Morir bajo la espada

Leslie Ann Miller



Descargos: Los personajes de Xena y Gabrielle pertenecen a Universal y Renaissance Pictures. No se pretende infringir sus derechos de autor.
Aviso de sexo/violencia: Dos mujeres que se aman, pero nada gráfico. En este relato tampoco hay violencia.
Sobre el relato: Lo escribí para participar en el Cuarto Desafío de los Bardos, con un plazo de entrega que terminaba el 10 de junio de 2001. Sin embargo, lo terminé mucho antes de que se emitiera FIN 1 y 2. Obtuvo el segundo puesto.
Se admiten comentarios en: gunhilda@brightok.net

Título original: To Die By the Sword. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


"Aquel que lleve a la cautividad vivirá en cautividad; aquel que mate a espada morirá bajo la espada" — Bhagavad Gita (Canción Celestial: 4)

Me despierto antes de que haya salido el sol y cuando apenas se ve un reflejo plateado entre los pinos acariciando el horizonte por el este. Siempre me ha encantado esta hora, incluso en mis tiempos de señora de la guerra. Siempre era fácil aprovechar un momento de tranquila soledad antes de que las tropas empezaran a despertarse. Incluso ahora, que sólo estamos Gabrielle y yo, me da la oportunidad de verla dormir, algo que normalmente me llenaría el corazón de una paz que nunca creí posible.

Normalmente.

Con cuidado, me aparto de sus cálidos brazos y me ocupo de arroparle el cuello y la barbilla con las pieles de dormir para que el aire helado previo al amanecer no la despierte con su caricia fría. Apesadumbrada, advierto que vuelve a fruncir el ceño en sueños: esa ligera arruga entre sus cejas revela una historia de desdicha con más elocuencia que mil palabras.

Esto —y las pesadillas— empezó cuando mató a Korah en el desierto. Aunque hace meses que no hablamos de ello, sé que este asesinato todavía le pesa en el alma. Es como si una pequeña parte de la luz que tiene en la cara y los ojos se hubiera apagado tras este acto, sustituida por la sombra de la culpa y el odio hacia sí misma.

Son sentimientos que comprendo demasiado bien y sin embargo, no puedo hacer nada para ayudar a Gabrielle a superarlos. Detesto mi impotencia ante su sufrimiento y maldigo la ironía de la situación. Gabrielle puede perdonarme por mi pasado de maldad, por todas las vidas que he arrebatado, inocentes y culpables, puede perdonarle a cualquiera los crímenes más horrendos cometidos contra ella personalmente... y sin embargo, no puede perdonarse a sí misma por un único error.

Me levanto entumecida, notando las molestias de demasiadas heridas del pasado y la tensión de los músculos maltratados. Vaya si no estoy empezando a notarme los años. Todavía puedo darle una paliza a Ares, pero la vejez es un enemigo que no puedo matar con arma alguna. Vivir con la espada es morir bajo la espada y casi todos los guerreros mueren jóvenes. Yo he vivido más de lo que me corresponde, dada la brutalidad de mi vida. Me río entre dientes por dentro. No es natural que haya muerto más de una vez y que siga aquí, empezando a notar el frío en los huesos como una anciana.

Atizo el fuego en silencio. Gabrielle agradecerá el calor cuando se levante. Vuelvo a mirarla, tan vulnerable mientras duerme.

Vulnerable, pero no. Mis ojos se posan en los sais que lleva en las botas. Gabrielle también es ahora una guerrera.

Suspiro. ¿No ha querido siempre ser como yo, una guerrera? Nunca olvidaré lo contenta que se puso la primera vez que oyó que la llamaban "la Bardo Batalladora de Potedaia". Eso quería decir que se le reconocían sus capacidades para el combate, con toda justicia. Todavía no está a mi altura, pero hasta Ares ve su potencial. Puede ser todo lo bondadosa y compasiva que se quiera, pero sus sais son tan mortíferos como encantadora es su sonrisa.

Qué lejos está de aquella jovencita que vino detrás de mí hace tantos años.

Aunque es cierto que intentó seguir el camino de la paz durante un tiempo, resultó ser una opción imposible al elegirme a mí como compañera. Cualquier camino está bien, Xena, mientras sea contigo. Cualquier camino, dijo, pero ha acabado en mi camino... ¿y alguna vez le he dejado elección realmente? El peligro constante, los combates diarios... el camino del guerrero, la vida de la espada. Para estar conmigo, ha tenido que aceptarlos, asimilarlos. Su corazón es el de una bardo, pero ha elegido el camino del guerrero para estar conmigo.

