Capítulo 7


—Señora, por favor, no puede atacar a una persona esposada. —Uno de los agentes de seguridad miraba a Parker para ver si estaba dispuesta a ayudarlo a separar a Emily de la mujer a quien la policía intentaba llevarse detenida. En cuanto le quitaron el pasamontañas, todo el mundo se quedó de piedra cuando Emily se lanzó contra Gail con la intención de machacarla y de hecho consiguió darle unos cuantos puñetazos antes de que los de seguridad lograran sujetarla.

—¿Y por qué no? Acaba de intentar matar a Parker. Yo creo que eso me da derecho a pegarle un puñetazo. —Tenía el puño preparado por si el agente de seguridad estaba de acuerdo con ella.

—Vamos, matoncilla, no te vayan a llevar a ti también al calabozo —dijo Parker. Fue Gail la que trató de abalanzarse sobre ellas cuando Parker se acercó más y pegó a Emily a su cuerpo abrazándola. El hombre alto que la había estado sujetando tiró a Gail al suelo y se sentó encima de ella hasta que la policía que acababa de llegar se la pudiera llevar detenida.

—¿Conoce a esta mujer, señorita King? —El hombre que se lo preguntó mostró su placa mientras otros dos agentes se llevaban a Gail a un coche patrulla que esperaba.

Parker explicó de qué conocía a Gail y por qué creía que la mujer la había atacado. Lo único que no sabía era si había sido Gail quien la había atacado aquella noche fuera del restaurante. Cuando Gary, las hermanas de Parker y Bobbie llegaron para recogerlas, la policía ya se había llevado a Gail.

—¿Estás segura de que no te ha herido? —Emily tenía ganas de volver a echarse a llorar, ahora que el motivo de su ira estaba sentado en la parte trasera de un coche de policía. Se había querido morir al ver el cuchillo que se hundía en el costado de Parker con toda la fuerza de la que era capaz Gail.

—Estoy bien, cariño, te lo juro. Ni me ha rozado, pero ojalá los de seguridad no hubieran llegado tan deprisa.

Las pequeñas manos no se detuvieron hasta que Emily se convenció de que el cuchillo sólo había rajado la bolsa y no a Parker.

—¿Por qué?

—Porque... —empezó a decir Parker al tiempo que se agachaba y abría la bolsa, sacando dos de las raquetas—. La muy zorra me ha cortado las cuerdas, y el tipo que me tensa las raquetas está en Florida. —Las dos raquetas que mostró Parker tenían un agujero hacia el centro.

—Seguro que podemos encontrar en la ciudad a alguien que te las pueda encordar como a ti te gusta, cielo. —A Emily le entraron ganas de echarse a reír por la cara que le puso Parker, pero pensó que a Parker no le haría gracia. Volvió a tener una sensación de hilaridad desbordante, teniendo en cuenta lo que le podría haber ocurrido a Parker, cuando Gary vio lo que sujetaba su estrella y se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Todas? —preguntó el compañero del entrenador. Parker asintió con la cabeza contestando la pregunta de Nick, y al instante éste se puso a marcar un número en su móvil.

A su lado, Gary se limitó a comentar:

—Y Günter está en Tampa.

Emily pensó que ya acabarían diciéndole cuál era la tragedia mientras el grupo examinaba todas las raquetas de la bolsa.

El trayecto de vuelta al piso de Emily transcurrió en silencio una vez terminaron de hablar con el inspector de policía asignado al caso. Bobbie miró un par de veces por el espejo retrovisor cuando el tráfico se detuvo y vio a Emily abrazando a Parker, que iba dormida. Cuando sus ojos se encontraron, Emily le mostró los dedos cruzados y sonrió. Tener una ex amante que había intentado asesinar a la actual era una experiencia nueva para ella. No sabía que era digna de que se luche por mí hasta este extremo.

Después de ducharse, Parker se retiró para echarse una siesta a solas, pues Bobbie y Emily iban a salir a encargar comida en el restaurante del final de la calle. Emily había invitado a cenar a las hermanas King y a Natasha después de que le juraran que no les importaba comer en el suelo. Regresaron y cuando estaban a media manzana de distancia las dos mujeres vieron un coche que se detenía y del que bajaron dos hombres.

Ambos hombres, de constitución atlética, sacaron unas grandes bolsas negras del maletero del coche y luego consultaron un trozo de papel, como si buscaran una dirección. Antes de que pudieran echar a andar por la calle buscándola, Emily y Bobbie llegaron junto a ellos.

—¿Necesitan ayuda? —Emily sujetó bien la bolsa de comida en los brazos y se mantuvo a una distancia prudencial de los dos desconocidos.

—Por favor, ¿sabe dónde es esta dirección? —El alto hombre rubio tenía un fuerte acento alemán y le ofreció a Emily el papel que tenía en la mano.

—Eso es fácil, porque es la mía. ¿Desean algo? —Emily le devolvió el papel y esperó a que contestaran.

—Tenemos una entrega para Parker King y Gary dijo que la encontraríamos aquí.

Emily reconoció la forma de las bolsas, parecidas a la que Parker usaba para llevar su equipamiento, y sonrió, pensando que a Parker le gustaría lo que hubiera en ellas.

—¿Raquetas, supongo?

—Sí, señora. Algunas de las que estaban cortadas y otras que nuestro jefe ha pensado que le gustaría probar. La compañía ha enviado a Günter en un vuelo especial para ocuparse de todo, así que esperemos que esta noche haya terminado con todas las que quedan.

La puerta del edificio se abrió y salió Parker, vestida con el pantalón de chándal y la camiseta que había dejado en la cama esa mañana. Con aspecto más descansado y calzada con zapatillas deportivas, llegó al lado de Emily y le dio un beso.

