La gata Gabrielle

Alan Plessinger



Descargo: Xena, la Princesa Guerrera y los nombres, títulos y argumentos usados en La gata Gabrielle son propiedad exclusiva de MCA/Universal. El autor no pretende infringir sus derechos de autor al escribir este fanfic.
Un intento de responder a eso que se dice con tanta frecuencia: "Es que no puede ser más mona".
Alan Plessinger

Título original: Gabrielle the Kitten. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Gabrielle, en el cuerpo de la gatita, miró con aprensión la jaula de bambú que había hecho Xena. Miró a Xena y sacudió la cabecita de la gata.

—Gabrielle, es sólo para protegerte. A mí tampoco me gusta, pero no podemos dejar que le pase nada al cuerpo de la gatita mientras sigáis las dos cambiadas.

Gabrielle, con el aire más exasperado que se le puede poner a un gato, se metió en la jaula y se sentó en el suelo.

Xena cerró la puerta de la jaula y le echó la llave. Entregó la llave y la jaula a Autólicus, junto con el enorme diamante que había causado todo este lío.

Xena dijo:

—No sé por qué Afrodita no puede recuperar sus propias joyas.

—Xena, pase lo que pase, por favor, no le digas a nadie que le has encargado al Rey de los Ladrones que devuelva un diamante a Afrodita. O si lo haces, no digas que lo he hecho de verdad.

—No lo haré. Ahora vete. Si no llegas al templo antes del anochecer, Gabrielle se quedará así para siempre.

—¿Me tengo que llevar a la gata? Sin ánimo de ofender, Gabrielle.

—Sí. Afrodita necesita a la gata para hacer el cambio de mentes.

—¿Estás segura de que no quieres venir conmigo?

—No voy a dejar el cuerpo de Gabrielle desprotegido.

El cuerpo de Gabrielle con la mente de una gatita estaba acurrucado debajo de un árbol, durmiendo apaciblemente.

—Vete ya, Autólicus.

—¡Está bien, me voy! Las dos me debéis mucho por esto.

Xena se quedó mirándolo mientras se iba y luego se sentó en un tronco. El ruido de los cascos del caballo al marcharse despertó a la gata que estaba dentro de Gabrielle.

La gatita que había en el cuerpo de Gabrielle estiró los músculos y arqueó la espalda, cerrando los ojos con placer. Xena se esforzó por mirar a otra parte, pero no pudo evitar echar algún vistazo por el rabillo del ojo mientras el adorable trasero de Gabrielle se arqueaba en el aire.

La gatita que estaba dentro de Gabrielle se acercó despacio a donde estaba sentada Xena. Frotó el largo y lustroso cabello dorado rojizo de Gabrielle contra la pierna de Xena.

—Vete, vamos. Juega con otra persona.

La garganta de Gabrielle emitió ese ruido que hacen los gatos y que suena como "rrrraillllll".

—Venga, gatita. Xena no quiere jugar ahora.

La gatita que estaba dentro de Gabrielle tocó ligeramente la rodilla de Xena. Se echó boca arriba, mirando a Xena con aire suplicante, dando manotazos en el aire en dirección a Xena.

Xena ya no pudo evitar sonreír.

La gata volvió a ponerse a cuatro patas y se puso a frotar la cara y el pelo de Gabrielle contra la pierna de Xena, mirándola. Xena cogió la cara perfecta y adorable de Gabrielle con una mano.

—Gabrielle —dijo—, estés donde estés, por favor, perdóname por cualquier pérdida de dignidad que pueda ocurrirnos a cualquiera de las dos en los próximos minutos. Lo único que puedo decir, Gabrielle, es que... soy humana.

Sonrió y acarició la mandíbula de Gabrielle, mientras la gata soltaba ruiditos de placer con la voz de Gabrielle, y luego la gata se puso a frotar la cara de Gabrielle y luego todo su cuerpo contra el muslo de Xena.

Luego volvió a echarse boca arriba, queriendo que Xena le acariciara la tripa. Xena cayó de rodillas y se puso a frotar la tripa de Gabrielle y a acariciarle la mandíbula y a hacerle cosquillas debajo de la barbilla.

La gata tocó la cara de Xena tiernamente con la mano de Gabrielle. Xena acercó más la cara a Gabrielle y la gata olisqueó a Xena con la naricilla de Gabrielle.

Los ojos de Gabrielle estaban cerrados de placer. La sonrisa de Xena era tan inmensa que casi no le cabía en la cara.

Entonces los ojos de Gabby se abrieron de par en par y dijo:

—Xena, ¿qué estás haciendo?

Xena se apartó rápidamente de un salto. Se sentó en el tronco.

—¡Nada!

Gabrielle se levantó y se sentó en el tronco, pero no cerca de Xena.

—¡Xena, por favor! ¡Te estabas aprovechando de mí!

—¡No! Bueno, está bien, más o menos. Lo siento, ¿vale? ¡Te juro que lo siento! No lo volveré a hacer nunca más.

—Te estabas riendo de mí, ¿a que sí?

—Sólo sonreía. Gabrielle, yo nunca me reiría de ti. Nunca haría nada que pudiera herir tus sentimientos. Es que... estabas... y luego te acercaste y entonces...

Xena estaba cortadísima y no podía mirar a Gabby.

—Lo siento. Escucha, se suponía que ibas a tardar varias horas en volver.

—Afrodita se reunió con nosotros en el camino. Estaba impaciente.

—Lo siento. Por favor, no me odies, Gabrielle. Sé lo importante que es la dignidad para ti. Para mí también lo es.

—¿Ah, sí? Bueno, pues supongo que sólo hay una manera de que me compenses.

—¿Cuál?

Gabrielle se dio unas palmaditas en el muslo.

—Ven, gatita, gatita.

Xena sacudió la cabeza.

—No, Gabrielle, por favor.

—Ven, gatita, gatita. Ven aquí, gatita.

Xena tragó con fuerza, luego se puso a cuatro patas y se acercó a Gabrielle.

—Si me ve alguien, me mato.

—¿Pero qué te parece? Una gatita que habla. Ven, gatita, gatita.


FIN


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