Juntas por fin

Sam Ruskin



Nota: Ésta es la secuela de Tras el resplandor, que a su vez es la secuela de En sus sueños y Revelando secretos. Se puede leer de forma independiente, pero probablemente lo mejor sería leer antes los otros relatos.
Sexo: Aaah, supongo que debería hacer sonar la ALARMA DE CALOR en este caso.
Se agradecen comentarios. SamRuskin6@hotmail.com

Título original: Together at Last. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2002


Xena se regodeó en el sabor de la lengua de su amante casi tanto como en sus palabras. Sí. Había dicho que sí. Gabrielle había aceptado casarse con ella. No. Más que eso. A pesar de todos sus crímenes del pasado, la alta guerrera estaba en brazos de la persona más maravillosa del mundo entero. Estrechando aún más a su bardo, Xena supo que jamás podría volver a soltarla.

Gabrielle gimió levemente cuando la verdad plena se asentó en su corazón y su mente. Xena la amaba. La amaba de verdad. La reina amazona sonrió al recordar la sensación de la pasión de Xena y el sonido de la voz de su guerrera cuando le preguntó si la pequeña bardo querría casarse con ella. Gabrielle se rió casi en un susurro, preguntándose si Xena tenía la más remota idea de lo que iban a hacer las amazonas con esta información.

—Sí, lo sé. —Xena sonrió contra la carne del pecho de Gabrielle. Al notar que el pezón se ponía rígido, la guerrera lo acarició con su lengua caliente e hinchada.

Gabrielle apartó a su amante con ternura del árbol en el que estaban apoyadas y la echó en el suelo, haciendo que la boca de Xena perdiera su presa. Para la morena, era una situación momentánea. La rubia bardo tumbó a su amante en el petate y colocó sus propias caderas con firmeza entre las piernas de Xena. Luego su boca ansiosa se apoderó del pecho derecho de la guerrera y lo lamió en círculos, emprendiendo un lento y sensual camino hacia abajo. El suave sonido de los ronquidos de Eva era exactamente lo que la reina quería oír ahora. Eso quería decir que la hija de su corazón estaba profundamente dormida, lo cual era una buena noticia para la excitada amazona. Muy buena noticia.

Xena sintió el movimiento de su mayor amor contra ella y le devolvió el favor. La boca que tenía en el pecho hizo que la guerrera gimiera en voz alta, mientras Gabrielle le enseñaba cosas sobre el placer, la pasión y el deseo que no había permitido intentar siquiera a ningún amante hasta ahora. La guerrera hizo algo que nunca había hecho con nadie en el pasado, cerró los cristalinos ojos azules y entregó el control. Xena sonrió ante la sensación. Se preguntó si esta mujer maravillosa sabía que había domado a la gran Princesa Guerrera. ¿Sabía que nadie hasta entonces conocía la sensación de la rendición plena de la ex Destructora de Naciones?

—Sí —gruñó la bardo, sintiendo que su cuerpo ardía de deseo y necesidad.

—¿Eh? —Xena se quedó asombrada por lo oportuno de la palabra de Gabrielle. A lo mejor era más "profeta" de lo que creía, sonrió la guerrera en silencio.

—Xena, he dicho que sí. Por favor, no pares. Te quiero. Por favor, Xena. Por favor, hazme el amor. Déjame hacerte el amor. Enséñame cómo satisfacerte.

Dejando que sus fuertes manos agarraran el firme trasero de su amante, Xena sonrió besándola. Luego habló.

—Mi dulcísimo amor, eso sería como intentar enseñarle a Autólicus a robar pan de nueces.

Trasladando sus besos al lóbulo de su amante, Gabrielle susurró:

—Xena, qué tontería. Autólicus es el rey de los ladrones.

Cogiendo la cara de la bardo entre las manos y moviéndola para poder mirar a los ojos verdes más increíbles que existían en el mundo conocido, Xena enarcó una ceja.

—Precisamente.

—Pero eso es... Oh. ¿Te satisfago? Bien, porque tú... ummff. —De repente la reina amazona se encontró boca arriba con su amante a horcajadas encima de ella, sonriendo—. Mmmm. Muy hábil, Xena. ¿Ahora qué vas a hacer conmigo? Me refiero, ¿ahora que me tienes totalmente conquistada?

El pelo oscuro le hizo cosquillas en las mejillas cuando Xena se acercó tanto que Gabrielle notó el aliento de su amante en la frente.

—Oh, Gabrielle, estás muy equivocada. Eres tú la que me ha conquistado a mí. —Los ojos azules miraron risueños a los verdes y luego pasaron al montículo de los pechos más bonitos que Xena había visto en su vida. Despacio, se acercó a ellos, depositando ligeros besos entre palabra y palabra—. Soy tuya, Gabrielle. En cuerpo. —Beso—. Corazón. —Beso beso beso—. Y alma.

