Draco pide un favor a Afrodita

Alan Plessinger



Descargo: Xena, la Princesa Guerrera y los nombres, títulos y argumentos usados en Draco pide un favor a Afrodita son propiedad exclusiva de MCA/Universal. El autor no pretende infringir sus derechos de autor al escribir este fanfic.
Alan Plessinger

Título original: Draco Asks a Boon of Aphrodite. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2004


Capítulo 1

Draco espiaba a las dos juntas en el claro, hablando, riendo, encontrando cualquier excusa para tocarse, como siempre. Era igual que todas las demás veces que las había espiado, y se sentía enfermo al saber que no tenía la menor oportunidad con Gabrielle. Pero no era exactamente igual. Esta vez tenía a la diosa Afrodita a su lado.

—¿Estás seguro de verdad de que quieres que haga esto, Draco? Es un hecho conocido que amar a Gabrielle puede ser peligroso para la salud.

—Me da igual. No puedo seguir sin ella y no puedo conseguir su amor de ninguna otra manera. La amo. La necesito.

—¡Ja, qué listo! Tú y prácticamente cualquier otro mortal del mundo conocido.

—Me has dado tu palabra, Afrodita. Me has prometido este favor.

—Que sí, hombre, que sí. Sólo tenemos que pillarla a solas.

—Gabrielle suele ir a buscar agua. Lo hará dentro de nada.

En realidad pasaron otros noventa minutos hasta que Gabrielle cogió por fin la olla y se dirigió al arroyo. Cuando regresaba con el agua, Draco salió de detrás del árbol y le bloqueó el camino.

—¿Draco? —dijo, y soltó un suspiro. Otra vez iba a ser raptada y rescatada por Xena. Pero entonces, Afrodita, totalmente invisible para Gabrielle, alzó los brazos y descargó sobre ella con todas sus fuerzas hasta el último gramo de poderes románticos divinos que poseía.

Gabrielle dejó que la olla se le escurriera de los dedos al mirar a Draco de una forma totalmente nueva. Draco sonrió.


Capítulo 2

Poco después, Xena fue en busca del amor de su vida y se los encontró a los dos besándose. Sacó la espada, sin vacilar ni un segundo.

—¡Draco! —vociferó—. ¡Apártate de ella!

—¿Xena? —dijo Gabrielle, confusa y como borracha, mirándola con unos ojos que se negaban a enfocar la vista.

—No te acerques a nosotros —dijo Draco—. Está aquí porque quiere.

—¡Hijo de puta! ¡Maldito seas! Esto es otro truco divino, ¿verdad? Sé que lo es. Esto lo está haciendo Afrodita o algún pariente suyo. ¡Apártate de ella, Draco! ¡Te voy a destruir, te lo juro! ¡Te voy a arrancar esa lengua mentirosa de la cabeza!

—Estoy desarmado, Xena.

—No le hagas daño, Xena —dijo Gabrielle—. Lo amo.

—¿Y eso quiere decir que ya no me quieres a mí? —preguntó Xena.

Gabrielle sabía que algo no iba bien en todo esto e intentaba resistirse, pero no tenía la fuerza suficiente. Necesitaba ayuda.

—No lo sé —dijo Gabrielle.

Xena dejó caer la espada al suelo.

—Os dejaré a los dos en paz y juntos si haces una cosa. Mírame a los ojos y recuerda todo lo que hemos pasado juntas. Luego quiero que digas en voz alta: "Recuerdo todo lo que hemos pasado juntas y todo lo que has hecho por mí y todo lo que he hecho por ti y todas las veces que nos hemos ayudado y nos hemos apoyado y nos hemos querido. Lo recuerdo todo... y me da igual".

Draco se apartó de Gabrielle y la miró expectante.

—Dilo —dijo.

Gabrielle miró a Xena, luego Draco y de nuevo a Xena.

—No sé qué está pasando aquí —dijo—, pero me está destrozando, sea lo que sea. Sí que te quiero, Xena, pero ya no es lo mismo. Necesito alejarme de los dos un tiempo. Tengo que dilucidarlo.


Capítulo 3

Gabrielle metió a toda prisa sus cosas en su zurrón. Sabía que su decisión estaba haciendo daño a Xena y no quería quedarse más tiempo del necesario. En el caso de Xena, el dolor podía manifestarse de formas peligrosas e impredecibles.

—No me puedo creer que hagas esto —dijo Xena—. Me he pasado la vida luchando con los dioses y ahora han ganado. No me puedo creer que ni siquiera vayas a resistirte a esto.

