Aniversario

Rosemary



Descargo: Los personajes de Xena, la Princesa Guerrera y Gabrielle son propiedad de RenPic y Universal. Este relato presenta una relación de amor y sexo entre dos mujeres adultas con consentimiento mutuo. Si sois menores de 18 años o si este tipo de historia es ilegal en el estado o país donde vivís, haced el favor de no leerlo. Si las descripciones de esta naturaleza os molestan, es posible que queráis leer otra cosa que no sea este relato.
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Título original: Anniversary. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2010


La luz de la mañana apenas había sobrepasado las colinas cuando Gabrielle se despertó. Con los ojos aún cerrados, se estiró y se le cortó la respiración al sentir una punzada en un músculo dolorido del hombro. Abriendo los ojos, sonrió a regañadientes, pensando que ya no era tan joven como antes, y se puso a frotarse la zona dolorida.

—A ver, déjame a mí —dijo la cálida voz de Xena apagadamente. Gabrielle asintió y dio la espalda a la guerrera de quien llevaba tantos años como compañera—. Ya no es tan fácil, ¿verdad? —dijo Xena mientras masajeaba los hombros tensos de Gabrielle.

—No, no es tan fácil —reconoció ésta—, y los años se empiezan a notar. —Suspiró y se apoyó en el cálido cuerpo de Xena. Ésta acarició el cuello de Gabrielle con la nariz, provocando una ligera exclamación de su amante.

—Sigues siendo tan guapa como el día en que te conocí. —Xena dio un beso a Gabrielle en la mejilla.

Gabrielle sonrió.

—Guapa, dices... tú aún detienes mi corazón cada vez que respiras, tus labios son un regalo de los dioses, tus ojos la única luz que necesitaré jamás.

Xena se echó a reír.

—Pura adulación, me está bien empleado por enamorarme de una bardo.

Se hizo el silencio mientras las dos yacían juntas en esos primeros momentos de la mañana.

—¿Sabes qué día es hoy? —preguntó Xena por fin. Gabrielle hizo un gesto negativo con la cabeza, confusa. Xena se soltó de los brazos de Gabrielle y se levantó. Alargando la mano, tiró de Gabrielle para ponerla de pie a su lado—. Es nuestro aniversario —dijo Xena sonriendo—. Así que tengo unas cuantas sorpresas para ti.

Cuando silbó para llamar a su caballo, Aril se acercó galopando. Gabrielle advirtió la expresión de tristeza que la pérdida de Argo todavía causaba en su princesa.

—Vamos. —Xena tiró de Gabrielle y la subió a la silla de Aril. Montándose detrás de ella, estrechó a la bardo con fuerza entre sus brazos—. Te quiero —susurró al oído de Gabrielle—. Te deseo más hoy de lo que he deseado nada en toda mi vida, lo eres todo para mí.

Gabrielle sonrió y apoyó la rubia cabeza en el hombro de Xena. Aril no tardó en ponerse al trote mientras atravesaban el denso bosque.

Al cabo de unas horas, llegaron a un pequeño lago. Xena detuvo el paso de Aril hasta que apenas se movieron. Echándose hacia delante, preguntó a Gabrielle:

—¿Qué ves?

Gabrielle contempló el lago, los espesos árboles que las rodeaban, tomó nota del aire tranquilo.

—Veo un hermoso lago, siento paz y tranquilidad, veo un bosque precioso por el que pasear. —Volviéndose en la silla, sonrió a Xena—. Veo felicidad.

Xena cogió la cara de la bardo entre sus dos fuertes manos.

—Tú me has apoyado siempre. —Le empezaron a caer lágrimas por la cara—. Abandonaste tu hogar, a tu familia. Has luchado a mi lado, me has ayudado, me has enseñado.

Desmontó, subió los brazos y Gabrielle se dejó caer en los brazos a la espera de su amante. Xena habló de nuevo.

—Cuando pensé que todo estaba perdido, tú no me dejaste. —Rodeó con sus fuertes brazos a su amor, su vida. Besó a Gabrielle en la coronilla y preguntó—: ¿Cuántos años llevamos juntas?

Gabrielle reflexionó un momento.

—Ocho... sí, ocho años desde que me rescataste. —Reflexionó más—. Espera, hoy no es nuestro aniversario. O sea, calculando los años que llevamos juntas, faltan dos meses.

Xena cogió a Gabrielle de la mano y la llevó hacia el lago. Caminaron en silencio hasta que llegaron a la orilla del agua. Xena se volvió hacia Gabrielle.

—¿Te acuerdas de Tesalia?

Gabrielle hizo una mueca.

—¿Cómo podría olvidarlo? Morí y tú... —Se calló. Mirando a Xena, cayó en la cuenta de cuál era el aniversario—. Hoy hace siete años que morí y tú me trajiste de vuelta.

Los ojos de Xena estaban llenos de lágrimas.

—Sí...

Gabrielle casi no podía creer que después de todo lo que habían vivido, Xena aún se acordara.

—Cuando moriste —su mirada volvió a posarse en el lago—, me di cuenta de que no podía, de que no iba a poder vivir sin ti. —Se le quebró la voz—. Estabas tan quieta... Cuando intenté meterte aire en los pulmones, todavía tenías los labios calientes. Me dijeron que te dejara marchar, que te dejara cruzar al otro lado apaciblemente. —Xena se estremeció al recordarlo—. No podía, así que lo intenté una y otra vez. —Los ojos azules volvieron a la bardo—. Y entonces volviste a mí y en ese momento juré hacerte feliz para siempre.

Gabrielle envolvió su amante entre sus brazos. Abrazándola estrechamente, intentó aplacar el dolor que Xena debía de haber sufrido.

—Soy la mujer más feliz de este mundo —murmuró al oído de Xena.

Siguieron abrazadas, compartiendo no sólo un recuerdo, sino una vida. Apartándose un poco, Xena sonrió.

—Vamos a ver tus sorpresas.

La llevó hasta un pequeño claro. Lo primero que vio Gabrielle fue una fuente. El artesano había creado una escultura exquisita de dos mujeres apasionadamente abrazadas, de una forma tan íntima que sus extremidades se fundían entre sí, por lo que nada las separaba. Lo siguiente que se apoderó de su corazón fue un prado tan lleno de flores silvestres que se le nublaron los ojos por el estallido de color. Pero el regalo más maravilloso, el que le atravesó el alma... era una casa. Construida de cara al lago y a los bosques del otro lado.

—Xena... —murmuró, sin atreverse a albergar esperanzas.

Volviéndose despacio hacia ella, Gabrielle se quedó mirando mientras Xena desenvainaba la espada, se soltaba la armadura y dejaba los brazales en el suelo.

—He recorrido el camino completo, he terminado.

Arrodillándose, cogió la mano de Gabrielle.

—He hecho todo lo que he podido para lavar los pecados de mi alma. Quiero paz, Gabrielle, quiero vivir el resto de mi vida despertándome en tus brazos, amándote. —Le besó la palma—. Nunca he suplicado por nada, ni a los dioses ni a los hombres, pero a ti te suplico que te quedes aquí conmigo. Déjame amarte, cuidar de ti. Se acabaron las batallas. —Agachó la cabeza y repitió—: He terminado.

Gabrielle tocó la cabeza de Xena, con el corazón desbocado. Se arrodilló frente a su amante, le levantó la cabeza con la mano y miró a los ojos que la habían controlado desde el momento en que se conocieron. Juntó sus labios con los de Xena, su lengua le rozó la boca y suspiró:

—Sí.


FIN


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