Capítulo 5


—No es posible que hayas estado durmiendo todo este tiempo. —La llamada de Gary la había sacado de un sueño exhausto. Por un momento, Parker se preguntó de quién era el cuerpo desnudo que tenía pegado a la espalda, hasta que recuperó el conocimiento por completo y recordó cómo había pasado la mañana. Si con eso no se me han saltado los puntos, jugar al tenis va a estar tirado.

—No, durmiendo no. —dijo en voz baja para no despertar a Alicia.

—Voy para allá. —Gary oyó la voz áspera y pensó que Parker seguía alterada por lo de la noche anterior.

—Dame una hora y luego puedes venir. —Parker se soltó del lío de extremedidades que tenía detrás y se sentó.

—¿Por qué? —preguntó Gary enarcando una ceja que Parker no podía ver.

—Puedes esperar o puedes venir ahora y ver a Alicia desnuda en mi cama, tú eliges.

—A lo mejor si te pegamos un par de veces al día con una raqueta bien tensada, empiezas a aprender de tus errores pasados —dijo Gary, dejándose caer en la cama al oír la noticia.

—Sí, bueno, cuando Brad Pitt se presente en tu habitación y se eche desnudo en la cama con mirada incitadora, hablaremos de esa fuerza de voluntad más fuerte que el acero que tienes, entrenador. Hasta entonces, deja que me dé una una ducha.

—Esto podría venir bien, los periódicos llevan toda la mañana llamando ahora que tú y yo hemos aparecido en los titulares. Sácala a comer esta vez y deja que la prensa os vea juntas. Es lo mínimo que puedes hacer por la chica. Porque deja que te diga que si pretendes que yo vuelva a dejarla plantada por ti, dimito. —Gary respiró más relajado: esta vez se iba a librar de plantar a la emotiva Alicia cuando Parker no quisiera volver a verla.

—Lo tendré en cuenta si quiero un nuevo representante.

—¿Dónde vas? —La voz que se oyó detrás de Parker sonaba tan áspera como la suya mientras hablaba por teléfono con Gary.

—A ducharme, y luego te voy a invitar a comer. Supongo que te vendrá bien que los tiburones nos saquen unas fotos juntas para que tus fans no piensen que eres una maníaca homicida.

Vale, Alicia, a ver si lo de sin ataduras iba en serio. Tengo que empezar a pensar mejor estas cosas y tal vez entonces pueda sentarme a disfrutar bebiendo una copa en lugar de llevármela puesta, pensó Parker cuando las consecuencias de lo que había hecho esta mañana le empezaron a quedar tan claras como la luz que entraba por la ventana.

—¿Puedo ducharme contigo? —Alicia se sentó en la cama y dejó que la sábana le resbalara hasta las caderas. Parker se quedó mirando y no precisamente su pelo revuelto. Se apoyó en las manos y arqueó la espalda un poco, mejorando el panorama de Parker.

—¿Eh? —Parker chasqueó los labios y trató de recuperar el hilo de lo que estaba pensando antes de que los atributos quirúrgicamente mejorados de Alicia acabaran con su raciocinio de un mazazo.

—Ya sabes, para ayudarte a que no se te mojen los puntos y esas cosas. —Alicia señaló el pecho de Parker y esperó, pues no quería empujar demasiado fuerte ni demasiado deprisa.

—No, tú relájate, que no tardo nada.

Parker, Parker, Parker, no estás siguiendo las reglas, cielo, y me estoy empezando a cabrear de verdad. Deberías estar metiéndome mano por todas partes, no duchándote sola. Alicia se levantó y llamó a su agente para decirle dónde estaba y dónde iba, para que hubiera reporteros esperándolas cuando Parker y ella llegaran. En su mente volvían a ser pareja, y ahora era el momento de comunicar la feliz noticia al resto del mundo.

Alicia salió primero hacia el coche que esperaba mientras Parker recogía los mensajes que había para ella en recepción. Sonrió a la menuda rubia que subía por la calle con un ramo de flores en la mano y Emily, por cortesía, sonrió a su vez. Parker salió por la puerta de entrada y se dirigió a la puerta abierta del coche sin mirar a su alrededor. Un almuerzo más con la estrella del pop y quedaría libre. Mientras comprobaba sus mensajes, repasó todo lo que había dicho en la habitación y se sintió satisfecha al darse cuenta de que no había dicho nada que sonara a promesa.

