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—Adelante —exclamó Townsend.

Hennessey abrió la puerta de la habitación de la residencia de su amiga y entró.

—¿Quién me ha echado de menos?

—¡Yo! —exclamó Townsend, cruzando el cuarto a la carrera para lanzarse a los brazos de su amiga—. ¡Te he echado muchísimo de menos! Y pensé en ti en Navidad... deseando poder comer pavo frito.

—Mmm... ha estado bueno este año —dijo Hennessey, sonriendo—. Y también se nos salían las ostras por las orejas. Ha sido un año muy bueno para el marisco.

—¿Cómo están tu padre y tus abuelos? —Townsend llevó a su amiga hasta la cama y luego acercó la silla de su mesa.

—Papá ha estado bien esta vez. Vino a casa todas las noches y no estuvo visiblemente borracho mientras yo estuve allí. No sé qué haría cuando estuve en Hilton Head, pero las cosas fueron bien durante mi estancia en casa. Los abuelos están como siempre, trabajando demasiado, preocupándose demasiado. Ojalá pudiera acabar mis estudios para echarles una mano, pero ese sueño va a tener que esperar.

—¿Y qué tal el taller? ¿Estuvo bien?

—Estuvo requetebién —dijo Hennessey, sonriendo ampliamente—. Asistí a un seminario que dio tu madre y me dejó muy impresionada. Creo que por fin voy a tener que sacar algunos de sus libros y echarles un ojo. Es más profunda de lo que parece, Townsend.

—Sí, probablemente. Creo que es una de esas almas torturadas que se tiene que medicar para mantenerse cuerda. —Se encogió de hombros—. Supongo que es cosa de familia.

Hennessey alargó los brazos y estrechó a su amiga con fuerza.

—Tú nunca has estado más cuerda, colega. Estabas loca cuando bebías.

—Je... tal vez. Todavía es demasiado pronto para saberlo. Bueno, ¿y qué te trae por aquí a media tarde? Pensé que tendrías clase nada más volver.

—No, no empezamos hasta mañana. Y estoy aquí porque quiero hablar contigo de una cosa.

—¿Algo bueno? —preguntó Townsend con cautela.

—Es bueno para mí, pero a ti podría fastidiarte un poco —dijo la morena.

—Ah. No sé qué puede ser, así que venga.

Hennessey tomó aliento y dijo:

—Tengo la oportunidad de ir a Europa el año que viene. Hay un programa de literatura que se desarrolla en París... y aceptan estudiantes de todo Estados Unidos para que participen. Es muy intensivo y se imparte totalmente en francés... así que sería muy difícil. Pero creo que sería bueno para mí... que me ayudaría a ampliar un poco mis horizontes.

—¿Y crees que yo no querría que lo hicieras? —preguntó Townsend boquiabierta—. Creo que sería maravilloso para ti, colega. ¿Es en Navidad?

—No, esto es lo que no te va a gustar —dijo Hennessey—. Pasaría allí nueve meses. Sería todo mi tercer curso.

Townsend se reclinó en la silla y soltó un leve silbido.

—Todo el año, ¿eh? Vaya.

—Sí, ya lo sé, me costaría estar tanto tiempo lejos de ti, pero creo que el programa sería maravilloso. Me permitiría ahondar de verdad en otra cultura y obtener unos conocimientos de las artes y las letras francesas que jamás conseguiría en Estados Unidos. Como sabes, quiero hacer un doctorado en literatura y si cuento con un programa intercultural como éste, eso podría ayudarme a entrar en un buen programa.

Con una ligera sonrisa, Townsend dijo:

—Hennessey, tienes que hacerlo. Sería bueno para ti y bueno para tu carrera. No puedes rechazar una cosa como ésta.

—Ya, sobre todo porque sólo podría ir si consigo una beca completa. No ofrecen muchas, pero creo que tengo posibilidades.

—Seguro que tienes posibilidades, colega. Eres muy inteligente y serían muy afortunados de tenerte.

—Gracias —dijo Hennessey, sonriendo afectuosamente—. ¿Estás segura de que no te parecería mal que me fuera un año entero? Sé lo mucho que he llegado a depender de ti...

—Lo mismo digo —asintió Townsend—, pero tu carrera es lo primero. Tengo algunos buenos amigos aquí y las cosas van estupendamente con mi madrina. Estaré bien, Hennessey. Ni se te ocurra dejar que tu preocupación por mí te impida conseguir algo tan importante.

—Vale, lo solicitaré —dijo la morena. Sonrió a su amiga con aire travieso y dijo—: Robin no me ha mostrado tanto apoyo para nada. Me ha prohibido abandonarla al azar de los repartos de habitaciones de la residencia.

—Oh, Robin es un encanto, de ningún modo querría que desaprovecharas una oportunidad como ésta.

—Qué va, tienes razón. Se alegra por mí. Pero nos hemos hecho muy amigas y le va a costar vivir con otra persona.

