Es lo que hago

Linda Crist



Descargos: Este relato no se ha escrito con el propósito de obtener un beneficio económico, y los personajes son propiedad de RenPics. Es para todos los públicos y contiene una relación sexual implícita entre Xena y Gabrielle. También contiene detalles sobre Sendero de venganza, así como otros episodios de las temporadas cinco y seis.
Nota para los seguidores de mi serie: Este relato no tiene nada que ver con la serie que estoy escribiendo sobre Xena y Gabrielle. Está inspirado en el episodio Sendero de venganza de la sexta temporada. No ha habido un episodio de Xena que me haya inspirado un relato desde Los idus de marzo, que me lanzó a esta locura de serie en la que estoy metida. Por otro lado, sigo con The Bluest Eyes in Texas. Esto no es más que un breve desvío en el camino.
Este relato está escrito en primera persona desde el punto de vista de Gabrielle. Os aseguro que nadie se sorprendió más que yo al ver que ocurría esto. Creo que el infierno se ha congelado y los cerdos vuelan.

Título original: It's What I Do. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2003


Ahora duerme, con la cabeza apoyada en mi regazo. Hoy se le rompió el corazón. Eva partió hacia Chin e India. Otro hijo que pierde y que ha conocido sólo durante un breve período de tiempo. No sé quién siente más dolor ahora, ella o yo.

Me quedé mirando a Eva mientras se alejaba y me quedé mirando al amor de mi vida parada en medio de la aldea amazona, tapándose la cara con la mano, llorando abiertamente. Xena no llora con facilidad ni a menudo, especialmente en público. Despacio, se volvió hacia mí y yo la abracé y la sostuve. Luego me la llevé a este pequeño claro donde estamos ahora. Esta noche no va a haber cabañas de amazonas ni posadas de pueblo para nosotras. Las dos necesitábamos la curación que nos da el hecho de estar a solas juntas bajo las estrellas. Necesitábamos tiempo para llorar por muchas cosas.

Hubo un tiempo en que llamábamos a Eva "nuestra" hija. Desde entonces han pasado tantas cosas. Casi nos perdimos la una a la otra durante el embarazo de Xena y también después, cuando Eva era un bebé. Bueno, todavía nos queríamos, pero la intimidad había desaparecido. Mantenernos con vida y proteger a Eva exigía todo nuestro tiempo y energía. No teníamos tiempo para nosotras.

La cueva de hielo lo cambió todo. No creo que nos hayamos recuperado por completo del sobresalto que sentimos al despertarnos y descubrir que habíamos estado dormidas durante veinticinco años. Todo el mundo creía que estábamos muertas. Peor aún, casi todas las personas que nos importaban estaban muertas, salvo Lila. Y Eva. Y Joxer, aunque ahora también él se ha ido. Otra muerte que probablemente Eva no se perdonará nunca del todo.

A Xena también se le rompió el corazón entonces. Eva había sido su oportunidad de hacer por fin, ante sí misma, una sola cosa bien en su vida. Iba a educar a su hija en el respeto a la vida y la paz. En cambio, se vio privada de la infancia de su hija. Y su hija seguía el mismo camino de odio y violencia que había recorrido Xena a su edad. Se había convertido en una guerrera de Ares y lo seguía ciegamente, dejando a su paso un reguero de sangre y lujuria.

Eva quedó transformada por el dios de Eli. Curioso, porque ni Xena ni yo seguíamos ya las enseñanzas de Eli, ni creíamos en la bondad absoluta de su dios. Al menos no de manera directa, aunque las dos agradecemos el cambio que ha provocado en Eva. Hoy también estuvimos hablando de eso.

—Está sola. —Mi compañera de vida se mostraba inconsolable, al pensar que su hija iba a viajar tan lejos.

—Es una mujer fuerte, como su madre. Xena, tiene su fe —dije, para intentar reconfortarla.

—No te tiene a ti —dijo en voz muy baja—. Yo siempre te he tenido a ti.

Lo dijo en un tono tan normal que tardé un minuto en asimilarlo. Xena es así. Se pasa largo tiempo en silencio total y de repente me pilla por sorpresa con cosas como ésta. Todavía cree que yo la he salvado. A mí misma me cuesta mucho creerlo.

—Xena, te he fallado. —No conseguía mirarla a los ojos. Intenté luchar para salvar a Eva y perdí. Una vez más, ella tuvo que hacer las cosas a su manera, sin mí.