—Vamos, cariño, tenemos mesa reservada y me muero de hambre. —Alicia se metió primero en el coche y cuando Parker entró por la puerta, el chófer la cerró y pasó a la parte de delante para emprender la marcha. Parker no llegó a ver cómo Emily daba el ramo de flores que llevaba en la mano a una mujer sin hogar que pasaba ante el hotel.

No me extraña que no me llamara. Emily se alejó en dirección opuesta para que Parker no pudiera verla.


El entrenamiento fue más lento en las siguientes semanas, pues Parker jugaba para ver cuánta movilidad tenía. Gary le vendaba el pecho todas las mañanas para evitar que se le saltaran los puntos de la herida que se le iba curando y para reducir el dolor al mínimo. El torneo empezaba al día siguiente, y tenía la impresión de que los partidos iban a durar más, puesto que Parker había perdido un poco de potencia con el primer servicio, pero esperaba que la fuerza del resto de su juego los sacara adelante.

—¿Quieres que vaya contigo? —Gary recogió todas sus raquetas y cogió la bolsa para que ella no hiciera esfuerzos—. A lo mejor esta vez te da suerte cambiar de tradición.

—Sé que Nick ha sacado entradas para que esta noche vayáis a ver Rent, grandullón, así que no, estaré bien. Mi tradición me hizo llegar a la final el año pasado, y si esta vez llego hasta ahí, me daré por satisfecha. —Parker se rascó el pecho, ardiendo en deseos de meterse bajo la ducha en su habitación. Cuanto más se curaba la herida, más le picaba. Lo único que esperaba era poder controlarse para no parecer que se estaba toqueteando delante de las cámaras a partir de mañana.

—Vale, pero iremos contigo si quieres.

—Gary, pásame esa bolsa y lárgate de aquí. —Parker alargó la mano para que le diera la bolsa de raquetas y fulminó a su entrenador con la mirada.

—No, la llevo yo durante doce horas más, muchas gracias. Estará esperándote en tu habitación cuando vuelvas, no te preocupes. Que te diviertas esta noche y nos vemos por la mañana. Llámame si necesitas cualquier cosa. Y no te preocupes por la familia, Nick las va a recoger y traer desde el aeropuerto.

Cogieron un taxi hasta el hotel y se separaron.

En las dos semanas que habían pasado desde el ataque, Parker había trabajado para ponerse más fuerte y había intentado restar importancia a los titulares de los periódicos locales que cubrían la historia de que Alicia y ella volvían a estar juntas. Historia que la cantante no parecía negar y que Parker estaba intentando olvidar. Un almuerzo no significaba una alegre reconciliación.

Su mesa la estaba esperando junto a la pared de cristal que daba a los árboles iluminados de Central Park. Estaba preparada para un comensal, y los demás clientes se distrajeron de sus conversaciones y sus comidas cuando entró y se sentó. Bajo un brazo llevaba un libro fino de poemas de Robert Frost que colocó en la mesa cuando el camarero le ofreció la carta.

—Bienvenida de nuevo, señorita King, ¿quiere tomar lo de siempre?

—Gracias, Barry, y sí, lo de siempre está muy bien. —Su camarero se fue a preparar la bebida que había pedido, dándole tiempo para mirar la carta.

A Parker nunca le importaba comer sola, y lo hacía siempre que iba a empezar cualquier torneo importante en el que jugaba. La soledad que encontraba en un restaurante lleno de gente y un buen libro le permitía olvidarse del tenis durante un par de horas, puesto que en los días siguientes no iba a pensar en otra cosa. La siguiente adversaria, el repaso de los errores cometidos en los últimos sets, los dolores que la acompañaban tras un par de tardes muy duras en la pista central y todos los demás detalles que querría cubrir Gary una vez empezara la competición.

Barry regresó, le puso la taza delante y le tomó nota. Cuando se fue, ella abrió el libro encuadernado en cuero que se había traído y se puso a leer, bebiendo sorbitos de la taza colocada en la mesa. Parker dejó de oír los susurros que corrían sobre ella entre la mayoría de los clientes que llenaban el restaurante esa noche. Algunos querían acercarse a desearle suerte, pero al ver lo enfrascada que estaba en el libro y que estaba sentada dando la espalda a casi todo el mundo, se quedaron sentados donde estaban.

