Abrázame junto al fuego

T. Novan



Descargos: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y todos los demás relacionados con la serie de televisión del mismo nombre son propiedad de MCA/Universal Pictures. Esto es un fanfic y no se pretende infracción alguna de los derechos de autor.
Subtexto: Creo que dado todo lo que llevo escrito vamos a dejar de llamarlo subtexto para llamarlo texto explícito. Sí, están enamoradas la una de la otra.
Sexo: Implícito.
Violencia: Nada.
Lenguaje soez: Nada.
Otros: Esto no es más que un pequeño relato romántico y sentimentalón, espero, otro regalo de la musa.
tnovan@aol.com

Título original: Hold Me by the Fire. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Premio Xippy


La primera vez que ocurrió, dormí dándole la espalda. Debajo de mi propia manta, pero lo bastante cerca como para sentirme totalmente a salvo en la oscuridad. Me hizo esta concesión porque sabía que me sentía asustada y sola, pero al echarme a su lado, aquello se desvaneció en la noche como el humo de nuestra fogata.

La segunda vez que ocurrió, seguimos durmiendo espalda con espalda, pero esta vez bajo las mismas mantas. El tiempo se había vuelto frío de repente e incluso con el fuego hacía casi demasiado frío para dormir al aire libre. Por desgracia, estábamos demasiado lejos de cualquier pueblo o aldea para buscar un refugio adecuado. De modo que, gracias al fuego, las mantas y el calor de nuestros cuerpos, nos dimos calor y seguridad la una a la otra durante toda la noche.

Una noche recuerdo que me desperté por una pesadilla. Sus dedos me acariciaban suavemente el pelo y me decía cosas en voz baja. Cosas para tranquilizarme y reconfortarme. No abrí los ojos. Me quedé escuchando sus palabras amables y delicadas, volví el cuerpo hacia ella y me abrazó. Me rodeó con los brazos, noté un beso suave en la coronilla y escuché como una niña pequeña la delicada nana que por fin me permitió volver a dormir. Una vez más, sana y salva junto al fuego.

Entonces me puse enferma. No era nada grave, sólo un resfriado, pero me encontraba fatal. Me dolía todo el cuerpo y no me apetecía en absoluto viajar. Así que no lo hicimos. Me cuidó, bajándome la fiebre, cocinando para mí, atizando el fuego para que diera calor y me reconfortara un poco mientras yacía allí muerta de frío. Pero cuando cayó la noche y se acomodó a mi lado, cogiéndome en sus brazos y estrechándome contra ella para darme más calor, fue el momento en que me relajé de verdad.

Una vez, las dos nos estábamos recuperando de las heridas recibidas durante un combate. Las mías no eran tan graves como las suyas y me encontré cuidando de ella igual que ella lo había hecho conmigo en incontables ocasiones. La cuidé, ocupándome de las cosas que nos pondrían bien a las dos y, por supuesto, cuando se hizo de noche, me coloqué a su lado y la abracé junto al fuego.

De algún modo, acabó convirtiéndose en una costumbre para nosotras. Al montar el campamento, nuestras mantas acababan juntas de forma natural. Por supuesto, habíamos descubierto un montón de buenas razones para hacerlo: el calor, la comodidad, la facilidad simplemente de preparar una sola cama en lugar de dos. Había un montón de buenas razones. Ninguna de las dos se había planteado la razón más importante.

Después de aquello, empezamos a compartir la misma cama incluso cuando conseguíamos habitaciones en las aldeas donde nos deteníamos. Las dos lo achacamos al hecho de que era "económico", ya que una sola cama era más barata que dos habitaciones o incluso que una sola habitación con dos camas. Una cosa curiosa que noté es que ni un solo posadero nos ponía jamás cara rara cuando pedíamos una sola cama.

Y entonces ocurrió, en la aldea amazona, nada menos. Pero las dos habíamos tenido tanto miedo. Miedo de acabar separadas la una de la otra. Me di la vuelta en la cama que compartíamos. Sus brazos me rodearon, acercándome más a ella, estrechándome con tal fuerza que noté su corazón latiendo junto al mío. Fue entonces cuando lo supe con certeza. Mis labios rozaron su clavícula con ternura, ofreciéndole un delicado beso. Creí que estaba dormida.

—Te amo —susurré. Ya no podía callármelo más. Era cierto, me había enamorado de ella y no quería volver a separarme de ella nunca más.

Sonrió y abrió los ojos, mirándome y cautivando todo mi ser.

—Yo también te amo —susurró a su vez, como si decirlo demasiado alto fuera a ponernos en peligro junto con lo que por fin empezábamos a comprender. Se movió muy despacio y con mucha ternura me besó en los labios. Un breve beso selló nuestro destino. A partir de ese momento, supimos que, efectivamente, éramos almas gemelas y que nada podría interponerse jamás entre las dos. Estaríamos juntas para siempre.

Nuestro amor sufrió pruebas, hubo dificultades para nuestra fe y entrega mutuas. Decidí que se nos estaba poniendo a prueba a causa de nuestro vínculo. Encontrar a la auténtica alma gemela de uno es un don especial y único. Yo lo he conseguido. Ella lo ha conseguido. Las dos hemos amado a otros, mental y físicamente, pero nunca es lo mismo. La sensación nunca es la correcta. Nunca siento lo mismo que con ella. La única persona que encaja a la perfección con mi cuerpo y mi alma es ella, como yo lo soy para ella, y las dos lo sabemos.

Tumbadas junto al fuego, ya sea en sus brazos o con los míos a su alrededor, somos muchas cosas la una para la otra. Amigas, compañeras y amantes, pero sobre todo y por encima de todo somos almas gemelas, destinadas a estar juntas para toda la eternidad, pasando de una vida a la siguiente.

Sé que a medida que avancemos por los siglos juntas, no siempre compartiremos las cosas que compartimos ahora, y me siento agradecida de que, por ahora, noche tras noche, pueda simplemente abrazarme junto al fuego.


FIN


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