Cuestión de subtexto, Gabrielle

Lawlsfan



Os aseguro que no sé de qué retorcido recoveco ha salido esto, pero espero que lo paséis tan bien como lo he pasado yo al escribirlo.
Contenido sexual alternativo: No, no hay sexo. Mm, ¿¿o sí?? ¿Subtexto? ¿Hola, Gabrielle? Es posible que alguien pueda leer entre líneas y sentirse ofendido. Así que si os ofende que dos mujeres adultas se quieran íntimamente, pues... ya sabéis, largaos y leed otra cosa, rápido.
Espisodios desvelados: Ninguno. Es mi relato, mi cronología, mi creación. Pero...
Xena, la Princesa Guerrera, sus personajes y todo el material relacionado son propiedad de MCA/Universal y Renaissance Pictures © 1995-2000. La idea para el argumento de Cuestión de subtexto, Gabrielle es propiedad exclusiva de la autora (yo). No se puede copiar y/o reproducir este relato en forma alguna sin el consentimiento expreso por escrito de la autora. Cuestión de subtexto, Gabrielle se terminó el 21/1/00.
Siempre se agradecen comentarios en: lawlsfan@aschweb.com. No seáis tímidos, decidme lo que pensáis. :-)
Ahora vamos a ello...

Título original: It's in the Subtext, Gabrielle. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2010


Querida Xena:

La estancia en Potedaia va bien por ahora. Al principio mis amigos no hacían más que maravillarse y cacarear por cómo había conseguido regresar sana y salva de mis aventuras contigo. Es broma, puedes sonreír.

Mi madre ya está mucho mejor. La fiebre casi le ha desaparecido y ya puede comer algo de caldo sin problema. Me parece que dentro de nada va a estar levantada dando guerra. Tiene la fuerza de voluntad de un grifo en celo, no hay manera de doblegarla.

Lila me ha dicho que te mande saludos y que te dé las gracias por mantenerme a salvo en el camino. Así que aquí lo tienes: gracias, Xena, por mantenerme a salvo en el camino, por no hablar de ayudarme a aprender a mantenerme a salvo yo sola, entre otras cosas. Echo de menos viajar contigo y me muero por volver ahí fuera en cuanto mi madre se ponga bien.

Oigo a mi madre que me llama.

Sigo luego,

Gabrielle


Gabrielle:

Me alegro de oír que tu madre está mejor. Le envío mis mejores deseos, y a Lila también. Y en serio, no hace falta que me des las gracias. Tú prepárame unos de esos buñuelitos rellenos de esa cosa roja cuando vuelvas.

Ah, por cierto, Argo te echa mucho de menos, y no es broma.

X


Querida Xena:

Bueno, mi madre ya está muchísimo mejor. De hecho, ha recuperado parte del peso que había perdido y empieza a estar y a comportarse como era antes de que le entrara la fiebre. Lila se marcha a Atenas por la mañana para perseguir su sueño de ser actriz. No quería irse, pero le he asegurado que puedo ocuparme de nuestra madre hasta que se ponga bien del todo y pueda ocuparse ella sola de las cosas de casa.

Así que Argo me echa de menos, ¿eh? Pues qué curioso, siempre había pensado que esa yegua me odiaba. Algunos animales tienen una forma curiosa de demostrar que les importas. Por cierto, Xena, yo también te echo de menos. Intenta no meterte en líos hasta que pueda volver contigo. Me necesitas para que te vigile la espalda. Jo, no sabemos la importancia que tienen algunas cosas para nosotros hasta que ya no las tenemos delante todos los días, ¿verdad?

Espero verte pronto,

Gabrielle


Gabrielle:

Argo te echa muchísimo de menos y sé que le caes mucho mejor de lo que estaría dispuesta a reconocer jamás. Es que parece que le da miedo pensar cuánto, así que tiende a encabritarse y huir. Pero también sé que le gusta mucho esa forma que tienes de pasarle los dedos por la crin cuando estás hablando en serio con ella. Seguro que nunca has notado cómo se estremece cuando la tocas, ¿a que no?

Deséale a Lila “mucha mierda” de mi parte.

Ahora tengo que dejarte. Sólo de pensar en ti, Argo está toda excitada. Voy a tener que hacer un esfuerzo para calmarla.

X


Querida Xena:

Escucha, empieza a preocuparme que estés comiendo pan de nueces con beleño o algo así. Argo y yo nunca nos hemos llevado tan bien. Te digo que esa yegua me odia. Aunque, ahora que lo pienso, hubo esa vez en que llegó a salvarme la vida, así que supongo que algo sí que le debo de gustar. Pero te puedo decir con franqueza que nunca he notado que se estremezca cuando la toco, que resople y se agite y relinche de irritación, sí, pero nunca que se estremezca. ¿No será ese miedo del que hablas? Bueno, da igual, ¿tú estás bien, Princesa Guerrera? Ten cuidado con lo que comes o bebes, ¿vale?

