El sol y la luna

Alan Plessinger



Descargo: Xena, la Princesa Guerrera y los nombres, títulos y referencias usados en El sol y la luna son propiedad exclusiva de MCA/Universal. El autor no pretende infringir sus derechos de autor al escribir este fanfic.
Alan Plessinger

Título original: The Sun and the Moon. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2010


—Xena —dijo Gabrielle una noche, mirando el cielo nocturno—, ¿alguna vez te has preguntado por qué la luna parece grande y llena parte del tiempo, luego otras veces sólo se ve una porción y luego hay otras ocasiones en que no se ve en absoluto?

—No, pero estoy segura de que tienes una teoría.

—Sí, y me parece que quieres oírla.

—Me parece que más vale que quiera oírla. ¿Cuál es tu teoría?

—Pues mi teoría es que el sol se encontró a la luna triste y sola y le preguntó qué le pasaba, y la luna dijo que se sentía fría y muerta y que nadie podría quererla nunca. El sol dijo que eso era ridículo, que la luna era adorable, que de hecho la luna era preciosa y que la luna sólo necesitaba que alguien demostrara al mundo lo preciosa que era. De modo que el sol iluminó a la luna con sus rayos de luz vital. Y todos estuvieron de acuerdo con que la luna era efectivamente preciosa e impresionante. Pero la luna no deja de apartarse del sol.

—Porque la luna está avergonzada —dijo Xena.

—Avergonzada y asustada. La luna no para de decir que no es digna del sol y que la luz del sol estaría mejor aprovechada en otros, etcétera. Qué tontería. Así que la luna no deja de apartarse del sol, ocultándose cada vez más.

—Pero el sol no se da por vencido.

—El sol jamás se dará por vencido. El sol nunca abandonará a la luna, porque sabe lo maravillosa que es la luna de verdad, y quiere que el mundo lo sepa. Poco a poco, va convenciendo a la luna para que deje de ocultar su rostro al sol, hasta que la luna vuelve a ser brillante y hermosa en el cielo nocturno, para que el sol pueda decirles a todos: “Mirad qué maravillosa es mi amiga, mi alma gemela, la luna”.

—¿Y qué responde la luna a eso?

—Dímelo tú.

—La luna dice: “Ay, si supieras algunas de las cosas que te oculto, algunas de las cosas que jamás puedo mostrar, ni siquiera a ti, te apartarías de mí y nunca volvería a verte”.

—Oh, Xena... —dijo Gabrielle, y posó su mano suave y cálida en el hombro de Xena.

—Dime otra cosa —dijo Xena—. ¿Cuál es más importante, el sol o la luna?

—La luna, por supuesto —dijo Gabrielle—. La luna brilla de noche, cuando todo está oscuro y necesitamos la luz. Mientras que el sol, bueno, el sol brilla de día, cuando hay luz de sobra.

Xena sonrió y rodeó los hombros de Gabrielle con el brazo.

—Dime una cosa más —dijo Xena—. ¿Por qué los poderes supremos, los que crearon al sol y a la luna, por qué hicieron la noche mucho más bonita que el día, si todo el mundo está durmiendo de noche?

—Ay, Xena, ésa es la pregunta más fácil de todas.

Puso la mano en el muslo de Xena.

—La noche es para los amantes.


FIN


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