Y espero

Rosemary



Descargo: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y Gabrielle son propiedad de RenPic y Universal. Este relato presenta una relación de amor y sexo entre dos mujeres adultas con consentimiento mutuo. Si sois menores de 18 años o si este tipo de historia es ilegal en el estado o país donde vivís, haced el favor de no leerlo. Si las descripciones de esta naturaleza os molestan, es posible que queráis leer otra cosa que no sea este relato.
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Título original: And I Wait. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2010


El fuego ya está bajo y las pocas brasas derraman su débil luz por la pequeña habitación. Estoy tumbada, y mis manos marcan un ritmo continuo sobre mis muslos. Xena contempla las llamas como si ella sola pudiera obligarlas a seguir ardiendo. La necesito. No puedo decir las palabras, así que espero. Sé que vendrá a mí de nuevo. Sé que me tocará con manos temblorosas. Sé que posará su boca sobre la mía y saboreará mis labios, mi lengua. Sé todo esto y espero.

Noto que mi humedad crece, los muslos resbaladizos de deseo, mi necesidad en aumento. Pero sigo pasiva. Me duele la piel con su propia pasión, y cada susurro de la brisa es un pequeño dolor, cada caricia de calor del fuego consumido es un incendio lento que me atraviesa el alma. Xena sigue contemplando el fuego, con mi anhelo lejos de sus pensamientos, sus sueños en otra parte. Suspiro. Se vuelve hacia mí entonces, con esos ojos como faros de puro zafiro, una bienvenida además de una advertencia. Ven a mí, me llaman. Pero ten cuidado o te estrellarás en la orilla.

Intento sonreír, pero sus ojos... sus ojos me queman con una llama demasiado caliente de soportar. En ese momento quedo revelada ante ella, expuesta ante ella, como ya lo he estado antes y volveré a estarlo pronto. Conoce mi alma y mis honduras. Comprende mis temores y los calma. En sus ojos está el futuro con el que nunca soñé y un pasado que ni puedo imaginar. Abro los brazos para ella, y mi cuerpo ya se alza y cae con cada bocanada de aliento. Xena se levanta, con ese cuerpo ágil y elegante, bello en toda su forma perfecta. Me encanta mirarla, cada movimiento que hace es poesía, su mera presencia una música que sólo los más dotados podrían oír.

Se quita la armadura. Movimientos lentos y lánguidos de tentación constante. El pesado peto cae al suelo. Esto lo hace por mí. Se desviste por mí. Sus ojos relucen a la escasa luz del fuego. Siguen sus armas. Una ceremonia de rendición. Cada objeto que tira es una pieza más de la confianza que me entrega. Y observo. A continuación se quita los brazales, y sus manos se doblan con fuerza apenas disimulada cuando se ocupa de sus botas.

Sé que nunca hasta ahora me he sentido así. Una fiebre arrasa mi cuerpo, dejando a su paso un hormigueo hambriento en cada nervio. Deseo... deseo, grita mi cuerpo. Y espero.

Xena se arrodilla ahora. Sin armas ni armadura, parece algo más pequeña, más vulnerable. Le toco la cara y me besa la palma de la mano. Me pierdo en ella. Me coge la mano y va subiendo con los labios, acariciándome el antebrazo, la parte interna del codo, rozando el costado de mi pecho. Necesito, ruego en silencio. Pero ella ya lo sabe y continúa, con tal amor que me estalla el corazón y me siento libre por primera y última vez en mi vida.

Sus labios me tocan la garganta. Todo aquello con lo que he soñado está aquí, a mi lado. Poder, pasión, amor y lealtad. Fuerza sin medida. Propósito y compasión. Sobre todo, sobre todo... mis pensamientos se desvanecen cuando alcanza mis labios. Los suyos son suaves y exigentes. Los míos maleables, deseosos únicamente de su sabor. Sus besos liberan una acometida de deseo y me arqueo sin control en busca de su mano.

Detiene sus movimientos, con las manos sobre mi tripa.

—Despacio. —Es la primera palabra que le he oído pronunciar esta noche—. Despacio. Muy despacio. —Gime sobre mi piel, y sus dedos tentan a mis pezones a través de la tela áspera.

—Quítamelo —le pido.

Xena sonríe entonces y quita con delicadeza la blusa de mi cuerpo. No toma mis pechos en su boca inmediatamente. Los mira y su mirada hace que me estremezca. Noto la intensidad de su mirada hasta los huesos, la sensación de sus dedos antes de que me toquen, la sensación de su boca antes de que me capture. Y espero.

Traza el contorno de un pezón sólo con la punta de la lengua. Quiero más. No me muevo. Sé que esto es importante para ella. Esta forma de hacer el amor. Esta forma de adoración que tanto placer le da. Se mete un pezón en la boca. Reprimo un gemido. Eso sólo la distraería. Soy egoísta y quiero que me tome. Lo quiero despacio y con calma. Puede que mi cuerpo me traicione. Mi boca, por primera vez, no lo hará. Qué delicada es. Mirándola, se vería a una bella mujer envuelta en el manto de rabia de un guerrero. Es tantas cosas más. Es la risa en medio de la noche. Y la sombra en un día de sol. Es la luz y la oscuridad. Es mi alma. Y yo soy la suya. Y espero.

Con dedos temblorosos me acaricia. Me alzo hacia su mano, hambrienta y saciada a la vez. En otro tiempo, una sola caricia suya bastaba para dejarme satisfecha durante días. Cuando duraba. Qué felicidad. Ahora lo tengo todo. No es débil, pero su cuerpo tiembla a mi lado. Noto cómo aumenta el calor. Separo las piernas, deseosa únicamente de su mano tierna sobre mí. Dentro de mí. De nuevo, conoce mis necesidades. Me besa en los labios y baja despacio hasta que su cara se apoya en mis muslos.

—Dime qué deseas —susurra, en voz baja y apasionada. Es un juego que tenemos. Sonrío y miro a mi mundo con ojos amorosos.

—A ti —respondo con el mismo tono bajo.

Los ojos se le llenan de lágrimas como siempre que le digo eso. Ahora me hará el amor. El hambre asoma a su rostro, el deseo a su carne. Será tierna y fuerte. Me llevará a cumbres con las que nunca he soñado. Vivo para estos momentos, cuando todo el pasado queda olvidado y el futuro aún no existe. Vivo para este momento. Este momento con ella. Y espero.


FIN


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