Esta mañana he tenido una visita. Se llama Devrus y es muy guapo. Al parecer, hemos vivido toda la vida a un tiro de piedra y nunca nos habíamos fijado el uno en el otro hasta ahora. Tiene una tienda que le va muy bien aquí en el pueblo y está solterísimo. Le encanta escribir y es muy bondadoso, amable y generoso, pero también es fuerte y valiente. No sé, Xena, podría ser ideal para mí. Es decir, si me fuera a quedar en Potedaia, cosa que no sé si quiero en estos momentos. Disfruto mucho con la vida de aventuras contigo. Pero sentar la cabeza tendría sus ventajas. No voy para joven. Me siento tentada. A lo mejor tiene un hermano que te podría presentar.

Bueno, tengo que hacer las tareas de casa. Mi madre está mejorando rápidamente y muy pronto estará totalmente recuperada. Dile a Argo que aguante y dale una caricia por mí. Os echo de menos a las dos.

Con cariño,

Gabrielle


Querida Xena:

Espero que esta carta te llegue y te encuentre bien. Estoy preocupada porque hace tiempo que no sé nada de ti. Pero todavía no he recibido malas noticias, así que me aferro a la esperanza de que la falta de noticias sea buena noticia. Podría haber muchas razones, estás muy lejos y a lo mejor todavía no has recibido mi última carta. O a lo mejor la tuya se ha perdido por el camino. Voy a pensar en positivo. Es lo que necesito en estos momentos. Han ocurrido tantas cosas.

Por los dioses, ¿dónde estás, Princesa Guerrera? No sólo no sé nada de ti, sino que encima ayer Devrus se cayó del tejado de su tienda y se mató. Fue un accidente rarísimo, según me han dicho. Llevaba la camisa roja nueva que le había hecho yo, bueno, que le había hecho mi madre, en realidad. Al parecer se le enganchó en el borde de la escalera cuando intentaba bajar después de hacer unas reparaciones y, cuando intentaba soltarse, perdió el equilibrio y cayó de espaldas en el comedero de los cerdos del vecino. Perdió el conocimiento. Supongo que es una bendición que estuviera sin sentido porque a los cerdos no les hizo mucha gracia verlo en su comedero. Y ya sabes que los cerdos cuando se irritan pueden ser unos animales feroces. En fin, te ahorro los detalles escabrosos, pero cuando lo encontraron, no quedaba nada más que unos pocos jirones de esa camisa roja. Tuve que identificarlo. No fue fácil. Tuve que fijarme muy bien para ver las puntadas especiales que hace mi madre, fue la única manera.

Han llamado a la puerta y espero que sean buenas noticias por una vez. Por favor, escribe pronto cuando recibas esto, si lo recibes.

Pensando siempre en ti y deseándote lo mejor,

Gabrielle


Por los dioses, Xena:

¿Qué puedo decir, aparte de darle las gracias a Argo por revelarme por fin sus auténticos sentimientos con esa visita totalmente inesperada y el revolcón en el pajar de anoche? Lo último que me esperaba cuando abrí esa puerta era estar hoy aquí sentada pensando, por los dioses, jamás pensé que el heno pudiera oler tan bien. Por supuesto, revolcarse en él también produce picores que después hay que seguir rascándose durante días. Pero no te preocupes, me las arreglaré sola, por ahora. Jo, el pajar seguro que nunca volverá a ser igual, al menos para mí. Mi padre está trabajando ahí mientras escribo esto, si él supiera. Debo decir que la leche de la vaca seguro que será más dulce después de comerse el heno que le está echando. Sí, si él supiera, seguro que quemaba el granero.

Así que a Argo le gusto de verdad, ¿no? Qué curioso que hayamos estado viajando juntas tanto tiempo y no nos hayamos dado cuenta hasta ahora de cuánto. Tengo que reconocer que siempre me he preguntado cómo sería subirse encima de ella y notar su poder sin trabas y desenfrenado explotando debajo de mí, y sólo por mí. Ahora lo sé y, ¡caray, qué cabalgada! ¡Santa madre de Zeus, guerrera, sujeta bien esa silla hasta que yo vuelva! Por otro lado, claro está, mi método preferido es a pelo. Dioses, me ha encantado la sensación de su suave hocico en la mano, su fuerte cuerpo entre las piernas, dejándome tensa y dolorida. Por favor, dile a Argo que en cuanto la vuelva a ver, quiero pasarle los dedos por la crin y acariciarle la piel sedosa hasta que se estremezca sin control y luego volver a hacerlo una y otra vez y otra. Ojalá no hubiera tenido que salir trotando tan pronto. Cómo me apetece cabalgar con ella ahora. Ya me las apañaré.

Ah, por cierto, hoy hemos enterrado la camisa roja. Estoy segura de que ha ido a Elisia.

Nos vemos pronto.

Te quiero,

G


Querida G:

Argo dice: “Me alegro de que disfrutaras”. Ella también disfrutó. De hecho, sigue estremecida. Vuelve pronto, bardo. Te necesitamos para que la desenfrenes de nuevo. No te preocupes, nos las arreglaremos por ahora. Ah, y no te olvides de los buñuelos. Ya se me está haciendo la boca agua.

Tuya siempre,

X


Querida G:

¿Estás ahí?

X


FIN


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