Capítulo 8


—Todos en pie —dijo el alguacil cuando Jude ocupó el estrado. Habían despachado la mayor parte de los casos esa mañana, por lo que la sala no estaba tan llena por la tarde. Por un instante, una alegre sonrisa iluminó el rostro del juez, pero desapareció antes de que nadie se diera cuenta. Lo que había dado tanto gusto a Jude era ver a Bradley Blum sentado solo en la primera fila de asientos justo detrás de la barandilla baja que separaba la mesa de los abogados de los espectadores de la sala. El joven abogado parecía un poco congestionado, como si llevara la corbata demasiado apretada.

—Señoría, estamos preparados para oír las mociones de la defensa en el caso número LA6689. Son veintiocho en total, a menos que el señor Blum tenga algo más que añadir —dijo Rudy, el alguacil. Después de llevar tantos años trabajando para el juez, Rudy se dio cuenta de que éste era uno de esos momentos de Jude que hacían que las largas horas de trabajo y el escaso sueldo merecieran la pena.

—Señor Blum, ¿están preparados su cliente y usted? —preguntó Jude. Se recostó en su silla y miró al inepto abogado por encima del borde de las gafas.

—No he podido ponerme en contacto con mi cliente, señor. Su padre me ha informado de que va a pasar un par de días de vacaciones fuera de la ciudad y no se puede dar con él. Con la venia del tribunal, querríamos pedir un aplazamiento de dos días para poder prepararnos mejor —intentó Bradley. Sonrió a Serena cuando Jude se echó hacia delante, sin decir nada durante largo rato. A los ojos poco informados de Bradley, el juez parecía estar considerando su petición y estaba seguro de que el viejo bulldog daría el visto bueno a su moción.

—Señor Blum, ¿es usted consciente de que, dado que el señor Simoneaux está libre bajo fianza, este tribunal tiene derecho a saber dónde se encuentra en todo momento? No es problema mío que esté acusado de unos cargos y que en vista de eso haya decidido tomarse unas vacaciones. Es una cortesía hacia su cliente exigirle que esté presente para todas las vistas que se celebren con motivo de su caso, y también es problema suyo no haber hecho caso de mi orden para que esté presente hoy. ¿Qué le dice todo eso, señor Blum? —preguntó Jude, clavando una mirada mortífera en el hombre.

—¿Que vamos a proceder sin él? —dijo Bradley, más como pregunta que como afirmación. A pesar del aire acondicionado de la sala, tenía la cara chorreante de sudor y no paraba de meterse el dedo por el cuello de la camisa para intentar aflojarse la corbata.

—Correcto, señor Blum, vamos a proceder sin él. Si el señor Simoneaux no está de acuerdo conmigo, siempre puede acudir al tribunal de apelación del estado, que puede que se muestre más comprensivo con su situación. Veamos, señor Blum, veintiocho mociones para este caso, me tiene impresionado. ¿Empezamos? —preguntó Jude.


—La última moción queda denegada —dijo Jude diez minutos después. Tal y como había predicho Serena, todas las mociones de Byron presentadas por Bradley fueron cayendo una tras otra. Ahora llegaba el momento de la verdad, y tuvo la premonición de que el escribano de Jude no había compartido con Bradley los próximos detalles. Jesús me ama y lo sé porque no soy Bradley, no paraba de canturrear mentalmente con más regocijo del que debería sentir ante el apuro del pobre hombre, pero qué narices, no era ella.

—Señorita Ladding, quiero darle las gracias por estar aquí presente cuando se la ha avisado con tan poca antelación. ¿Debo entender que el pueblo está preparado para proceder con su caso contra el señor Simoneaux? —preguntó Jude. Su actitud cambió por completo al dejar de mirar a Bradley y fijarse en Serena. Jamás comprendería por qué su ahijada no había acabado con esta belleza. Poniéndose en pie, Serena le dedicó su propia sonrisa.

—Sí, señoría, el pueblo está preparado desde hace semanas, de no haber sido por la montaña de mociones presentada por el abogado del señor Simoneaux. Cuando su señoría fije una fecha para la vista, estaremos preparados —terminó Serena, batiendo las pestañas al mirar a Bradley. Pensó que si el hombre seguía tirándose del cuello de esa forma, iban a tener que llamar a los sanitarios.