Entonces noté sus dedos en mi cara y me obligó a mirarla.

—Tú nunca me has fallado.

La miré a esos brillantes ojos azules. Cuánto los adoro. Fue lo primero que me llamó la atención de ella.

—Pero he perdido el combate. —Y tuviste que traerme de vuelta cuando Alti me mató en el plano espiritual. Y Esperanza mató a Solan. Palabras que no me animaba a decir en voz alta. No quería reabrir unas heridas que había costado tanto curar.

—Gabrielle, Varia se ha estado entrenando con Ares. Conocía movimientos que sólo él enseña. ¿Sabes el miedo que he sentido al verte luchar con ella? —Vi la agitación de sus ojos e incluso cuando ya habían pasado horas, todavía se veía en ellos restos de ese miedo. Lo sé. Siempre tiene miedo cuando lucho.

—Tenía que hacerlo, Xena. —Era cierto—. Cuando se trata de Eva, estoy dispuesta a hacer siempre lo que sea necesario para protegerla. Tengo que hacerlo.

—¿Porque también es tu hija? —Vi que mi compañera fruncía el ceño. Las dos conocemos la verdad de esa afirmación. Sí, cuando Eva era un bebé, era como mi hija. Pero la Eva adulta y yo no nos hemos entendido bien. Creo que mi relación con las amazonas no ha contribuido a mejorar las cosas. Sí que siento afecto por ella, pero he decidido ser lo que ella necesite que sea. Soy la compañera de su madre, pero sé que no me considera su otra madre. Se me llenó el corazón de alegría cuando hoy la oí reconocer el lugar que ocupo en la vida de Xena.

Reflexioné sobre la pregunta de Xena. No. Porque es tu hija. Todavía no lo entiende.

—Xena. —Alargué la mano y me puse a jugar con el pelo que le enmarcaba la cara—. Quiero a Eva, pero tú eres su madre.

—Entonces, ¿por qué? —Xena, confusa, ladeó la cabeza—. Yo puedo protegerla, Gabrielle. Creía que ese combate era porque querías hacer honor a las costumbres de las amazonas. Era por otra cosa, ¿verdad?

—Ahora ya no importa. Ya se ha acabado. —Tenía el corazón tan encogido en el pecho que apenas podía hablar.

—A mí sí me importa. —Su voz me inundó y su calidez atravesó todas mis defensas—. Dime, Gabrielle. ¿Por qué?

—Porque nunca más vas a perder a otro hijo. No mientras yo pueda impedirlo. —Ya. Ahí estaba. Se echó hacia atrás un momento, tambaleándose, casi como si le hubiera dado una bofetada física. Entonces vi que esos hermosos ojos azules se volvían a llenar de lágrimas.

—Oh, Gabrielle. —Noté que sus brazos me rodeaban y me estrechó contra ella. Olí el cuero de su atuendo pegado a mi cara, junto con un leve aroma almizcleño y sudoroso que aún conservaba tras su combate con Varia—. Todavía llevas eso a cuestas, después de tanto tiempo. Lo he visto esta tarde en tus ojos cuando te estaba limpiando la sangre de la cara. Lo he sabido. Creo que siempre lo he sabido. Sólo que nunca hablamos de ello, ¿verdad? Gabrielle... —Se echó hacia atrás con la cara muy triste, con esa pequeña sonrisa a medias, dolorida y de lado, que se le pone cuando intenta no llorar y fracasa miserablemente—. Debes comprender esto. Te quiero. No quiero perderte a ti nunca más. Hoy casi ocurre.

Tras esto, se abrieron las espuertas. Estuvimos llorando y hablando de todo. Lo único bueno que ha pasado tras lo de la cueva de hielo es que volvemos a estar cerca la una de la otra. Más cerca que nunca. Y ahora somos capaces de hablar. Hasta Xena es capaz de hablar. Todavía tengo la carta que me escribió antes de marcharse a recuperar el anillo de Grinilda. Tengo sus palabras metidas en el corazón. "Pase lo que pase, debes saber que mi amor por ti es infinito".

Yo soy la bardo, pero con una sola frase, consiguió decirlo todo. Nuestra relación, nuestro amor es algo atemporal e imposible de definir. Soy parte de ella y así quiero que sea siempre. Se lo dije, cuando pensé que me iba a morir en aquella caverna después de que nos atacaran los caníbales.