—Estás mirando. —Bobbie bebió un trago de su cóctel y trató de entablar conversación de nuevo con Emily. Habían salido a cenar para celebrar que Emily había encontrado un piso que le gustaba. La piloto se mudaría en cuanto le llevaran los muebles que había encargado.

—Perdona, ¿qué decías? —contestó Emily, pero siguió con los ojos clavados en la mujer que bebía chocolate caliente a tres mesas de distancia. Bobbie y ella también estaban sentadas al lado de los ventanales, pero Parker no había mirado ni una vez en su dirección desde que se había sentado.

—He dicho que estás mirando. No te tenía por una aficionada al tenis loca por las estrellas, Em. La precoz señorita King y yo nos conocimos no hace mucho, si quieres te la presento. —Bobbie bebió otro trago e inclinó la cabeza hacia Parker.

—¿Tú conoces a Parker? —Emily apartó por fin los ojos de Parker y se fijó en su acompañante para la cena.

—¿Parker? Vaya, puede que haya exagerado mi relación con la niña bonita del tenis. ¿La conoces? —Bobbie dejó su copa y alargó la mano para coger la de Emily. La piloto llevaba un par de semanas muy alicaída, y por mucho que lo intentara, no conseguía que Emily le dijera qué le pasaba.

—Sí, nos conocemos. ¿De qué la conoces tú?

—Le deseé suerte en el parque una mañana cuando la vi haciendo estiramientos para correr. Me dio las gracias y luego salió disparada como si Satanás la persiguiera por todo Manhattan. La verdad es que la señorita King me hizo correr como en mi vida cuando intenté seguir su ritmo y después de esa mañana tuve que descansar una semana para recuperarme. Si hace eso cada mañana, no me extraña que tres sets de tenis le parezcan una cosa tirada.

—Sí, Parker parece tomarse todas las cosas de su vida con el mismo entusiasmo. —Bobbie enarcó una ceja al oír eso y Emily volvió a centrar su atención en la solitaria jugadora.

—También la vi mirándonos en Gotham aquella noche. Me pareció cosa del destino volver a encontrármela después de verla esa mañana. Miraba con muchísima atención y lo atribuí a que ella también pensaba lo mismo, pero si la conoces, a lo mejor es que te estaba mirando a ti.

—¿Qué quieres decir con que nos estaba mirando? —Emily se olvidó de Parker por un momento y volvió a mirar a Bobbie. Lo único que recordaba de esa noche era la sangre que se derramaba entre los dedos de Parker cuando se metía en el taxi.

—Yo la estaba mirando cuando entraste tú y sus ojos te siguieron hasta el bar. Estaba mirando cómo nos saludábamos y entonces esa tal Alicia la bañó en vino. Sabes, siempre estás leyendo cosas como ésa, pero nunca te imaginas que las vas a ver de verdad mientras se desarrollan ante ti. —Antes de que Bobbie terminara su observación, descubrió que estaba sentada sola, pues Emily se había trasladado a la mesa donde estaba sentada Parker.

—Has herido mis sentimientos —dijo Emily en voz baja, de pie junto a la silla vacía de la mesa de Parker.

Ése debe de ser el mantra que inspiro a las mujeres, pensó Parker al levantar la mirada del libro que tenía en la mano y posarla en la mujer que ahora se había sentado a su mesa.

—¿Y cómo, por favor, he hecho tal cosa? —Parker levantó la mirada del poema que estaba leyendo y miró por encima de Emily a la alta rubia que parecía ser su acompañante constante. Alzó su taza de chocolate y saludó a la mujer, que ahora parecía pasmada y que estaba mirando a la persona con la estaba cenando sentada con otra.

—No me llamaste este verano. —Emily jugueteaba con la servilleta que tenía en la mano y que se había traído de su mesa sin darse cuenta. Estaba respirando hondo para organizar todas las ideas que se le pasaban por la cabeza. Eran todas las cosas de las que había querido hablar con Parker y ahora le salían como reproches.

