Un último aliento

JLynn



Descargos legales: Los personajes de Xena y Gabrielle son propiedad exclusiva de Renaissance Pictures, Universal, Rob Tapert y cualquier otra persona que tenga derechos legales sobre ellas. Esta obra de ficción es un simple entretenimiento y no se pretende infringir sus derechos de autor.
Episodios revelados: Este relato ocurre en el contexto del episodio Los idus de marzo (Temporada 4), hacia la escena final. Si no habéis visto ese episodio y no queréis que os lo destripen, creedme: no os conviene leer este relato.
Violencia: Se hace mención a la violencia en forma de crucifixión, aunque no se describe nada gráficamente en este relato. Para aquellos sensibles a este tipo de cosas, os sugiero que leáis otra cosa.
Subtexto: Creo que el texto es más bien texto explícito hoy día, pero aquí no aparece nada demasiado obvio. Tal vez en mi próximo relato, si me atrevo a escribir otro. Primero tendréis que decirme qué tal lo he hecho con éste.
Comentarios: Se agradecen los comentarios constructivos y positivos en futuremuse@gmail.com. Muchas gracias por vuestro tiempo e interés en mi primera incursión en el fanfic. Reservados todos los derechos; por favor, no lo copiéis, modifiquéis ni enredéis sin el permiso de la autora. (c) Febrero de 2001.

Título original: One Last Breath. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


¡Inspira!

El movimiento de subida la desorienta y sólo puede apretar los dientes para prepararse cuando la cruz queda colocada de golpe, deteniendo bruscamente su movimiento hacia delante y tirando brutalmente de las heridas de sus manos.

¡Espira!

La nieve se arremolina y el viento frío le muerde la piel con un millar de dientes mientras su cuerpo cuelga con herida dignidad aquí en el patio. Las voces de los soldados romanos suenan débilmente en el aire y vuelve la cabeza a pesar del viento para mirar en dolorido silencio cuando también levantan a Gabrielle.

Inspira...

Le da un vuelco el corazón al oír el gemido de agonía que se le escapa a su compañera cuando la cruz se detiene con una sacudida. Su propio cuerpo expresa una muda empatía cuando la otra mujer se hunde y tiembla inicialmente por el golpe. Los clavos que atraviesan las manos y los pies de Gabrielle son horribles de contemplar y se siente peor por la bardo que por ella misma.

...espira...

Los romanos de debajo se ríen. Se mueven con aire jactancioso y gesticulan, bien tranquilos ahora que la bruja rubia ya no es una amenaza. Con ojos húmedos a causa del viento y la nieve, el dolor y la tristeza, vuelve a mirar a su amiga. Ve que Gabrielle está haciendo un esfuerzo ahora, que cada vez que toma aliento suelta un jadeo cuando sus manos, agarrotadas y deformadas, intentan soltarse.

...inspira...

Los clavos son largos y la cuerda está muy apretada, y los esfuerzos de la bardo se apagan cuando Gabrielle se da cuenta de que su cuerpo no puede soportarlos. Respirar ya cuesta bastante. Y Xena lo sabe bien, pues nota cómo se le tensan los músculos cada vez que jadea tomando aliento. No ha tardado en descubrir que la única manera de respirar es tirando de sí misma hacia arriba, tarea difícil de por sí para alguien ileso y sano... un desafío ahora para Xena, incluso con la fuerza tan considerable que tiene.

...espira...

Dioses, cómo cuesta respirar. Y qué cansada está ya. Casi es una bendición no sentir nada en las piernas salvo un notorio peso muerto que tira de ella hacia abajo. Hacia una oscuridad que parece llamarla y prometerle alivio del sufrimiento que la tiene aprisionada.

...inspira...

La voluntad que la ha impulsado durante tantos años ronda dentro de ella, exigiendo entrar en acción, revolviéndole la mente con innumerables planes de fuga. Todos los cuales chisporrotean y mueren cuando por fin, por fin, acepta la realidad de que, por mucho que lo intente, no puede liberarse.

.....espira...

La respiración fatigosa de Gabrielle le lacera el alma y sus ojos buscan los de la bardo. La mirada que intercambian expresa lo que no pueden sus voces, pues tienen que conservar el aliento para la tenue lucha de vivir éste que es su momento final.

.....inspira...

No sabe si es el frío o el dolor, o tal vez su muerte inminente, pero ahora tiene una deslumbrante sensación de claridad. Las manos se le han quedado casi insensibles, cree, y esto también es una especie de bendición. Estas manos, que han causado la muerte a millares, se quedarán por fin quietas y en paz.

.....espira...

