8



El sol dorado pendía en lo más alto y la brisa era ligera, haciendo que este día de finales de primavera resultara anormalmente caluroso. Hennessey Boudreaux caminaba a buen paso a pesar del calor, observando el encantador recinto del colegio privado de Vermont en el poco tiempo que tenía. Por razones que no sabía explicar, era importante para ella ver el entorno donde había estado viviendo Townsend, aunque tuviera que hacerlo a toda velocidad. Qué bonito es esto, pensó. Casi tengo la sensación de paz de la que hablaba Townsend en invierno. Es fácil ver por qué la naturaleza se ha convertido en una adicción sustitutiva para ella. Sacudiendo mentalmente la cabeza, la morena alta y delgada pensó: No creo que Townsend esté nunca libre de adicciones. Pero engancharse a los grandes espacios abiertos es muchísimo más sano para ella que las drogas y el alcohol.

Hennessey miró el reloj y vio que ya era cerca de mediodía. Aceleró el paso y no tardó en llegar al espléndido salón de actos del colegio. Tras entregar su entrada a un acomodador, soltó un suspiro de alivio cuando el joven le informó de que podía sentarse donde quisiera. No tenía nada en contra de los Bartley, pero le parecía que disfrutaría más de los acontecimientos del día manteniendo las distancias todo lo posible. Explorando rápidamente a la multitud, reconoció a la madre de Townsend. Había un nutrido grupo de padres y profesores alrededor de Miranda, y Hennessey dio las gracias en silencio al colegio por permitir sentarse libremente. Miranda era una mujer agradable, pero la morena sabía que tomar parte en la adulación sólo perjudicaría su propia relación con Townsend. Ocupó un asiento unas seis filas por detrás de los padres y los abuelos de Townsend y dedicó los siguientes minutos a intentar conciliar sus imágenes mentales con las personas a las que ahora observaba.

Llegando a la conclusión de que el hombre de rasgos finos y pelo castaño era el padre de Townsend, Hennessey buscó en vano algún parecido entre Townsend y él. Al cabo de un rato admitió la derrota y pasó a la pareja de más edad sentada al lado del señor Bartley. Sabía que los padres de Miranda todavía vivían, pero que no habían conseguido acudir al acto. De modo que el hombre de pelo cano y la mujer morena tenían que ser los abuelos paternos de Townsend.

Cuando una atractiva mujer de pelo gris sentada en la fila se levantó y se volvió, Hennessey se quedó de piedra al ver cuánto se parecía la mujer a Townsend. Estoy segura de que su abuela ya no vive. A lo mejor me he confundido, pensó Hennessey. La mujer morena debía de ser tía de Townsend. Pensó y pensó, pero no recordaba mención alguna sobre un tía. Su confusión aumentó cuando la mujer morena se inclinó y besó al caballero canoso. El beso fue casi casto, pero la pareja tenía algo que dejaba claro que eran amantes, en lugar de padre e hija. Me parece que voy a tener que preguntarle a Townsend unas cuantas cosas sobre sus parientes. O su abuelo está casado con una mujer de veintitantos años o los Bartley aprueban el incesto. Conociendo a la familia, no quiero ni imaginar cuál de las dos posibilidades es la acertada.

Mientras estudiaba la dinámica familiar, una orquesta de cámara empezó a tocar una relajante obra clásica. Cuando terminó, el público se puso en pie para el desfile de profesores y graduados. A pesar de lo grande que era el colegio, el curso era muy pequeño y Hennessey calculó que constaba tan sólo de unos cincuenta miembros. Townsend formaba parte de la primera pareja de alumnos y Hennessey vio perfectamente su cara sonriente cuando el grupo subió por el pasillo central y se colocó en unas filas de asientos situados en la parte de delante del salón de actos.

El director fue al atril y empezó a hablar, pero Hennessey dejó de escucharlo inmediatamente. Estaba allí por una sola razón, que era mostrar su apoyo a Townsend.

Las últimas semanas habían sido durísimas para las dos jóvenes, y Hennessey sabía que sus propios estudios se habían resentido por el dolor que sentía. Soy yo quien decidió que Townsend y yo teníamos que concentrarnos en nuestra amistad y no en tener una relación física, pero sigo sin estar segura de que la decisión haya sido correcta. La abuela siempre me ha dicho que una decisión es correcta si puedo dormir bien después de tomarla. Así que o esta decisión ha sido un completo error o la abuela se equivoca de medio a medio... porque llevo sin dormir bien desde el día en que rompimos.

Cerró los ojos y sacudió la cabeza, intentando despejársela. No rompimos, se volvió a recordar a sí misma. Es que quedó claro que Townsend estaba forzándose demasiado a sí misma para agradarme, en vez de hacer lo que tenía que hacer para alcanzar la sobriedad y mantenerla. Contemplando el techo artesonado, Hennessey pensó: A veces no me siento lo bastante madura para tomar mis propias decisiones, así que no digamos las que afectan tanto a otra persona.

El tiempo pasó muy deprisa y el director no tardó en llamar al estrado a la persona que iba a pronunciar el discurso de apertura. Hennessey se encogió un poco, sabiendo que Townsend se oponía con vehemencia a que su madre pronunciara el discurso. Pero cuando Miranda empezó a hablar, la morena se sintió conmovida por las palabras conciliadoras que había elegido la conocida escritora. Miranda habló de lo difícil que era alcanzar la mayoría de edad a finales del siglo XX y de lo mucho más difícil que era resistir las tentaciones que tan al alcance estaban de los acaudalados jóvenes del colegio privado. Ante la sorpresa de Hennessey, Miranda dijo también que se temía que muchos de los padres presentes no se habían ocupado en absoluto de sus hijos tan bien como podrían haberlo hecho. Estaba claro que se incluía a sí misma dentro de este grupo e incluso derramó unas lágrimas al reconocer que había fallado a su hija en muchos sentidos a lo largo de los años.