—Sobre todo porque tiene la mejor compañera de cuarto del mundo —bromeó Townsend—. Bien sabe Dios que a mí me encantaría vivir contigo.

—Creo que tú tienes algo más de intimidad conmigo que Robin —dijo Hennessey, sonriendo—. Oye, ¿tenemos algo lo bastante cerca como para ir a cenar temprano?

Townsend indicó con la cabeza el montón de libros que había en su cama.

—No, no puedo. Tengo muchísimo trabajo. —Sonriendo a Hennessey, añadió—: Ahora, que si quieres quedarte y ayudarme con una historia corta...

—No, no, tengo mucho que hacer. Además, tengo la comida incluida en el alojamiento. No debería tirar el dinero si quiero tener francos suficientes para traerte regalos el año que viene.

—Ése es el tipo de planificación que me gusta —dijo Townsend—. Bueno, ve a organizarte y nos vemos el viernes... como siempre.

—Así quedamos —asintió Hennessey, dándole un beso suave a Townsend en la frente al tiempo que la abrazaba con delicadeza un momento—. Nos vemos entonces —dijo, apartándose de mala gana.



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 1 de marzo, 1996
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Me niego a aceptar que haya pasado un año entero desde nuestro memorable viaje a Martha's Vineyard, así que concédeme el capricho y acepta que tanto tu universidad como la mía nos van a dar vacaciones dentro de unas semanas sin el menor motivo :-)

Puede que sea tentar al destino, pero he pensado que a lo mejor te gustaría darle otra oportunidad al Vineyard. Aunque estoy segura de que tus recuerdos no son nada agradables, podría ser el momento ideal para darle la vuelta al ceño de la remembranza (¡me estoy convirtiendo de verdad en una puñetera Exploradora!)

Si Jenna decide no ir a su casa, también va a venir, así que incluso si el demonio me vuelve a tentar, seréis dos contra una :-). Bueno, ¿qué opinas, larga? Sé que te lo debería haber preguntado en persona cuando nos vimos anoche, pero pensé que a lo mejor no decías que no inmediatamente si tenías tiempo de pensarlo primero. Sí, me paso la vida tramando, pero tú me has dicho que eso es bueno.

Mi numeroso equipo de profesionales de la salud mental está de acuerdo en que estoy preparada para volver a intentar este pequeño experimento. Llevo todo este año esforzándome por aceptar a mi madre y estoy segura de que estoy progresando. No te lo he dicho, pero cuando está en la ciudad cenamos juntas una vez por semana. A veces la acompaña mi padre, y por ahora todo va muy bien. No he dicho nada, porque no quiero gafarlo... pero estoy dispuesta a correr el riesgo de gafarlo para intentar convencerte de que este año no va a ser una repetición del pasado. Así que piénsatelo, colega, y dímelo.

Con todo mi amor,
Townsend



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 2 de marzo, 1996
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Hola,

Te escribo en vez de llamarte porque Robin no podía permitirse las facturas y ha mandado cortar el teléfono, y no soporto hablar contigo en el pasillo. Necesito intimidad cuando hablamos.

La buena noticia es que estoy de acuerdo contigo en todo lo que dices sobre lo mucho que has cambiado. Me parece fantástico que estés esforzándote tanto en hacer las paces con tus padres, Townsend. Sé que todos saldréis beneficiados de este esfuerzo. También sé lo mucho que has trabajado para mantener tu sobriedad y estoy segura de que vas a seguir haciéndolo.

La mala noticia, bueno, mala no, más bien mal momento, es que mis vacaciones no coinciden con las tuyas. Las mías son una semana después, y como tengo que entregar unos trabajos importantes durante tus vacaciones, no puedo ni pensar en marcharme. Pero si hubiera alguna manera de hacerlo, estaría allí en un segundo. Y, para que conste, no creo que debas plantearte volver al Vineyard como una segunda oportunidad. Estás empezando a vivir tu vida, cariño, y lo estás haciendo estupendamente.

Espero que Jenna pueda ir contigo, pero si no puede, no dejes que eso te disuada. Podría estar bien que pasaras cierto tiempo a solas con tu madre... dado el poco tiempo que pasa despierta de día, en realidad no es tanto esfuerzo :-)

Pero acuérdate de decirle a tu madre que no revele nada de tu pasado si no le has contado esas cosas a Jenna. Siempre has sido muy abierta y a lo mejor tu madre no se da cuenta de que quieres guardarte algunas cosas.

Hablamos pronto,
Besos,
H



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 16 de marzo, 1996
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola,

Acabo de volver y necesito hablar contigo. Llámame, escríbeme, mándame una paloma mensajera. Pero ponte en contacto conmigo.

Townsend



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 16 de marzo, 1996
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Eh, ¿dónde estás? He arrastrado mi lindo culo hasta Cambridge para buscarte, puesto que ya no puedo llamarte.