Incluso con los remolinos de la nevada ve los ojos de Gabrielle, unos ojos que la miran a su vez con más amor y devoción de los que pensaba que podría ser merecedora algún día. Pero de algún modo... por alguna razón... ha acabado siéndolo, y más. Y comparada con todas las hazañas cuya crónica podría haber relatado Gabrielle alguna vez, le parece que ésta, este proceso de llegar a ser algo más de lo que se podría haber imaginado, de convertirse en algo capaz de inspirar esa clase de mirada en otra persona, es su mayor logro. Decide que es cierto lo que se dice, que la vida entera de uno pasa como un relámpago ante los ojos en el momento de morir.

.....inspira...

Cortese. Liceus. Madre. César. Lao Ma. Borias. Sus ejércitos. Ares. Corinto. Marcus. Cirra. Solan. Los centauros. Hércules. Calisto. Cecrops. Esperanza. Solan. Eli. Y Gabrielle. El desfile de rostros parece interminable. Pero siempre...

.....espira...

Gabrielle. Cada pensamiento a partir de ahí está lleno de ella, tocado con ella o por ella, de algún modo. Incluso en medio del dolor no puede evitar dirigir a su compañera una cálida y gran sonrisa. Tiene el corazón tan rebosante de emociones agridulces que se pregunta si eso no la matará antes que los hombres de César. Es tanto...

.....inspira...

Debe intentarlo.

—Gabrielle...

¿Oye su voz? El viento agita el pelo de la bardo alrededor de su cara y a Xena le entra un intenso anhelo de apartárselo, de acariciarle la mejilla y enjugar las lágrimas que caen con cristalina elegancia por su rostro aterido y marcado por el dolor. Eso. Una sonrisa —pequeñita— como respuesta y la guerrera sabe que la ha oído.

...espira...

—...Xena.

La ha oído. Y contestado.

.....inspira...

Es... una bendición. Una calidez que se impone y la protege de este frío gélido que la hace temblar y gemir. Ojalá ella pudiera expresarlo todo tan elocuentemente con una sola palabra. Todos sus deseos. Todos sus pesares. Todo su amor. Todas las cosas que desea haber podido hacer... o no haber hecho nunca.

.......espira...

En los ojos de Gabrielle hay una expresión que dice que lo comprende. Esta mujer que, contra toda razón lógica, se ha mantenido a su lado todo el tiempo y que la conoce mejor de lo que tal vez se conoce ella a sí misma. E incluso cuando la comprensión ha fallado... siempre ha habido aceptación.

.......inspira...

La sangre húmeda y pegajosa de las palmas de sus manos se ha coagulado y congelado, pero a decir verdad, ya apenas siente los brazos. Sólo existe el viento, y los gemidos roncos de ambas al luchar por respirar una y otra vez.

...........espira...

Agita las pestañas cargadas de nieve y se estremece como reflejo por una repentina y gélida ráfaga de viento. Qué cansada está ya. Vuelve la cabeza y observa impotente cómo la lucha de Gabrielle se va debilitando, cómo su cuerpo es incapaz de sostenerse erguido lo suficiente para respirar bien. En ese combate final, Xena llora por dentro al no poder salvar a su alma gemela.

.............inspira...

Almas gemelas. Unidas para siempre. Es lo único a lo que se puede sujetar en este océano de recriminaciones en el que se hunde por no mantener a salvo a su bardo. Pero volverá a ver a Gabrielle. De algún modo. Incluso con los labios casi congelados nota que esboza una sonrisa sardónica porque, al fin y al cabo, es capaz de hacer muchas cosas y si alguien puede, ella encontrará ese modo.

...............inspira...

La claridad del momento se va desvaneciendo en un cálido estado como de sueño, e intenta resistirse a la lasitud. ¿Es la luz lo que se está apagando, o es ella la que ahora también se va desvaneciendo? Siente una acometida de pánico al pensar en la noche que se avecina. No tanto por el frío y la helada promesa de la muerte, sino por pensar en que no podrá ver a Gabrielle.

...............espira...

Gabrielle. Le cuesta ya levantar la cabeza para mirarla. El cuerpo de la otra mujer sufre mínimos espasmos y emite suspiros temblorosos a medida que se agotan los últimos momentos. A Xena se le corta la respiración al ver que la bardo se queda floja poco a poco y que la cabeza rubia cae hacia delante.

—No...

.................inspira...

Ve que Gabrielle echa la cabeza a un lado y suelta un suspiro de alivio.

..................espira...

Qué extraño que luchen tanto cuando la muerte acabaría con este sufrimiento. ¿La voluntad humana? ¿Un deseo de escupir a César a la cara? ¿La necesidad insaciable de estar juntas el mayor tiempo posible? ¿Cuál de estas cosas les da fuerzas? La última, sin duda. Y junto con ella saber que, aunque cuentan con la verdad innegable de una continuación, ¿estarán juntas durante el tiempo intermedio? ¿Qué va a ser? ¿El Tártaro o los Campos?

.....................inspira...

—Xena...