—Es cierto, no lo hice. —Parker echó una larga mirada a la mujer que había ocupado la mayor parte de sus pensamientos cuando no estaba inmersa jugando al tenis durante ese verano.

—Pensé que lo harías por lo menos una vez, después de... bueno, después del tiempo que pasamos juntas.

—Yo también lo pensé, capitana, pero no me correspondiste con tus números, por lo que no sabía cómo ponerme en contacto contigo. Si querías hablar conmigo, tú tienes todos y cada uno de los números con los que encontrarme al otro lado. En Virgin Airlines son muy amables, pero dar información sobre sus empleados no forma parte de su servicio de atención al cliente. Así que ya ves, lo intenté, pero al parecer no querías que te encontrara. —Parker no había cerrado el libro que estaba leyendo y no le había pedido a Emily que se sentara con ella. Tampoco se le había pasado por alto que se estaba enfadando.

Emily no le había prometido nada al marcharse, por lo que no tenía motivo para enfadarse ahora que la piloto estaba aquí con otra persona. Esa otra persona que se la había estado comiendo a besos dos semanas antes en el otro restaurante donde las había visto. Se cosecha lo que se siembra, Parker, y como has plantado una hilera tras otra de mujeres desdichadas por todo el planeta, esto es lo que obtienes.

—Claro que te di mis números. —Ante el tono cortante de Parker, Emily no sabía qué hacer.

—Capitana, no me voy a quedar aquí sentada discutiendo contigo, pero no, no me los diste. Te alojaste en mi casa, jugaste con mi perro, pero no dejaste atrás información alguna sobre ti al partir. Además, veo que la vida te va muy bien. No comprendo qué sentido tiene que hablemos, a menos que lo que quieras es regodearte y eso, querida mía, me parece un poco indigno de ti. —Parker levantó la taza y volvió a saludar a Bobbie. La mujer estaba sentada a la mesa con la barbilla apoyada en la mano, observando lo que ocurría no muy lejos de ella, y alzó de nuevo su copa hacia Parker. Sus ojos pasaban de Parker a Emily como si estuviera viendo un tipo especial de partido de tenis.

—¿Qué demonios quieres decir con eso? —Emily se echó hacia atrás e intentó dilucidar por qué Parker se mostraba tan desagradable.

—Tu cita se empieza a sentir sola, capitana.

—Estoy segura de que a mi amiga no le importa quedarse sola un minuto mientras yo estoy aquí saludándote. Aunque no sé para qué me he molestado, puesto que parece que te ha picado una especie de mosca en el culo. Bobbie es la persona con la que he estado viviendo y no salgo con ella, bueno, técnicamente no.

—¿Algún problema, señorita King? —Barry regresó con su entrante y vio a la mujer sentada con Parker. Tanto él como todos los que los rodeaban notaban que ninguna de las dos parecía muy contenta.

—Ningún problema, Barry, es sólo una conocida que quería desearme suerte. —Parker sonrió al camarero y luego a Emily—. Gracias, Emily, ya has cumplido con tu deber y ahora eres libre de marcharte.

—¿Por qué, es que Alicia va a venir de un momento a otro?

¿Por qué demonios le hablo como si me debiera algo? Levántate y vete, Em, antes de que llame a seguridad, pensó Emily, pero sus pies se negaron a volver a su propia mesa.

—Te lo he dicho ya una vez, capitana, no te creas todo lo que lees en el periódico. Si hay algo que te mueres por saber, pregúntamelo. Soy una perra, pero la franqueza no es mi problema —dijo Parker, echándose hacia delante. Logró que la declaración sonara lo más amenazadora posible en un susurro.

—¿Te has acostado con ella desde la última vez que te vi?

El libro se cerró por fin de golpe y Parker advirtió que Barry no se movía tras oír la pregunta de Emily.

—¿Hay algo que usted también quiera preguntarme, Barry? —preguntó Parker, levantando la mirada hacia el camarero. Qué pocas ganas tenía de soportar esta mierda esta noche.

—No, lo siento, por favor, discúlpeme. —Parecía decepcionado por haber sido despedido antes de que Parker contestara la pregunta.

—Ahora, en respuesta a tu pregunta, sí, lo he hecho.

Lo bueno, pensó más tarde, era que el chocolate caliente que había estado bebiendo se había puesto a temperatura ambiente y que no quedaba mucho en la taza. Parker cogió la servilleta y se limpió los ojos para poder ver el cóctel de langostinos que le había servido Barry.