¿Te ofenderías horriblemente si te compro un teléfono móvil? Hay veces que necesito hablar contigo, Hennessey, y aunque parece que tú prefieres el correo electrónico, yo no. Hazme saber si podrías tolerar un móvil, pero recuerda, no es un regalo para ti... es para mí :-)

Bueno, como no puedo hablar contigo como quiero yo, supongo que tengo que hacerlo como quieres tú. Esto parece una constante en nuestra relación, ¿te has dado cuenta? Yo quiero sexo, tú no. Yo quiero emborracharme, tú no. Yo quiero ponerme hasta arriba de drogas, tú no. La verdad es que creo que me toca conseguir algo que quiero y que no es malo para mí :-), así que te voy a comprar un móvil.

Volviendo al tema: tengo tantas cosas a la vez en la cabeza que tengo que soltar lastre, así que prepárate para un volcado mental.

La semana ha sido un éxito moderado. De hecho, yo habría pensado que fue un éxito tremendo de no haber sido por el último día. Mi madre se mostró increíblemente civilizada y hasta logró cambiar su horario de locos para estar despierta e invitarnos a comer fuera en varias ocasiones. Mi madre y Jenna no tienen mucho en común, pero las dos hicieron todo lo posible por intentar mantener una conversación. Sabes, mi madre me dijo una cosa en un momento en que estábamos solas. Dijo que aunque está orgullosa de mí por no beber, cree que el cambio más grande que he hecho en mi vida es que ahora elijo amigos sanos que me ayudan a mantenerme sana. Creo que te incluía a ti en ese grupo, larga :-)

Bueno, el caso es que Jenna parecía estar pasándolo bien, aunque nuestro estilo de vida es muy distinto del suyo. Una cosa de la que sí estoy segura es que le encantó la isla. Es muy diferente de su Utah natal y creo que si le dan media oportunidad, podría engancharse por completo al mar.

Hablamos mucho de lo que queríamos hacer al acabar la universidad, y yo le propuse que se quedara en la costa este un tiempo, puesto que parece gustarle tanto. Por desgracia, Boston no está lleno de jóvenes mormones en edad de merecer, así que está bastante segura de que se volverá a Utah cuando nos graduemos. Me enteré de una cosa que es una chifladura total, Hennessey, y tuve que hacer auténticos esfuerzos para no preguntarle si estaba loca. Se tiene que ir de misionera a algún sitio durante dos años para difundir la fe, y probablemente lo hará nada más graduarse. Podrían mandarla a cualquier lugar del mundo... el Ártico, Australia, Haití, Suecia... a cualquier parte. No sé tú, pero yo nunca podría dejar que nadie me dijera dónde tengo que vivir y qué tengo que hacer durante dos años... pero eso probablemente ya lo sabes :-). Bueno, basta de hablar de ella... vamos a hablar de mí :-)

Como he dicho, las cosas fueron muy bien hasta el último día. El sábado yo tenía que ir a mi reunión de AA y ella quiso ir al pueblo conmigo. Así podía pasarse una hora a solas mirando tiendas. Estaba de buen humor cuando la dejé e hicimos planes para comer cuando volviera.

Ahora bien, es posible que hayas notado que la gente de la isla no siente un especial cariño por mí :-). No sé si Jenna oyó a los nativos sonar la alarma para encerrar a sus hijas o qué, pero cuando volví estaba... distinta. Es lo único que se me ocurre para describirlo, Hennessey. Estaba distinta.

No quiso comer, y durante el resto del día apenas conseguí sacarle dos palabras seguidas. Ni siquiera mi madre logró hacerla hablar, y ya sabes lo bien que se le dan estas cosas. Jenna se fue a la cama en cuanto volvimos de cenar y hoy ha estado muy callada en el viaje de vuelta. Cuando llegamos a nuestro cuarto, me dio una excusa de lo más tonta y se fue, y desde entonces no la he visto.

Sé que no es posible que adivines lo que la tiene preocupada, pero te agradecería mucho que me ayudaras a tranquilizarme. Es muy buena amiga, Hennessey, y no quiero perderla. Jenna y tú sois mis únicas amigas de verdad y os necesito a las dos. Estaré en mi habitación, esperando a que una de las dos venga a rescatarme.

Townsend


—Hola —dijo Hennessey por encima de la cacofonía que había cerca de la entrada de la biblioteca—. ¿Quieres que me pase por ahí?

—Mm... no, ahora no me viene bien —dijo Townsend, con tono muy circunspecto—. ¿Qué tal para cenar? ¿Puedes?

—Sí, claro. ¿Me paso por tu residencia?

—No, no, voy yo a Cambridge. Iré a una reunión a las cinco y luego voy a tu residencia. Estaré ahí a eso de las seis y media, ¿vale?

—Claro. ¿Estás bien? No suenas muy bien.

