Reflexiones a medianoche

thenorm



Descargos: Los personajes pertenecen a RenPic/MCA/Universal y yo sólo los he tomado prestados un ratito. Esta estampa describe una relación amorosa entre dos mujeres (¡cielos!), pero sólo son imaginaciones vuestras (¡como en la serie!).
Por favor, decidme lo que os parece. thenormie@yahoo.com.

Título original: Midnight Musings. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Gabrielle contemplaba la figura dormida de Xena. Es curioso, pensó, antes era ella la que se quedaba despierta por las noches. Ahora soy yo la que no puede dormir.

Tenía el corazón inundado de recuerdos de Solan, de Dahak y de Esperanza. Esperanza. La hija a quien tuvo que llevar a la muerte.

En la profundidad de la noche, sabía que por muchos caminos que recorrieran, tratando de que se recuperara, todavía existía esa parte de ella, aguardando en la oscuridad.

Esperanza.

Cuánto había deseado un hijo antes. Al fin y al cabo, estaba en el templo cuando Ephiny dio a luz. Y Xena, Destructora de Naciones, había dado a luz. Por supuesto, su hija había cambiado todo eso.

En la cantimplora no quedaba veneno cuando intentó beber. La tristeza de su corazón cuando vio alejarse a Xena la abrumó.

Hasta el incidente del caballo Gabrielle ni siquiera se había dado cuenta de que estaba furiosa. Se sentía profundamente avergonzada de pensar que era capaz de traicionar a Xena como lo había hecho en Chin. Sentía el corazón lleno de dolor al darse cuenta de que se había dejado llevar por los celos. Sabía que por fin podía comprender la sed de sangre de Xena, aunque intentara negarlo.

Y vivieron para superarlo, amaron para superarlo, encontraron el modo de volver la una con la otra.

Entonces, Esperanza, adulta, regresó. Lo mismo que el pacto con Ares.

Y ni siquiera al interponerse entre Xena y Esperanza para acabar en ese pozo de fuego nefasto murieron su hija o ella.

En algún momento de los viajes que hubo después, en algún lugar, surgiendo de la oscuridad, sintió que Xena trataba de llegar a ella. Le costó no apartarse, no porque el contacto le causara dolor, sino porque se sentía absolutamente sucia.

Se le dibujó una sonrisa en la cara al tiempo que se echaba a reír en silencio. En algún momento, en medio de toda esta debacle a la que llamaban vida, la sonrisa de Xena se convirtió en la luz que brillaba a través de la oscuridad.

Era curioso, había creído que estaba enamorada de Pérdicas. Éste renunció a la espada, harto de luchar, tal y como ella había esperado en secreto que hiciera Xena. Luego apareció Najara, que parecía ser todo lo que ella quería que fuese Xena.

Al final, sólo podía estar Xena. Llena de lujuria de combate en ocasiones, sin temor a poner fin a lo que otros habían empezado. Xena, su guerrera, su amante, su musa, que se las arreglaba para ver el interior de su alma y acogerla en su corazón.

Daba igual el ruido que llenara sus oídos en la aldea amazona, o las verdades que pudieran buscar en la tierra de los elefantes: sólo había una verdad que de verdad contara. Estaban unidas. No sólo de por vida.

A través de todo, siempre estaría Xena.

Apartó el pasado y se acurrucó en el abrazo a la espera de su amante.


FIN


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