—Lo siento, Xena —dijo Gabrielle—, pero esto es amor. Amor verdadero. Y ni siquiera me importa de dónde proceda. Necesito estar con alguien que no tenga miedo de amarme. De amarme de verdad.

Xena se levantó.

—¿Qué quieres decir?

Gabrielle se volvió y se quedó de espaldas a un árbol.

—¿De verdad eres tan dura de mollera que crees que he pasado los últimos cuatro años contigo porque somos amigas íntimas?

Xena avanzó hacia ella hasta que estuvieron tan cerca que se podían tocar. Alargó las manos y apoyó las palmas sobre el tronco del árbol, rodeando a Gabrielle.

—¿Quieres decir...? Gabrielle, nunca me he atrevido a tener esa esperanza.

—Sí, nunca te has atrevido a hacer gran cosa, ¿verdad? Xena, no puedo seguir esperando a que suceda algo. Es demasiado tarde.

—No. No puede ser demasiado tarde.

—Xena...

Xena se inclinó rápidamente y pegó sus labios hambrientos a los de Gabrielle. Fue un beso rápido y Xena se apartó porque le entró miedo.

—Xena, no quiero que hagas nada porque crees que tienes la obligación.

—¿Te parece que esto es por obligación?

Xena se inclinó de nuevo para darle un beso largo y voraz. A Gabrielle le daba vueltas la cabeza, llena de imágenes de fantasías hechas realidad y sueños cumplidos. Sería incorrecto decir que todo lo que sentía por Draco había desaparecido, pero su mente se había abierto a toda clase de posibilidades de tener una vida totalmente nueva con Xena.

Se apartaron y Gabrielle dijo:

—Xena, por el rayo dorado de Apolo, ¿por qué no has hecho esto antes?

—Gabrielle, tú no eres la única que está destrozada por dentro. Te amo, no puedo vivir sin ti, pero estarías mejor con prácticamente cualquier otra persona del mundo conocido. Nadie lo sabe mejor que yo. He intentado matarte y tú has hecho mucho más que perdonarme, has estado dispuesta a sacrificar tu vida por mí. Nadie se merece esa clase de amor, yo menos que nadie. Eres adictiva y molesta, embriagadora y desquiciante, y si pudiera volver atrás y cambiar mi pasado y convertirme en la clase de mujer que te mereces...

—Cállate, Xena —dijo Gabrielle y saltó sobre su cuerpo, enrollando las piernas alrededor de la cintura de Xena y agarrándose a sus hombros con las dos manos. Se izó hasta los labios de Xena y los devoró, cruzando los brazos sobre la nuca de Xena.

Se separaron y se miraron, sonriendo sin control, con los bellos ojos ardientes de amor, pasión y deseo.

—¡Oh, por los dioses! —dijeron a la vez y se atacaron con ansia.


Capítulo 4

Ahora fue Draco quien gritó:

—¡Apártate de ella!

Xena se maldijo a sí misma por no notar que se estaba acercando.

Gabrielle miró a Draco. Se sintió débil y bajó deslizándose por el cuerpo de Xena, apoyando los pies ligeramente en el suelo.

—Xena. Está ocurriendo otra vez.

Hundió la cara en el cuello de Xena e intentó no mirar a Draco.

—¡Xena! ¡Ayúdame! ¡Hazme daño!

—¿Qué?

—¡Hazme daño! Sé que sabes hacerlo. No preguntes. ¡Hazme daño, ahora!

Xena hincó las uñas en los riñones de Gabrielle hasta hacerle sangre.

—¡Más! —dijo Gabrielle y mordió a Xena directamente en el cuello. Xena mordió a Gabrielle en el lóbulo de la oreja. Las dos notaron el sabor de la sangre de la otra en la boca, juntaron los labios y se saborearon mutuamente.

Xena la abrazó estrechamente y sintió lo que le estaba pasando. Parecía haber un terremoto, un maremoto y un huracán a la vez en el cuerpo de Gabrielle. Ésta estaba luchando contra todas las fuerzas divinas que la arrastraban hacia Draco y estaba ganando, pero aún no había terminado.

—¡Resiste, Gabrielle! ¡No lo mires!

—¡Lo intento, pero necesito tu ayuda! ¡Necesito tus palabras!

—¿Palabras?

—¡Dime lo que necesito oír!

—Te quiero, Gabrielle, pero sabes que no tengo palabras.

—¡Encuéntralas! ¡Deprisa!

