Empezó como una broma

Iro B. Hunter



Descargo: Estos personajes no son míos. Ojalá lo fuesen. Pero no. Mi terapeuta dice que ya lo superaré.
No hay mucha violencia ni sexo gráfico en este relato.
Se agradecería cualquier comentario... (grrrkgrrrl22@yahoo.com).

Título original: It Began As a Joke. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Empezó como una broma.

Y como ocurre con casi todas las bromas, acabó descontrolándose.

Se inventaba excusas para su comportamiento. Al principio sólo era por diversión, por chinchar a la pequeña bardo. Luego... bueno... porque estaba enamorada de ella, pero no eran amantes. Y como no podía tocar, tenía que ver un poco más de su joven compañera. Era frustrante, pero también valía la pena. No era nada malo, y Gabrielle ni siquiera parecía darse cuenta.

Pasaron los meses, cambiaron las estaciones, y una declaración de amor largo tiempo esperada unió a la bardo y la guerrera. De modo que, como Xena por fin había conseguido que el objeto de su deseo le correspondiera, pensó que esta costumbre acabaría. Pero no había manera.

Por supuesto, Xena tenía muchísimo cuidado y no se recreaba a menudo en este deseo que tenía. Hoy, sin embargo, era el día ideal para ello.

Y ahí estaba ahora, oculta tras los arbustos, haciendo el menor ruido posible.

La bardo se estaba bañando en el lago cercano, totalmente ajena a los ojos azules que la miraban fijamente. Calculadores.

Vio que su amante se estaba empezando a lavar el pelo. Eso suponía tener jabón cerca de los ojos. Por lo que la bardo los cerraría durante esos preciosos momentos que la guerrera iba a necesitar para actuar. Con ojos relucientes, se acercó al montón de ropa de la bardo, silenciosa como un gato. Con movimientos precisos y ágiles, recogió el objeto que le interesaba. Le aplicó una serie de maniobras cuidadosas con los dedos y terminó su tarea justo cuando Gabrielle se estaba aclarando el pelo. Ahora a ver qué pasa, rió en silencio, regresando al campamento al tiempo que tiraba una bolita de hilo verde.

—Xena, cariño —la llamó la bardo cuando llegó al campamento, vestida con su atuendo habitual, pero también con cara muy preocupada.

—¿Mmmm? —contestó la guerrera, desviando la mirada del arma que estaba limpiando para posarla en los abdominales de su amante.

—¿Estás segura de que mi corpiño no está encantado? Te juro que cada mes me está más pequeño.

Uuuups, pensó Xena. Me ha pillado.


FIN


Volver a Xena y Gabrielle: Relatos cortos
Ir a Novedades