Esta noche me habló un poco más sobre aquel momento. Entonces yo tenía tal fiebre que no recuerdo gran cosa. Me dijo que volví al pasado y creí que ella era Esperanza. Que le dije que tenía que protegerla de Xena. Eso me hirió hasta la médula, porque sé el daño que le tuvo que hacer a Xena oírme decir eso. Lo ha llevado dentro durante mucho tiempo, más de un año.

No lo decía en serio. Fue la fiebre. Ahora reconozco quién y qué era Esperanza. Sí, era mi hija. También era el mal. Más que nada, era parte de un desacuerdo que estuvo a punto de separarnos a Xena y a mí para siempre.

Estuvimos hablando de Esperanza y de Solan. Recuerdo, justo antes de que naciera Eva, cuando descubrimos que Solan había elegido el Tártaro en lugar de los Campos Elíseos para no perder sus recuerdos de Xena. Otra cosa que le rompió el corazón a Xena y otra cosa de la que me culpo a mí misma. Mis decisiones no sólo habían hecho daño a mi mejor amiga, sino que habían hecho daño también a un niño inocente.

Ahora parece que todo aquello sucedió hace mucho tiempo. Fue literalmente en otra vida. Hemos perdido tantas cosas que a veces me siento abrumada al pensarlo. Llevamos mucho tiempo dando tumbos, intentando adaptarnos a un mundo que nos ha dejado atrás. La única constante sólida que hemos tenido en este terreno siempre movedizo que es nuestra vida, somos nosotras.

Han sido unos años raros. Las dos averiguamos que nuestros padres sufrieron una muerte violenta. El dolor que eso nos produjo es indescriptible. Las dos nos echamos la culpa a nosotras mismas por no haber estado cerca para haber cambiado las cosas. Aunque no dependió de nosotras. Xena consiguió quedar en paz con su madre. Yo nunca lo he logrado.

Quise vengarme de Gurkhan por matar a mis padres. Eso provocó otro tipo de dolor en los ojos de mi compañera. Creo que vio en mí algo de sí misma y se asustó. No entendí el dolor que sentía hasta aquel momento en que estuve a punto de cruzar la línea con Gurkhan. Entonces comprendí, comprendí de verdad, el lugar que ocupa la violencia en mi vida.

Pensé que la venganza sería dulcísima. Pero en aquel instante, cuando sostenía el puñal contra el cuello de aquel hombre, comprendí lo que Xena había estado intentando decirme. No soy una asesina. ¿He matado? Sí. Ahora ya muchísimas veces. Pero hasta entonces siempre había sido por proteger a otros. Incluso con Meridian. Incluso con Korah. Ahora me doy cuenta. Estaba equivocada, pero no soy una asesina. Con Gurkhan, estuve a punto de tomar la decisión consciente de matar a alguien, a sangre fría, no para proteger a otros, sino por venganza. No pude hacerlo.

Xena se quedó a un lado y dejó que lo resolviera yo sola. Últimamente lo hace mucho. Esta noche le he preguntado por qué. Me dijo que se daba cuenta de que ya no soy una chiquilla. Dijo que le gustaría poder protegerme del mundo, pero la realidad es que ya hace mucho tiempo que no puede. Es un compromiso para ella. Siempre me protegerá físicamente si puede, pero ahora está dispuesta, a regañadientes, a dejar que yo resuelva sola mis propias emociones y cometa errores por el camino.

Eso lo hace también con muchas otras personas. Eva. Varia. Incluso Ares. Eso sí que fue extraño. Durante un tiempo vimos a un Ares mortal y vulnerable. Sé que a Xena le costó mucho devolverle la divinidad. Ahora ha vuelto como nunca, y creo que ella sabía que eso era lo que iba a suceder. Pero tenía que hacerlo. El mundo necesitaba a Afrodita. Pero el amor necesita un equilibrio, y por eso también tuvo que devolver a Ares al Olimpo.

El amor necesita un equilibrio. ¿No es ése justamente el resumen de mi vida con Xena? Tenemos una relación tan intensa y complicada. La quiero más que a la vida misma, y sé que ella siente lo mismo por mí. Tal vez la intensidad de las complicaciones de nuestra vida guarda una relación directa con la intensidad del amor que sentimos la una por la otra. Me quedo aturdida si lo pienso mucho rato.

