Frío invernal

Kamouraskan



Descargo: Los personajes de Xena y Gabrielle y demás son propiedad de Ren Pic, yo sólo los he usado en este relato y no para obtener beneficio económico personal alguno.
Se sugiere una atracción sexual entre personas del mismo sexo. Creced y/o marchaos si tenéis algún problema con eso.
Siempre se agradece correo en Kamouraskan@yahoo.com
Este relato ocurre algún tiempo después del nacimiento de Eva, en El dios temeroso del niño. Es decir, quinta temporada.

Título original: Winter Chills. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2002


Qué belleza. Qué frío.

Qué cansancio.

Ojalá me dejara dormir.

—Gabrielle. —Me sacude. Así me llamo, tengo que recordar las cosas importantes.

Qué sueño.

—Gabrielle, tienes que seguir conmigo.

Claro que sí, pienso y abro los ojos para sonreírle. ¡Es magnífica! Claro que voy a seguir con ella. Tonta.

—Gabrielle. —Y me obligo a abrir los ojos de nuevo. Ya casi estaba.

—¿Quééé? —digo inarticuladamente. Con lo a gusto que estaba.

—Tu cuerpo se está durmiendo por el frío. Tienes que mantenerte despierta. ¡Por favor! Escucha, necesito que te mantengas despierta. Prométemelo.

Qué preocupada parece. Por supuesto que se lo prometo. Mantenerme despierta. Necesita que me mantenga despierta.

Me entrega un fardo bien tapado y veo que dentro hay una niña preciosa. Qué bebé tan rico. Me lo coloca cuidadosamente en los brazos, se inclina hacia mi cara y, hablando con un cuidado exagerado, dice:

—Tengo que buscar leña seca. Cuando tengamos una hoguera encendida, todo irá bien. Pero tienes que cuidar de ella y mantenerte despierta, Gabrielle. La vida de las dos depende de eso.

A veces se pone demasiado tensa. Miró al bebé que tengo en brazos. Ah, sí, ahora tenemos un bebé. Una niña preciosa.

Está muy oscuro, pero no hay nada de viento. Sólo la oscuridad de la noche y las olas de nieve. Los bancos son una preciosidad. Curvas exquisitas y laderas etéreas formadas por los propios artesanos de los dioses. Veo los remolinos de nuestro aliento. Hay una cueva a la luz de la luna y recuerdo que nos estamos escondiendo, huyendo de nuevo. Viajando durante días. Por... el bebé. ¿Porque...? Alguien quiere hacer daño al bebé. Tenemos que protegerla. Tengo que mantenerme despierta. Concéntrate, Gabrielle.

El crujido de las ramas al partirse se transmite claramente por el aire. Los ruidos son muy fuertes en este gélido aire nocturno. Aprieto más a la pequeña contra mí. Nuestra niña. Hay que mantenerla caliente.

Le señalo las estrellas. Son más grandes de lo que las recordaba y cada una tiene un halo iridiscente alrededor. Qué bonito. Quiero anotar mis pensamientos. Hace mucho tiempo que no siento tanta poesía. Debe de ser porque tengo a mi bebé otra vez.

¿Otra vez?

Casi me quedo dormida y sé que no debo. Hay unas palabras, ¿una canción? ¿Las he escrito yo?

Se las canto suavemente a la niña que tengo en mis brazos.

Levanta y cuéntame.
¿Qué has hecho con tu pequeña?
La vi y la oí llorando a tu lado.
La puse en un barquito
Y la eché al mar
Para que se hundiera,
O para que nadara
Pero que nunca volviera conmigo.

¿De dónde ha salido eso? Hubo alguien que tuvo que hacer eso. Yo nunca podría, jamás... pero el recuerdo se me escapa. Porque mi niña está aquí. Mi niña preciosa. Le doy un beso en la frente con mucha delicadeza. Yo te protegeré, le digo.

De repente mi guerrera ha vuelto, y siento un escalofrío de miedo antes de que me rodee con los brazos y nos levante a las dos. Qué poderosa. Veo que ya hay una hoguera encendida en la entrada de la cueva.

—No hay ventilación, así que sólo puedo ponerla en la entrada. Tendremos que dormir cerca de la boca para poder respirar.

Tiene que cargar con las dos, pero estoy contenta de estar en sus brazos con mi niña. Sabiendo que quiere protegernos a las dos. Ver esto es maravilloso. Quiere proteger a mi bebé porque ella también la quiere. Claro que sí. ¿Por qué iba a creer otra cosa?

Me lleva al otro lado del fuego y se pone a frotarme las piernas y las muñecas mientras yo acuno a nuestra niña. Me vuelve a la mente algo que me dijo mi madre.

—Frótalas con nieve...

—No —dice con autoridad—. Eso puede detener las molestias, pero necesitas entrar en calor poco a poco.

Y ahora siento el dolor. Me empiezan a arder las orejas y luego siento un hormigueo de fuego en las piernas.

—Me duele...

—Lo sé, Gabrielle, pero tenemos que hacerlo.

Me encanta cómo dice mi nombre, y es tan cálida. Me pongo a desabrocharle la armadura con una mano, mientras ella continúa con el masaje. El aire parece frío de repente y me irrito intentando quitarle la armadura. Pero por fin se queda sólo con la camisa. Se va un momento y regresa con todas nuestras mantas. Le tiro de la camisa.

—Fuera —mascullo.

En sus ojos se ve un miedo extraño.

—¿Estás segura?

—Fuera —repito, empezando a temblar—. Calor...

Echa un vistazo alrededor y se la quita rápidamente y luego la mía y me estrecha entre sus brazos.

Apenas soy consciente cuando las mantas nos cubren a las dos, porque el contacto de su carne es tan maravilloso, tan perfecto. Cierro los ojos para concentrarme en la sensación de su piel contra la mía. Deslizo despacio mis piernas alrededor de las suyas y entre ellas, saboreando cada movimiento. Es el Elíseo. Oigo un gemido levísimo procedente de su boca y se tensa al oírse a sí misma. ¿Es que no hemos hecho esto ya? Tenemos que haberlo hecho. Nada nuevo podría ser tan impecable. Veo sus pechos y son exquisitos también.

Qué pesados. ¿Pero por qué? ¿No debería ser yo la que está dando de mamar?

Pero todo pensamiento coherente cesa cuando hundo la cabeza en su pecho y aspiro su olor, siento su suavidad. Aprieto los músculos del muslo posesivamente. Mía. Ella emite otro leve susurro. Qué calorcito hace aquí. No consigo mantener los ojos abiertos, pero ya no es por el frío. Nuestra niña pierde la ropa y queda acomodada en el refugio que hay entre nosotras. Protegida por sus dos madres. Le canturreo, diciendo su nombre, y mientras me voy quedando dormida sé que Xena me está escuchando.

¿Por qué se pone triste? Eso no será una lágrima, ¿verdad?

Todo está tan bien. Esto es todo lo que he querido siempre. Mi amante guerrera. Que protege a mi preciosa Esperanza.


FIN


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