Paseos del espíritu

Ambyrhawke Shadowsinger



Descargos: Los personajes de este relato son propiedad de Renaissance Pictures.
Subtexto: El relato mismo es de mi propiedad. Muestra el amor entre dos mujeres, así que no lo leáis si os va a molestar.
Esto ocurre durante ese año de El regreso de la valquiria en que Gabrielle está recuperando todo el sueño que debió de perder con los cambios de pañales de Eva a las 3 de la mañana.
Se agradecen todos los comentarios en Ambyrhawke@ambyrhawke.com

Título original: Spirit Walkings. Copyright de la traducción: Atalía (c) 2006


Abro los ojos y me incorporo despacio, parpadeando para despejarme el sueño de los ojos. Al mirar por encima del hombro, veo mi cuerpo, que sigue profundamente dormido. Ahora ya sé que sólo mi espíritu se despierta en estas ocasiones.

Por lo menos, espero que sea eso lo que ocurre. Podría estar soñándolo todo, pero rezo por que estos paseos del espíritu sean reales. No creo que pudiera hacer frente a otra cosa, porque eso querría decir... Querría decir que no sé nada de lo que está sucediendo.

No me hago una idea clara del tiempo que transcurre entre estos momentos en que soy consciente del mundo exterior. Parece que sólo abro los ojos de noche. La oscuridad del cielo y la luz de las llamas de Brunilda son las únicas constantes de mi entorno. Veo cómo cambian las estrellas y la luna en lo alto. La luna recorre su trayecto tan despacio que tengo la sospecha de que mi toma de conciencia... o mis sueños... lo que sea esto... ocurre cada noche. A través de las llamas, los árboles de la ciénaga se han llenado de brotes y han echado hojas. Mi pelo se derrama sobre la roca donde yace mi cuerpo: me llega por debajo de los hombros. Sumándolo todo, calculo que ha pasado un año desde la última vez que vi a Xena.

Mis emociones son muy contradictorias con respecto a Xena. Temo por ella... ahí fuera, en alguna parte, incapaz de recordar quién es o quién soy yo. Pero al mismo tiempo, confío totalmente en que vendrá a buscarme. La muerte ha fracasado una y otra vez cuando ha querido separarnos, ¿qué importancia tiene una mera maldición del Oro del Rin? No, incluso Brunilda tenía fe suficiente en Xena para estar segura de que algún día regresaría para sacarme de esta prisión de sueño y llamas. Y estos sueños deben de querer decir algo...

A lo lejos, oigo que alguien se acerca. Volviéndome hacia el ruido, se me acelera el corazón. Una figura surge de la niebla, cobrando forma ante mis ojos cuando corona el altozano al borde de la luz de las llamas. Xena...

"Oh, por favor, que esta vez sea real", rezo a los dioses que puedan estar escuchando. ¿Cuántas veces la he visto llegar a mí igual que ahora? Como una preciosa reina con un lujoso vestido blanco... Como una novia en el día de su boda...

Xena se acerca un poco más con cautela y veo cómo se esfuerza por ver algo a través del fuego. Sofoca una exclamación cuando su mirada encuentra mi cuerpo. Espero que sea una exclamación de reconocimiento.

Sé que no me oye, pero mi voz no puede permanecer callada. Le susurro, pues no puedo hacer nada más dentro de este anillo.

—Oh, Xena, te echo de menos... te necesito... te quiero tanto.

Mis oraciones no obtienen respuesta esta noche y veo cómo Xena se desvanece, dejándome sola. Así que, una vez más, sólo era un sueño. Mi aliento empieza a formar un suspiro, pero estalla como un sollozo, desgarrándome el alma. Se me doblan las rodillas bajo el peso de la desesperación que siento que procede de las dos. Dejándome caer al suelo, hundo la cara entre las rodillas, llorando por la frustración que me produce la situación en la que me encuentro.

Por un instante, el mundo parece ladearse y luego recupera el equilibrio. Atisbando con los ojos hinchados por el llanto, me encuentro en un dormitorio que ya he visto muchas veces. He llegado a esperarme esto como la continuación natural de mi sueño de cada noche. Oigo sollozar a Xena mientras me pongo en pie. Si estos sueños son ciertos, mi corazón puede hallar consuelo en el hecho de que está a salvo y evidentemente cuidada.

Pero ver su dolor me resulta casi demasiado difícil de soportar. Cada vez que la veo, sé que está sufriendo más que la vez anterior. ¿Cuántos días podemos seguir así?

Me subo a la cama con mi guerrera perdida y me hundo entre sus brazos justo cuando abraza una almohada contra su pecho. La abrazo con todas mis fuerzas y le murmuro tiernas palabras de consuelo. Da igual que no me oiga. La caricia distraída de sus dedos al deslizarse por mi pelo alivia el dolor del alma inquieta de cada una. Demasiado pronto, nos relajamos en su cama. Morfeo acuna profundamente a la persona y al espíritu que tiene entre sus brazos.

Apenas consciente, noto que mi espíritu regresa a mi cuerpo en la ciénaga. Sé que el espíritu de Xena está fuera del fuego, siempre cerca del mío. Mi corazón vuelve a susurrarle al suyo:

—Te echo de menos... te necesito... te quiero.

Nuestras voces se mezclan a través de las llamas:

—Por favor... sálvame.


FIN


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