Eso sin duda explicaría algunas de las cosas por las que hemos pasado desde que salimos de la cueva de hielo. Perdimos un año más en las tierras nórdicas. Xena perdió la memoria y yo estaba bajo un hechizo dentro de un círculo de fuego. Nuestra reunión después de aquello reafirmó nuestra mutua entrega.

Xena estuvo tan dulce. Después hicimos el amor con tanta dulzura. Fue casi como nuestra primera vez. Estábamos muy tímidas la una con la otra. Desde entonces somos como uña y carne. El resumen de todo esto es el siguiente: en realidad, sólo nos tenemos la una a la otra. Y es suficiente. Siempre ha sido suficiente. Sólo que hemos tardado todo este tiempo en comprender que todo lo que estábamos buscando ya lo teníamos la una en la otra.

También hemos hablado de eso esta noche. Ha sido algo muy bonito de por sí. Ella es mi familia. Yo soy la suya. No sabemos dónde iremos a parar a partir de aquí. Hemos hablado de asentarnos en algún sitio, dejando todos los problemas atrás. Pero lo descartamos igual de deprisa, al menos por ahora. ¿Dónde iríamos? ¿Y cuánto tiempo estaría satisfecha Xena sin la actividad constante a la que nos hemos acostumbrado tanto?

Eva y ella hablaron de perdonarse a sí mismas. Xena todavía está pagando por su pasado. Ahora comprendo que siempre lo hará. ¿Cómo podría no entenderlo? Yo tengo mi propio pasado por el que pagar. Xena nunca alcanzará el día en que se siente, saque un pergamino, se ponga a hacer una lista de sus buenas acciones y decida que ha pagado su deuda. Eso no va a ocurrir.

Me contó la historia del cisne y el escorpión. Ya la conocía, pero me gustó escuchar su voz mientras hablaba. Y necesitaba dejar claro un punto, cosa que por fin hizo. Me miró al decir la última frase: "Es lo que hago".

—Gabrielle, así soy yo. Lucho por los que no pueden luchar por sí mismos. Es lo que hago. No creo que pueda echar raíces. Al menos todavía no.

—Xena, estoy contigo. Es donde quiero estar. Asentada en un sitio, en el camino, no me importa, siempre que esté contigo. —Me acerqué más a ella, apoyando la cabeza en su hombro mientras contemplábamos el fuego—. Habría pasado mi vida como esclava de no haber sido por lo que eres y lo que haces.

Sofocó una ligera exclamación y luego me abrazó. Luego noté que me besaba en la cabeza y cerré los ojos. Sus besos se trasladaron a mi mejilla y luego a mis labios. Hacía tanto tiempo. Me tumbó en las pieles y con muy pocas palabras, me dijo cosas con sus actos que no consigue verbalizar. Cosas que sólo nuestros corazones son capaces de decirse.

Largo rato después, se quedó abrazándome simplemente, besando la piel desnuda de mi espalda y mis hombros. Es una amante muy atenta. Me preguntó si quería dormir y le dije que en realidad quería escribir un poco. Me volví, la besé y luego me volví a poner la ropa y me incorporé.

Ella se quedó un poco triste. Creo que realmente quería mimos. Me di unas palmaditas en el regazo. Entonces me echó una de esas sonrisas deslumbrantes y se arrastró hasta mí, acabando donde está ahora. La tapé con las pieles y me puse a jugar con su pelo, hablando con ella hasta que se quedó dormida, diciéndole que Eva va a estar bien. Nosotras vamos a estar bien. Le encanta que juegue con su pelo. Y da una sensación muy agradable al deslizarse por mis dedos. Luego saqué pergamino y pluma. También hace tiempo que no escribo.

Lo último que dijo esta noche, antes de quedarse dormida, fue, y creo que éstas fueron sus palabras exactas:

—Gabrielle, estar contigo es la única paz auténtica que he conocido jamás.

Lo sé. Así que ahora voy a guardar mi pergamino, me voy a meter bajo las pieles con ella y la voy a abrazar toda la noche. Y mañana nos levantaremos y veremos qué trae el día. Ella es mi camino. La seguiré durante el resto de mis días. Cada vez que se sienta perdida o sola o no pueda encontrar su propio camino, la cogeré de la mano y la llevaré de vuelta a tierra firme. Es lo que hago.


FIN


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