Gabrielle la llama. Es un sonido tenue y apagado, pero al oír la voz de la bardo hace acopio de fuerzas y levanta la cabeza, concentrándose.

—Estoy aquí.

Se produce un momento de silencio hasta que la otra mujer responde.

—No puedo... —Se oye un sollozo... de frustración, de dolor, de agotamiento—. No puedo hacerlo...

Se le nubla la vista. La sensación de las lágrimas es la de un escozor ardiente sobre la piel congelada. ¡Dioses, cómo desea consolarla! Apartarla de todo esto. Volver a ponerla a salvo.

........................espira...

Pero puede hacerlo. Puede acabar con esto. Con una compasión que la propia Gabrielle le ha enseñado. Es a la vez algo sencillo y horrible de pensar.

—Tranquila... —Inspira—. Vete. —Espira.

—Xena.

—Vete. —Modula la voz para darle la fuerza segura que Gabrielle está tan acostumbrada a oír, suavizándola con una delicada ternura reservada únicamente para ella.

.........................inspira...

—Xena... —La voz de Gabrielle suena débil y apagada, pero hay algo más ahora en la forma en que la bardo pronuncia su nombre. Un tono de alivio. De disculpa. De gratitud—. Te... quiero...

Siente que su alma se retuerce de angustia y pena cuando el cuerpo de Gabrielle se relaja, y la luz de su mundo muere en el momento en que los ojos de la bardo se cierran por última vez. El dolor de estas últimas horas se va disipando, dejando atrás la expresión de apacible inocencia que siempre ha relacionado con su compañera. Yo también te quiero, susurra su mente, sabedora de que Gabrielle la oirá. Espérame. Espérame.

........................espira...

Minutos. Horas. El tiempo no tiene significado alguno para ella. Está flotando, sin resistirse ya al frío creciente que la amenaza. Si acaso, lo agradece, acoge este momento inevitable. Está tan cansada. Tiene tanto sueño. Se siente tan sola.

..........................inspira...

Le parece que el viento sopla con más suavidad contra su piel. Y no le parece que esté tan frío como antes. Deja caer la cabeza hacia delante y sus ojos se van cerrando despacio, anticipándose al descanso. La oscuridad es reconfortante y se deja caer en ella. La muerte ha dejado de ser una desconocida.

..............................espira...

No falta mucho, se dice a sí misma. No mucho.

.......................................inspira...

Tenue como un suspiro en el viento...

............................................espira...

Un...

...........................................................inspira...

último...

.....................................................................espira...

aliento.


Linus empujó la figura inmóvil con la lanza y soltó un gruñido de satisfacción cuando no hubo reacción. Lo cual le parecía de perlas: esas putas griegas les habían costado nada menos que doce hombres en total. Y ahora, por fin, tanto él como los otros podían refugiarse dentro y escapar de este maldito tiempo y calentarse junto al fuego.

Dándoles palmadas en los hombros, azuzó a sus tres camaradas para que volvieran a la fortaleza, haciendo bromas groseras cuando pasaron ante el carro lleno de cadáveres. Los otros dos podían esperar a mañana. Desde luego, de allí no se iban a mover.

Se detuvo en el umbral. Al volverse para echar un último vistazo vio a las dos figuras inmóviles, teñidas de azul y blanco por el clima invernal y la creciente oscuridad. Un par de ángeles dañados enmarcados en nieve.

Así que ésa era Xena. Se encogió de hombros. Pues no era tan dura.


Oscuridad. Y dentro de ella una mota de luz creciente. Como despertar de un sueño, despacio, con languidez. La consciencia va en aumento como los primeros rayos del amanecer. Se alza, respira, se mueve como si fuese la primera vez.

Es precioso.

Su consciencia se mueve, tira de ella hacia la derecha, donde crece una consciencia similar. Intenta tocarla, sujetarla, cediendo al anhelo que ha traído consigo, fortalecido por el manantial de dicha que bulle en su interior. El dolor y el llanto han desaparecido... sólo queda el amor.

Con ternura, sujeta la cara de Gabrielle entre sus manos, levantándola despacio. Necesita esos ojos. Y, como si respondieran a esa necesidad, los ojos de Gabrielle se abren parpadeando para encontrarse con los suyos. Contesta con una sonrisa y siente que las manos de la bardo agarran las suyas.

Hay luz por todas partes. Xena siente que la llena. Y así es, como comida, como música, como amor. Sube, se desborda. Se siente inundada por su caricia tangible.

Al observar la expresión maravillada de Gabrielle, sabe que su alma gemela también lo siente. Sonríe de nuevo porque sabe que sólo queda una cosa por hacer...

Dejarse ir...

Y con un destello de luz... desaparecen.

“Nunca morimos... porque en realidad nunca hemos nacido”.
— Gabrielle (Déjà vu repetido)


FIN


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