Xena pensó lo más rápido que pudo. ¿Qué palabras podrían expresar que Gabrielle era más importante para ella que cualquier otra cosa?

—Gabrielle, por ti me humillaría cien veces de cien formas degradantes. Pasaría la vida entera sin volver a tener dignidad.

Gabrielle se apartó y miró sorprendida a Xena. Sus ojos se enternecieron.

—Te amo demasiado para pensar siquiera en pedirte que hagas eso —dijo Gabrielle.

Draco se sacó un puñal de la bota.

—¡Apártate de ella ahora mismo, Xena, o te juro que te mato!

—Creía que estabas desarmado —dijo Xena.

—Mentí.

Gabrielle se soltó de los brazos de Xena y fue hacia Draco. Xena le puso una mano en el hombro.

—Xena, esto lo tengo que hacer yo.

Gabrielle caminó despacio y con cuidado hacia Draco. Hizo todo lo posible por no prestar atención a la poderosa atracción sexual que sentía por él, diciéndose a sí misma que no era real.

—Vete de aquí, Draco. No has cambiado desde la primera vez que te vi.

—Podría cambiar, Gabrielle.

—Has tenido dos años. No estás más cerca que antes. Lo siento.

Se volvió para marcharse. Draco la agarró de los hombros y la besó. Xena apartó la mirada para evitar atacarlo.

Gabrielle no se resistió, pero cuando terminó el beso, repitió:

—Lo siento.

—¡Maldita sea! ¡Afrodita! ¿Dónde estás?

Afrodita se materializó.

—Lo siento, Draco. Debo de estar perdiendo facultades.

—¡No! ¡No lo acepto! ¿Qué clase de diosa del amor eres tú? ¡Más! ¡Dale más!

Afrodita hizo un gesto y descargó más poderes románticos sobre Gabrielle. El cuerpo de Gabrielle se tambaleó y se estremeció con convulsiones. Xena corrió hasta ella y la sujetó.

—¡Afrodita, la estás destrozando! —gritó Xena.

—El amor duele, nena.

—¡Me da igual el daño que le hagas! —gritó Draco—. ¡Haz que sea mía!

Afrodita se detuvo.

—Ah, ¿te da igual el daño que sufra siempre y cuando te ame? Qué macho eres.

—No quería decir eso.

—Draco, se acabó. Lo he intentado. Los dos lo hemos intentado. Pero se acabó —dijo Afrodita.

Xena dijo:

—Pues libérala. No dejes que viva así.

—Ah, pero sí está bien hacer que Draco esté enamorado de Gabrielle.

Draco se quedó confuso y algo irritado.

—¿Qué? —preguntó.

—Así es, Draco, todo ha sido resultado de las dulces flechas del amor. Mi hijo... ¿o fue mi nieto? Puaj, no me puedo creer que ya sea abuela... Bueno, el caso es que uno de ellos hizo que amaras a la adorable, y a Xena le pareció una idea estupenda dejarte así. Supongo que los buenos son capaces de hacer cualquier guarrada.

—¿Qué? ¿Quieres decir... que he estado... durante dos años?

—¡Está bien! ¡De acuerdo! ¡Libéralos a los dos! —gritó Xena—. Lo siento, Draco.

Gabrielle tenía los ojos clavados en Xena cuando quedó liberada de la maldición. Fue casi como soltar una catapulta, pues Gabrielle saltó a los brazos de Xena y la tiró al suelo. Se puso a arrancar trozos de armadura y ropa de la guerrera.

—¡Gabrielle! Hay... gente.

—Intenta imaginarte lo poco que me importa.

—Oiijj, ¡pero qué cosa más linda! —dijo Afrodita—. Y, debo decir, ya era hora. —Y desapareció.

Pero para Draco no fue un final tan feliz. Se alejó solo, confuso, furioso y hecho polvo.


Capítulo 5

—Ahora te voy a decir lo que no vas a hacer, Xena. No vas a ser noble. Estoy harta de tanta nobleza. Si te oigo decir que has hecho esto sólo para romper la maldición...

—No lo voy a decir —dijo Xena. Apartó la mirada de Gabrielle.

—Oh, ¿y ahora qué pasa, Xena?

—Nada. Es que... me ibas a dejar.

—¡Xena!

—No es que te culpe.

—Xena, no te iba a dejar.

—¿No?