—La vista empezará mañana a las ocho de la mañana en el tribunal del juez Carleton Reaper. Si no hay nada más, se levanta la sesión. No tiene nada más que añadir, ¿verdad, señor Blum? —preguntó Jude. La expresión del hombre de más edad le dijo a Bradley que debía decir "no, señor" y dar por terminado el día. Si presentaba más mociones o solicitudes de aplazamiento, seguro que acababa con Byron en el calabozo central con una citación por desacato.

—No, señor —contestó Bradley con una seguridad que no sentía.

—Bien. Recuerde, mañana a las ocho en la sala de enfrente, Blum, no llegue tarde.

Cuando Jude cruzó la puerta que llevaba a su despacho privado, Bradley se volvió y miró acusador a Serena.

—¿El Juez de la Horca va a llevar este caso, Serena? ¿Qué has tenido que hacer, acostarte con ese viejo cabrón para lograrlo?

—Pero Bradley, ¿es que no lo sabes? El juez Rose está casado y yo soy lesbiana, así que he conseguido al Juez de la Horca gracias al magnetismo de mi personalidad. Pero la próxima vez que coma con Jude, no dejaré de mencionarle la alta opinión que tienes de su capacidad sexual. Nos vemos en el juicio, Bradley —dijo Serena con dulzura. Bradley sólo pudo quedarse mirando el contoneo de su trasero enfundado en el elegante traje negro mientras abandonaba la sala. Ahora sólo tenía que encontrar a Byron antes de las ocho de la mañana siguiente.


—Sabes, si paso más días como hoy, es posible que acabe en el paro —dijo Harry desde el suelo del estudio. Después de darle la sorpresa a Desi, ésta había decidido darle las gracias a Harry de una forma posible sólo para ella. Las dos estaban desnudas en el suelo junto a los grandes ventanales que daban a los jardines y las dos sonreían a pesar del duro suelo de madera que tenían debajo.

—Pues así podría pasar todo el día contigo, así que para mí eso no es un incentivo para dejarte marchar, doctora Basantes —contestó Desi. Harry rodó y se colocó encima de Desi un momento, mirando el rostro de la joven antes de besarla. Jamás se cansaría de mirar la preciosa cara de Desi y aprovechaba cada ocasión que tenía para hacerlo.

—Creo que mañana deberías llamar a Tony y salir a comprar todo lo que vayas a necesitar para empezar. Luego dile a Mona que envíe aquí al servicio de limpieza, seguro que hay cinco centímetros de polvo acumulado en todas partes, yo incluida. —Harry besó los labios que tenía debajo una vez más, luego se levantó y cruzó la habitación para recuperar sus pantalones. Desi se incorporó en el lugar donde habían estado tumbadas y admiró el cuerpo desnudo de Harry, dejando asomar un ligero puchero al ver el teléfono móvil que se materializaba en la mano de Harry. Tal vez esto era lo que significaba el término "viuda de médico".

Harry marcó los números de la memoria y habló unos momentos, observando la expresión de fastidio de Desi.

—Sí, ya sé que había unas operaciones previstas para hoy, pero me ha surgido una cosa y además, no había nada tan urgente que no pueda ocuparme de ello esta tarde. Ocúpense de que el quirófano esté listo para cuando llegue y preparen al señor Benson. Quiere volver a jugar al golf y para eso necesita rodillas nuevas. Nos vemos ahora mismo.

Harry regresó con su amante, que la miraba con cara aviesa, pero con el sol que entraba a raudales por la ventana Desi seguía pareciendo un ángel.

—Sólo voy a estar fuera unas horas, mi amor. Sólo tengo dos pacientes y están en esta misma calle, así que hoy no me esperan urgencias catastróficas. Vamos, Desi, compréndelo. Te compensaré —dijo Harry con mucha dulzura. Rodeó a Desi y se sentó detrás de ella, con lo que le fue fácil estrechar el cuerpo más pequeño contra ella.