Miranda, cosa sorprendente, dijo que tanto los alumnos como los padres prestaban demasiada atención a la universidad y no la suficiente a las cosas que importaban de verdad. Terminó su discurso haciendo un llamamiento a alumnos y padres para que se comprometieran a conocerse mejor e intentaran buscar un terreno común para fortalecer y asegurar los lazos familiares.

El discurso fue muy bien recibido y en cuanto cesaron los aplausos, todos los graduados se pusieron en pie, con un aire muy erudito, vestidos con los colores del colegio: togas y birretes de color azul marino para los hombres y de color granate para las mujeres.

El de Townsend fue el segundo nombre de la lista y Hennessey tuvo que hacer un auténtico esfuerzo para no montar una escena. La morena aplaudió con tal fuerza que le acabaron doliendo las manos y para cuando Townsend llegó al estrado Hennessey se enjugaba las lágrimas de las mejillas sin dejar de aplaudir entusiasmada.

La joven rubia subió con seguridad al estrado y aceptó el diploma y luego estrechó la mano del director y el decano del colegio. Mientras Townsend se acercaba al extremo del estrado, alzó la mano y se colocó la borla del birrete a la izquierda, como muestra de que ya tenía el graduado en educación secundaria. No hay mucha gente tan brillante como tú que haya tenido que esforzarse tanto para terminar su educación secundaria, pensó Hennessey, con el corazón lleno de respeto por el esfuerzo de su amiga. Si consigues dedicar el mismo esfuerzo a tu sobriedad, jamás volverás a tocar el alcohol. Hennessey volvió a cerrar los ojos y rezó en silencio por que los problemas de Townsend con el abuso de sustancias hubieran quedado ya atrás.


Al final de la ceremonia, los profesores y los graduados salieron en fila y Townsend le guiñó el ojo a Hennessey al pasar a su lado. Los asistentes salieron después, empezando desde atrás, tal y como se les indicó. Cuando Hennessey se encontraba a menos de un metro de los escalones, una mano la agarró del brazo y la llevó detrás de un árbol.

—¿Pero qué...?

—¡Sshh! —susurró Townsend—. ¡No hables!

Tratando de librarse de la mano que la aferraba con demasiada fuerza, Hennessey se rindió por fin y notó que la mano de su amiga la soltaba. Al poco la familia Bartley bajó los escalones y echó a andar hacia el gran césped del patio interior. En cuanto estuvieron a una distancia que a Townsend le pareció segura, cogió a Hennessey de la mano y volvió a entrar con ella en el salón de actos.

—¿Pero qué haces? —preguntó Hennessey.

—No soporto pasar un minuto más con esa gente —dijo Townsend, poniendo los ojos en blanco.

Arrugando la nariz, Hennessey preguntó:

—¿Tan mal?

—Peor. Mi abuelo tiene un nuevo juguete y está intentando molestar intencionadamente a todos los miembros de la familia.

—¿Un juguete?

—Sí. Un juguete llamado Amanda. ¿Tú sabes lo que se siente al ver a tu abuelo morreando con una mujer que sólo tiene ocho años más que tú?

Hennessey intentó imaginarse la sensación, pero la mera idea de su abuelo con una mujer más joven le produjo un ataque de risa floja.

—Lo siento —dijo, tratando de controlarse—. Lo que tengo en la cabeza no es nada bonito.

—No pasa nada —dijo Townsend—. Ya sé que mi familia no tiene nada en común contigo.

—Ahh... eso no es cierto —dijo Hennessey—. Sé que todos te quieren, aunque a veces no sean capaces de demostrar su cariño adecuadamente. Eso sí que lo tengo en común con ellos. —Se echó hacia delante y rodeó a Townsend con sus largos brazos—. Sé que no siempre te quiero como debe ser, pero nunca es por falta de ganas. Es que a veces soy una inepta.

Townsend se abrazó a la mujer más alta con todas sus fuerzas, estrujándola de tal manera que Hennessey casi no podía respirar.

—¿Todavía me quieres? —preguntó, con la voz cargada de emoción.

—Sí, sí, sí —susurró Hennessey—. Te quiero con todo mi corazón, Townsend. Lo único que deseo es que tengas tiempo y espacio para recuperar la confianza en tu sobriedad. Sólo deseo quitarte parte de la presión de encima.

—¿Hay algún modo de que te haga cambiar de opinión? —preguntó Townsend—. ¿No hay nada que pueda decir para demostrarte que estoy lista para hacer el amor contigo?

—No, cariño —dijo Hennessey suavemente—. No se trata sólo de tu sobriedad, se trata también de mi capacidad para mantenerme aparte de ti. Quiero hacer que dejes de beber, vigilarte para asegurarme de que nada te altera, asegurarme de que no puedas beber aunque quieras. Ésa no es tu lucha, cariño, es la mía.

Apretándose más contra la mujer que amaba, Townsend preguntó:

—¿Juras que me quieres?

—Lo juro —dijo Hennessey, susurrando apenas—. Te amo, Townsend.

—¿Juras que no te olvidarás de mí este verano?

—Lo juro. —Hennessey se apartó un poco y miró a Townsend a los ojos—. No puedo dejar de pensar en ti ni una hora. ¿Cómo podría resistir un verano entero?

—¿Me das un beso?

Como respuesta, Hennessey agachó la cabeza y besó suavemente la frente y las mejillas de Townsend.

—Algún día nos besaremos como amantes. Hasta entonces, quiero que sepas que mi deseo por ti sigue siendo tan fuerte como siempre. Quiero besarte más que nada, Townsend, pero ahora mismo es demasiado peligroso. Hasta que estemos preparadas, creo que tenemos que demostrarnos nuestro amor y cariño de maneras más seguras.

Townsend puso los ojos en blanco y dijo:

—Antes de conocerte, casi nunca tenía sexo seguro. Ahora, hasta un beso es peligroso. Las reglas del juego han cambiado por completo, nena, pero merece la pena esperarte.