—Estaba como confusa y no me podía controlar y me cuesta recordar todo lo que estaba pensando y todo lo que hice, pero te aseguro que no tenía la menor intención de dejarte. Necesitaba tu ayuda, Xena. Y tú necesitabas una patada en el culo para que dijeras por fin lo que las dos hemos estado sintiendo todos estos años. No podía andarme con sutilezas. Así y todo, prácticamente he tenido que decirte todo lo que tenías que hacer. No se te da muy bien este tipo de batalla, ¿verdad?

Xena sonrió. Abrazó a Gabrielle y besó sus dulces labios. Luego le entró un ataque de risa.

—¿Qué tiene tanta gracia? —preguntó Gabrielle.

—Nosotras. Llevamos cuatro años luchando con los dioses y danzando en torno a la verdad y ha hecho falta la intervención divina para que estemos juntas. Y nunca he sido tan feliz. ¡Estoy con una mujer que tiene más poder que una diosa!

Gabrielle puso la mano en la frente de Xena y le apartó el flequillo y luego le acarició la mejilla.

—Xena, no soy yo. Somos nosotras. Nuestro amor es más poderoso que todos los dioses del Olimpo, más poderoso que la muerte misma. Tú estás al mando en el campo de batalla, pero nuestro amor es a partes iguales Xena y Gabrielle, y no lo olvides nunca.


Capítulo 6

Draco estaba sentado mirando a Gabrielle mientras ésta realizaba una serie de ejercicios con la vara, toda ella gracia fluida y movimientos cuidadosamente controlados pero potentes. Gabrielle había vuelto a practicar con la vara hacía poco, después de renunciar a ella e intentar seguir el camino del amor, el camino de Eli. Xena se sentó a su lado y él no quiso mirarla.

—No deberías haberme hecho eso —dijo.

—No lo hice yo.

—Lo permitiste. Lo fomentaste.

—Eso es cierto. Pero al menos ahora eres libre.

—No es tan sencillo. Después de dos años de amar a Gabrielle, la cosa no desaparece así como así. Todavía noto algunas punzadas de lo que sentía, igual que una persona amputada siente dolores fantasma en una pierna que ya no tiene.

—¿Todavía la amas o no?

Draco miró atentamente a Gabrielle, fijándose en sus movimientos como de danza, sus giros, paradas y ataques.

—No —dijo—. Pero creo que echo de menos amarla. Es una persona increíble, ¿verdad?

—Oh, por los dioses, sí. No te haces idea. Aunque puede ser una bendición y una maldición a la vez.

—¿A qué te refieres?

—Las cosas no siempre son fáciles entre nosotras. Nunca me escucha. Nunca hace lo que le digo, aunque casi siempre tengo razón. Es difícil estar con una mujer de la que todo el mundo se enamora. Y a veces puede llegar a ser muy desconsiderada, con la forma en que parece animarlos a ello.

—¿Entonces por qué es tan puñeteramente adictiva?

Xena suspiró.

—Porque no hay nadie como ella en ninguna parte. Porque se interesa de verdad por las personas y ve el bien que llevan dentro. Personas en las que nadie más podría creer. Como yo.

Xena bajó la vista al regazo.

—Se ha quedado conmigo porque me ama. No sé qué ha descubierto en mí que pueda amar, pero lo hace. Y yo le he pagado ese amor intentando matarla. La culpaba de algo que no era culpa suya. Y ella hizo algo más que perdonarme, Draco, estaba dispuesta a sacrificar su vida para que yo pudiera vivir. ¿Tienes idea de la clase de amor, compasión y capacidad para el perdón que hace falta para hacer una cosa así por alguien, no digamos por mí? Ni sé la cantidad de veces que he estado a punto de renunciar a la redención y lo habría hecho si pensara que a nadie le importaba. Pero hay una cosa que me impulsa a seguir adelante. No puedo defraudar a Gabrielle. No voy a defraudarla. Si me rindo ahora, todo lo que ha hecho por mí no habrá servido para nada.

Xena cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y sonrió.

—Y además, es que me hace tan feliz.

Draco se levantó para marcharse.

—No deberías haberme hecho esto, Xena. No puedes obligar a alguien a ser buena persona si no lo quiere ser. Ni siquiera el amor de Gabrielle podría conseguirlo. He intentado ser bueno durante dos años, pero no tengo lo que hay que tener.

—¿Así que ahora vas a volver a ser un cabrón malvado?

—Si recuerdo cómo hacerlo. Adiós, Xena. La próxima vez que nos veamos, puede que seamos enemigos mortales.

—Sabes, el antiguo Draco habría intentado matarme por lo que te he hecho.

