¡Oh, sí! —gruñó, emprendiendo un ritmo lento contra la mano de su amante. Volvió a moverse hasta que quedó a horcajadas sobre Gabrielle, cabalgando la mano amorosa de la bardo.

—Y encima, exigente —se quejó Gabrielle, alzando la otra mano para tocar los pezones oscuros.

La cabeza de Xena cayó hacia delante. Estaba disfrutando de todo el placer que le daba la bardo. Notó que la mano de la bardo se trasladaba a sus caderas para hacer más lentos y guiar sus mutuos empujones. Tuvo que ceder a las directrices de la bardo: había averiguado muy deprisa que de algún modo la rubia sabía exactamente lo que le daba placer y era increíblemente experta a la hora de dárselo.

Cuando Xena se arqueó hacia atrás, disfrutando plenamente de cada caricia y sonido que le ofrecía Gabrielle, se dio cuenta de que ésta era la diferencia entre la bardo y los demás compañeros de su pasado. La bardo la amaba y quería que Xena sintiera placer. Otros compañeros habían ido tras su propia satisfacción y si Xena encontraba la suya, pues estupendo. Pero la mujer que tenía debajo la amaba de verdad.

Se echó hacia delante para acercarse a su amante y ofrecerle un beso. Fue recibido y aceptado con la pasión que una vez más estaba cubriendo su piel de una capa de sudor. Combatieron la una con la otra para dominar el beso y la guerrera fue totalmente derrotada cuando empezó su orgasmo. La fuerza abandonó por completo su cuerpo cuando sus gritos fueron tragados rápidamente por el beso apasionado de Gabrielle.

—Oh, dioses... —Xena se desplomó hecha un guiñapo encima de la bardo, gimiendo, mientras su cuerpo temblaba al recuperarse—. Oh, cómo te quiero —jadeó la guerrera. Respirando hondo, se colocó despacio al lado de la bardo.

—Demuéstralo —gimió la rubia, colocándose encima de la guerrera y frotándose contra su muslo.

La mano de la guerrera encontró un asidero perfecto en un trasero bastante perfecto y las guió de nuevo en otra danza sensual y erótica. Empujó el muslo con fuerza contra la bardo, al tiempo que empujaba hacia abajo las caderas de ésta.

—¡Oh, sí, Xena! Por favor... —Gabrielle miró la cara de su amante, sujetándose erguida. Agachó la cabeza y en cuanto su boca entró en contacto con el cuello de Xena, mordió la carne ligeramente.

—Dioses, Gabrielle —gimió la guerrera, acelerando los movimientos de la una contra la otra.

La bardo alargó la mano hacia atrás, tirando de las mantas para echarlas por encima de sus cuerpos. Le gustaba la sensación de estar aislada del mundo cuando alcanzaba el orgasmo a manos de Xena. Era el momento en que se sentía más vulnerable y le encantaba la sensación de estar protegida por su amante y las mantas que compartían.

Por debajo de las mantas se oyó un gemido sofocado que sonaba a la bardo gritando el nombre de la guerrera.

Los últimos acordes de placer salieron de debajo de las pieles del petate. Los graves gemidos y los suaves quejidos se apagaron poco a poco al tiempo que el movimiento frenético de las mantas también se detenía. Una mano pequeña se escapó de debajo de las mantas para ser recuperada por otra más grande.

La manta se apartó, permitiendo que dos cabezas empapadas en sudor llenaran los pulmones de aire fresco. Ambos cuerpos, ahora totalmente saciados, se movieron y cambiaron de postura. Las piernas se entrelazaron, los troncos se deslizaron, los brazos se estrecharon. Unos labios llenos besaron delicadamente una ceja rubia, al tiempo que un gemido satisfecho se escapaba del pecho de Xena.

—¿Xena?

—¿Mmm?

—¿Tenemos que levantarnos por la mañana?

—No.

—¿Podemos pasarnos todo el día en la cama? ¿Disfrutando la una de la otra?

—Por supuesto.

Gabrielle sonrió, sabiendo que era una mentira y que en cuanto saliera el sol por la mañana recogerían el campamento y seguirían adelante, pero por el momento, se acurrucó más cerca, cerró los ojos y disfrutó del bienestar.


FIN


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