—Vamos a buscar a tu familia —dijo Hennessey—. Seguro que están un poco hartos de esperar.

—Que les den —dijo Townsend—. Seguro que mi madre está rodeada de una panda de admiradores. Ni siquiera se darán cuenta de que no estoy ahí. Vamos a cargar mi coche y salir de aquí.

Ladeando la cabeza, Hennessey sonrió a su amiga de medio lado.

—¿Qué probabilidades crees que hay de que yo vaya a hacer eso?

—Mmm... —Townsend cerró los ojos y pareció quedarse pensando unos instantes—. ¿Una entre un millón?

—Ni de cerca —dijo Hennessey, al tiempo que rodeaba a su amiga con un brazo y la llevaba fuera del edificio.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 1 de junio, 1995
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:
Saludos desde el bello Beaufort
Hola, Townsend, te escribo unas líneas para decirte que he llegado a Beaufort sana y salva. No sé por qué nunca se me había ocurrido ir a la biblioteca pública para usar su conexión de Internet, pero es lógico que se te haya ocurrido a ti primero, puesto que te has graduado en un colegio privado :-). Fue estupendo verte en el fin de semana y quiero volver a decirte lo orgullosa que me sentí de ti. Ver tu cara cuando recogiste el diploma ha tenido un valor para mí como no podrás imaginarte jamás. Sé lo difícil que ha sido todo para ti en este último año, y ver cómo has conseguido mejorar tu media con todos los problemas que has tenido ha sido pasmoso. Es evidente que no los conozco tan bien como tú, pero creo que tus padres no estaban simplemente aliviados de que te hayas graduado: creo que además estaban orgullosos de ti. También creo que supiste enfrentarte de una manera formidable a la presión añadida del discurso de tu madre. Era una oportunidad perfecta para beber... no creas que no vi a tus compañeros de curso pasándose una petaca :-)... pero controlaste tus sentimientos maravillosamente. No puedo quedarme mucho. Hay un tipo raro que no para de mirar por encima de mi hombro :-)) pero volveré a escribirte. Dentro de dos semanas me marcho al campamento y cuando esté allí podré acceder mejor al correo electrónico. Saludaré a mi familia de tu parte... la abuela dice que le encantaría que vinieras de visita cuando quieras. Yo opino lo mismo, por supuesto. Dame noticias cuando te instales en ese apartamento tan chulo de Vermont, doña independiente :-). Muchos besos, H



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 9 de junio, 1995
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:
Saludos desde Villabstinencia
Hola, H, ¿qué tal se vive en el sosiego? ¡Mira quién fue a hablar! Lo más emocionante que ocurre por aquí es cuando Art, mi padrino, me lleva a tomar un helado después de una reunión :-). Hace un año, me dedicaba a beber todos los días y a acostarme con una mujer distinta todas las noches. ¡Me has echado a perder! El nuevo apartamento está muy bien. Mi madre envió un camión con todos los muebles de mi habitación (¿crees que intenta decirme algo?) y algunos de la casa de la playa. Ha quedado muy bien, aunque me esté mal el decirlo. No he usado la cocina para nada salvo para hacer palomitas, pero me he prometido a mí misma que este verano haré al menos una comida. Puede que sólo sea el desayuno, pero lo voy a hacer :-). Art me tiene muy vigilada... pero supongo que tiene motivos. He estado asistiendo a dos reuniones diarias y también he ido a algunas reuniones de Narcóticos Anónimos. Son una panda mucho más enrollada :-). Mi curso de escritura empieza el lunes y me apetece mucho. Mi madre me ha comprado una pasada de ordenador nuevo para que escriba. La verdad es que no me hacía falta, pero creo que intentaba mostrarme su apoyo. Te voy a dar mi portátil viejo y ni se te ocurra rechistar. Creo que iré a verte la semana después de que termines el campamento, si te parece bien. Dímelo para que pueda reservar el billete de avión. Me encuentro muy bien, H, salvo que te echo de menos más de lo podría intentar expresarte. No quiero ser demasiado pesada, pero me ayudaría mucho que me escribieras unas líneas todos los días desde el campamento. Necesito un poco de contacto contigo para ayudarme a superar las noches... las noches son el momento más difícil, Hennessey. Tener noticias tuyas antes de acostarme supondría una diferencia inmensa. Pero no te agobies si no puedes. Puedo arreglármelas, H... es sólo que me gustaría que me ayudaras a soportar la cosa. Cuídate, larga. Y dame noticias tuyas cuando llegues al campamento. Espero que no tengas ninguna campista que ponga a prueba tu paciencia como lo hice yo. Ya has sufrido bastante para una vida entera :-). Con todo mi amor, Townsend



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 9 de agosto, 1995
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:
Tu visita
Hola, Townsend. Ya te he dicho esto tres veces por teléfono, pero como veo que todavía estás preocupada con el tema, a ver si lo consigo mediante la palabra escrita :-). Comprendo por qué no puedes venir a verme y te juro que no estoy disgustada por ello. Entiéndeme bien. Lo siento mucho, Townsend, muchísimo. Pero creo que el hecho de que antepongas tus clases de escritura es una señal estupenda. Sé que yo no lo pasaría bien si tuviera que terminar una historia de veinte páginas durante mis vacaciones y creo que tú tampoco. No tiene tanta importancia, tesoro, porque dentro de dos semanas estaré en Boston. Como nuestras universidades empiezan el mismo día, he pensado en intentar ir allí el viernes antes de que empiecen las clases. Así podríamos pasar juntas un fin de semana largo. ¿Qué te parece? Ya sé que no es lo que quieres y tampoco es lo que quiero yo. Pero uno de los fastidios de ser adulta es aprender a retrasar el placer. Tú sigue conmigo, colega, y sabrás más sobre el retraso del placer de lo que debería saber ninguna mujer :-))). Te quiero, Townsend, y me encanta que te estés tomando tus clases tan en serio y con tanta diligencia. ¿Quién sabe? A lo mejor adquieres tanta experiencia que puedes ser instructora conmigo el verano que viene. ¿A que sería genial? Estoy contando los días que me faltan para verte. Besos, H


—¡Adelante!