—Lo sé. Supongo que he cambiado. No estoy muy furioso, más bien triste. Triste por mi amor perdido.

—Dime, ¿qué hiciste por Afrodita? Debe de haber sido algo importante para que te concediera este favor.

—Ah, no es gran cosa. Ahuyenté a unos bandidos de uno de sus templos. Apenas tardé media marca.

—Ya. ¿Y de quién fue la idea de pedirle un favor a Afrodita?

—Pues ella me preguntó si podía hacer algo a cambio. Un objeto de mi amor con el que me pudiera ayudar.

—Claro. En fin, buena suerte, Draco. Puedes viajar un tiempo con nosotras si quieres.

Draco rechazó el ofrecimiento y se estrecharon los antebrazos, saludándose como guerreros. Se marchó y a los pocos minutos de irse apareció Afrodita.

—Hola, Afrodita. Y gracias.

—¿Gracias? ¿Xena dando las gracias a los dioses? Jamás se lo creerán en el Olimpo.

—Sé que ésta ha sido tu manera sutil de conseguir que por fin estemos juntas.

—¡Anda ya! ¿Te crees que los dioses griegos no tenemos otra cosa en que pensar más que en vosotras dos?

—Vamos, Afrodita, si hubieras querido en serio juntar a Draco y Gabrielle, habrías hecho que Gabby y yo dejáramos de querernos.

—¡Ah, sí, ése sí que habría sido un buen truco! Y después podría haber echado a Zeus de su trono y crear unos cuantos mundos más con los que jugar. Vosotras dos estáis destinadas a estar juntas, ¿o es que todavía no os habéis dado cuenta?

Gabrielle subió por la colina para reunirse con ellas. Para avergonzar a Xena, la saludó pasándole una mano por la nuca y pegando los labios a los suyos.

—Gab... —dijo Xena, pero tras esa sola sílaba se dio cuenta de repente de todo el tiempo que había perdido preocupándose de lo que podrían pensar los demás.

—¡Ooohhh, pero qué pareja tan mona hacéis! Bueno, sé muy bien cuándo no es necesaria la ayuda divina. Ya nos veremos.

Se separaron y Gabrielle dijo:

—Te amo, Xena.

—Te amo, Gabrielle. Cómo me alegro de que haya ocurrido esto antes de que muramos juntas. Hemos perdido mucho tiempo y a saber cuánto tiempo nos queda.

Gabrielle suspiró.

—Xena, te he pedido que dejes de hablar de esa visión.

—No puedo olvidarme de ella sin más, Gabrielle.

—Xena, me has hablado de mi crucifixión, pero nunca me has dicho que a ti también te crucifican justo a mi lado.

Xena se encogió de hombros.

—¿Para qué iba a comentarlo? No es menos de lo que me merezco.

Gabrielle miró a Xena, horrorizada y furiosa. Agarró la cara de Xena y la miró a los ojos. No podía creerse que Xena hablara en serio.

—No puedo decirte nada, ¿verdad, Xena? No importa lo que hagas, no importa a cuánta gente salves, en tu mente sigues siendo la Destructora de Naciones, ¿verdad?

—No sólo en mi mente. Muchísima gente todavía me considera así.

—Pues entonces tendremos que convencerlos, uno a uno. Si no podemos convencerlos con nuestra vida, los convenceremos con nuestra muerte.

—No digas eso, Gabrielle. Ya he destruido muchas vidas. Si murieras por mi causa, sería algo tan cruel que no tengo palabras para expresarlo.

—Xena, para mí sería un honor morir a tu lado. Donde vayamos, iremos juntas, incluso a la eternidad. No hay nada a lo que te tengas que volver a enfrentar sola, Xena. Nada. Además, ¿qué importa si morimos? Se nos han mostrado nuestras vidas futuras y sabemos que estaremos juntas en cada una de ellas. Somos eternas, Xena. Somos para siempre.

Xena abrazó a su amiga y amante y dijo:

—Has sido lo mejor de mi vida, Gabrielle.

Y al citar las palabras de su propia visión del futuro, por primera vez en mucho tiempo no se llenó de horror. Podía creer de verdad que Gabrielle estaba dispuesta a morir con ella y que no lo lamentaría. Algo imposible de creer por parte de nadie salvo de su dulce y maravillosa Gabrielle.

Y al inclinarse para besar con ternura al amor de su vida, pensó que al menos el tiempo que les quedaba sería mucho más interesante.


FIN


Volver a Xena y Gabrielle: Relatos cortos
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