—¿Quién es su jefe? —Emily señaló a los dos hombres, vestidos de forma parecida a la de Parker.

—Uno de los vicepresidentes de la empresa que fabrica las raquetas Head —contestó Parker antes de adelantarse para estrecharles la mano a los dos repartidores. Una vez intercambiados los saludos, uno de los rubios se puso a abrir latas de pelotas, echándolas en una canasta de entrenamiento que había sacado del maletero. Cuando Emily estaba a punto de preguntar qué estaba haciendo, Parker abrió una de las bolsas en la acera y sacó un montón de raquetas.

Durante la hora siguiente, Emily y la gente a la que había invitado se quedaron sentadas en los escalones de su edificio viendo a Parker jugar al tenis en la calle. Metódicamente, Parker iba sacando todas las raquetas de las bolsas y probándolas hasta que quedaron seis apoyadas en las piernas de Emily.

Parker cogió una de las nuevas que le había enviado su patrocinador y abrió la última lata de pelotas. Con una sonrisa, llamó a Bobbie.

—¿Quieres jugar conmigo?

—Ooh, Bobbie, yo que tú tendría cuidado, conozco bien esa cara que se le pone. Vas a tener problemas —dijo Natasha riendo cuando la amiga de Emily tragó con fuerza a su lado.

—Intenta recordar que yo no me gano la vida con esto. ¿Vale?

—Procuraré. —Parker le guiñó un ojo a Emily y luego lanzó la primera bola. Algunos de los niños que estaban mirando corrieron detrás de la pelota cuando Bobbie intentó golpearla y falló. Los nuevos vecinos de toda la manzana de Emily estaban encantados con la oportunidad de ver un Abierto más personal desde sus ventanas.

A Gray se le salió la cerveza por la nariz cuando una anciana le pidió a Emily que si a continuación tenía planeado salir con Becky Hammon del New York Liberty se lo comunicara para poder bajar a la cancha de baloncesto del parque para mirar. La jugadora de voleibol no sabía qué tenía más gracia: el comentario de la anciana o el sonrojo de Emily.

—Gracias, chicos, decidle a Wilson que le agradezco la celeridad. —Parker estrechó la mano de los dos tenistas que le habían traído las raquetas.

—¿Se llama Wilson y trabaja para Head? —preguntó Emily. Parker le dio un pescozón delicado y luego cogió una bolsa para llevarla arriba. Gary y Nick cogieron la otra, contentos de que todo hubiera salido bien, incluido el detalle de tener todas las herramientas que iba a necesitar Parker para el resto del torneo.

Una vez arriba, Emily y Natasha se afanaron en la cocina calentando la comida que había quedado olvidada en los escalones cuando Parker se puso a jugar. Emily tomó nota de la cantidad que tendría que encargar la próxima vez que se le ocurriera la idea de invitar a cenar en casa a una jauría de atletas hambrientos. Después de despedirse en los escalones del edificio con besos y abrazos, Kimmie y Gray se ofrecieron a acompañar a Bobbie y Natasha a sus respectivos hogares esa noche y los hombres llamaron a un taxi que pasaba, de modo que Emily se llevó a su tenista arriba para darle un baño caliente.

—Debes de haber perdido dos kilos a base de sudar ahí fuera y seguro que has ganado casi tres a base de mugre.

Parker no se tomó demasiado en serio los aspavientos de Emily, puesto que la rubia estaba de rodillas desnuda al lado de la bañera. Se metió dentro y se arrodilló entre las piernas de Parker para poder lavarle el pelo.

—Levanta una pierna, por favor, tesoro.

Parker dejó colgando media pierna izquierda por fuera de la bañera para que Emily tuviera espacio para acercarse más. Cuando Emily así lo hizo, Parker se metió en la boca el pezón que tenía justo delante, haciendo que Emily se olvidara de lo que estaba haciendo por un instante.

—Qué bien sabes —dijo Parker alrededor de su amigo ahora todo animado.

—Ah, no, quieta ahí. Ya sé que mañana no tienes que jugar, pero te vas a dar un baño y a acostar. Por mucho que me guste ver tu lindo culito corriendo por toda la pista, los partidos cortos me gustan mucho más. Y me da la sensación de que a ti también. —Emily oyó y notó que Parker la soltaba con un pop.

—Aguafiestas.

—Sólo quiero cuidarte. —Emily aclaró el jabón del pelo de Parker y terminó la tarea con un beso.

—Y yo te lo agradezco —dijo Parker con una sonrisa. Cuando Parker estuvo seca y vestida con otra camiseta y pantalones cortos, Emily la instaló apoyada en el cabecero de la cama y le dio de comer el postre.

Parker oía a Emily lavando los platos que habían usado, pero la mujer más menuda le había dado órdenes estrictas de quedarse en la cama y no entrar en la cocina. Tenía la esperanza de que fuese porque Emily quería que descansara y no porque no sabía qué decir después de lo que había ocurrido esa tarde. Emily se acurrucó pegada a ella en cuanto apagó las luces y se puso un corto camisón.

—Gracias por venir a todos mis partidos hasta ahora. Para mí es muy importante levantar la mirada y verte sentada en las gradas —dijo Parker suavemente y estrechó más a Emily. El sólido cuerpo cargado de curvas le resultaba tan gozoso pegado a ella que Parker no pudo evitar dejar que sus manos se pasearan un poco. Emily era tan bella físicamente que le recordaba a Parker una cosa que había leído una vez en un libro. "Tenía figura de reloj de arena con treinta minutos extra añadidos porque sí". O algo así, y ahora sé a qué se refería. El pensamiento vagó por la mente de Parker mientras su mano se posaba en el trasero de Emily.