—Por los dioses, Xena. Qué gusto. —Las palabras entraron poco a poco en su cerebro—. Cuerpo, corazón y alma. Sí, eso es lo que siento yo también. Soy tuya, Xena. Oh, santa Afrodita. ¿Qué haces ahora? —Al sentir que la boca de su amante se movía y el centro de Xena se apartaba del suyo, Gabrielle manifestó quejosamente su decepción.

—Algo que he deseado hacer casi desde el primer momento en que te vi en aquel claro.

Xena bajó las caderas hasta situarlas entre las rodillas separadas de Gabrielle y lamió el ombligo de la bardo.

—Oh, dioses —susurró la rubia, al tiempo que sus caderas se alzaban para apretarse contra los pechos de Xena—. ¿Llevas tanto tiempo queriendo volverme loca?

La Princesa Guerrera sonrió.

—Más o menos. He deseado hacerte el amor. Hacerte el amor de verdad. —Xena llevó la punta de la lengua hasta el inicio de los rizos de su amor—. Si quieres que pare, tienes que decirlo ahora, Gabrielle. —La belleza morena recalcó lo dicho metiendo el músculo hambriento en la carne de su amante y haciendo una pasada completa antes de moverlo rápidamente sobre el clítoris hinchado—. Si quieres que pare, cariño, dilo ahora. —Xena estaba casi ebria de deseo mientras dejaba que su lengua frotara y acariciara a su joven amante.

—¡SÍ! —gritó la reina amazona.

Apartándose de golpe, con los ojos llenos de lágrimas, Xena tragó con fuerza.

—Bueno. Es...

Unas manos pequeñas y fuertes se enredaron en las guedejas negras de la parte de atrás de la cabeza de Xena. Con ansia, Gabrielle se apresuró a abrir más las piernas y empujó la boca de su amante hacia su centro, al tiempo que se alzaba para recibirla.

Xena sonrió en medio de las ardientes lágrimas que Gabrielle no veía.

—Esa clase de "sí".

—Por supuesto que esa clase de sí. Es increíble. Jamás he deseado tanto a nadie. Es algo... ¿Xena? Estás llorando. —La belleza rubia intentó moverse para ver a su amante, pero Xena no estaba dispuesta.

Por fin, pensó la guerrera para sí misma, por fin estamos juntas. Se puso a lamer, tocar y acariciar a la bardo de unas maneras que la mujer que tenía debajo jamás había soñado posibles. Gabrielle levantó el muslo, apretándolo con firmeza contra la necesidad de su amante y haciéndolo vibrar con cada lametón y delicada succión que realizaba Xena. Cuando el universo entero se volvió blanco y plateado, oyó dos voces que gritaban, en el mismo instante.

—¡Xena!

—¡Gabrielle!

Pocas marcas después, volvieron a oírse los gritos de amor, alegría, éxtasis y unión completa cuando la Princesa Guerrera conoció el placer total y sin control por primera vez.

—Por los dioses, Gabrielle. Qué deprisa aprendes.

Sonriendo, la bardo replicó:

—No tan deprisa, amor mío. Te llevo deseando desde que apareciste en aquel claro y me salvaste el pellejo.

Xena parpadeó.

—¿En serio?

Gabrielle besó a la guerrera profundamente.

—Sí, en serio. Por fin eres mía, como siempre he rezado para que lo fueras.

Besando la nariz de su alma gemela, Xena clavó una profunda mirada en los remansos verdes que contenían su auténtico destino.

—Juntas por fin, Gabrielle. Juntas por fin.

—¿Y para siempre? —La bardo aguantó la respiración.

—Como poco, amor mío. Como muy poco.

Ambas mujeres miraron a la niña que se reía en sueños. Gabrielle dejó que la preocupación le arrugara el ceño.

—¿Y qué pasa con Ares y su amenaza, Xena? ¿Qué vamos a hacer con Ares?

Xena borró con sus besos las arrugas de la frente de su amante.

—Gabrielle, creo que no importa lo que hagamos mientras lo hagamos juntas. Creo que ése es el poder que Ares no puede vencer. Un amor total e incondicional sin barreras de ningún tipo. No puede vencerlo, Gabrielle. Ni siquiera puede tocarlo.

Acurrucándose en los brazos de su alma gemela, Gabrielle suspiró.

—Espero que tengas razón, Xena. En serio. Porque no voy a volver a perderte jamás.

—Jamás —afirmó la Princesa Guerrera.

En un templo oscuro, el dios de la guerra rechinó los nacarados dientes.

—Genial. Esto es genial.


FIN


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