Ecos de un alma perdida

Silence



Descargo: Esto ocurre después de Viaje de ida y vuelta a Helicón. Ya sabéis a quién pertenecen las damas. Mucho hablar, nada de acción. Relato breve. Kamouraskan ha tenido la amabilidad de arreglarlo. Mi primer relato, sed amables, por favor.

Título original: Echoes of a Lost Soul. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Sentada en una colina cubierta de hierba, muy pensativa, la Princesa Guerrera reflexionaba sobre lo mucho que habían cambiado las cosas con los años. Aquí estaba ella, hablando de paz y haciendo todo lo posible por no matar. Y allí estaba su bardo. Luchando, matando, una guerrera. Perdiendo su alma con cada combate. Meneó la cabeza presa de un doloroso asombro.

¿Cómo es posible que haya ocurrido esto?, no paraba de pensar. ¿Cuándo había dejado ella de ser la parte oscura de esta asociación y cuándo había empezado a serlo Gabrielle? ¿Había estado demasiado ciega para ver lo que estaba ocurriendo? ¿Cuándo se había vuelto el mundo del revés sin que ella se enterara? Cuanto más pensaba la guerrera, más dolor sentía. Ah, la culpa, mi vieja amiga. Tapándose la cara con las manos, Xena se echó a llorar por su bardo.

Sin que la guerrera lo supiera, Gabrielle la observaba, percibiendo la agitación que aquejaba a su guerrera. Seguro que Xena estaba pensando lo mismo que ella. ¿Cuándo habían cambiado tanto las cosas? Gabrielle se acercó despacio a Xena, con la esperanza de poder expresar con palabras un medio para que las dos pudieran curarse.

—Hola —dijo la bardo con cautela, y estuvo a punto de venirse abajo al ver el rostro surcado de lágrimas de su guerrera.

—Hola, tú. —Xena se esforzó por sonreírle, pero fracasó—. Tenemos que hablar, Gabrielle.

La reina amazona se dio cuenta de que la guerrera iba a hacer lo de siempre y echarse la culpa a sí misma, por lo que la detuvo.

—No. —Gabrielle tomó aliento con fuerza y empezó—. No vamos a seguir repitiendo la misma conversación todo el tiempo. —Se sintió mal cuando Xena se estremeció—. Déjame hablar. —Tenía que encontrar las palabras adecuadas. Se sentó al lado de la guerrera, le cogió la mano y se la estrechó con fuerza—. Cuando te paras a pensar en la humanidad, no puedes evitar reírte. —Sonrió al decir eso—. Nos quejamos de que nuestra vida es muy aburrida y soñamos con aventuras que nos daría demasiado miedo correr aunque tuviéramos la oportunidad. —No estaba hablando de ellas, sino de la gente en general—. Nos dedicamos a nuestros quehaceres cotidianos, con la esperanza de que algo cambie. —Volvió a respirar hondo—. Y entonces se produce el cambio, no podemos aceptarlo y queremos que todo vuelva a ser normal.

Las dos mujeres se rieron por lo bajo.

—He crecido, Xena, he cambiado. —Agachó un poco la cabeza—. Me da miedo, pero así es la vida. —Gabrielle hacía un gran esfuerzo por no echarse a llorar—. Más de la mitad de mi ser sigue creyendo que el amor saldrá vencedor. —Se le escapó una lágrima—. La otra parte sabe que el mundo dista mucho de ser perfecto.

Se secó la cara y miró a su guerrera.

—Antes de que nos crucificaran, aprendí que a veces hay que luchar para conservar el amor. —La bardo miró a esos ojos azules que tanto quería—. Y sí, incluso matar.

Alargó la mano y volvió la cabeza de la guerrera hacia ella, pues necesitaba toda la atención de Xena.

—Sí que siento que con cada combate pierdo una parte de mí misma. —La bardo acarició la cara de la guerrera, cuyas lágrimas estaban a punto de derramarse—. He tenido tiempo para pensar. —Dio un beso a la mano que seguía sujetando—. Si no sintiera esa pérdida, si simplemente me encogiera de hombros y siguiera adelante... —Sonrió levemente a su guerrera—. Entonces estaría perdida de verdad.

Gabrielle dio un minuto a Xena para que lo asimilara.

—Siento todas y cada una de las muertes que causo y ésa es la parte mía que sólo desea que todos nos queramos —dijo, y se le quebró la voz—. He tomado la decisión correcta, Xena, eso lo sé —dijo con vehemencia—. Tenía que hacer lo que me fuera posible por mantener a mis hermanas con vida y lo he hecho.

Cerró los ojos, con la esperanza de haber tomado todas las decisiones correctas.

—Igual que tú has aprendido que matar no es siempre la respuesta, yo tenía que aprender que a veces sí lo es.

Xena la miró con cara rara.

—Tú también has crecido y cambiado. —La bardo rodeó a la guerrera con el brazo y la estrechó—. Estamos juntas para equilibrarnos la una a la otra.

Xena suspiró y asintió con la cabeza.

—Para que ni la una ni la otra se decante demasiado por una sola dirección —dijo. Sabía que Gabrielle tenía razón. Pero no tenía por qué gustarle.

Gabrielle besó la mejilla bronceada de su guerrera.

—Gracias por traerme de vuelta —dijo con amor y confianza.

—Tengo una buena maestra.

La emocional pareja se abrazó. Luego las dos se tumbaron en la colina cubierta de hierba para contemplar las estrellas. Gabrielle se quedó sentada en silencio con Xena tumbada en su regazo, hasta que la bardo oyó un leve ronquido de su guerrera. Por primera vez desde hacía dos días, le entró una ligera e irónica sensación de paz.


FIN


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