La boca de Emily se curvó en una sonrisa al oír lo que había dicho Parker. Era muy tierno, teniendo en cuenta la cantidad de gente de todo el planeta pegada a sus televisores para poder ver jugar a Parker, que fuese Emily quien más le emocionaba a la tenista tener allí.

—No más importante de lo que es para mí estar ahí para verte jugar. En cierto modo, es un poco raro.

El largo cuerpo que estaba debajo de Emily se agitó un poco cuando se echó a reír.

—¿Raro?

—No raro en el sentido de extraño, mi amor. Raro en el sentido de ver a alguien que hace una cosa para ganarse la vida que otra gente quiere ver y aplaudir. ¿Tú le ves el sentido?

—Nunca me lo he planteado así.

—No me quejo, me gusta ver cómo haces algo que te encanta. A mí me encanta volar, pero no tengo un club de fans y no aparezco con el culo al aire en un cartel publicitario en Times Square. —Emily besó la extensión de piel que tenía bajo los labios, deseando que el torneo terminara para que Parker se pudiera relajar un par de semanas.

—No estés tan segura, yo soy una gran fan tuya, y si quieres, puedo decirle a Nick que hable con Nike. He visto tu culo y sin la menor duda puede competir perfectamente con el mío en Times Square.

—No sé por qué eres fan mía. Hoy casi logro que te maten. —Emily se subió un poco y apretó la boca de Parker con los dedos para detener la protesta que se avecinaba—. Sabes que tengo razón. La loca ésa no habría intentado matarte de no ser por mí.

Parker abrió la boca y mordisqueó los dedos de Emily, logrando que la mujer más menuda se echara a reír y olvidara la depresión que le estaba entrando.

—Yo también querría matar a alguien si te apartaran de mi lado, Em. Eres tan especial y te quiero tanto...

Los dedos volvieron a detener a Parker al tiempo que la cara de Emily se teñía de rojo.

La idea de lo que podría haberle ocurrido a Parker se coló de nuevo en el cerebro de Emily como una pesadilla y soltó un sollozó desde lo más hondo del pecho. Cuando el cuchillo de Gail se clavó en la bolsa de Parker, en ese instante de violencia, Emily se dio cuenta de estaba tan enamorada de ella que se habría muerto al ver herida a Parker. Qué tragedia habría sido saber eso en un instante para que se lo arrebataran al instante siguiente.

—Tú no me has apartado de nadie, Parker. Lo intenté, de verdad que lo intenté, pero las peleas y la bebida me habían agotado. Esa noche Gail me dio miedo en aquellas dunas y no he podido olvidar la cara que tenía mientras luchaba por no pegarme. Ahora ha intentado hacerte daño a ti. —Emily se echó a llorar de verdad al confesar esto.

—Oye, Em, tranquila. Estamos bien y Gail ya no puede hacernos daño. Venga, todo va a ir bien. —Parker estrechó a la llorosa mujer entre sus brazos y la sostuvo mientras hablaba—. ¿Quieres saber una cosa de la que me he dado cuenta hoy?

La cabeza rubia asintió contra su pecho y el llanto se fue calmando, sustituido por hipidos.

—Hoy estaba jugando y Marsha me estaba dando una paliza, regodeándose a placer, y por un momento pensé que iba a perder contra la niña bonita de América. —Emily levantó la cara del pecho de Parker, interesada por saber por dónde iba la historia—. El año pasado la mera idea me habría cabreado, por todo el esfuerzo que supone prepararse para un torneo como el Abierto, pero este año pensé que tú no me ibas a despreciar si perdía, por lo que no me importaba tanto. Levanté la mirada y te vi ahí, mordiéndote las uñas, y de repente caí en la cuenta.

—¿De qué, tesoro?

—De que te quiero, Emily. Entiéndeme bien, no te considero un trofeo, pero si pudiera ganar tu corazón, podría no volver a ganar otro partido de tenis y me daría igual.

En los libros cuando alguien confiesa su amor, la chica le da un besazo, no se echa a llorar como si se le acabara de morir el perro, pensó Parker cuando Emily se puso de nuevo a sollozar pegada a su pecho.

—Podrías decirme eso un millón de veces al día y jamás me cansaré de oírlo.

Parker usó el faldón de su camiseta para secarle la cara a Emily después de que lograra decir eso entre lágrimas.

—Basta de lloros por esta noche, cosita bonita. Vamos a dormir para que mañana no estés cansada en el trabajo. ¿Dónde vas por la mañana?

—Tengo un vuelo por la mañana hasta Houston y de ahí a Dallas, donde me quedo enfriando motores tres horas antes de volver. He aceptado el horario cacoso esta vez para poder cogerme unos días para ver el resto de tus partidos.

Parker rodó de lado para poder arropar el cuerpo de Emily con las mantas. Después de un tierno beso, Parker se pegó a ella por detrás y se relajó.

—¿Cómo voy a dormir cuando vuelvas a Florida? —preguntó Emily, poniendo la mano sobre la que Parker le había colocado en el abdomen por debajo del camisón.

—Muy fácil, no voy a volver a Florida. Al menos, no sin ti.

Emily sonrió en la oscuridad al oír la respuesta y se puso la mano de Parker entre los pechos. Detrás de ella, Parker sonrió también al saber que la respuesta había acabado con algunos de los demonios que poblaban la mente de Emily.


—Señor, hemos encontrado esto en uno de los cajones del escritorio que había en el estudio. También hemos recogido numerosos artículos de periódico sobre la señorita King y su programa de partidos. —El agente uniformado le pasó al inspector al mando una bolsa en la que había una carta. La nota que había dentro de la bolsa de plástico era como muchas de las otras que había recibido Parker declarando que iba a morir porque era una abominación ante Dios.