Hennessey asomó la cabeza en la habitación de la residencia, sonriendo al ver las cajas que casi tenían sitiada a Townsend.

—Me he enterado de que aquí había una mujer muy necesitada de ayuda.

—¡Hennessey! ¡Pero si no ibas a llegar hasta última hora de la tarde! —Townsend saltó por encima de una caja abierta y se lanzó a los brazos de su amiga.

—Llegué pronto al aeropuerto y cogí un vuelo más temprano. He venido aquí sin pararme en Cambridge siquiera, porque me imaginaba que tú ibas a tener mucho más que hacer. Estaba segura de que ibas a necesitar mucha ayuda para instalarte.

—Ay, pero qué rica eres —murmuró Townsend en el algodón de la camiseta azul celeste de su amiga.

Soltándola, Hennessey dijo:

—Bueno, todas mis cosas han cabido en dos maletas y me daba a mí que ése no iba a ser tu caso. —Miró por la habitación y dijo—: Debo de ser médium.

—Gracias a Dios que mi compañera de cuarto no llega hasta mañana. Me mataría si viera toda esta morralla. Te juro que no sé por dónde empezar.

—Bueno, ¿y cómo te organizaste en tu apartamento?

Sonriendo, Townsend dijo:

—Mi madre mandó a alguien para que lo hiciera por mí. Me ofreció volver a enviarme a alguien, pero no me pareció que fuera a quedar muy bien aparecer acompañada por mi decorador personal en mi primer día en mi nueva universidad. Ya me las arreglaré yo solita para causar mala impresión... cuando llegue el momento.

Hennessey le sonrió de medio lado y no hizo caso del comentario.

—Pues yo estoy lista para trabajar, así que manos a la obra.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó Townsend, mirando a su alrededor con impotencia.

—Por dónde empecemos no importa —dijo Hennessey, mirándola con una gran sonrisa cariñosa—. Lo único que importa es que empecemos.


—Tienes que dejarme que te invite a cenar —dijo Townsend horas más tarde, cuando ya habían conseguido domesticar la habitación—. Donde tú quieras.

Hennessey se miró y sonrió a su amiga.

—Estoy vestida para el McDonald's, pero tengo antojo de filete. No sé por qué, pero hoy me siento carnívora.

—Los pantalones los tienes bien, larga. Te presto un jersey y lista.

Riendo, Hennessey dijo:

—No me va a quedar bien. Tú usas la talla mediana y yo la grande.

—Ya. Por eso te va a quedar bien, pedazo de boba. Llevas toda la ropa demasiado grande. Lucir una curva no es un crimen, sabes.

—¿Y cómo crees que he conservado mi castidad todos estos años? —preguntó Hennessey—. El hecho de que sea una mujer es un secreto celosamente guardado.

Sonriéndole con tristeza, Townsend dijo:

—Eres claramente una mujer, Hennessey. No cabe la menor duda.


Durante la cena, Townsend no atacó la comida con su entusiasmo habitual. Alargando la mano por encima de la mesa, Hennessey la puso sobre la mano de su amiga y preguntó:

—¿Qué está pasando en esa linda cabeza?

Mirándola un poco avergonzada, Townsend dijo:

—Estoy preocupada por el inicio de las clases.

—Eso es normal, cielo. No creo que haya un solo estudiante de primero que no se sienta así. Es un paso muy importante para ti.

—Mm... no, no es eso. No me preocupan las cosas normales. Sé que lo haré bien si me empeño.

—Pues dime —dijo Hennessey, mirándola a los ojos.

—Me preocupa el tema de resistir las tentaciones. Hay una parte de mí que cree que estaría mejor en un apartamento, donde puedo controlar mejor el entorno.

—Mmm... tiene sentido. ¿Por qué has decidido vivir en la residencia de estudiantes?

—Sobre todo porque quiero tener una experiencia universitaria auténtica. Quiero intentar encajar por una vez, Hennessey. Quiero comportarme como una chica de dieciocho años.

—Yo creo que es bueno para ti, cielo. Sé que te costará resistirte a las drogas y el alcohol que te van a rodear, pero estar con gente de tu edad puede ayudarte a recuperar algo de tu juventud. Te has perdido muchas cosas al pasar tu adolescencia bebida.

—Ya lo sé. Mi psiquiatra me dijo una cosa que se me ha quedado grabada. Dijo que cuando empiezas a beber y tomar drogas cuando eres joven, te quedas atascado emocionalmente en ese punto. En muchos sentidos, estoy igual que cuando tenía catorce años... pero en otros sentidos, estoy hecha una puta vieja. Me siento como dos personas distintas, Hennessey.

—Es lógico —dijo la mujer de más edad—. Has pasado por muchas cosas que la mayoría de las chicas de dieciocho años no han experimentado.

—Pues qué suerte han tenido —comentó la rubia con ironía—. Me preocupa que no vaya a poder encajar, ¿sabes?

—Claro que lo sé. Yo no me sentía muy segura cuando empecé en Harvard. No hay muchos sureños por aquí, sabes, y estoy segura de que soy la única virgen de toda la universidad. No bebo, no me drogo, no fumo. Tenía exactamente el mismo problema que tú, sólo que al contrario.

Townsend se rió suavemente.

—Eso parece, ¿verdad?

—Pues sí. Por suerte, Robin, mi compañera de cuarto, y yo acabamos llevándonos muy bien, y he conocido a otras personas que también tenían cierta inocencia. Harvard tiene alumnos de otros países y he intentado hacerme amiga de los estudiantes extranjeros. Me parecía que un acento japonés y un acento sureño eran igual de difíciles de entender para los bostonianos. Si buscas, seguro que encuentras gente como tú.

—Ése es el problema, Hennessey, la gente como yo acude a mí como moscas a la miel. Quiero conocer gente que no sea como yo. —Su expresión se suavizó con una sonrisa cariñosa y dijo—: Quiero conocer gente como tú.