Emily se quedó mirándola mientras Parker daba un mordisco a un solo langostino antes de sacarse la cartera del bolsillo de la chaqueta. Con un rápido cálculo mental, Parker dejó suficiente para cubrir todo lo que había pedido pero que no se iba a quedar a comer más la propina. Con toda la dignidad posible, Parker se apartó de la mesa y se fue sin conceder a Emily una sola palabra más. La piloto se debatía entre estallar en lágrimas porque Parker no la quería o porque había quedado como una completa idiota ante una sala llena de gente.

—Sabes, Parker, un día de estos vas a tener que aprender que la franqueza no siempre es lo más conveniente. La próxima vez a ver si tomas nota, como por ejemplo del presidente Clinton. Miras directamente a los ojos y dices, "No he mantenido relaciones sexuales con esa chica". Fin de la historia, puesto que además no es asunto de nadie.

La mayoría de la gente que pasaba por la entrada del parque que llevaba a Tavern on the Green miraba a la tenista y se preguntaba si iba colocada con algo al verla caminar por la calle cubierta de chocolate y hablando sola.

Parker caminó un rato y luego se sentó en el murete bajo de piedra que bordea Central Park para poner en orden sus ideas. Emily no tenía derecho a estar enfadada con ella. Si le hubiera importado tanto seguir donde lo habían dejado, habría llamado.

—Tampoco es que no me haya pasado todo el verano pensando en ella y que no haya intentado ponerme en contacto con ella. Era lo único en lo que pensaba.

—Me alegro de oírlo, pero habría preferido que no te hubieras acostado otra vez con Alicia. Te he echado de menos, Parker, y créeme, tú también has ocupado bastante mis pensamientos. Te has olvidado el libro. —Emily se sentó a su lado en el muro, ofreciéndole el libro mojado que Parker se había dejado.

—Ésta no es forma de tratar una primera edición de Frost —dijo Parker, alzando el libro empapado en chocolate.

—No, me imagino que no. Siento habértelo tirado encima, no sé qué pronto me ha dado.

—Sé perfectamente qué pronto te ha dado, llámalo experiencia, pero dime, Emily, ¿qué es lo que esperas?

—Quiero pasar tiempo contigo, Parker. Este verano, durante un par de días, pensé que habíamos empezado algo que era especial para las dos. Si me lo hubieras pedido, me habría quedado contigo unos cuantos días más para ver si ahí había algo.

—¿Y por qué no lo hiciste, quedarte, quiero decir? No te habría echado.

—A una chica le gusta que se lo pidan, Parker. Si no, parecemos unas desesperadas si nos instalamos sin más. —Emily se acercó más y cogió una de las grandes manos que recordaba haber cogido la noche en que salieron a cenar.

—¿Y crees que ahora te voy a pedir algo? Me has bañado en chocolate en un restaurante lleno de gente. Ya tengo suficientes problemas con la gente que cree que soy una cretina con las mujeres para encima necesitar ayuda externa.

Emily se miró los pies y soltó la mano de Parker, pensando que había perdido antes de empezar siquiera. El verano no era más que una anomalía que no se iba a repetir ni a continuar donde lo habían dejado.

—Lo siento, envíame la factura del tinte.

—Capitana, ¿te crees que te vas a ir de rositas? Si es lo que crees, estás muy equivocada, además de ser una olvidadiza con respecto a dejar números de teléfono para que la gente te pueda llamar.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Emily, dejando asomar una sonrisa por primera vez desde hacía semanas.

—Quiero muchas cosas, pero primero quiero saber si le has dado las buenas noches a tu cita. —Parker le sonrió, y el corazón de Emily empezó a entrar en calor.

—Sí, contra mi propio criterio, pero sí.

—Bien, ahora dime, ¿por qué no me has llamado este verano?

—Pensé que iba a parecer pegajosa.

—Ya, ¿te importaría muchísimo si ahora te diera un beso? —Parker se inclinó más hacia Emily hasta que sus hombros entraron en contacto.

—Sí.

—¿Sí, quieres que lo haga, o sí, te importaría? —Parker se levantó y se quedó plantada ante Emily cuando la mujer no le dio la respuesta que estaba esperando.

