Reflexiones junto a una hoguera solitaria

Alan Plessinger



Descargo: Xena, la Princesa Guerrera y los nombres, títulos y argumentos usados en Reflexiones junto a una hoguera solitaria son propiedad exclusiva de MCA/Universal. El autor no pretende infringir sus derechos de autor al escribir este fanfic.
Esto ocurre hacia la época de Pecados del pasado.
Alan Plessinger

Título original: Thoughts By a Lonely Campfire. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Maldición. Está ahí, en alguna parte. Lo sé. No ha llegado tan lejos para renunciar así como así. Es tan capaz de rendirse como lo soy yo. Va a venir aquí y me va a recordar que estamos viajando juntas. Que somos compañeras. Y que yo no tengo nada que decir al respecto.

¿Quién se cree que es? A mí nadie me dice lo que tengo que hacer. Nadie. No me voy a hacer responsable de una aldeanita charlatana y molesta.

Cuando aparezca, no le dejaré decir ni una sola palabra. La cogeré del brazo y le enseñaré el camino de regreso a Potedaia. Espera. No quiero ser responsable si se encuentra algún peligro. La llevaré de vuelta en persona. ¿Pero cómo consigo que se quede allí?

Tal vez debería dejar que viaje conmigo un tiempo. Una temporadita. Así verá lo desagradable y mala persona que soy. Lo deprimente que soy como compañía. Lo aburrida que soy. A veces, hasta me aburro a mí misma. Volverá a Potedaia más deprisa que Hermes. Sí. Más deprisa que Hermes.

¿Pero dónde se ha metido?

¿Dónde estás, Gabrielle? Empiezo a echarte un poco de menos.

No. No te echo de menos. No pienses eso. No puedes permitirte pensar eso. Estás perdiendo la concentración, Xena.

Ésta no es vida para ella. Yo no puedo ofrecerle nada más que dolor y sufrimiento. Se merece algo mucho mejor. Y yo me merezco estar sola. Una guerrera solitaria y triste, hablando sola a la luz del fuego. Volviéndose loca. Nunca he necesitado amigos. ¿Por qué empezar ahora?

Todo gira en torno al bien supremo. Enviarla de vuelta a Potedaia sería lo mejor para todo el mundo. No puedo ponerla en peligro. Tengo que recorrer este camino yo sola. Ella no tiene nada que ofrecerme. No la necesito. No la quiero. Ni siquiera me cae bien. No. No me cae bien. No.

Así y todo, nunca olvidaré cómo salió en mi defensa. Maldición. Alguien que de verdad creía en mí. Eso me ha ayudado muchísimo. Le daré las gracias cuando la vea.

No, nada de agradecimientos. No le metas ideas en la cabeza. Pero qué cosa tan mona, cómo creía que me había salvado la vida. Por favor. ¿A mí me va a matar un puñado de aldeanos nerviosos armados con piedras? En todo caso, los salvó a ellos. Qué poco me faltaba para coger la espada... Gracias a los dioses que apareció ella.

O sea... no... me habría ido bien sin ella. Estoy segura.

Tienes que controlar ese genio, Xena. Va a haber gente que me odie vayamos donde vayamos.

Vaya donde vaya yo.

Bien, las personas decentes me odiarán. Me atormentarán. Tengo que mantener el control. Porque Gabrielle no va a estar siempre ahí. De hecho, nunca volverá a estar ahí.

Sé que nunca la olvidaré. No volveré a verla jamás, cuando la lleve a casa. Pero nunca, jamás podré olvidarla.

La forma en que me miró cuando aterricé victoriosa encima de Draco. No podía ser sólo admiración por la heroína. Era más que eso. Me dio tanto poder. Me inspiró. Lo juro, a ella le importa más la gente de Anfípolis que a mí. Es eso, ¿no? Le importa. La gente le importa. Ella sabía cuánto deseaba alejarme de esos malditos ingratos y dejar que Draco arrasara el pueblo.