—Bueno, yo soy única, colega, y lo bueno es que estoy a poca distancia. Lo cierto es que estaba pensando que deberíamos fijar un día para quedar y vernos.

—¿En serio? —La cara de Townsend se animó radicalmente.

—Por supuesto. ¿Qué tal los viernes por la noche? Habremos terminado las clases de la semana y podemos relajarnos un poco.

—Los viernes estaría muy bien. Me he enterado de que hay una reunión en Cambridge a la que acude mucha gente más o menos de nuestra edad y es los viernes a las cinco. Podemos quedar en tu territorio.

—Me parece bien. Vamos a hacerlo fijo: todos los viernes por la noche haremos algo divertido... ir al cine o salir a cenar o algo así.

—Simplemente estar contigo ya es divertido —dijo Townsend—. Y saber que cuento con algo que me apetece hacer me va a ayudar mucho.

—Hablando de ayuda... ¿vas a buscar un nuevo padrino?

—Sí. Me han dado unos cuantos nombres y mañana empiezo a hacer llamadas. Pero no voy a prescindir de Art. Vamos a seguir en contacto hasta que esté cómoda con la nueva persona.

—Lo estás haciendo estupendamente, Townsend. Estoy orgullosa de ti.

—Gracias, Hennessey. Eso todavía es demasiado importante para mí, pero no voy a luchar contra ello. Ahora, volvamos a mi residencia para que pueda darte tu nuevo portátil.

—Jooo... no tienes por qué hacerlo...

—Quiero hacerlo. No necesito dos, Hennessey, así que o te lo llevas tú o se lo doy a otra persona.

—Bueno, si te pones así, me parece que lo voy a aceptar. Gracias, Townsend. Te agradezco de verdad el regalo.

—Reconozco que en parte es por egoísmo —dijo la mujer más joven—. Ahora ya no tienes excusa para no escribirme todos los días.

—Tú siempre vas con segundas intenciones, ¿verdad? —preguntó Hennessey, sonriendo con cariño a su amiga.

—Sí. He aprendido que merece la pena ser previsor.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de septiembre, 1995
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:
Hola, sólo quería mandarte una nota para decirte que ayer lo pasé muy bien. Jenna parece una amiga estupenda para ti, ¡y qué propio de ti dar con una mormona en Boston! ¿Es que has puesto un anuncio en el periódico de los estudiantes solicitando gente que nunca haya catado el demonio del alcohol? :-) Ahora en serio, Townsend, te admiro por buscar gente que no comparta los hábitos que estás intentando superar. Lamento mucho que tu compañera de cuarto tenga tan mala actitud, pero eso es muy corriente en la gente que está fuera de casa por primera vez. Por lo que dices, no le vendría nada mal ir a algunas reuniones contigo, pero no creo que esté por la labor. Aguanta todo lo que puedas y si las cosas se ponen demasiado desagradables, siempre puedes solicitar un cambio de habitación. Seguro que hay alguien que daría lo que fuera por cambiar a estas alturas de curso. Robin dice que te diga que le encantó conocerte por fin. Creo que se temía que eras una invención mía, con eso de que el año pasado no paraba de hablar de ti :-). Jenna también le cayó bien y ha propuesto que quedemos todas para ir al cine. Creo que sería divertido, siempre y cuando no interfiera con nuestra cita de los viernes por la noche. Eso es sacrosanto :-). Tengo que irme. Tengo un examen de historia y no puedo llegar tarde. Hasta luego, H



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 30 de septiembre, 1995
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola, tú

>Sólo quería mandarte una nota para decirte que ayer lo pasé muy bien.
>Jenna parece una amiga estupenda para ti, ¡y qué propio de ti dar con una mormona en Boston!
>¿Es que has puesto un anuncio en el periódico de los estudiantes
>solicitando gente que nunca haya catado el demonio del alcohol? :-)

¡Muy graciosa! No he puesto un anuncio, he contratado a un detective, ¡listilla! No, Jenna y yo nos conocimos en clase de lengua inglesa. La elegí al ver cómo se sonrojaba cada vez que el profesor soltaba un taco :-). Como pudiste ver ayer por nuestra conversación, sabe lo de mi alcoholismo... creo que le encanta que lo haya dejado... es como una victoria para su bando :-))). Pero para serte sincera, no le he hablado de ninguno de mis otros... temas. Me cae muy bien y quiero que sigamos siendo amigas. Creo que la asustaría si conociera mi historial sexual... y no me refiero sólo al tema lésbico, aunque seguro que sólo eso ya sería más que suficiente. Así que preferiría que no habláramos de mi historia sexual ni de la de nosotras dos cuando ella esté delante, ¿vale? Ya no me gusta mentir a la gente, pero en este caso creo que tengo que hacerlo. Me encantó conocer a Robin, y a Jenna también le gustó. A las dos nos gustaría divertirnos con dos cerebritos de Harvard, así que danos indicaciones claras y fáciles de leer, con palabras cortas de una sola sílaba, y allí estaremos :-))). Bueno, me voy a una reunión. Por ahora las cosas marchan genial con Laura. Es una buena madrina y, como siempre, no está dispuesta a tolerarme gilipolleces. Parece que todo el mundo me tiene fichada. ¿Es que has estado corriendo la voz? Con todo mi amor, Townsend



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 1 de octubre, 1995
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Hola, Townsend,

< Cortado para abreviar >

>Como pudiste ver ayer por nuestra conversación, sabe lo de mi
>alcoholismo... creo que le encanta que lo haya dejado... es como una
>victoria para su bando :-))). Pero para serte sincera, no le he hablado
>de ninguno de mis otros... temas. Me cae muy bien y quiero que sigamos siendo
>amigas. Creo que la asustaría si conociera mi historial sexual...
>y no me refiero sólo al tema lésbico, aunque seguro que sólo eso
>ya sería más que suficiente. Así que preferiría que no habláramos de mi historia sexual ni de
>la de nosotras dos cuando ella esté delante, ¿vale? Ya no me gusta mentir a la
>gente, pero en este caso creo que tengo que hacerlo.

