Pergaminos afines

Alan Plessinger



Descargo: Xena, la Princesa Guerrera y los nombres, títulos y referencias usados en Pergaminos afines son propiedad exclusiva de MCA/Universal. El autor no pretende infringir en modo alguno los derechos de autor al escribir este fanfic.
Ésta es una escena que falta en Almas gemelas.
Alan Plessinger

Título original: Kindred Scrolls. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Premio Xippy


Xena nunca había tenido muchas ganas de leer los pergaminos de Gabrielle, temerosa de lo que pudiera descubrir en ellos. Pero ahora que por fin había cogido uno, se puso a leerlos uno tras otro, pasmada ante lo que veía.

Siempre había creído que los pergaminos sólo estaban llenos del típico culto al héroe, y algo de eso había, pero en su mayor parte los pergaminos rebosaban del amor de Gabrielle por Xena. No debería sorprenderle, después de tanto tiempo, que Gabrielle quisiera de verdad a Xena, pero siempre le sorprendía. Xena estaba asombrada de todas las cosas que Gabrielle quería en ella, cualidades que Xena nunca había percibido en sí misma.

Y los pergaminos se burlaban un poco de algunas de las cualidades no tan loables de Xena. Y Xena hasta logró reírse de sí misma.

La pequeña Eva empezó a arrullar y gorgotear en su regazo y Xena la levantó y la miró.

—No me he estado portando bien con ella —le dijo a Eva—. Qué novedad, ¿eh?

Eva miró a su madre con aire curioso.

—Oh, no finjas que no lo has notado —dijo Xena—. Ahora que te tengo a ti, Eva, no le he estado haciendo ningún caso. Se ha portado maravillosamente durante todo este lío. Ha estado totalmente dedicada a mí. Y a ti. Me ha estado diciendo cuánto nos quiere a las dos. Es más, me lo ha estado demostrando, arriesgando la vida una y otra vez. Y lo único que le digo es: "Qué bonito, Gabrielle, vete a jugar con Joxer".

Eva sonrió y se le cayó un poco de baba. Xena le limpió la barbilla.

—No, en realidad no le he dicho eso, pero como si se lo hubiera dicho. Dado como la he tratado, no me extraña que quiera otra cosa. Debería ser reina. Sería una gran reina. Y tú, Eva, serías feliz aquí. Mucho más feliz que en el camino conmigo.

Xena sostuvo a Eva en brazos y se levantó.

—Vamos a decírselo —dijo—. Espero que esto te guste, Eva, porque ahora es nuestro hogar. Y si yo estoy fatal aquí... bueno, de todas formas, ¿qué derecho tengo a ser feliz?

Xena se dirigió a la puerta y casi se chocó con Aris, que entraba.

—Sólo quiero saber una cosa —dijo Aris—. ¿Por qué ella? ¿Por qué ella y no yo? ¿Qué tiene ella que yo no tenga?

—Aris, siéntate.

Las dos se sentaron y Xena cogió uno de los pergaminos. Eva intentó agarrarlo con los deditos, pero Xena lo apartó jugando.

—Aris, no sé lo que sabes sobre mí, pero he hecho cosas terribles. En otros tiempos era señora de la guerra. Llevaba una vida terrible y brutal. Incluso maté amazonas, Aris. Porque quise. Y porque podía.

Aris meneó la cabeza.

—Todo eso es el pasado, Xena. Ahora eres una gran heroína.

—No, Aris, no soy una gran heroína. Todo el bien que he hecho y todo el bien que pueda llegar a hacer no podrían devolverle la vida a un solo hombre de todos los que he matado. La masacre que he cometido nunca podrá desaparecer. Y no sabes lo cerca que he estado, muchas veces, de volver a caer en esa antigua vida.

—Eso no es cierto.

—Es cierto. Te lo prometo, nunca podría haberme mantenido en la senda de la rectitud sin Gabrielle. Le debo muchísimo, Aris. Le debo mi alma. Ella es mi corazón, Aris, ¿es que no lo entiendes? Es mi hogar, y sin ella no tengo nada. Sin ella... sin ella te juro que ni siquiera soy humana.

—Yo puedo hacer todo eso por ti.

Xena se echó a reír levemente. Le pasó el pergamino a Aris y se levantó.

—Lee esta historia, Aris. Ésta se llama Lazos que atan.

Se dirigió de nuevo hacia la puerta y cuando Aris se disponía a leer, Xena se volvió hacia ella.

—Y cuando llegues al final, a ver si te imaginas a ti misma haciendo lo que hizo Gabrielle.


FIN


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