—Mm... sí. Estoy bien. Nos vemos luego, ¿vale?

—Así quedamos —dijo Hennessey.


Cuando Hennessey abrió la puerta de su cuarto, Townsend le alargó un diminuto teléfono móvil.

—No me discutas —dijo—. Ya lo he comprado y lo he hecho programar y ya no lo puedo devolver. Te he incluido como miembro de mi plan familiar, así compartiremos minutos. Puedes usarlo siempre que quieras... siempre y cuando me llames a mí. —Sonrió a su amiga con aire taimado y Hennessey supo que las cosas iban mejor con Jenna.

—Acepto el teléfono, pero necesito un abrazo en condiciones —dijo la mujer más alta. Townsend se pegó a ella, abrazándola largo rato.

Cuando se apartó, se atusó el pelo y dijo:

—No sé qué demonios ha pasado, pero Jenna parecía casi normal cuando volvió a la habitación. Todavía no se le ha pasado del todo lo que le preocupa, porque la pillé mirándome con cara de desconcierto cuando no sabía que la estaba mirando, pero al menos ya me habla.

—Jo —dijo Hennessey, soltando a su amiga—. Debe de haber oído algo que la hizo sentirse confusa o le molestó. —Hennessey miró al suelo, intentando decidir con cuánta franqueza debía hablar—. Mm... te has enemistado con alguna gente del pueblo, cariño. Y en un pueblo pequeño a la gente le encanta cotillear. El día que estuviste en la cárcel hablé con bastantes personas cuando te estaba buscando. Por lo que oí, debes de haber fastidiado a algunas personas... y mucho.

Townsend se sentó en la cama de su amiga, asintiendo brevemente.

—Pues sí. Los Kennedy jóvenes llevan ya muchos años portándose bien, así que ahora la paria de la isla soy yo. Qué asco —dijo, bajando la cabeza—. No puedo creer que me sintiera orgullosa de ver cómo la gente se cruzaba de acera para no tener que pasar a mi lado. Ahora quiero caer bien, Hennessey, pero me parece que las probabilidades son escasas.

—Qué va, no digas eso —dijo Hennessey—. La gente puede cambiar y a todo el mundo le encanta ver cómo se rehabilita una persona joven. Con el tiempo, empezarás a caerles bien. Es imposible que no caigas bien cuando dejas que alguien te conozca.

Alargando la mano para revolver el pelo de su amiga, Townsend le sonrió de oreja a oreja.

—Gracias. Eres estupenda para mi ego.

—Tienes un ego adorable —dijo Hennessey—. Es sólo que de vez en cuando necesita un empujoncito. Bueno, vamos a comer algo y te cuento cómo me ha ido esta semana. No hemos hablado de mí casi nada.

Levantándose, Townsend se cogió del brazo de su amiga.

—Es increíble que toleres cómo te trato. Tú siempre, siempre deberías ser lo primero, Hennessey.

Agachando la cabeza para besar la coronilla de la cabeza rubia de Townsend, Hennessey dijo:

—Así se habla, lo importante soy yo.


—¿Cómo es posible que haga tanto frío en marzo? —preguntó Townsend mientras caminaban por las bulliciosas calles de Cambridge.

—N... no lo sé —dijo Hennessey, temblando visiblemente.

—¡Dios! Sé que tienes un abrigo más grueso que éste —dijo Townsend, tirando de una fina manga—. ¿Dónde está?

—Es que recogí toda mi ropa de invierno y la envié a casa —reconoció Hennessey—. No creí que fuera a necesitarla ya y tenía tiempo libre durante las vacaciones. Al principio me vine con dos maletas, pero ahora tengo más ropa y pensé que sería la forma más eficaz de trasladar mis cosas a casa.

—¡Sí, es eficaz, pero un poco prematuro!

—Y me lo dices ahora —dijo Hennessey—. ¿Dónde estabas cuando necesitaba consultarte?

—Vamos a volver en autobús —dijo Townsend—. Estamos a casi dos kilómetros de tu residencia.

Hennessey tenía tanto frío que apenas se resistió. Corrió a la primera parada de autobús que vio y se acurrucó en un rincón de la marquesina, castañeteando los dientes por el viento gélido.

En el plexiglás había un gran hueco que parecía dar más fuerza al viento, en lugar de cortarlo, y Hennessey estaba a punto de parar un taxi, una extravagancia que normalmente ni se le habría pasado por la cabeza.

Townsend llegó corriendo hasta ella, jadeando apenas.

—Parece que te vas a convertir en un gran polo sureño —reprendió a su amiga.

—F... f... frío —asintió Hennessey, con los labios morados.

—Ven aquí. —Townsend se abrió el abrigo de lana al tiempo que le indicaba a Hennessey que se sentara en el pequeño asiento diseñado para que los clientes estuvieran mínimamente cómodos. La morena obedeció, mirando a su amiga con ojos interrogantes—. Rodéame con los brazos —le dijo Townsend y Hennessey cumplió la orden.