Ni se me ocurriría hablar de nuestra historia con nadie, Townsend. Lo que hemos tenido y lo que tenemos es demasiado precioso para mí para compartirlo con nadie salvo contigo. Sé que quieres ser totalmente sincera con la gente, y aunque probablemente no te conviene ocultar demasiadas cosas sobre ti misma, me doy cuenta de que dar información poco a poco seguramente es buena idea. Jenna me ha parecido más inocente que yo, lo cual es todo un logro :-))) Así que no te preocupes, colega. Tus secretos están a salvo para siempre conmigo.

Muchos besos,
H


Inopinadamente, Hennessey tuvo que pasar un miércoles por la tarde en Boston, y en lugar de regresar a Cambridge, decidió ir a ver a Townsend por si podía cenar con ella sin previo aviso. Cuando llegó, se encontró las dos camas del cuarto de Townsend llenas de ropa y libros.

—¿Qué ocurre? ¿Limpieza de primavera adelantada?

—No —dijo Townsend, abrazando a su amiga—. Mi compañera de cuarto me odiaba, lo mismo que la de Jenna. Se han conocido hace poco y han decidido plantarnos a las dos. Lleva toda la tarde trasladando sus cosas aquí.

—Vaya, te han plantado de verdad, ¿eh? —dijo Hennessey—. ¿Te ha molestado?

—Qué va —dijo Townsend, meneando la cabeza—. Quería estar con alguien que la acompañara a las juergas, lo mismo que la compañera de cuarto de Jenna. Han prescindido de nosotras porque nos tomamos la vida con calma. —Soltó una leve risita y preguntó—: ¿Quién se habría imaginado que yo me tomaría la vida con calma?

—Creo que te la tomas como debes tomártela —dijo Hennessey—. ¿Dónde está Jenna ahora? ¿Necesita ayuda?

—Su ex residencia está al otro lado del campus. Yo acabo de traer un montón de cosas mientras ella prepara la siguiente tanda. —Miró a Hennessey con curiosidad y preguntó—: ¿Te importaría echarnos una mano?

—Para nada. Vamos a dejarla instalada y luego podemos cenar todas juntas.

Townsend echó los brazos alrededor de Hennessey y le dio un fuerte abrazo.

—Eres la mejor amiga del mundo, larga.

—Qué va. Seguro que hay alguna amiga mejor en el mundo. Todavía no la he conocido, pero el planeta es grande, sabes... —Se interrumpió cuando Towsend, riendo, le tiró de la manga y la sacó con firmeza por la puerta.


Una fría noche de viernes en noviembre Hennessey se enfrentó a los elementos para ir a Boston a visitar a Townsend. Durante casi todo el otoño Townsend había asistido a una reunión de AA no muy lejos de Harvard, pero había encontrado un buen grupo más cerca de su universidad y había cambiado hacía poco.

Cuando Hennessey llegó, estaba casi congelada, y Townsend sofocó una exclamación al ver a la mujer cubierta de hielo.

—¡Dios mío! ¡No sabía que estaba nevando!

—No n... n... n... nieva —dijo Hennessey, temblando muchísimo—. Es aguanieve.

—¡Pobrecita! Pasa y entra en calor.

—Creo que nunca volveré a entrar en calor —dijo Hennessey. Entró en la habitación arrastrando los pies, moviendo apenas las rodillas y los tobillos—. Me he metido en un charco helado que debía de tener medio metro de profundidad. No siento los pies.

—¡Dios! ¡Quítate esas botas! —Townsend se agachó y vio que Hennessey tenía los vaqueros empapados casi hasta las rodillas—. ¡Y los pantalones!

—También tengo mojado el jersey —dijo Hennessey—. El viento soplaba tanto que se me ha metido hielo dentro del abrigo.

—Te voy a dar un chándal, cielo. Ve al baño y quítate todo.

—Seguro que eso se lo dices a todas las chicas —bromeó Hennessey.

—Efectivamente, pero casi todas chillan y salen corriendo. Cuento con tus articulaciones congeladas para que no huyas.

La mujer más alta se inclinó y besó a Townsend en la mejilla, con los labios tan fríos que parecía estar rozándola con un cubito de hielo.

—Me pondré cualquier cosa que tengas, colega. Me da igual que sea de mi talla o no. Pero caliéntame.

—Yo me ocupo —le aseguró Townsend.

Poco después Townsend llamó a la puerta del baño y le pasó a Hennessey una amplia sudadera de lana, unos pantalones de chándal y dos pares de calcetines.

—Puedes darte una ducha caliente si crees que te va a ayudar —añadió.

—No, estaré bien en cuanto me seque. ¿Puedes subir la calefacción?

—No, no puedo, colega. No tenemos termostastos individuales. Normalmente está muy agradable, pero cuando sopla el viento como hoy me doy cuenta de la cantidad de huecos que hay en el marco de la ventana.

—Pues parte los muebles y haz una hoguera. Seguro que a nadie le importa.

—Sal de una vez y yo te caliento —dijo Townsend.

—Si alguien puede hacerlo, ésa eres tú —asintió Hennessey—. Ahora mismo salgo.


Poco después la pareja estaba acurrucada en la cama de Townsend, preparándose para ver una película que Townsend había alquilado.

—¿Has visto La increíble y verdadera historia de dos mujeres enamoradas? —preguntó.

—Mm-mm, pero quería verla. Creo que nunca llegó a Beaufort —dijo Hennessey, riendo entre dientes—. Nunca llega nada de lo que realmente me apetece ver.

—Pues ahora estás en la gran ciudad, colega. Échate a un lado, que no quiero caerme de la cama, haz el favor.

—¿Por qué las residencias ponen siempre camas tan pequeñas en las habitaciones? —preguntó Hennessey.