—Esto no tiene sentido —murmuró Logan Sully entre dientes tras leer la nota por tercera vez. Había escuchado la explicación de Parker sobre cómo conocía a Gail y por qué la corredora de bolsa la había atacado.

—¿Por qué no, señor? —preguntó uno de los agentes que habían acompañado a Logan para registrar el piso de Gail.

—Porque atacó a Parker King porque la mujer le robó a la novia. ¿No les parece que eso también convertiría a la señorita Ingles en una abominación ante Dios? Esta vez no hubo ninguna amenaza durante el ataque. —Logan continuó cuando le dio la impresión de que los dos policías no seguían lo que estaba diciendo—. Fuera del restaurante, Gail Ingles se acerca corriendo a Parker King y la ataca con un cuchillo. Antes de hacerlo, dice, "Muerte a los que pecan contra Dios" o algo por el estilo. Dos semanas más tarde, hace lo mismo, sólo que esta vez a plena luz del día, pero vestida igual y con la misma arma. Yo no creo que esto lo haya hecho la misma persona, pero ¿de dónde sacó la Ingles esta nota? Si la comparamos con todas las otras que me enseñó el entrenador de Parker King, me apuesto la paga a que coinciden.

—Yo creo que esa zorra está loca, jefe. Más loca ahora que hace dos semanas. Los loqueros llaman a eso enfermedad mental en espiral.

—Está bien, Sigmund, recojan el resto de las cosas y volvamos a comisaría. Seguro que a la señorita King le gustaría saber que la chiflada que le ha enviado todas esas notas está encerrada. Cuanto antes, mejor, porque he apostado por el resultado del Abierto este año. Esta tal Ingles podría haberme costado una fortuna si llega a impedir que Parker llegue a la final.


—¿Tienes dinero para la comida? —preguntó Parker mientras ayudaba a Emily a ponerse la chaqueta. La pregunta hizo reír a la piloto, que se volvió en cuanto pasó los brazos por las mangas.

—Sí, pero no lo necesito. La aerolínea nos da de comer en tierra o en el aire, depende del vuelo. ¿Tú qué vas a hacer hoy?

Parker abrazó a Emily y la besó en la frente. Estaba preocupada por Emily, pues había tenido que despertarla tres veces durante la noche para sacarla de una pesadilla que Parker estaba convencida de que trataba de ella. Lo que de verdad quería hacer era pedirle a Emily que se quedara en casa y no fuera a trabajar, pero pensó que a la rubia no le haría gracia la sugerencia.

—Jugar al tenis, ver la televisión y luego esperar a que vuelvas. Te voy a echar de menos hoy, capitana —dijo Parker.

—Baja un poco, larguirucha. —Emily empujó la cabeza de Parker por detrás intentando que se agachara para poder alcanzar sus labios—. Yo también te voy a echar de menos. ¿Me prometes que tendrás cuidado y que te mantendrás apartada de maníacos armados con cuchillos hasta que vuelva?

—Te lo prometo. Tú evita pájaros en vuelo rasante y auxiliares de vuelo juguetonas. Soy celosa, así que tenlo presente, Marichispas.

—No soy yo la que aparece siempre en las portadas de la prensa amarilla, Parker. —Emily besó a Parker por última vez antes de salir para llamar a un taxi. Con un poco de suerte, tendría vientos favorables de cola y estaría de vuelta a tiempo de poder salir a cenar.

Cuando la piloto estaba ya casi en las puertas de Virgin en JFK, su teléfono móvil empezó a sonar y tras hurgar en el bolso lo encontró antes de que quien llamaba colgase.

—Diga.

—Hola, capitana.

—¿Qué pasa, ya me echas tanto de menos que me llamas al trabajo? —Emily saludó agitando la mano a uno de los encargados de facturación que estaba entrando en el edificio a su lado. Casi suspiró de alivio al notar el aire acondicionado en cuanto se abrieron las puertas.

—Es cierto que te echo de menos, pero no te llamo por eso. ¿Te acuerdas de que esta mañana dijiste algo de que soy yo la que aparece en titulares cada vez que sacan los periódicos? —preguntó Parker desde el banco de las instalaciones de entrenamiento.

—Sí, estoy saliendo con un imán para las tías, qué quieres que te diga.

—Cariño, ¿estás en el aeropuerto?

—De camino para recoger a mi tripulación y mi avión en estos precisos instantes.

—Antes de que salgas volando por el azul infinito, hazme el favor de pararte en uno de los quioscos de prensa, si no te importa. —Parker oyó gente alrededor de donde estaba Emily cuando la piloto dejó de hablar, y cruzó los dedos deseando que el carácter de la mujer contara con un gran sentido del humor.

—¿Me tomas el pelo, Parker? —Emily se quedó mirando la portada de uno de los periódicos sensacionalistas de tirada nacional y se vio a sí misma bajo un titular que decía La mujer que cazó a Kong.

El fotógrafo había pillado a Emily en un momento de descuido cuando aclamaba algo que había hecho Parker en la pista. A pesar de la gorra de béisbol del FDNY y las gafas de sol que llevaba, era imposible no saber quién era.

—Quería avisarte antes de que te tomaran el pelo.

—Gracias. —Emily siguió mirando la foto y a causa de su inmovilidad los clientes que la rodeaban empezaron a comparar la foto con la mujer que la miraba con cara rara.

—¿Estás enfadada?

—No, cielo, sólo sorprendida de que alguien haya hecho una cosa así. Yo no soy nadie.

