Ese momento de la noche

Harpy



Descargos: Universal y Renaissance Pictures poseen los derechos de los personajes. Yo poseo los derechos del relato.
Este relato insinúa que Xena y Gabrielle son algo más que amigas.
Este relato se ha escrito para el desafío de los Ex-Guards y no ganó porque había relatos mejores. Quedáis advertidos. :-)
Se agradecen comentarios. Email: harpy1553@coolaccount.com.

Título original: That Time of the Night. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2011


Los insectos nocturnos cantaban en medio de la oscuridad y las polillas volaban en círculos alrededor de las llamas de la hoguera. En lo alto, miles de estrellas se disputaban el dominio del cielo nocturno con una gloriosa luna llena. El calor del día seguía presente y el aroma a flores flotaba en el aire. Era un momento perfecto: ese momento de la noche en que el día parecía hacer equilibrios entre el final de las actividades cotidianas y el sueño. El momento de no hacer nada salvo relajarse, y tal vez hablar.

Sin embargo, las divagaciones incomprensibles de una mujer morena tumbada en un petate destruían esa escena perfecta.

—Uu uu uuup, uuguii uuuguii uuuguuu.

La persona tumbada a su lado sentía un desinterés absoluto por el intento de entablar conversación. Cerró los ojos, hizo una pompa de baba y puso perdido el pañal.

Gabrielle estaba de pie al borde del claro, contemplando la tierna escena entre madre e hija. Muy pocas personas habían visto el lado compasivo de Xena, y Gabrielle se sentía privilegiada de ser testigo de esta vertiente de la guerrera. Sin embargo, hasta a ella le costaba creer que las manos que cambiaban dulcemente el pañal sucio del bebé eran las mismas manos que habían matado a tantas personas, las mismas manos que habían...

No entres ahí, se advirtió Gabrielle a sí misma.

Sacudió la cabeza para disipar la idea. Hacía mucho tiempo que Xena y ella no mantenían relaciones íntimas, y desde entonces habían muerto. Ahora parecía el momento perfecto para reavivar la pasión que llevaba un año echando en falta.

La guerrera se volvió y sonrió al oír que Gabrielle se acercaba.

—Creo que está dormida —dijo Xena, indicando a la niña silenciosa.

—Es preciosa —susurró Gabrielle—. Igual que su madre.

—¿Qué has dicho? —preguntó Xena, desviando su atención del bebé a Gabrielle una vez más.

—Xena, yo... —No acabó la frase.

Las palabras, que en el pasado le habrían salido con tanta facilidad, la habían abandonado de repente. Apartó la mirada y se sentó en su petate.

—¿Tú qué?

—Nada.

—No. Vamos. ¿Qué ibas a decir?

Ahora o nunca, pensó Gabrielle. Respiró hondo.

—Sé que las cosas... que han pasado muchas cosas en este último año.

—A mí me lo vas a decir —dijo la guerrera, y le acarició la cabeza a Eva al tiempo que lanzaba un beso a bebé—. ¿Decías?

—Siento que hemos... mm... Tú sabes que eres muy importante para mí...

—Y tú también eres muy importante para mí. Más de lo que te puedas imaginar.

A Gabrielle se le quitó un peso del alma al oír la respuesta, y alargó la mano para coger la de la guerrera. Recibió el regalo de una sonrisa de la guerrera y empezó a hundirse en las profundidades azules de los ojos de la guerrera.

—Xena, hace mucho tiempo que no hemos...

—¡Pffffft! ¡Buuaaaaaaaaaaah! ¡Buuaaaaaaaaaah!

—¡Pero Eva! —exclamó Xena—. Te acababa de cambiar. —Se puso a enredar con la ropa del bebé.

—Deja, ya lo hago yo —dijo Gabrielle, apartando las manos de Xena con delicadeza.

—¿Estás segura?

—Sí. Me gusta cuidar de Eva.

Xena se echo hacia atrás y observó mientras Gabrielle se ocupaba de su hija. La escena conmovió a la guerrera de un modo que hacía mucho tiempo que no sentía. Es como si Eva fuese su propia hija. No se me ocurre nadie más a quien quisiera confiarle su cuidado si a mí me pasara algo.

Las cosas habían cambiado entre ellas desde la crucifixión. A Xena ahora le costaba confiar en Gabrielle como antes. En parte se debía al cambio de su compañera. La Gabrielle de hoy era una mujer segura de sí misma, fuerte, capaz, independiente. La Gabrielle de antes era una chiquilla ingenua llena de entusiasmo, valiente, pero con escasa comprensión del mundo real. Aunque seguía siendo valiente, ahora el valor se veía respaldado por una refinada habilidad para el combate, y por el conocimiento de que estaba dispuesta a quitar una vida de ser necesario. Era agradable ver el lado tierno, ver cómo volvía a salir a la superficie la chiquilla que había sido Gabrielle.

Sin pensar, Xena se echo hacia delante y depositó un beso en la coronilla de pelo rubio que tenía delante. Gabrielle la miró rápidamente.

—¿A qué ha venido eso? —preguntó.

—Es que... Es que quería decirte darte las gracias.

—Ya te lo he dicho, no me importa ocuparme de Eva.

—No sólo por eso. Sino por quedarte conmigo. Por todo. Por ser tú.

El canto de los insectos y el crepitar del fuego se oyeron con más intensidad mientras las dos mujeres se miraban en silencio.

La distancia que las separaba fue menguando. Cuando estaba a punto de desaparecer, un llanto interrumpió el momento. Xena y Gabrielle miraron a Eva, que reclamaba atención. Sus ojos volvieron a encontrarse.

—Es ese momento de la noche —dijo Xena—. Son las últimas protestas antes de dormirse.

—¿Así que podemos dejar que llore, mientras hacemos otras cosas?

—Ya lo creo —sonrió la guerrera.

La distancia que las separaba desapareció.


FIN


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