—Para que haya sitio para un par de mesas que son demasiado pequeñas para los niños del jardín de infancia —replicó Townsend—. El cuarto de baño de mi casa es más grande que esta habitación.

—Ya lo sé —dijo Hennessey—. Y me parece genial que hayas decidido vivir aquí. Un ejemplo más de las excelentes decisiones que has tomado este año.

—Deja de hacerme cumplidos y come palomitas —dijo Townsend, sonriendo—. Está empezando la película.

Cuando ya llevaban una media hora de película sonó el télefono. Contestó Townsend, diciendo:

—Hola. ¿Qué pasa? —Pareció quedarse extrañada y luego preguntó—: ¿Tan mal está? —Otra pausa breve y luego Townsend dijo—: No, creo que deberías quedarte. Ha venido Hennessey y probablemente se quedará a pasar la noche. ¿Te importa si usa tu cama? —Sonrió, asintió y dijo—: Cuídate, colega. Nos vemos por la mañana. —Colgó y dijo—: Jenna dice que hace tan mal tiempo que se va a quedar en la residencia de su amiga Sheila. Esta noche te quedas aquí, colega.

—Gracias a Dios —dijo Hennessey—. Me daba terror tener que salir con esta tormenta, pero sabía que no querrías que me quedara si Jenna estuviera aquí.

—Pues has tenido suerte, ¿no? —dijo Townsend, retorciéndole la nariz a Hennessey. Ladeó la cabeza y dijo—: Si quieres echarte en su cama, puedes hacerlo.

Hennessey frunció el ceño y preguntó:

—¿Quieres que lo haga? Me gustaría quedarme aquí, si no te importa.

—Sí, no veas qué ganas tengo de que te vayas de mi cama —dijo Townsend, abalanzándose sobre su amiga y metiendo las manos frías por debajo del jersey de Hennessey.

La morena chilló y luchó por apartar los dedos fríos de su piel caliente. Townsend se rindió rápidamente, luego se pegó al costado de Hennessey y apoyó la cabeza en un cómodo hombro.

—Me gusta que estés aquí, colega. Eres una almohada muy cómoda.

—Gracias —dijo Hennessey—. Intento agradar.

La mujer más alta cayó en la cuenta de que ésta era la primera vez que tenían una intimidad física desde la primavera pasada. Espero no estar confundiendo a Townsend, pensó. Sé que le cuesta mantener la distancia y no quiero que piense que las reglas han cambiado. Prestando atención a medias a la película, dejó vagar la mente, preguntándose: ¿Por qué no han cambiado las reglas? ¡Townsend podría ser el anuncio perfecto para AA! No ha tenido una sola recaída desde marzo del curso pasado, y cuando se emborrachó en ese momento llevaba nueve meses sobria. Está desarrollando una relación mucho mejor con sus padres y se está esforzando mucho con la terapia. ¿¡¿Por qué no estamos cambiando las reglas?!?

Empleando uno de sus trucos mentales, Hennessey se obligó a dejar de dar vueltas a la pregunta, decidiendo que no podía pensar en ello cuando estaba con Townsend. Necesitaba estar a solas para plantearse un tema tan importante, así que esta noche quería despejarse la cabeza y simplemente disfrutar de la película.

Las cosas en la película se estaban calentando y las jóvenes se encontraban en una situación extrañamente parecida a la de la propia Hennessey. Las colegialas de la película iban a pasar su primera noche juntas, durmiendo en casa de una de ellas mientras su madre estaba fuera. Jo, ésa es la edad a la que yo tendría que haber estado tonteando con las chicas, pensó Hennessey. Sí. Ya. No puedes hacerlo ahora, así que por qué crees que podrías haberlo hecho entonces. Suspirando, se recordó a sí misma: Creía que íbamos a dejar el tema hasta mañana.

Una vez más, intentó concentrarse, pero las chicas se estaban desnudando la una a la otra y besándose exactamente igual que ella quería besar a Townsend. Dios, quiero besarla, pensó, inclinando la barbilla para poder aspirar el aroma floral del champú de Townsend. Huele tan bien, tan sexy. Y sé que será una amante maravillosa. Suspirando profundamente y moviéndose un poco, pensó: Será una amante genial y tú lo sabes. Así que, ¿¡¿cuál es el problema?!?

Decidiendo que no podía soslayar el tema, Hennessey se permitió reflexionar sobre ello. La deseo y sé que ella me desea a mí. Me doy cuenta de cómo me mira a veces cuando cree que no la veo. Veo cómo se le iluminan los ojos cuando quedo con ella los viernes por la noche. Me mira con ganas, con deseo. ¿Por qué no puedo dejarme llevar?

Profundizando en su interior, Hennessey llegó a la única conclusión que tenía sentido para ella. Estoy acojonada de enamorarme de una alcohólica. ¡Nunca debería haberme relacionado con ella para empezar! Mi madrina de Alcohólicos Anónimos siempre me está advirtiendo de lo fácil que me resulta querer cuidar de Townsend, en lugar de dejar que viva a su aire.

¿Pero qué demonios hago? ¿Puedo superar mis miedos? No puedo mantener a Townsend a la espera si nunca voy a confiar en ella. Eso es increíblemente cruel y no puedo permitir que pase eso. Así que, ¿cómo sigo adelante? Se movió nerviosa en la cama hasta que Townsend empezó a darle palmaditas en el muslo para calmarla, pero eso sólo consiguió hacerle cobrar mayor conciencia del cuerpo cálido y suave acurrucado contra ella.