—¿Bromeas? Eres la mujer que cazó a Kong. Creo que el alcalde te va a dar una medalla esta tarde cuando vuelvas. —Parker se sintió mejor al oír la carcajada al otro lado de la línea. Fue un momento fugaz, porque cuando levantó la mirada vio al inspector del día anterior que cruzaba la pista hacia donde estaba sentada, y soltó un suspiro.

—¿Qué te pasa?

—Te lo cuento esta tarde. Buen vuelo y te quiero —dijo Parker antes de colgar y volverse hacia el policía, que tenía aire disgustado.

Emily sólo quería llamar de nuevo a Parker y averiguar por qué parecía tan irritada de repente, pero ya llegaba tarde para las comprobaciones previas al vuelo. Se quedó sorprendida al ver que no había nadie tras el mostrador de la puerta de embarque cuando llegó allí, de modo que bajó por el túnel hasta el avión para reunirse con su tripulación. Al doblar la esquina, Emily sintió que le ardía la cara al ver a todos los empleados de la Virgin que había por allí cerca esperando junto a la puerta con un periódico y un bolígrafo en la mano. El rubor empeoró cuando se pusieron a aplaudir y entonar el cántico de "Kong" que había resonado por la pista central el día antes.

—Así se hace, campeona. No sabíamos que tenías tantas agallas —le tomó el pelo Willy. Para que se sintiera mejor, se acercó a ella y la abrazó y luego la acompañó hasta la cabina para que recuperara un color normal.

—No voy a poder saludar a los pasajeros, ¿verdad?

—Capitana, estás enamorada y me alegro por ti. Tranquila, la única razón por la que esa gente ha hecho eso es porque les caes bien, no para ponerte en evidencia. Si un pasajero intolerante te echa en cara lo de esta foto, se encontrará con un regalito extra en el café, así que no dejes de hacer lo que tienes por costumbre. Además, era una tentación demasiado grande para pasarla por alto, teniendo en cuenta lo que llevabas puesto. No me extraña que te hayan sacado en primera plana —dijo Willy.

—Pensé que a Parker le haría gracia, así que me la puse como broma. —Emily miró la camiseta de la foto y se echó a reír. Cuando se vistió después de que Parker se fuera, la camiseta que había elegido le pareció demasiado buena para no ponérsela. En ella aparecía King Kong colgando del Empire State Building e intentando derribar aviones del cielo, y el letrero que había debajo decía ¿Quién es tu mono?

—¿Y? —preguntó Willy.

—¿Qué?

—Que cuál es la respuesta, boba.

—William, en ocasiones como ésta es importante recordar lo joven que es Parker King comparada con nosotros. —Emily hizo una pausa y Willy se acercó más y asintió con la cabeza—. Es alucinante la cantidad de expresiones malsonantes que conoce Park en las que aparece la palabra mono. Así que la forma más sencilla de responder a la pregunta es que ella es mi mono.

—¿Algún azote de por medio?

Ante la pregunta de Willy, a Emily se le volvieron a poner las orejas coloradas.

—Fuera.

—¿Me puedes firmar esto antes de irme?

—Fuera. —Emily acompañó la orden señalando la puerta de la cabina.


—¿Qué puedo hacer por usted, agente? —preguntó Parker. Estrechó la mano que le ofrecía y se preguntó por qué parecía tan disgustado.

—Buenos días, señorita King. —Logan Sully alargó la mano tras saludar y esperó a que la tenista se la estrechara. Pensó que cuando le dijera lo que había venido a decirle, haría que lo echaran.

—Por favor, llámeme Parker. ¿Tiene más preguntas? Si es así, no sé en qué más puedo ayudarlo, salvo tal vez para decirle que hable con mi novia. Vivió varios años con Gail, así que supongo que eso la hace más experta en esa chiflada que yo.

—He venido para decirle que la señorita Ingles ha salido esta mañana bajo fianza. —Fue como si una nube de tormenta le cubriera el rostro, y Logan casi se estremeció.

—¿Cuánto? —preguntó Parker.

—¿Cuánto, el qué?

—¿Cuánto ha sido la fianza, inspector?

Logan se sentó a su lado en el banco y vio que Natasha y Gary entraban en las instalaciones.

—Una pregunta interesante. Creo que han sido 150.000 dólares. ¿Por qué lo pregunta?

—Es que me alegra saber que cuando Emily llegue a casa e intente matar a Gail, sólo me costará dieciocho de los grandes sacarla de la cárcel. Sólo es el doce por ciento del total, ¿verdad?

El veterano policía se echó a reír ante su razonamiento y le entraron muchas ganas de trabajar con la jugadora para atrapar a la otra persona que intentaba matarla.

—Efectivamente, Parker. Pero lo que quería preguntarle es si cree que fue Gail la que la atacó fuera del restaurante cuando llegó a la ciudad.

—Inspector Sully, éste es mi entrenador, Gary, y ésta es mi compañera de entrenamiento, Natasha. —Parker hizo un gesto señalando a los dos que se habían quedado de pie ante ellos, en silencio para no interrumpir—. Respondiendo a su pregunta, no, no lo creo. En ese momento, hacía dos meses que no veía a Emily, y el hecho de que estemos juntas es supuestamente la razón de que me atacara, en ese momento no habría tenido motivo.

—¿Alguna idea de quién podría haber sido el primer atacante?

—Ni idea. Lo único que tenemos son las cartas que ese chiflado sigue mandando y que hablan de Dios y el pecado. Como mi estilo de vida y yo somos la parte pecaminosa de la ecuación, librarse de mí es importante para alcanzar el equilibrio perfecto. Claro que también podría haber sido un crimen oportunista. Un loco con un cuchillo y un pasamontañas cuya afición es rondar cerca de los restaurantes de lujo por si da la casualidad de que las tenistas lesbianas han reservado mesa para cenar.