—Es que quiero pasar el tiempo contigo, cariño. ¿Estoy siendo egoísta? A fin de cuentas, mi propia recuperación te la debo a ti —dijo Desi, regodeándose en la sensación de la piel de Harry detrás de ella. Qué fácil era tener intimidad con Harry, qué fácil perderse en los sentimientos que la alta doctora había despertado en ella.

—No, porque eso es lo que yo siento por ti. Ahora que estás aquí conmigo, a lo mejor hasta me planteo la jubilación adelantada. ¿No quieres saber cómo te voy a compensar? —preguntó Harry, rodeando el cuerpo de Desi con el suyo. Notó que Desi asentía con la cabeza—. Esta noche te voy a invitar a cenar sin busca, sin teléfono y sin distracciones. Conseguiré que alguien se ocupe de mis llamadas y así no tendrás que compartirme con nadie durante la velada. ¿Qué te parece?

—Divino, y no te puedes jubilar, cariño. Te necesita demasiada gente y no era más que una tontería por mi parte. Vete, Harry, cuanto antes empieces, antes acabarás.

Se dieron otro beso más largo y luego se levantaron y se vistieron. Al regresar a la casa, Harry se despidió de Desi, se subió al Land Rover y se marchó al hospital.

Mientras esperaba a que Harry volviera a casa, Desi decidió probar esa gran bañera con patas del cuarto de baño de arriba. Su cita para la noche no le había dicho dónde iban a ir, pero sí había dicho que nada de vaqueros. Sentada en el agua caliente, Desi repasó mentalmente su guardarropa e intentó elegir algo que le fuera a gustar a Harry. La suave llamada a la puerta desvió su atención del vestuario para centrarse en Mona. Era la única otra persona que estaba en la casa y esperaba que no hubiera ningún problema, porque sabía que la mujer mayor no la molestaría sin una buena razón.

—Sí, Mona, ¿qué ocurre? —preguntó Desi.

—Siento molestarte, cielito, pero Serena está abajo y quiere hablar contigo. Ha dicho que te diga que es importante.

—Gracias, Mona. Dígale que ahora mismo bajo —dijo Desi. Lamentaba tener que interrumpir su baño, pero si había venido Serena, eso quería decir que tenía que decirle algo sobre Byron y sus problemas legales.

Desi se puso los vaqueros y una camisa que Harry había dejado tirada en una de las sillas de la habitación y bajó en el ascensor eléctrico que había instalado Harry. Serena la esperaba en la solana con otro visitante que Desi no se esperaba, pero que se alegró de ver.

—Hola, Desi, ¿está el tío Harry? —preguntó Butch. El niño fue a ella y le abrazó la pierna sana, mirándola con sus grandes ojos azules. Si no fuera porque sé que no es posible, diría que Harry es el padre de este crío, pensó Desi, sonriendo al mayor fan de Harry.

—Lo siento, Albert, pero el tío Harry está trabajando hoy.

Serena observaba con expresión risueña. Desi parecía distinta cada vez que hablaban. Era como si alguien le hubiera quitado a la joven un gran peso de encima, haciéndola parecer más ligera y joven. Desi empezaba a dar muestras de una mayor seguridad en sí misma y el miedo que antes había en sus ojos había desaparecido. La abogada se daba cuenta de que esta joven de la que Harry estaba enamorada era preciosa tanto por dentro como por fuera. Eso sin duda aliviaba el dolor de la pérdida.

Se sentaron juntas y Serena le contó lo que había pasado ese día y lo que estaba previsto para la mañana siguiente. Serena vio el alivio en los ojos de Desi al pensar que esta pesadilla estaba tocando a su fin.

—Pero date cuenta, Desi, de que Byron y Mike se han fugado de la ciudad. Yo supongo que están intentando inventar algún tipo de coartada para librarse de lo que ocurrió anoche. Pero si Byron no se presenta mañana por la mañana, oficialmente se habrá fugado estando bajo fianza —explicó Serena.

—¿Y entonces qué pasará? —preguntó Desi.

—Pues que el recaudador de su fianza enviará a unos gorilas para buscarlo y traerlo chillando y pataleando para que sea juzgado. Si no aparece, también querrá decir que se habrá convertido en fugitivo de la ley y me imagino que eso es lo que tenía pensado el juez Rose desde el principio. Me han dicho las malas lenguas que Jude sigue cabreado por lo de que tu ex sacara a su esposa desnuda de la cama y se la llevara en medio de la noche.