La mujer más menuda se acercó más y luego echó su abrigo por los hombros de Hennessey, envolviéndola en la suave lana de color tostado.

—Oh, Dios, qué gusto —farfulló Hennessey, con la voz apagada por el cuerpo y la ropa de Townsend.

Townsend acarició la espalda de su amiga y al poco la morena dejó de temblar.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó Townsend amablemente. Besó el reluciente pelo oscuro, quedándose ahí un momento, dejando los labios en contacto con la cabeza de Hennessey.

—Sí. Me encuentro... bien —dijo Hennessey.

Algo en su tono de voz extrañó a Townsend, que se echó hacia atrás para mirar a su amiga a los ojos. Por primera vez desde hacía un año, captó un indicio de anhelo en los hermosos ojos y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, se agachó ligeramente y capturó los labios sonrosados y llenos con los suyos, encantada al oír el leve gemido que se escapó de la boca abierta de Hennessey.

Sin pararse a pensar, Townsend se sentó a horcajadas encima de ella, abrazándola con frenesí. Forcejearon la una con la otra, intentando pegar más sus cuerpos, mientras Hennessey chupaba con fuerza los labios de Townsend.

De repente, la lengua de Townsend llenó la boca de Hennessey y empezaron a moverse y apretarse la una conta la otra, gimiendo sin darse cuenta. El autobús llegó, se paró y se fue... ninguna de las dos mujeres se percató en absoluto de que había pasado.

Las manos de Hennessey se movían por la espalda de Townsend, clavando los dedos en la carne mientras intentaba en vano que la mujer más menuda se pegara más a ella. Con el ansia de fundirse por completo con ella, Hennessey estrechó a su amiga con tal fuerza que le hizo daño y Townsend se encogió de dolor.

—Oh, mierda —gimió Hennessey, hablando despacio y con dificultad—. ¿Te he hecho daño?

—Sí —jadeó Townsend, con los ojos medio cerrados—. Házmelo otra vez. ¡Ya!

Parpadeando sorprendida, Hennessey volvió a seguir las instrucciones al pie de la letra. Siguieron forcejeando, jadeando sin aliento hasta que poco a poco el ritmo de sus besos pasó de frenético a descaradamente erótico.

Townsend sujetó la cabeza morena entre sus manos y miró profundamente a los ojos de Hennessey. Al no ver más que excitación y deseo, se inclinó para tocar los labios sonrosados con una ligerísima presión. Con la punta de la lengua, obligó dulcemente a Hennessey a abrir la boca. Se deslizó dentró de esa boca húmeda y cálida, sintiendo que por fin estaba en casa. La lengua de Hennessey bailó con la de Townsend, siguiendo un ritmo lento y sensual.

Pegándose al estómago de Hennessey, Townsend apretó las caderas contra su compañera, gimiendo suavemente cuando un par de manos grandes le cogió los pechos y se los apretó.

—Ohhh —ronroneó la rubia—. Es fantástico.

Animada por la respuesta, Hennessey volvió a llenarse las manos, masajeando la carne firme mientras su lengua se movía por la boca abierta de Townsend.

De repente, la luz deslumbrante de una linterna las iluminó de lleno y Hennessey levantó el brazo con el que rodeaba a su amiga para taparse los ojos. Una voz sin rostro les habló.

—Como sigan así, voy a tener que arrestarlas. Están a punto de cometer indecencia pública.

Sin dejar de protegerse los ojos, la voz temblorosa de Hennessey respondió:

—Sí, señor. Lo siento, señor. No volverá a pasar.

—Ya —dijo el agente, sabiendo que sólo en el curso de este turno volvería a ver lo mismo una o dos veces más. Arrancó el coche y se alejó despacio, dejando atrás a dos mujeres frustradas, una de ellas mortalmente avergonzada.

Hennessey apoyó la cabeza en el pecho de su amiga, aspirando profundas bocanadas de aire con regularidad hasta que notó que se le calmaba el corazón.

—No pasa nada, cariño. Estamos bien —la tranquilizó Townsend—. Hay un hotel no muy lejos de aquí. Ven conmigo. —Se levantó y alargó la mano, pero esta vez Hennessey no obedeció.

Con los ojos llenos de pánico, la morena dijo:

—No, no, tengo que volver a la residencia. ¡Tengo que volver!

—¿Qué? ¿Por qué?

—¡Porque acaba de pasar esto! —dijo, como si eso lo explicara todo.

Parpadeando confusa, Townsend preguntó:

—¿De qué demonios hablas? Claro que acaba de pasar esto. Habíamos decidido esperar hasta que estuviéramos preparadas, cariño. Acordamos que no íbamos a poner una fecha fija. ¿No te acuerdas?

—Claro que me acuerdo, pero no estamos preparadas para esto, Townsend. ¡No lo estamos! Nuestros cuerpos están más que listos, pero nuestros cerebros no. Lo sé... ¡lo sé!

