A la luz del fuego

Lariel



Descargo general: Xena y Gabrielle son personajes propiedad de MCA/Universal y Renaissance Pictures. No se pretende ninguna infracción de sus derechos ni se obtiene beneficio económico alguno con esta obra de ficción.
Siempre se agradecen comentarios en Lariel

Título original: By Firelight. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2002


Ha tenido un día muy duro. Intenta ocultármelo; cree que no noto el estiramiento en secreto de los músculos, las ojeras de preocupación que le ciñen los ojos cansados y los golpes y cortes que marcan su cuerpo. Marcas obtenidas luchando a mi lado, protegiéndome la espalda; cicatrices de batalla de las que se siente orgullosa, que marcan en carne y sangre el lugar que ocupa a mi lado. Y el cansancio de su cara y el temor en sus ojos de que alguna de las dos sufra algún daño. Pero nunca ha podido disimular lo que siente: su expresivo rostro habla con claridad y siempre me doy cuenta.

¿Por qué intenta ocultármelo? ¿Es que a estas alturas no confía en mí? Todavía piensa que podría mandarla a casa, que no hay sitio en mi vida de guerrera para una inocente aldeana que siempre se mete en problemas. ¡Como si ahora pudiera mandarla lejos! Se ha clavado en mi corazón con la misma profundidad que una flecha en la carne blanda y me quedaría destrozada si ahora me dejara. No podría imaginar mi vida sin ella. Sin ella, no hay vida. Sólo una existencia sin alma.

Me tiene colocada en un pedestal y cree que tiene que demostrar que es digna de mí, que es lo bastante resistente para quedarse. Dice que desea tanto ser como yo. Me pregunto por qué. Es mucho más fuerte de lo que lo seré yo jamás: no físicamente, no, pero sí de formas que son muchísimo más importantes. Llega profundamente a las personas: lo veo todo el tiempo mientras viajamos. Me ha enseñado cosas sobre la vida y el amor que jamás había esperado aprender. Yo creía que se me había pasado el momento, pero ella me lo ha devuelto todo y me ha dado una segunda oportunidad. Le debo tanto, y nunca podré pagárselo. Cuánto deseo ser como ella.

Una vez más, la miro ahí sentada junto a la hoguera mientras finjo que limpio mi armadura. La luz del fuego emite un suave resplandor, bruñendo su piel y convirtiendo su pelo en dorados hilos de seda. Una expresión soñadora suaviza sus ojos mientras mira distraída las llamas oscilantes, y sonrío al reconocer las familiares expresiones que se le ponen en la cara. Siempre hace esto cuando está elaborando una historia, experimentando cada emoción mientras la plasma en palabras sobre pergamino. Sonríe, con los ojos brillantes, y de nuevo me impresionan su belleza y su dulzura. Es una de las personas más bellas que he conocido en mi vida. No sólo en el sentido físico... no, para mí es muchísimo más que simple carne y hueso. Es la vela de la ventana que me guía hasta casa en una oscura noche de invierno.

La luna sube por el cielo. Se pasará toda la noche escribiendo si la dejo, y mañana estará todo el día bostezando y arrastrándose. Cuando empezamos a viajar juntas, cuando la asaltaban los miedos nocturnos, me di cuenta de que el rítmico ruido de afilar la tranquilizaba y, ahora, cojo la espada y comienzo mi ritual de cada noche. No tarda en bajar la cabeza y sus párpados se cierran sobre los ojos vibrantes mientras le doy mi regalo. La sosiego hasta que se duerme.

Se le cae el pergamino de las manos al aceptar mi regalo como ocurre cada noche y en silencio la tapo con su manta. Le aparto con ternura algunos mechones de pelo de la frente, dándome el gusto de todas las noches: le doy un beso y las gracias por darme un día más. Algún día le diré lo que significa para mí... pero todavía no. Nunca podría encontrar las palabras que le hagan justicia. Por ahora, me limito a arroparme en mi amor, mi respeto y mi reverencia, envolviéndome en su reconfortante calor. Y vuelvo a dar gracias a los dioses por habérmela enviado. Tal vez algún día tendré el valor de decírselo.

—Buenas noches, Gabrielle. Dulces sueños.

Me tumbo a su lado y espero, como todas las noches, que su presencia sea suficiente para ahuyentar las sombras de mis pesadillas. Y como he hecho todas las noches durante los últimos ocho meses, pienso con ilusión en el día de mañana.


FIN


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