Desi había estado pensando en lo que les habría pasado a Harry y a ella si Byron y su hermano hubieran dado con la casa correcta esa noche. Se estremeció y pegó un respingo al mismo tiempo cuando sonó el teléfono que tenía al lado.

—Diga —dijo, y al oír música de fondo, supo quién era antes de que esa voz tan seductora sonara al otro lado de la línea.

—Hola, preciosa, sólo quería decirte que vamos a empezar la siguiente operación, así que estaré en casa dentro de unas dos horas —dijo Harry mientras se cambiaba de pijama para emprender el cambio de la rodilla derecha del señor Benson. Desi le dijo que había venido Serena y le contó lo que le había explicado. Teniendo en cuenta las fechas de la vista que iba a comenzar, las dos se dieron cuenta de que iban a tener que retrasar su visita a los padres de Harry ese fin de semana, pero ya tendrían tiempo de hablarlo más tarde. Harry notó que Desi necesitaba un abrazo sólo por el tono de su voz y deseó poder correr a casa un momento para hacerlo.

—¿Quieres que nos quedemos en casa esta noche, cielo? —preguntó Harry.

—No, pero tengo aquí a alguien que se muere por verte, así que ¿te importaría tener compañía durante la cena? —preguntó Desi, sonriendo a Butch.

—¿Tienes ahí a mi persona preferida menor de cinco años? —indagó Harry.

—Efectivamente, amor, y te echa de menos, así que llama y reserva para dos más.

Desi colgó e invitó a Serena y a su hijo a unirse a ellas para cenar esa noche. Tras aceptar, con gran alegría por parte de Butch, Serena prometió que volverían en cuanto se pasaran por casa para cambiarse.


Sentada en el restuarante Palace de la calle Canal del centro, Harry intentó disimular la sonrisa que amenazaba con escapársele del todo al advertir lo quedada que estaba Serena con la persona que se había sumado a la cena en el último momento. Rachel había llegado cuando Desi se estaba vistiendo y esperando a que Harry llegara a casa, de modo que le preguntó a su hermana si quería ir con ellos. Las dos hermanas tuvieron una larga charla sobre Serena y su papel en el pasado de Harry.

—¿No te molesta que se haya acostado con Harry? —preguntó Rachel mientras peinaba a Desi. La experiencia le decía a la pequeña de las dos hermanas que no se debía tentar al destino cenando con una de las antiguas amantes de tu pareja. Le iba a resultar raro ser la única del grupo sentado a la mesa esa noche que no había visto a Harry desnuda.

—Sí, claro que me molesta, ¿es que no la has visto? Esa mujer es despampanante y todo lo demás que yo no soy, pero Harry me quiere a mí, no a ella. Hasta la propia Serena lo reconoce, pero eso no cambia el hecho de que me den ganas de arrancarle los ojos si mira demasiado tiempo a Harry. Pero Butch quiere a Harry a morir, así que no podría privarla de esa relación, es demasiado importante para los dos.

Desi se metió por la cabeza el vestido de lino que Tony la había ayudado a escoger en una de sus salidas de compras y luego se puso un zapato plano. Sería agradable librarse por fin de todos sus trastos médicos para poder volver a ponerse dos zapatos.

—Tío Harry, ¿podemos pedir ya nuestro postre especial? —preguntó Butch desde el asiento que ocupaba al lado de Harry. El niño se había comportado como un perfecto caballero toda la noche, sentado apaciblemente con su chaqueta azul y el pelo repeinado hacia atrás. Desi lo miraba a menudo, pensando que tal vez sí estaba preparada para tener hijos ahora que tenía una pareja cariñosa para ayudarla a criarlos.

—Sí, mi niño, podemos. Nos espera una tarea especial, Butch —dijo Harry muy seria. Levantó la mano que sujetaba y besó sus nudillos antes de volver a depositarla en la mesa. Desi sonrió al ver el lado afectuoso de Harry, asombrada de sí misma por lo deprisa que había llegado a esperarlo.

—¿El qué, tío Harry? —preguntó Butch igual de serio.