—¡Oh, Dios, Hennessey, otra vez no! —La rubia se apartó del regazo de Hennessey y se dejó caer en uno de los duros asientos de plástico—. ¡No lo dirás en serio!

Acuclillándose y pasando la mano por el suave pelo rubio, Hennessey miró a su amiga con un profundo dolor en los ojos.

—Lo digo en serio. Ojalá no fuera así. ¡Dios, ojalá no! —Se echó a llorar y las lágrimas calientes le resbalaron por las mejillas heladas—. Te deseo muchísimo, Townsend, pero no estamos preparadas.

Townsend la miró, intentando averiguar qué ocurría dentro de esa cabeza morena. Incapaz de descifrar las señales contradictorias que recibía, dijo:

—Yo sí. Estoy preparada, Hennessey, y sé lo que deseo. Te deseo a ti y te deseo ahora.

—Ya lo sé —dijo Hennessey suavemente—. Lo... lo siento, Townsend, pero mi conciencia no me permite hacer esto. Ojalá se callara y me dejara hacer lo que el resto de mi cuerpo desea hacer... pero no se calla. Y no voy a hacer el amor contigo hasta que esté segura. No puedo hacer eso... no puedo hacernos eso.

Townsend tomó aliento con tanta fuerza que parecía que iba a aspirar la mitad del oxígeno de Cambridge.

—No voy a perder el tiempo intentando convencerte de lo contrario —dijo—. No merece la pena gastar tanta energía. Cuando tomas una decisión, no tengo nada que hacer. —Se levantó de nuevo y miró a su amiga con tal frialdad que para Hennessey fue como una bofetada—. Es el momento adecuado, Hennessey. Estoy más madura y más segura que nunca de que tú eres la mujer de mi vida. He dado pasos de gigante en este último año y tú afirmas que también tú te has dado cuenta. Pero creo que sólo lo dices para apaciguarme. Si de verdad creyeras en mí y en mi madurez... —Meneando la cabeza, echó a andar en dirección contraria, levantando la mano en un gesto de rechazo cuando Hennessey la llamó.

—Por favor, no te vayas —exclamó Hennessey—. Por favor, quédate para que podamos hablar de esto.

—No hay nada de que hablar. Hemos hablado hasta la náusea. Ha llegado el momento de dejar que fluyan nuestros sentimientos, Hennessey.

—Por favor, Townsend, por favor, no te vayas. ¡Te quiero!

—No, no lo suficiente —dijo la mujer más joven con dificultad y sus palabras flotaron en el viento frío y seco.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 17 de marzo, 1996
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Hola,

No sé mucho de teléfonos móviles, pero sí lo bastante como para comprender que has bloqueado mi número. No te culpo, Townsend, en serio. Si estuviera en tu lugar, me sentiría muy herida y tardaría mucho en superarlo.

Pero por favor, déjame hablar contigo. No soporto que me huyas así, cariño. Sé que podemos solucionarlo si hablamos.

Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 17 de marzo, 1996
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:
Como mi número sigue bloqueado, acudo de nuevo al correo electrónico. Escucha, Townsend, sé que estás herida, pero tienes que darme una oportunidad para que me explique. Después de todo lo que hemos pasado, creo que eso sí me lo merezco.


Hennessey estaba ante la puerta del cuarto de Townsend, cambiando nerviosa el peso de un pie a otro. Dos mujeres pasaron ante ella y ya no pudo retrasarlo más, de modo que llamó a la puerta. Segundos después, abrió Jenna.

—Hola —dijo, sin que su expresión revelara nada.

—Hola, Jenna. ¿Está Townsend?

—No. De hecho, no sé si volvió anoche. Creía que estaba contigo.

—Oh, mierda —dijo Hennessey, cerrando los ojos con fuerza para evitar echarse a llorar—. Mm... ¿quieres llamarla al móvil?

—Claro. Pasa, Hennessey, mientras intento localizarla. —Las dos entraron en la habitación y Jenna cogió el teléfono, marcando el número de la memoria asignado al teléfono móvil de Townsend. Al cabo de un momento sonrió y dijo—: Hola, ha venido Hennessey a buscarte. ¿Volviste a casa anoche?

Hennessey daba vueltas por la habitación, intentando distraerse mirando los restos de entradas y los menús pulcramente pinchados en un tablero de corcho encima de la mesa de Townsend. Oyó que Jenna hacía una pausa para escuchar a Townsend y que luego decía:

—Ah. Mm... claro. Se lo diré. Te... ahhh... ya nos veremos, ¿vale?

Jenna colgó y carraspeó.

—Está en casa de sus padres. No sabía que iba a ir a casa a pasar el fin de semana, pero no vuelve hasta el domingo por la noche.

Hennessey le sonrió tensamente y dijo:

—Gracias, Jenna. Ya nos veremos.