—Sí, me importaría. —Emily sonrió y se acercó a la mujer ceñuda antes de seguir—. Este vestido es nuevo y no quiero llenármelo de chocolate.

Parker sonrió a su vez y luego estrechó a la mujer más baja contra su pecho, asegurándose de que parte del chocolate manchaba a Emily.

—Envíame la factura del tinte, capitana.

El beso sorprendió a Emily por lo deprisa que Parker la cogió entre sus brazos.

Fue parecido al que le había dado Parker la noche en que salieron a cenar y la dejó ante la puerta de la habitación de invitados. Sólo que esta vez Emily abrió los labios e invitó a Parker a entrar. Emily notó los callos de las manos de Parker cuando subieron para sostenerle la cara, pero en lugar de concentrarse en su aspereza, pensó que la fuerza de las manos de Parker hacía que se sintiera a salvo. Pero el contraste estaba en sus labios, porque eran suaves como la seda y tocaban los suyos con el grado de presión justo para hacer que quisiera más.

—Yo también te he echado de menos. —Parker la besó otra vez y luego cogió a Emily de la mano y echó a andar de vuelta a su hotel.

—¿Dónde vamos?

Mientras caminaban, Parker le contó su tradición previa a un torneo de cenar sola, y se echó a reír al ver el ligero ceño que adornaba la cara de Emily. Ésta pensaba que Parker la estaba despidiendo apenas dos minutos después de haberse besado.

—Bueno, creo que ésta es la única ciudad del mundo donde esa tradición mía no funciona, así que he pensado que por esta vez voy a cambiar de táctica. ¿Has cenado ya?

—No, he estado muy ocupada convirtiéndome en carnaza de la prensa sensacionalista. ¿Qué tal si te invito a cenar y luego tú me das la custodia compartida del trofeo si ganas el Abierto?

—¿Qué tal si pago yo y tú simplemente te dejas agasajar?

Emily se sentó en una de las sillas mientras Parker se quitaba la ropa manchada en el cuarto de baño. Se quedó mirando la cama y se imaginó a Parker revolcándose en ella con Alicia. No tenía forma humana de competir con alguien así, ni con ninguna otra chica con la que se hubiera relacionado Parker en los dos últimos años.

—Tengo el vestido manchado. —Era una pobre excusa para salir de la habitación, pero Emily no quería seguir allí. Quería volver a esa biblioteca de Press Cove y que Parker le leyera algo de los cientos de libros que llenaban las estanterías.

—He pensado que podríamos ir a tu casa y así te puedes cambiar y poner eso en agua fría o algo así para que la mancha no se quede. —Parker señaló el vestido de Emily, sintiéndose ahora culpable por haberlo manchado.

—¿No te importa?

—¿El qué? —Parker frunció el ceño, sin entender la pregunta.

—Irte de aquí. —Emily hizo un gesto señalando la habitación por donde estaban esparcidas todas las cosas de Parker. Ésta pensó que aquello tenía que ver con algo más que la habitación.

—Quiero cenar contigo. De hecho, he querido cenar contigo desde la última vez que te saqué a cenar y la vez en que me hiciste el desayuno. Abby y yo hemos estado suspirando por ti, capitana, así que no me defraudes ahora que te he recuperado.

Fueron en taxi al nuevo piso de Emily, donde no había muebles y sólo el grueso de la ropa que no necesitaba tener en casa de Bobbie. Parker se paseó por el espacio y miró por las ventanas del salón mientras Emily iba a cambiarse. Cuando salió del dormitorio iba vestida igual que Parker, con vaqueros y una camiseta informal. Sonrió al salir y ver a Parker con el libro que le había regalado Barnaby cuando lo visitaron aquella noche antes de ir a cenar. Era una colección de poemas de amor y sonetos de Shakespeare, el autor preferido de Barnaby. Como era su preferido, Emily lo había apreciado y disfrutado mucho más, simplemente por el hecho de que la hubiera estimado lo suficiente como para desprenderse de él. Con algo de suerte, podría convencer a Parker para que le leyera algunos de esos poemas esta noche.

