Plip

Quest



QuestFLP@aol.com

Título original: Plink. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Plip.

Plip.

Plip.

Plip.

Plop.

¿Por qué las mazmorras siempre tienen que ser lugares mohosos? ¿Y húmedos? ¿Y con agua goteando? ¿Por qué tienen que estar pobladas de ratas, y de guardias lascivos que nunca se lavan los dientes? Seguro que hay una especie de norma no escrita, un código para tiranos malvados que dice: tus prisioneros no sólo deben estar encadenados de la manera más incómoda, sino que no se tomarán en serio tus amenazas si no tienes roedores de un metro de largo que correteen entre sus pies mientras tú sueltas tu discurso burlón y regocijado...

Plip.

Odio los sótanos. Oscuros, húmedos, mal olientes... Yo nunca bajaba al sótano, ni siquiera para sacar el pan de nueces que me había prometido mi madre. Así que, cómo no, cada vez que acabo prisionera, es en un maldito sótano.

Plip.

Y no es que me preocupe de verdad la idea de que no voy a salir. A ver, Xena me dijo que esperara aquí. Lo cual quiere decir que volverá a recogerme cualquier día de estos. Y, cuando no me encuentre esperándola en la taberna, empezará a hacer preguntas. No tardará en descubrir dónde estoy. Pero entretanto, estoy encerrada en este maldito sótano.

Plip.

Plop.

Bueno, supongo que podría ser peor. Podría estar compartiendo una celda con ese idiota babeante de ahí que no para de intentar atrapar las ratas para comérselas y usar sus colas para tejer cestitas. ¿Qué tendrá en las cestitas? Bueno, bien pensado, prefiero no saberlo.

Plip.

¿Pero dónde se ha metido? Ya tendría que haber vuelto, digo yo...

Plip.

¿Cuánto tiempo habrá pasado? Aquí abajo no hay manera de calcular el tiempo. Parece que los lugareños nunca duermen. ¿Qué podrá estar haciendo, para llevar tanto tiempo fuera? ¿Se habrá encontrado a otro antiguo ligue con quien compartir la cama? ¡Pasándolo en grande mientras yo me PUDRO en este frío y esta oscuridad!

Plop.

Tal vez está herida. Tirada sola en un campo oscuro, sin nadie que cuide de ella, con una herida de flecha infectada hasta que le entre tal fiebre que ya ni vea...

Plip.

Maldita sea, está jugando conmigo para ver si logro salir yo sola. Como que le voy a dar esa satisfacción. Ya puede bajar aquí y sacarme ella. Además, es culpa suya que esté aquí metida.

Plip.

¿Dónde está?

Plip.

Recuerdo una vez, cuando creía que yo no estaba despierta, y la vi tocándose, moviéndose debajo de las mantas. Qué bella estaba, a la luz de la luna. Casi no conseguía controlar mi propia respiración, sólo de mirarla. Manos en movimiento, acariciando, quería acercarme más, pero sabía que si me movía ella sabría que estaba despierta. No es que no quisiera que supiera que estaba despierta. Dioses, quería que supiera...

Plop.

Maldita sea, los guardias ni siquiera nos traen de comer. Qué HAMBRE tengo. A lo mejor me muero de hambre antes de que ella se decida a sacarme de aquí.

Plip.

Ha pasado un millón de años. Me va a dejar aquí. A fin de cuentas, nunca ha querido llevarme con ella. No, desde el principio ha estado buscando una forma de conseguir que me vaya, y ahora la ha encontrado. Se va a ir tan campante por el camino y si te he visto no me acuerdo.

Plip.

Vendrá. ¿Dónde está?

Plip.

¿Alguna vez me habrá visto, como yo la vi a ella? En el río, bañándome supuestamente. Podría haberme seguido. ¿Se habrá preguntado alguna vez por qué tardaba tanto? Nunca me lo ha preguntado. A lo mejor ya lo sabía...

Plip.

Maldita sea, tiene que haber un modo de pasar el rato.

Plip.

Aquí abajo no hay intimidad. Nunca te das cuenta de lo mucho que la echas en falta hasta que tienes a un lunático babeante mirándote todo el tiempo... por los dioses, si se diera la vuelta diez minutos...

Ploch.

¿Dónde está?

Plip.

Cuando llegue para sacarme, casi me dan ganas de decirle que le den morcilla. Mira que dejarme aquí así. Que coja sus sacrosantas causas y se pierda en el horizonte, fíjate lo que me importa. ¡No quiero volver a verla!

Plip.

Plop.

*CRONCH* Ching, clonc, plof. Criiiiiiiiic.

—Ah, hola. Muy amable por pasarte por aquí. Estaba...

—Ya, seguro. Vamos, por aquí.

Cracrrrac.

Cronch.

Plof.

—¿Y cómo has acabado en la cárcel?

—Aah, pues, es una historia algo larga. Te la cuento esta noche cuando acampemos...

—Gabrielle.

—¿Sí?

—Escucha, la próxima vez que esté fuera un día y medio, intenta que no te metan en la cárcel, ¿de acuerdo?

—Claro. Por supuesto. No hay problema. Además, no era muy agradable...

Pausa.

Exclamación sofocada...

—¿Un día y medio?

—Sí, más o menos.

—Tanto, ¿eh? Jo. Pues se me ha pasado en un suspiro...


FIN


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