—Vale —dijo la joven, con un tono falso de despreocupación—. Hasta luego.

Cuando la puerta se cerró tras ella, Hennessey apoyó la mejilla en la puerta y dejó escapar las lágrimas. La gente pasaba a su lado, pero le daba igual que la vieran. Nada tenía importancia salvo Townsend.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 17 de marzo, 1996
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Querida Townsend,

Sé que vas a tardar, pero espero de verdad que puedas perdonarme y que podamos volver a ser amigas. Eres tan importante para mí, tesoro. Te quiero con todo mi corazón, y para mí también es duro no poder tener una relación sexual contigo en estos momentos. Te juro por Dios que no te estoy rechazando, Townsend. Anoche me quedé despierta pensando por qué reaccioné de esa manera y creo que esta vez no se trata de ti: soy yo la que no está preparada. Eso no quiere decir que no vaya a estarlo nunca, sólo que no estoy preparada ahora.

Te creo cuando dices que tú sí estás preparada para tener relaciones sexuales, cariño, pero tenemos que estar las dos en la misma onda. Te prometo que voy a intentar averiguar qué es lo que me impide demostrarte lo que siento, pero no puedo saber cuánto voy a tardar.

Por favor, por favor, no renuncies a lo nuestro. Tú eres mi futuro, Townsend, y no puedo imaginarme la vida sin ti.

Espero que puedas ponerte pronto en contacto conmigo.

Hennessey


—Adelante.

Townsend asomó la cabeza en el cuarto de Hennessey y vio a Robin sentada ante el ordenador.

—¡Oh! Hola, Townsend. Hennessey no está aquí en estos momentos.

—Mm... ¿sabes dónde está? Ésta es la noche en que solemos salir a cenar.

—Pues... aahhh... —Robin le sonrió cortada de medio lado y dijo—: Creo que no te esperaba. Ha... ha estado muy deprimida toda esta semana, Townsend. Cree que la odias.

Townsend suspiró y se sentó en la cama.

—Yo nunca podría odiarla, Robin. Nunca. —Cerró los ojos y se pasó las manos por el pelo, luego alzó la cabeza y preguntó—: ¿Sabes lo que está pasando entre nosotras?

—Pues no. Lo único que me ha dicho es que estabas enfadada con ella y que no querías hablar con ella.

—Más o menos —asintió Townsend—. Estaba muy enfadada con ella, pero nunca podría odiarla. Estoy frustrada y sigo cabreada, pero sé que podemos solucionarlo.

Robin se levantó y se acercó para sentarse al lado de Townsend. Poniéndole la mano en la pierna, dijo:

—Te quiere muchísimo. No tienes ni idea de lo que ha sufrido esta semana. He estado a punto de llamar a su abuela para preguntarle cómo podía animarla.

—Oh, joder —masculló Townsend—. Debería haber seguido en contacto con ella, aunque estuviera enfadada.

Robin se encogió de hombros y dijo:

—Lo peor para ella ha sido que le hayas bloqueado el correo. Creo que comprendía que no quisieras hablar por teléfono, pero que no le permitieras hablar contigo de ninguna manera ha sido muy duro.

—Lo sé, lo sé. Es que estaba... —Resopló y preguntó—: ¿Sabes dónde está?

—No, no lo sé. Te puedo decir por dónde suele moverse, si eso te ayuda.

—Sí. La voy a encontrar, como sea. ¿Me llamas al móvil si vuelve antes de que la encuentre?

—Claro. Por supuesto. Mm... no tendrás el teléfono del pasillo bloqueado también, ¿verdad?

Encogiéndose, Townsend dijo:

—Lo desbloqueé el miércoles. Supongo que no lo ha vuelto a intentar.

—Eso no es propio de ella, Townsend —dijo Robin, al tiempo que le pasaba un papel con la lista de los lugares donde solía ir Hennessey—. Me dijo que pasó una nota por debajo de tu puerta diciéndote que no iba a intentar ponerse en contacto contigo de nuevo. Cuando promete algo, puedes estar segura de que va en serio.

—Eso sí que es cierto —dijo Townsend suavemente—. Pero a veces, como todo el mundo, promete cosas que no puede cumplir.


—Se me tendría que haber ocurrido empezar por la biblioteca —dijo Townsend cuando encontró a su amiga tres horas después. La rubia se dejó caer en una silla al lado de la sorprendida mujer y meneó la cabeza—. Sería una detective nefasta.

La calma de Hennessey duró menos de un minuto y entonces se le llenaron los ojos de lágrimas y se abrazó al cuerpo de Townsend.

—Lo siento mucho, cariño. Lo siento muchísimo.

—Shh... shh —la tranquilizó Townsend. Acarició con las manos el pelo espeso y oscuro de Hennessey, susurrándole suavemente—. Lo vamos a solucionar. En serio.