No sé cómo sabré si puedo confiar en ella, pero sé que todavía no he llegado a ese punto. Sé que es egoísta por mi parte, pero querer a otra alcohólica me matará. No podría sobrevivir para nada si estuviéramos juntas y Townsend empezara a beber. Tengo que ver cómo supera momentos difíciles sin caer en la tentación. No ha pasado por una situación difícil desde la primavera pasada y en cuanto herí sus sentimientos se emborrachó inmediatamente. Meneando la cabeza, Hennessey se recordó a sí misma: No es la misma mujer de entonces y lo sabes. Está madurando a una velocidad increíble y su sobriedad por fin es tan importante para ella como lo es para ti. Está muy cerca, Hennessey, y hay muchas probabilidades de que pronto puedas confiar en ella. Aspiró el delicioso olor de la mujer que tenía en sus brazos y la estrechó con más fuerza, intentando pegar los suaves de pechos de Townsend a los suyos. ¡Dios, espero que sea pronto!



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 29 de noviembre, 1995
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

¡Hola, campeona!

¡Felicidades por haber sido seleccionada para el programa de escritura del campamento de invierno! Todavía me cuesta creer que vayas a pasar más tiempo con mi madre en las vacaciones de invierno que yo, pero esto es algo que te mereces de verdad, Hennessey, y estoy orgullosa de ti. Creo que MaryAnn se quedó un poco sorprendida al ver la influencia que tiene mi madre con otros escritores, pero es que cuando decide hacer una cosa, es de lo más convincente. Creo que parte del motivo de que mi madre se haya esforzado tanto para organizar todo esto ha sido por lo agradecida que te está, colega. Anoche cené con ella y no paraba de hacerte cumplidos, cosa que hacía muchísimos años que no le oía. Claro, que yo no le he dado muchos motivos para hacerme cumplidos... así que la verdad es que no puedo echárselo en cara. Pero no dejó de mencionar lo maravillosa que ha sido tu influencia sobre mí y no puedo decir que no esté de acuerdo :-)

No te preocupes por no estar en casa el tiempo suficiente para que pueda ir a visitaros. Creo que voy a aceptar la invitación de Jenna para ir a casa de su familia en Salt Lake City. Me encantaría esquiar en algunas de esas montañas donde se van a celebrar los Juegos Olímpicos y, afortunadamente, Jenna también es buena esquiadora. Me va a resultar raro estar rodeada de gente que no bebe ni fuma. ¡Jo, voy a tener que llevarme Coca-Cola Light de contrabando! Me pregunto si podré encontrar allí una reunión de AA. Es broma... hay alcohólicos en toda ciudad lo bastante grande como para tener un bar :-)))

Hablamos mañana, colega, sólo he querido felicitarte en cuanto me he enterado.

Con todo mi amor,
Townsend



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 15 de enero, 1996
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:
Hola, ya sé que faltan unos días para que vuelvas, pero no he podido esperar para hablarte de mi viaje. No uso la palabra sin ton ni son, Hennessey, ¡ha sido un viaje! Llevo toda la vida viendo familias felices en la tele y en los anuncios, pero siempre había estado convencida de que eso sólo podía ser obra de actores o modelos. Podrás imaginarte mi asombro cuando realmente me encontré con lo que parece ser una familia feliz. No me lo creía, por supuesto, e indagué con cuidado, intentando sacar a la luz el lado oscuro de esta familia al parecer funcional. Pero ante mi gran sorpresa, no conseguí encontrar el mal oculto en su interior. Creo realmente que es posible que los Markham sean lo que parecen. Al principio, me dio miedo, para serte sincera. Me esperaba que en cualquier momento el señor Markham se colara en mi habitación y me obligara a ver cómo se cascaba una paja... no por nada que hiciera... ¡es que parecía tan normal! ¡Era rarísimo, Hennessey! Y la señora Markham cocinaba todo lo que comíamos... ¡con sus propias manos! Yo creía que tenías que trabajar en un restaurante para hacer eso, pero parece que hay madres que les hacen la comida a sus propios hijos. Qué pasada, ¿eh? Jenna es la mayor y tiene cuatro hermanos menores: dos chicas y dos chicos. Parecían chicos normales, pero cuando empezaban a pelearse o a discutir, la señora Markham les pedía, con mucha tranquilidad, que lo dejaran... ¡y ellos lo hacían! No oí un solo taco en toda la semana, nadie se emborrachó, no le echaron la bronca a nadie y la señora Markham no se pasó toda la semana llevando a sus hijos a psicoterapia. Fueron juntos a la iglesia un par de veces, pero no intentaron obligarme a que fuera con ellos, nadie intentó convertirme. A lo mejor son tan listos que reconocieron que no tenían nada que hacer conmigo :-). En cualquier caso, a medida que avanzaba la semana, empecé a darme cuenta de que no era que se comportaran como si fueran una familia normal... ¡es que lo eran! El señor Markham se enfadó con los chicos algunas veces, pero les explicó por qué estaba enfadado y lo que quería que hicieran. Y a la señora Markham no le hizo mucha gracia tener que volver a hacer la cena cuando la hermana de Jenna llegó tarde a casa del entrenamiento de fútbol. Pero después de decirle que la próxima vez tenía que llamar, ¡le hizo la cena! ¡Sin montarle una escena para que se sintiera culpable! La chica se disculpó ¡y parecía sincera de verdad! No sé qué significa todo esto, Hennessey. Lo digo en serio. ¿Realmente es posible vivir con otras personas sin intentar desquiciarse los unos a los otros? Dios, estuve pensando en cómo le hablo a mi madre ¡y me dio vergüenza! Es decir, mi madre no es para nada como la señora Markham, pero la trato como si fuera un saco de mierda... a lo mejor eso es parte del motivo de que no quiera estar conmigo. Todo esto me tiene muy confusa, colega. Llámame cuando llegues y a lo mejor me puedes ayudar a encontrarle sentido. Empiezo a tener un rayo de esperanza en cuanto a la bondad innata de las personas ¡y necesito que me quites esa idea de la cabeza antes de que se me instale en el cerebro! Por cierto, ¡el esquí estuvo genial! Jenna tiene una ligera vena salvaje cuando se monta en un snowboard... ¿quién lo habría pensado? :-) Estoy contando los días que faltan para que vuelvas a Boston. Con todo mi amor, Townsend


PARTE 9


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