Pero no lo hice. Y eso la impresionó más que cualquier cosa que pudiera hacer jamás con una espada o una vara.

Pero lo habría hecho tanto si Grabrielle estaba allí como si no. Sé que lo habría hecho. Sólo que no sería tan satisfactorio. Y no vería esa mirada de mi dulce Gabrielle.

O sea... de ella.

Esa mirada que dice, "Lo has hecho bien, Xena. Estoy orgullosa de ti". Esa mirada que se parecía tanto... oh, por los dioses... que se parecía tanto... Al amor.

Vale, ahora sí que has perdido la cabeza, Xena. No podía ser amor. No por parte de alguien como ella. Para ella yo sólo soy una manera de salir de Potedaia. Eso es lo único que soy. ¿Cómo podría esperar ser otra cosa para ella? Con todas las cosas horribles que he hecho. Las averiguará. Me odiará, igual que todo el mundo. Tengo que librarme de ella ahora. Cuanto más espere, más doloroso será. Para las dos.

Si dejo que se quede conmigo, acabará apareciendo alguien que le ofrezca una vida mejor. ¿Qué vida no sería mejor? Tendrá que elegir. ¿Y elegiría a alguien como yo?

Pero es muy buena persona. Qué buena persona es. Yo nunca he sido así de buena. Y nunca lo seré. Nunca podría serlo. Nunca me importarán los demás como le importan a ella. Es tan dulce. Dulce, divertida y alegre. Brillante y cálida. Como el sol.

Y yo soy un nubarrón de tormenta.

No pegamos juntas.

Si se queda conmigo, todo cambiará. La cambiaré, tanto si quiero como si no.

¿O a lo mejor ella podría cambiarme a mí?

No. Demasiado tarde para mí. Demasiado tarde. Estoy muerta por dentro. Fría y muerta. Y ella no puede traerme de nuevo a la vida. No puede.

Pero me encantaría verla por la mañana. Una sola vez.

¿Cómo será por la mañana? Despertándose. Estirándose. Bostezando. Estirándose un poco más. Un poquito más.

Sonriendo. Con esa sonrisa adorable. Esos preciosos ojos verdes y chispeantes. Es tan maravillosa. Qué feliz me hace.

¿Dónde está?

No va a venir, ¿verdad? Se ha espabilado. Se va a alejar de mí todo lo que pueda. Me dijo que yo ya no estaba sola. ¿Dónde está?

Bien por ti, Gabrielle. Aléjate de mí. Soy peligrosa. Búscate una vida decente.

Gabrielle, no me hagas caso. No sé qué estoy diciendo. Intentaré alejarte de nuevo. Por favor, no me escuches. Mira en mi corazón, si es que lo tengo. Si alguien puede descubrirlo, ésa eres tú.

Gabrielle, dondequiera que estés... Llevo sola toda la vida. Al mando de un ejército seguía sola. Pero jamás he sentido la soledad como la siento ahora. Nunca hasta ahora había conocido a nadie que me hiciera caer en la cuenta de lo sola que estaba. Y ya no quiero estar sola. Gabrielle, no sé qué es lo que tienes, pero lo necesito. Te necesito.

Sé que probablemente te haré daño. Hago daño a todas las personas que me importan. Soy pésima persona. No me merezco a alguien como tú. Siento ser tan egoísta y guardarte para mí sola. Pero no puedo evitarlo. Te necesito. ¿Dónde estás? Te acabo de conocer. ¿Por qué siento que te conozco desde siempre? Quédate conmigo. Enséñame a ser buena persona. Intento ser buena, pero no sé cómo. Enséñame a ser como tú.

Tú me afectas, Gabrielle. Todo lo tuyo me afecta. Te quiero. Jamás te lo diré, pero es así. Te quiero. No consigo recordar cómo era la vida, antes de ti. Te quiero.

¿Dónde estás?

¿Dónde estás?

¿Dónde estás?

Ya era hora.


FIN


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