Historias del corazón

Lariel



Descargo general: Los personajes pertenecen a MCA/Universal y Renaissance Pictures. No se pretende infringir los derechos de autor y con esto no se obtiene beneficio económico alguno.
Este relato hace referencia a dos mujeres que se quieren de forma íntima. No hay nada gráfico, pero si os ofende, no sigáis leyendo.
Gracias al bardo: Alabad todos a Kamouraskan, porque sin él este relato habría sido mucho más corto y menos imparcial.
Se agradecen comentarios: Me encantaría saber qué os parece. Lariel

Título original: Tales from the Heart. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


De un corazón...

Devuélveme mi corazón.

No es tuyo y ya no quiero que lo tengas. Quiero que me lo devuelvas ya. Me duele demasiado cuando está en tus manos y no creo que pueda seguir soportando este dolor. Tengo tanto miedo de estar perdiéndote... de haberte perdido ya y no poder hacer nada al respecto. Y ese miedo me está matando. El miedo de no tener el control de mí misma. De nosotras. No estoy acostumbrada a sentirme tan desvalida, pero eso es lo que me haces. Me has hecho sentir.

Devuélvemelo. Ya no te sirve para nada. Eso lo demostraste anoche, cuando le escupiste palabras llenas de veneno, cuando lo atravesaste con tu rabia corrosiva y me viste sangrar lágrimas silenciosas en nuestra cama. Antes me abrazabas cuando lloraba, cuando los aullidos de mi mente me despertaban gritando, cuando lo único que me traía de vuelta era la fuerza de tus brazos sujetándome a ti, el calor de tu corazón que calmaba y daba nueva vida a un alma congelada y cansada de vivir. Te quería tanto incluso entonces... más de lo que supiste nunca. Pero anoche volviste tus ojos de hielo verde hacia mí y te quedaste mirando mientras mi vida se escapaba poco a poco, cayendo sobre tu pecho junto con mis lágrimas mientras yo te rogaba que te quedaras. Estoy agonizando y no creo que tú lo sepas siquiera. O tal vez es que ya no te importa.

Y te entregué mi corazón con tanto gusto. ¿Tú sabes lo que me costó hacerlo?

Yo no entrego mi corazón a cualquiera.

Pero quería que tú lo tuvieras y confiaba en que lo cuidaras por mí. Recuerdo la primera vez que te diste cuenta de que lo tenías: sonreíste sin dar crédito y con los ojos brillantes como jade pulimentado en el lecho de un río. Bautizada con su luz y tu amor, fue el momento más glorioso de mi vida. Cogiste mi corazón y lo sujetaste entre tus manos con tanto cuidado, como si acunaras a un pajarito aterrorizado, y lo acariciaste con tanta delicadeza que apenas lo noté, como una palabra susurrada que me acariciara la piel. Recuerdo lo que sentí... todavía hoy lo recuerdo. El estremecimiento que sacudió todo mi ser... ¿cómo es posible que un órgano tan pequeño me controle de tal manera? ¿Cómo es posible que te haya permitido controlarlo?

Quiero que me lo devuelvas... ¡devuélvemelo, maldita seas! Ahora que todavía late. ¡Ahora que todavía me queda vida!

A lo mejor podría dárselo a otra persona, encontrar a alguien que lo quiera. Aún no es tarde para mí. Alguien que no lo golpee y lo destroce, como has hecho tú en los últimos meses. No comprendo cómo me has podido hacer eso. Por favor, ayúdame a entenderlo.

Dijiste que me querías. No creo que ahora me quieras. Me pregunto si alguna vez me has querido de verdad.

¿Qué he hecho para que dejes de quererme? Esas palabras que me lanzaste ayer, ese resentimiento y esa amargura... ¿de dónde salían? No sabía que te sentías así conmigo... ¿por qué no me lo has dicho nunca? Tal vez no te he apreciado lo suficiente... tal vez he dado demasiado por sentado tu amor. Mi maltrecho corazón está atravesado de palabras envenenadas y con cada débil latido, esas palabras se clavan cada vez más entre las dos, hasta que son lo único que queda y me invaden la mente. Este dolor terrible y retorcido es lo único que tengo para recordarme que esto es real. Que esto me está ocurriendo de verdad. Que te estoy perdiendo.

¿Te he perdido ya? ¿Qué puedo hacer para que vuelvas a quererme?

¡Pero no quiero tu amor! ¡Puedo vivir sin ti y sería feliz! ¡Seguro que sería más feliz sin ti! ¡Era feliz antes de conocerte! Lo único que necesito es que me devuelvas mi corazón y luego puedo seguir con mi vida. ¡No es tuyo, nunca lo ha sido!

¿A quién quiero engañar?