Aparto la mirada, incapaz de soportar las sombras que se forman en su cara bajo la luz del fuego.

Malditos sean los dioses. Vivir con la espada es morir bajo la espada. Los guerreros mueren jóvenes. ¿Qué clase de vida es ésta para Gabrielle? En la búsqueda de mi propia redención, la he llevado a un camino que le ha puesto ese maldito ceño en la cara. La luz de su inocencia y juventud ha desaparecido, su sonrisa de alegría pura es algo del pasado. ¡Qué vacía parecía después del ataque en Helicón! Vacía y desdichada.

Y ahora mis apacibles mañanas soportan el peso de un nuevo motivo de culpa. Como si no tuviera ya suficientes.

Me acomodo en una piedra fría y saco la espada para ponerme a afilar la hoja. ¡Maldita sea! ¿Por qué no se perdona de una vez para que podamos seguir con nuestra vida? Los guerreros matan. Tiene que acostumbrarse a ello. Vivir con ello, como lo hago yo.

Como lo hago yo.

Cierro los ojos al caer en la cuenta. Gabrielle está viviendo con ello como lo hago yo. Culpa, autoaborrecimiento, autocondena y duda... todos son viejos amigos míos, ¿no? ¿Acaso no está ahora intentando redimirse, igual que yo? Sí, el grado es diferente —ella no es responsable de la muerte de aldeas enteras— pero los resultados son los mismos. Durante años estuve convencida de que la solución más rápida para cualquier problema era zanjarlo con una espada. Eso, al fin y al cabo, era lo que hacía un guerrero. Gabrielle, en su inocencia, me enseñó que no era así, pero ahora que ella también es una guerrera, parece que también es rápida a la hora de sacar las armas. Sólo hay que ver cómo me empujó a que matara a Belach, el hijo de Borias: cuando era más joven, nunca habría hecho eso.

A lo mejor ella tenía razón y a lo mejor hemos recorrido un círculo completo. Ella se está convirtiendo en una joven guerrera para quien el derramamiento de sangre es la primera respuesta y yo estoy buscando una salida pacífica.

Es eso, ¿verdad?

Estoy buscando una salida pacífica. Sí, me estoy hartando de esta vida. Muerte, sangre, violencia. Me noto los años no sólo en los huesos: me los noto en el alma. A lo mejor se me ha pegado algo de esa vida futura en que era la Madre de la Paz. A lo mejor se me ha pegado de Eli o de mi hija. Pero hay una solución mejor. Tal vez no sea posible para mí en esta vida, teniendo en cuenta mi pasado y mi historial. Tal vez no sea posible para Gabrielle, teniendo en cuenta su vida conmigo. Tal vez las dos estemos condenadas a vivir con la espada y morir bajo la espada. Tal vez una de nosotras —o ambas— esté destinada a morir joven. Y para siempre.

Noto las lágrimas que me resbalan por las mejillas, pero no hago caso. Amo a esta mujer con todo mi corazón. Ella es mi salvación. Ella es mi futuro. No puedo imaginarme la vida sin ella y sé que ella siente lo mismo por mí. Ya no quiero morir bajo la espada. No quiero que ella muera bajo la espada. No quiero que ninguna de las dos tenga que vivir sin la otra. Quiero vivir... vivir de verdad. Quiero compartir largos años llenos de calor, comodidad y amor al lado de esta mujer bella y valiente. Mi alma gemela. Mi bardo. Mi Gabrielle.

Creo firmemente que podemos elegir nuestro destino. Podemos elegir nuestro camino. Gabrielle ha elegido seguirme... pero yo puedo elegir dónde la llevo.

Tal vez sea el momento de cambiar nuestro rumbo.

Tal vez sea el momento de bajar el ritmo.

Tal vez pueda aprender a perdonarme, para que Gabrielle pueda aprender a hacer lo mismo.

Los primeros rayos naranjas del sol atraviesan los árboles y caen sobre Gabrielle mientras envaino la espada y me arrodillo a su lado. La inquietud de sus rasgos ya no es tan marcada ahora que el sol ha ahuyentado las sombras y la sensación de paz que me daba la mañana ha vuelto. Tengo un plan y siempre es bueno tener un plan.

Le doy un beso en la mejilla.

—Despierta, dormilona.


FIN


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