—¿Qué te parece si encargamos comida y cenamos aquí? —Emily acababa de recuperar a Parker y no estaba dispuesta a compartirla todavía. En el piso sólo había una cama que se había llevado de la casa que había compartido con Gail. Era lo único que se había llevado de allí al mudarse y sólo porque tenía el valor sentimental de ser la que había tenido desde que era niña.

Parker miró a su alrededor y sólo vio los suelos de parquet presentes en todas las habitaciones, pero estaba dispuesta a cualquier cosa que le apeteciera a Emily.

—Muy bien.

Las cajas de comida estaban esparcidas por el salón y su conversación estaba por fin empezando a ser tan cómoda como la primera vez que pasaron tiempo juntas. Cuando Parker miró el reloj, se sorprendió al ver que era casi medianoche y hora de irse, si quería estar en condiciones de jugar por la mañana.

—¿Te estoy aburriendo? —Emily sabía que cuando estabas con alguien y ese alguien miraba el reloj, la velada había tocado a su fin.

—No, es que tengo que irme si quiero mantenerme despierta en la pista mañana. A las televisiones no les hace gracia retransmitir partidos desde la pista central en los que una de las jugadoras se echa la siesta en las bandas. Dime que puedo volver a verte y me marcharé feliz.

—Puedes volver a verme, pero ¿por qué no te quedas aquí y vuelves en taxi temprano?

—Porque dudo de que pueda servir o levantar los brazos por encima de la cabeza si esta noche duermo en el suelo. Venga, te acompaño a casa y si te portas bien, os daré a ti y a la bomba rubia unas entradas para el partido de mañana.

—No tienes que dormir en el suelo, tonta, tengo una cama, y de todas formas, tenía pensado quedarme aquí, no en casa de Bobbie. —Emily llevó a Parker al único dormitorio del piso y le enseñó la cama pulcramente hecha que estaba sola pegada a la pared del fondo.

—Es una cama doble. —Parker se quedó en el umbral con las manos embutidas en los bolsillos, mirando la superficie de dormir como si fuese un lecho de clavos.

—Sí, ¿y qué?

—Emily, mido un metro ochenta y cinco. Eso quiere decir que no quepo en esa cama. —Señaló la cama y se preguntó dónde tenía pensado dormir Emily.

—Vamos, Kong, haremos lo que podamos. —Emily se quitó los pantalones y se sacó el sujetador por una de las mangas y luego se tumbó en un lado de la cama. Lo único que esperaba era que Parker comprendiera que no se trataba de sexo. Se trataba de conocerse y llegar a una confianza entre las dos. Como hubiera un solo titular más emparejando a Parker y a Alicia, mataría a Parker mientras dormía.

¿Se marcha? A Emily le dejó de latir el corazón por un instante cuando la tenista se dio la vuelta y se alejó por el pasillo. Recuperó la sonrisa cuando oyó que se encendía la luz del cuarto de baño. Cuando Parker regresó, iba vestida tan sólo con las bragas y la camiseta que había llevado debajo del jersey ligero. Parker se sentó en el otro lado de la cama y ahuecó la almohada antes de tumbarse para dormir. Oyó reír a Emily porque los pies le colgaban por el extremo de la cama.

—Buenas noches, Emily.

—¿No me vas a dar un beso de buenas noches?

—Sólo si tú quieres.

—Quiero.

Parker se volvió, juntó los labios con los de Emily y alargó el beso cuando notó que las manos de la piloto se metían en su pelo para acercarla más.

Parker bajó el ritmo, pues sabía que era demasiado pronto para iniciar ese tipo de relación con Emily. Hizo rodar a Emily hacia su lado de la cama y pensó que por primera vez sentía que ésta era una mujer que le podía llegar a importar lo suficiente como para mantener una relación que no durara las tres citas de rigor. Emily le sujetaba la mano y estaba tan cerca que Parker sentía su calor corporal, pero sólo tenían las manos en contacto. ¿Qué diría la prensa si te pudiera ver ahora, Kong?, se preguntó Parker cuando el olor afrutado del champú de Emily le inundó la nariz.