—Vamos al baño y te lo explico —dijo Harry, pues había notado que, aunque Butch se portaba muy bien, se estaba agitando un poco en su silla alta. Disculpándose ante la mesa, Harry llevó al niño al cuarto de baño después de desviarse un momento para hablar con su camarero.

En la mesa, Desi se quedó mirando a Harry mientras ésta cruzaba la sala con Butch a su lado, de camino a los servicios. Ahora deseaba haber ido con ellos, no porque tuviera necesidad, sino porque con el ligoteo que se estaba desarrollando en su mesa, sus acompañantes ni siquiera se daban cuenta de que seguía allí. Para Desi era evidente que aunque a Rachel le molestaba que Harry hubiera salido con Serena, no le molestaba hasta el punto de impedirle lanzarse sobre la atractiva abogada.

Desi se distrajo contemplando los murales de músicos famosos que adornaban las paredes mientras esperaba a que volviera su cita. Por ahora había sido una velada agradable, con buena comida y buena compañía, pero le apetecía volver a casa y pasar un rato a solas con la buena de la doctora. Al ver que el objeto de su deseo salía del servicio con su pequeño protegido, Desi se distrajo un momento de sus observaciones por la llegada de los camareros. Los dos colocaron ante todos los comensales de la mesa la especialidad de la casa, un pudin de bizcocho de chocolate blanco regado con una salsa cremosa. Desi levantó la mirada del plato delicioso que tenía delante al oír que Harry volvía a sentar a Butch en su silla.

—Bueno, señoras, Butch tiene una cosa importante que deciros —dijo Harry, golpeando su copa de agua con el cuchillo de la mantequilla. La expresión de los ojos de Harry le dijo a Serena que su amiga se disponía a pasarlo bien y que su hijo era parte del plan—. Pero antes de que os explique esta cosa tan importante, primero tenéis que coger un cubierto y dar buena cuenta de este pedacito de cielo que os han puesto delante.

Harry y Desi intercambiaron miradas mientras seguían observando lo que ocurría entre Rachel y Serena. El pudin de bizcocho era maravilloso y cuando todo el mundo tuvo el plato vacío, Butch empezó a dar instrucciones.

—Esto es lo mejor, Desi. Lo dice el tío Harry, así que mírame, ¿vale? —pidió. Cogiendo el plato por los lados con las manitas, Butch lo levantó y le dio un buen lametón. Serena hundió la cara en las manos y Harry fue la siguiente en coger su plato. Los demás comensales que ocupaban otras mesas de alrededor no pudieron evitar echarse a reír al ver las cosas tan raras que estaban pasando en esa mesa compuesta por risueñas adultas y un solo niño. Al final, Desi vio el orgullo en los ojos de Butch por haber sido el que la introdujera en el delicado arte de lamer platos.

Se ofrecieron a llevarse a Butch a casa con ellas para que Serena pudiera acompañar a Rachel a un pequeño club de jazz que a Rachel le gustaba frecuentar. Desi prometió que dejarían a Butch con Mona por la mañana y se reunirían en los tribunales. Tras darle un beso de buenas noches a su hermana, Desi se metió en el ascensor con Harry y Butch.

Entre las dos le contaron un cuento al niño antes de acostarlo cuando llegaron a casa y luego se retiraron a la comodidad de su propia habitación por esa noche. Harry ayudó a Desi con el vestido y luego se arrodilló para quitarle el refuerzo de la pierna.

—Sabes, cielo, creo que ya puedes empezar a caminar un poco sin esta cosa, si no te duele nada. Ahora que empieza a hacer calor, puedes empezar a hacer ejercicio en la piscina para seguir con la recuperación —dijo Harry. Observaba la pierna con ojo clínico, tomando nota de cómo se sostenía Desi sin el refuerzo.

—Se lo debo todo a mi estupenda cirujana. Tengo pensado fugarme con ella, que lo sepas —dijo Desi. Se quedó de pie ante Harry, por primera vez sin nada, y esperó a ver cuál era la reacción. Cualquier temor que pudiera haber tenido desapareció cuando se vio transportada a la cama en brazos de Harry. Pasaron la noche abrazadas la una a la otra, sin necesidad de nada más.