Es tuyo. Quitártelo me destruiría.

¿Y ahora qué hago?


A otro...

Verla así me mata. ¿Cómo puedo vivir conmigo misma, sabiendo lo que le estoy haciendo?

No puedo.

¿Y ahora qué? ¿Lo dejo, le sonrío, le digo que la quiero y que todo va a ir bien? ¿Como hago siempre? ¿Y la cojo en mis brazos y le seco las lágrimas con besos y le prometo que las cosas siempre irán bien entre las dos? Daría lo que fuera por poder hacerlo... quiero que sea feliz y, egoístamente, quiero ser la que la haga feliz. Quiero ser la que provoque esa sonrisa que le ilumina la cara, ésa que reserva sólo para mí, oír ese tono de su voz cuando habla sólo conmigo. Ser amada por una mujer como ella... es una responsabilidad enorme.

Puedo sostener su corazón y deseo hacerlo con todas mis fuerzas. Llevo ya tanto tiempo sosteniéndolo con tanto cuidado... mucho más de lo que ella misma sabe. Acunándolo con tanta delicadeza, como si fuera el huevo de un pájaro precioso que necesitara cobrar vida plena mediante un cuidado continuo, teniendo que protegerlo cada segundo de cada día. Qué cosa tan frágil: si se cascara demasiado pronto, el pajarito de dentro quedaría destruido rápidamente. Yo quería cultivar tu amor, amor mío, y estaría encantada de ser la guardiana de tu corazón.

Pero no puedo hacerme responsable también de tu alma. Es demasiado. No puedo llevar la carga que me echas encima. No puedo ser tu vida.

También tengo que vivir la mía. Y quiero que compartamos nuestras vidas y envejecer juntas. No hay cosa que desee más que dormir a tu lado y hacer el amor contigo hasta que tengamos que dar por terminado nuestro tiempo de estar juntas. Caminar contigo y cabalgar contigo: deseo tanto estar contigo que me hace daño.

Tú me haces daño, amor. Y la mayor parte del tiempo, ni siquiera te das cuenta. Me lanzas tu corazón y luego te vas tan contenta y esperas que yo te lo mantenga a salvo. Pues lo haré y lo he hecho, lo mejor que he podido, pero a veces necesito que lo recojas. Porque necesito ocuparme del mío también... tú no lo haces por mí. A veces, en los últimos tiempos, me siento como si la guerrera fuera yo, luchando por protegernos... y lo irónico del tema es que eso me recuerda a nuestros primeros tiempos. Creo que en realidad nunca supiste lo que yo sentía entonces. Probablemente era culpa mía: en aquellos días hablaba de todo, pero nunca de lo mucho que me dolía esa actitud despreocupada e indiferente que tenías conmigo. Es que me daba mucho miedo lo mucho que te necesitaba incluso entonces. Nunca he podido decírtelo. Nunca tuve en realidad fuerza suficiente para hacer frente a las cosas por mí misma. Pero tú me ayudaste a cobrar fuerzas y siempre te agradeceré lo que me has enseñado, amor.

Pero cuando tuve fuerza suficiente, quisiste que aguantara por las dos, ¿verdad? Me lo pasaste todo y ni te lo planteaste. ¿Pero y yo? ¿Te has preguntado alguna vez cómo me sentía yo, cómo poco a poco la carga que me habías echado sobre los hombros me estaba desgastando? Puedo ser tu conciencia y protegeré tu corazón y en estos días hasta lucharé y mataré por ti, pero también te necesito. A veces necesito que me abraces y que me seques las lágrimas con besos, como hacías antes. Necesito que seas la mujer de la que me enamoré... necesito que vuelva. No oyes mis gritos por la noche, porque están encerrados en ese lugar donde antes estaban mis historias y no encuentran el camino para salir. Me asusta mucho en lo que me estoy convirtiendo y necesito que me digas que no pasa nada y que vamos a estar bien.

En cambio, sólo me dices cuánto me necesitas.

Sé que me quieres, pero necesito oírte decirlo y necesito que me lo demuestres. Que me lo demuestres de verdad, no sólo a través del sexo. Últimamente, el sexo es lo único que tenemos... en realidad no hacemos el amor desde hace mucho tiempo. No hablamos desde hace mucho tiempo. Yo ya no sé cómo hablar contigo.

Tiene gracia, ¿eh? La gran bardo que no puede escribir una historia y no puede hablar con la mujer a la que ama. No puedo decirle cuánto estoy sufriendo, salvo con gritos, palabras llenas de bilis que se clavan directas en el corazón y destruyen la relación que nos sustenta a las dos.

Esto nos está matando a las dos, ¿verdad, mi amor?

¿Y ahora qué hacemos?


FIN


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