Logan meneó la cabeza y se echó a reír junto con Gary y Natasha.

—Buena teoría, pero me parece que no. Quiero concentrarme en ese crimen, puesto que ya sabemos quién cometió el segundo ataque. Y por favor, llámeme Logan. Estoy de acuerdo con su entrenador en que ahí fuera hay alguien que quiere hacerle daño sólo por su estilo de vida, Parker. Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para asegurarme de que eso no ocurra. —Le entregó una tarjeta con sus datos y trató de buscar una excusa para quedarse y ver un poco de su sesión de entrenamiento.

—Gracias, será agradable tener a alguien protegiéndome la espalda aparte de Gary y todas las demás personas que me quieren. No me gusta ponerlos a ellos también en peligro. ¿Usted juega? —preguntó Parker, pasándole la tarjeta a Gary y cogiendo una raqueta.

—Lo suficiente para saber lo mal que se me da.

—Pues quédese un rato y a lo mejor le puedo enseñar unos cuantos trucos nuevos —se ofreció Parker.

Gary ocupó su lugar en el banco y se metió la tarjeta del agente en el bolsillo de la camisa. La idea de que Gail estuviera fuera de la cárcel y de que Emily hubiera aparecido en la portada del periódico esa mañana lo ponía nervioso. Una cosa buena de toda la situación era que todo este peligro no estaba afectando al juego de Parker. Sus golpes eran limpios y perfectos, libres de la tensión que se estaba volcando en todos los demás aspectos de su vida.

—La primera vez que vi jugar a Parker fue en el Abierto de Francia hace un par de años, y desde entonces soy su fan. Uno la mira como ahora y se pregunta por qué querría nadie hacerle daño. A todos nos encantaría hacer algo en esta vida tan bien como ella juega al tenis —le dijo Logan a Gary.

—A algunas personas sólo se les da bien el odio, Logan, y por eso yo siempre estoy alerta por ella. Porque le aseguro que ella no va a cambiar nada de sí misma por culpa de alguien a quien no le gusta con quién comparte la cama por la noche. Gracias por ayudar, cualquier cosa que necesite por nuestra parte, sólo tiene que llamarnos. —Gary le ofreció su propia tarjeta y luego se levantó para afinar un par de golpes de Parker.


—Señoras y señores, si son tan amables de recoger sus mesas y colocar sus asientos en posición vertical, aterrizaremos dentro de pocos minutos. En Nueva York hay una agradable temperatura de treinta grados centígrados y son las nueve y quince minutos, hora local. Los miembros del personal que están recogiendo las bebidas les darán toda la información que necesiten sobre vuelos de conexión. En nombre de la tripulación y en el mío, les damos las gracias por volar con Virgin y esperamos poder servirlos en futuros vuelos. —Emily desconectó el micrófono y se concentró en las luces de aterrizaje que los llevarían de vuelta a JFK—. Buen trabajo, chicos, me alegro de que este día haya acabado por fin. —Emily volvió a comprobar su posición e hizo unos pequeños ajustes para la aproximación final. La escala en Dallas se había alargado cuarenta y cinco minutos más a causa de un pasajero estúpido que había intentado subir a bordo con una pistola cargada y había logrado pasar por el primer control de seguridad. Eso y la portada del periódico competían para desquiciarle los nervios.

—Cuando quieras, Em. ¿Hay posibilidades de que veamos a Kong en el aeropuerto? Nos hemos enterado de que nos lo perdimos hace un par de días —le tomó el pelo su navegante, haciendo caso omiso de la rápida mirada fulminante que le lanzó ella.

Emily se situó en la puerta con el resto de la tripulación para despedirse de al menos un par de pasajeros. Si se daba prisa, tal vez podría llegar a casa antes de las once y Parker no estaría durmiendo. Cuando la tripulación se empezó a mover más despacio delante de ella, Emily se preguntó por qué la zona de espera seguía abarrotada de gente, teniendo en cuenta la hora y que estaban en el pasillo de vuelos nacionales del aeropuerto. Lo que vio fue una confirmación de que si Parker era la persona con la que iba a pasar el resto de su vida, esa vida jamás sería aburrida ni escasa de bromas.

Parker estaba firmando autógrafos para algunos risueños fans y llevaba una chapa para marcar animales colgada de la oreja y una correa alrededor del cuello. Hasta que se volvió de cara a la gente no pudieron leer la camiseta que respondía a la pregunta que había planteado la de Emily. El letrero de Cazada y marcada les dio a todos un ataque de risa y Emily meneó la cabeza.

Sí, de aburrida nada, pensó Emily al tiempo que Parker le pasaba la correa cuando se acercó.

—Y no lo olvides, King. Tengo testigos —dijo Emily, frunciendo los labios para recibir un beso de bienvenida que Parker le dio al instante—. ¿Qué haces aquí? Tenías que estar en casa descansando para mañana.

—Tengo buenas noticias y noticias no tan buenas. Y podemos hablar de eso más tarde. ¿Por qué no me presentas a todas estas personas tan guapas de uniforme que están apelotonadas detrás de ti?

Emily se volvió entre los brazos de Parker y la presentó a su tripulación, notando cómo se movía el bíceps que tenía apoyado en su hombro cada vez que Parker estrechaba la mano a cada persona nueva. Su capitana se estaba planteando encargar a más de uno la limpieza de los servicios si seguían echando miradas provocativas a Parker.

—Esto podría venir bien —dijo Emily tirando ligeramente de la correa que tenía en la mano antes de soltarla del cuello de Parker. Se dirigieron cogidas de la mano a la salida, donde Bobbie las esperaba en su coche. Parker la había sobornado con otra entrada para el partido del día siguiente si las llevaba a la ciudad. La alta rubia vio que Emily estaba enfadada al tiempo que intentaba convencer al tipo que estaba a punto de ponerle una multa de que sólo iba a estar aparcada dos minutos más.