—¿Estás segura? —preguntó Hennessey con voz temblorosa.

—Claro que sí. Por cosas peores hemos pasado, ¿no?

Con una débil sonrisa, Hennessey asintió.

—Supongo que sí.


La pareja encontró un sitio tranquilo cerca de la biblioteca y se sentaron en la tierna hierba. Era evidente que Hennessey estaba nerviosa y seguía algo llorosa. Townsend se apoyó en un árbol y tiró de la mujer más grande hacia ella. Como una niña, Hennessey se pegó a su amiga, hundiendo la cara en su cuello.

Acariciándole suavemente el pelo oscuro, Townsend susurró:

—Siento haberte hecho daño, cariño. Lo siento muchísimo.

—Da igual —murmuró Hennessey—. Yo también te he hecho daño.

—Sí, eso es cierto —asintió Townsend—, pero no lo hiciste a propósito. Pero yo te he dejado aislada y eso ha sido una crueldad.

—Gracias —susurró Hennessey, echándose a llorar de nuevo—. Yo... sabía que te sentías herida, pero me rompiste el corazón al no querer saber nada de mí.

—Nunca volveré a hacerlo —dijo Townsend—. Te lo prometo, cariño.

Sorbiendo, Hennessey preguntó:

—¿Qué hacemos ahora?

Townsend se quedó callada largo rato, poniendo en orden sus ideas y censurando las que sabía que serían rechazadas a toda prisa.

—Mm... creo que necesitas hacer examen de conciencia, cielo, y decidir si quieres ser mi amante o mi amiga.

Hennessey se incorporó, con los ojos desorbitados de preocupación.

—¡Quiero ser tu amante! ¡Te lo juro! Es que... no estoy preparada.

—Pues entonces tienes que averiguar por qué no estás preparada. Creo que necesitas hablar con alguien, Hennessey. Tienes que averiguar qué es lo que te frena.

La cabeza morena asintió y Hennessey dijo:

—El lunes fui al centro de orientación para estudiantes. Lo estaba pasando muy mal y necesitaba ayuda para no hundirme.

Con la cara llena de dolor, Townsend susurró:

—Oh, cariño, cuánto siento lo que te he hecho. No quería hacerte tanto daño.

—No pasa nada, en serio —dijo Hennessey—. La abuela siempre dice que uno aprende las lecciones a base de lágrimas.

Townsend sonrió a su amiga.

—Normalmente estoy de acuerdo con tu abuela, pero odio haberte hecho llorar. ¿Crees que vas a volver al centro de orientación? Podría ser muy bueno para ti hablar con alguien de lo que sientes.

—Si ya lo he hecho —dijo Hennessey, mirando a Townsend algo desconcertada—. Me desahogué un poco y ahora me siento mucho mejor.

La rubia se quedó mirando a su amiga un momento, debatiéndose con sus emociones. Decidiendo que intentar convencer a Hennessey de que hiciera terapia no iba a servir de nada, se limitó a asentir.

—Me alegro de que te sientas bien, larga, y lamento muchísimo haberte hecho daño.

—Yo también te he hecho daño, Townsend. Vamos a intentar olvidar todo esto y empezar de nuevo.

Townsend consiguió sonreír, pero en el fondo de su corazón sabía que Hennessey no estaba más preparada ahora para empezar de nuevo que la noche en que la besó.


Dos semanas después, Hennessey estaba tumbada, contemplando el techo de su habitación.

—¿Lo has pasado bien esta noche? —preguntó Robin.

—Mm... sí, supongo. No... no es igual, pero todavía me gusta estar con ella.

—¿Qué es lo que no es igual?

—Nuestra relación —dijo Hennessey—. Townsend ya no comparte las cosas conmigo como antes. Es... es como si ahora tuviera miedo de mostrarse vulnerable conmigo. Está... cautelosa.

Robin se sentó en la silla de su mesa y la acercó rodando hasta su amiga.

—La verdad es que no puedes echárselo en cara, Hennessey. Quiere algo de ti que tú no le puedes dar. ¿Cómo va a comportarse?

—No lo sé —farfulló la morena—. Es que la echo de menos. La echo muchísimo de menos, Robin. Nunca he tenido una relación tan íntima con alguien que no fuera de mi familia y perder esa intimidad me está volviendo loca.

—A lo mejor se está protegiendo un poco —supuso Robin—. Es decir, dentro de menos de dos meses tú vuelves a Carolina del Sur y luego te vas a París un año entero. Para serte sincera, Hennessey, no me extraña que se esté apartando un poco. Es evidente que va a tardar un año más en conseguir lo que quiere... como poco. Eso es mucho tiempo... sobre todo para alguien como Townsend. No parece ser el tipo de chica a la que le guste esperar.

—No, no lo es —asintió Hennessey—. Supongo que tienes razón. A lo mejor sólo intenta protegerse un poco. Dios, espero que sólo sea eso.


PARTE 10


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