A la mañana siguiente Emily se levantó y descubrió que el otro lado de la cama estaba vacío. Le entró el pánico al pensar que Parker se había marchado sin más, hasta que vio los pantalones aún doblados junto a la cama en el suelo. Emily encontró a la tenista sentada en el suelo del salón con los ojos cerrados y las piernas cruzadas como si estuviera meditando. El silencio de la habitación y la primera luz de la mañana que entraba por las ventanas desnudas hacían que la estancia vacía casi pareciera un templo, por lo que Emily se quedó callada para no distraer a Parker de lo que estuviera pensando. Parker ni siquiera abrió los ojos cuando se oyó un ligero golpe en la puerta, ni cuando Emily fue a ver quién era.

—Buenos días, Emily. —Gary estaba en el recibidor con dos grandes bolsas negras, a la espera de que lo invitara a pasar.

—Buenos días, está ahí dentro, si es que has venido por Parker.

—Sí, pero mejor la dejamos terminar antes de entrar ahí. —Gary dejó la bolsa de raquetas nada más cruzar la puerta y la abrió para sacar algunos suministros médicos. Dejó la otra bolsa a los pies de Emily, lo cual le permitió a ésta ver de cerca la ropa de tenis llena de logotipos de patrocinadores en distintos puntos. Advirtió que hasta los calcetines llevaban algo cosido en la parte de arriba cuando Gary los sacó y los puso encima de las demás cosas.

Gary la vio mirando lo que se iba a poner Parker y sonrió.

—El talento es lo que hace que todas esas compañías la usen como anuncio ambulante, pero eso es lo que paga las facturas cuando demuestras que sabes jugar.

—¿Ver a Parker con esto en la manga de verdad hace que alguien quiera conducir un Lexus? —preguntó Emily, señalando un lado de la camiseta.

—¿Tú compras útiles de oficina en una determinada papelería porque patrocina un torneo de fútbol universitario?

Emily se echó a reír ante la analogía y supo que probablemente era una discusión que había mantenido a menudo con los fans y los patrocinadores.

—¿Qué está haciendo? —Señaló a la silenciosa mujer sentada en la otra habitación.

—Está repasando todos los golpes mentalmente. Repasa todas las posibilidades para que no haya sorpresas en las que no haya pensado, ni puntos débiles que no haya eliminado ahora, en lugar de en la pista central. Parker es auténtica, Emily, le da al público lo que éste paga por ver. Tenis a plena potencia donde no hay prisioneros y la esperanza de vida de las bolas es prácticamente nula.

—¿Eso es dentro o fuera de la pista?

—No lo sé, tú has pasado la noche con ella, ¿te ha forzado? —A Gary no le gustó el tono de la pregunta de Emily y tampoco que Parker hubiera estado liada la noche antes de un torneo importante.

—No, para nada. Lo siento, no debería haber dicho nada.

—Tonterías, es que a Gary le gusta causarme problemas siempre que tiene oportunidad. ¿Trabajas hoy? —Parker se había levantado y se había acercado silenciosamente con los pies descalzos hasta donde estaban hablando.

—No, hoy no. Tenía planeado verte hoy en televisión, si quieres saber mi oscuro secreto —bromeó Emily, esperando que Parker no se sintiera insultada por la pregunta que le había hecho a su entrenador.

—¿Qué te parece si tu amiga y tú os unís a Gary y a mis hermanas en mi palco?

Gary le dio a Parker las entradas que le había pedido esa mañana cuando lo llamó. Emily las cogió y le dio las gracias a Parker con un beso en la mejilla. A Bobbie le haría muchísima ilusión, pues le encantaba el tenis femenino.

Emily se quedó mirando mientras Gary ayudaba a Parker a vestirse, cambiándole primero las vendas y ciñéndole el pecho lo suficiente para cubrir los puntos, pero sin quitarle la capacidad de respirar. Era como ver a un gladiador preparándose para salir a la arena. Sólo que ésta te podía partir los huesos si no tenías cuidado con pelotitas amarillas cubiertas de pelusa. Con un beso de buena suerte por parte de Emily, Parker salió por la puerta.

Parker se volvió antes de meterse en el taxi y miró hacia las ventanas del piso de Emily. La piloto estaba allí, apretándose los labios con los dedos, algo aturdida por el beso que se acababan de dar. La saludó agitando la mano y sonrió antes de desaparecer en el taxi, y Emily suspiró. Las cosas empezaban a cobrar buen cariz, y no era porque hubiera conseguido entradas para un partido de tenis.


PARTE 6


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