—¿Que la han soltado? Pero intentó matarte, Parker.

—Soy consciente, todas mis cuerdas hicieron el sacrificio final por mí —bromeó Parker.

—Esto no tiene gracia. La gente que hace cosas así no se merece estar suelta por ahí. Seguro que ahora está planeando su próximo ataque.

—Em, cálmate. Si acaso, Gail estará intentando dar con un buen abogado, no con otra forma de matarme. Quería venir a recogerte para decírtelo y que no te cabrearas al enterarte por otra persona, pero ya veo que sólo me hacía ilusiones —dijo Parker al tiempo que abría la puerta de atrás del coche.

—No estoy enfadada contigo, tesoro. Es que no es justo que tengas que preocuparte por esto la noche antes de tu partido.

Parker se inclinó y besó a Emily de nuevo, pasando la mano por el suave pelo rubio que había llegado a adorar.

—No estoy preocupada, cariño, y no quiero que tú te preocupes.

—Ya, ¿y por qué?

—Deberías preocuparte más por lo que Bobbie va a pensar de ti al ver que no hablas con ella porque te estás dando el lote conmigo en el asiento de atrás. Pero por si está escuchando, ella debería mirar la carretera en lugar del asiento de atrás. Porque si tenemos un accidente mientras intenta conseguir ideas nuevas, les daremos su nombre y su dirección a los periódicos y les diremos que ha sido ella la que me ha eliminado del Abierto. A los corredores de apuestas les encantaría ir a hacerle una visita. —Parker se echó a reír suavemente cuando la conductora apartó los ojos del espejo retrovisor y dedicó toda su atención a la carretera.

Para cuando llegaron al apartamento, Bobbie estaba necesitada de una ducha fría sólo de escuchar los gemidos que soltaba Emily, y Emily tuvo que ser transportada en brazos escaleras arriba porque sus piernas se negaban a moverse salvo para abrirse.

—Date prisa con la llave, amor —exigió Emily. Parker la había bajado y apoyado en la pared para poder abrir la puerta—. Te necesito.

Parker logró abrir la puerta y agarró a su compañera para el rápido trayecto hasta el dormitorio. Cuando tuvo a Emily en la cama y con la falda a medio quitar, la piloto echó el freno a cualquier otro avance.

—Tenemos que parar, Parker.

—¿Parar? Ni hablar.

—Sí, mañana tienes partido, y recuerda lo que pasó la última vez. No quiero que Gary te obligue a quedarte en el hotel porque yo no me puedo controlar —explicó Emily.

Parker tiró la falda por encima de su hombro y le quitó las bragas a Emily con un rápido movimiento. Cuando se puso a desabrochar los botones de la camisa que llevaba Emily, la rubia intentó escurrirse cama arriba para apartarse de Parker.

—En serio, Parker, tienes que parar.

Parker se arrodilló en la cama y avanzó hacia Emily, tumbándose a su lado cuando estuvo lo bastante cerca.

—¿Quieres que pare?

—Sí, eso es. No quiero, pero tenemos que ser buenas.

Parker pasó los dedos por los empapados pliegues rubios y Emily gimió de nuevo.

—¿Quieres que deje de hacer esto?

—No. ¡O sea, sí! No hagas eso.

Parker apartó los dedos y los subió para humedecer un punto de la blusa de Emily, justo encima de un pezón endurecido.

—¿Y esto? ¿También tengo que dejar de hacer esto? —preguntó Parker y luego mordió ligeramente por encima de la tela.

Emily estableció un nuevo récord al quitarse la camisa y el sujetador, bajando la cabeza de Parker hacia su pecho en cuanto terminó. En cuanto tuvo a Parker pegada a un pezón feliz, Emily volvió a colocar la gran mano entre sus piernas. Los sonidos que emitía Emily estaban empezando a poner a Parker al borde de la combustión, pero la rubia las detuvo de nuevo.

—Vamos, Em, sabes que lo deseas. Noto que lo deseas. —Parker agitó los dedos rodeados de calor húmedo para recalcar lo que decía.

—Desnúdate antes de que llegues demasiado lejos, cariño, y luego ponte de nuevo al trabajo. —Emily tiró de la camiseta mientras Parker se bajaba los pantalones de chándal que llevaba.

Desnuda, Parker se tumbó encima de Emily y al segundo empezó a disfrutar de la sensación de la piel suave pegada a la suya. Las uñas cortas que se arrastraban por su espalda la hicieron rodar hasta que Emily quedó tumbada encima de ella y luego puso de nuevo la boca y las manos donde estaban antes de la pausa para desnudarse.

Cuando las caderas de Emily empezaron a moverse, fue Parker la que se detuvo.

—Todavía no, cariño, aún no estoy —protestó Emily.

—Arrodíllate, por favor, Em. —Parker se quedó confusa cuando la cara de Emily, pegada al pecho de Parker, se puso caliente y el resto de su cuerpo no se movió. El calor procedía del rubor y la inmovilidad procedía de las dudas—. ¿Qué pasa?

—Es que no... o sea, es que normalmente no... nunca he... —farfulló Emily.

—Cariño, yo nunca te obligaría a hacer algo con lo que te pudieras sentir incómoda. No quiero atarte ni hacerte daño, sólo quiero darte placer, y lo que se me había ocurrido te lo iba a dar, te lo prometo. Confías en mí, ¿verdad? —preguntó Parker. La cara algo enrojecida asintió contra su hombro y Parker sonrió—. Y sabes que podemos parar en cuanto quieras, ¿verdad? —La cabeza rubia asintió de nuevo—. Vale, pues ponte de rodillas y de cara al cabecero.