—Parece que no lo comprende, señor Simoneaux. Si no aparece mañana a las ocho en punto de la mañana, usted se arriesga a perder mucho. Si tiene alguna idea de dónde está, lo mejor para usted, y no digamos para su hijo, es estar allí —dijo Bradley en el teléfono. Hacía más de una hora que estaba en casa y su mujer no parecía muy contenta de que se hubiera traído trabajo. Llevaba todo el día metida en casa con un niño de veinte meses y otro de tres que no habían dejado de berrear todo el santo día por diversas razones. De modo que ver que Bradley no parecía dispuesto a ocuparse de ellos un rato la estaba desquiciando. El propio Bradley estaba molesto porque su mujer no comprendía que si se las apañaba para cabrear a dos jueces seguidos en tan poco tiempo, ya podía ir despidiéndose de su carrera en ciernes. Y eso precisamente era lo que iba a ocurrir si el estúpido mecánico con quien hablaba no le daba mejores respuestas que las que le había dado hasta ahora.

—Le estoy diciendo, pedazo de imbécil, que no sé dónde está Byron, ¿cómo narices lo voy a llamar? Si lo supiera, yo mismo lo mataría y le ahorraría al tribunal las molestias de tener que ocuparse de él, y créame, Bradley, eso es lo que va a pasar si pierdo mi taller. Y además, ¿por qué está este juez tan furioso de repente? —preguntó Byron padre.

—Sus dos hijos entraron anoche en la casa del juez Rose y secuestraron a su mujer creyendo que era Desi —explicó Bradley. Empezaba a creer en la teoría del eslabón perdido cuanto más tiempo pasaba al teléfono con el padre de su cliente. El único talento que parecía poseer este hombre era que sabía manejarse con un motor.

—¿Cómo dice? Idiotas de mierda. Voy a perder mi negocio por esto, lo sé —gritó el viejo en el teléfono. Ahora ya no le parecía tan buena idea no haber exigido saber dónde iban sus hijos. No le habían comentado este pequeño detalle cuando le pidieron el coche y dinero para salir de la ciudad. Le habían dicho que habían entrado en la nueva casa de Desi y que la policía los perseguía, no que habían secuestrado a la mujer de un juez. Lo único que sabía el viejo era que estaban en algún lugar de Florida, pero no iba a poder llamar a todos los hoteles de mala muerte de Pensacola antes del día siguiente.

—Intente ponerse en contacto con ellos antes de mañana y si lo logra, dígale a Byron que se reúna conmigo por la mañana —le dijo Bradley antes de colgar. En cuanto el teléfono volvió a su sitio, su mujer le entregó a su hijo pequeño, que al instante le vomitó encima. A veces la vida era un asco.


—Mike, creo que esa piba de ahí te está echando el ojo, tío —dijo Byron desde su banqueta del bar. Se habían gastado la mayor parte del dinero que les había dado su padre tomando copas desde que llegaron a Florida. Con el sol y la arena era fácil olvidar los problemas que los aguardaban cuando volvieran a casa. El hombre borracho tenía la esperanza de que las cosas se hubieran calmado desde que se habían ido.

—Olvídalo, Byron. ¿No crees que deberíamos llamar al viejo para ver si ha ido la policía y le ha preguntado qué pasó? A lo mejor ahora ya está todo bien y podemos relajarnos y divertirnos —dijo Mike. La idea de una larga pena en la cárcel le estaba quitando el deseo de estar con cualquier mujer que pudiera sentir interés por él y empujándolo a la bebida.

—Qué va, vamos a esperar unos días. ¿Qué puede pasar? Si la policía nos está buscando, dará igual que la hagamos esperar, pero, créeme, colega, estas pequeñas vacaciones son una forma segura de librarnos de la cárcel. Ese viejo pringado y su juguetito no tienen ni idea de quién entró en su casa, así que relájate y pásalo bien —dijo Byron. Levantó la mano para llamar la atención del camarero y pidió otra ronda.

—Sí, supongo que tienes razón. ¿Qué podría pasar en los próximos días para empeorar la situación? —asintió Mike, bebiendo un gran trago de la copa que tenía delante.


PARTE 9


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