Emily era tan tímida que Parker juró darle una paliza a Gail la próxima vez que la viera. Nadie se comportaba así a menos que la persona con la que hubiera estado no se hubiera molestado en hacer que se sintiera deseada y apreciada.

Emily bajó la mirada al notar movimiento en la cama y descubrió unos grandes ojos azules que la miraban, y por las arruguitas de los lados supo que Parker estaba sonriendo. Con una lentitud exagerada, Parker separó los húmedos e hinchados labios del sexo de Emily con los dedos y luego siguió el mismo camino con la lengua plana hasta encontrar el botón duro que iba a ser el punto central durante los próximos minutos.

En cuanto su lengua tocó el punto donde más la deseaba Emily, Parker obtuvo el resultado que buscaba y Emily echó las caderas hacia delante, tratando de conseguir un contacto más firme y dejando respirar a Parker. Cuando los lametones se transformaron en succión, Emily cerró los ojos y se agarró a la cama para no caerse, de lo intensa que era la sensación.

Emily gozaba tanto con las sensaciones que olvidó cualquier tipo de vergüenza por la postura en la que estaba, y cuando estaba a punto de pedir algo más, Parker se le adelantó. Despacio, Parker introdujo dos dedos y los curvó un poco, atinando con el punto justo para que Emily se pusiera a gimotear. Cuando le resultó excesivo, Emily se soltó de la cama y agarró la cabeza de Parker para que la chupara con más fuerza.

Lo único que salvó a Emily de partirse la cabeza con la cama al terminar fue que Parker consiguió sostenerla. Emily sentía que Parker estaba transformando poco a poco a la mujer que era y la sensación era maravillosa.

—¿Estás bien? —preguntó Parker a la coronilla de Emily, cuya cabeza descansaba sobre su hombro.

—Estoy genial, gracias a ti. Siento... —La disculpa de Emily quedó interrumpida por los dedos que le apretaron los labios.

—Te quiero, Em, y eso quiere decir que vamos despacio hasta que te sientas cómoda.

—Yo también te quiero, y te deseo. —Emily fue bajando hasta colocarse de nuevo de rodillas, sólo que esta vez entre las piernas de Parker.

—La camiseta no era broma, cariño, soy toda tuya.

Emily se inclinó, y cuando estaba a punto de besar a Parker, sonó el teléfono. Se planteó no hacer caso, pero luego pensó en todo lo que estaba ocurriendo en su vida y lo alcanzó, en medio de las protestas de Parker.

—Diga.

—Hola, Emily. ¿Está Parker?

—Hola, Gary, sí, espera un momento, ahora mismo se pone. —Emily le pasó el teléfono y luego se sentó sobre los pies para admirar la larga extensión de piel que tenía ante los ojos.

—Parker, ¿estás teniendo sexo? —preguntó Gary en cuanto oyó la respiración de Parker al otro lado.

—En este preciso instante, no, si es que tienes que saberlo, así que lo que quieras, dilo rápido.

—¿Me haces el favor de volver a pasarme a Emily?

Parker obedeció, con la esperanza de que así colgara antes.

—¿Sí? —preguntó Emily, mirando a Parker a los ojos mientras hablaba con Gary.

—Emily, ¿tú sabes quién es Della Sánchez?

—¿Me debería sonar el nombre? —Emily se escurrió hacia delante a instancias de Parker, encantada con la sensación de las manos callosas que le recorrieron el cuerpo cuando se puso a horcajadas sobre el firme abdomen.

—A lo mejor te vendría bien suscribirte a una revista de tenis. Della Sánchez es la jugadora número cinco del mundo y la persona que machacó a Parker el año pasado durante este torneo.

—Ajá —dijo Emily, perdiendo el hilo de la conversación cuando Parker le pellizcó los pezones.

—Unos minutitos más, Emily, te lo prometo. —Gary ni se imaginaba lo que debía de estar haciendo Parker para que Emily quisiera colgar el teléfono tan deprisa—. Piensa en lo bien que jugaría Parker mañana si tú no le das una cosita.

—¿Sabes lo que me estás pidiendo? No le va a hacer gracia.

—¿Quieres aguantar la pataleta mayor del mundo si pierde? —Gary le deseó buenas noches y cruzó los dedos.

—Cielo, ¿qué tal una ducha? —preguntó Emily, levantándose de la cama.

—¿Ahora, quieres ducharte ahora?

—Venga, por favor.

Parker se levantó y pensó en todas las cosas que podrían hacer bajo el agua, de modo que siguió los pasos de Emily hasta el cuarto de baño. Como recompensa por salir de la cama, Emily la besó y le dio la vuelta para colocarla de espaldas a la bañera.

En cuanto el agua alcanzó a Parker, la impresión acabó con su ardor tan deprisa que se quedó allí plantada parpadeando, intentando averiguar qué había pasado. Emily parecía estar intentando dar con una rápida vía de escape antes de que Parker cerrara el agua fría y se lanzara a perseguirla.

—Yo no quería hacerlo, cariño, tienes que creerme.

Parker cogió con calma una toalla de la barra y empezó a secarse el pelo.

—Lo sé, Emily. Gary, en cambio, va a morir la próxima vez que lo vea.

Como quería volver a practicar el sexo en esta vida, Emily se limitó a asentir con la cabeza, mostrando su acuerdo. La palabra "compórtate" se convirtió en su nuevo mantra mientras contemplaba el trasero de Parker que volvía a la cama. Qué ganas tenía de que ya fuese mañana por la tarde.


PARTE 8


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