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Aunque se moría de curiosidad por los correos de Hennessey, Townsend necesitaba darse una larga ducha. En cuanto estuvo limpia, fue a su mesa y se conectó al programa de correo, dando golpecitos con el pie mientras se descargaban los doscientos setenta y seis mensajes que había recibido. Los ordenó por remitente y se puso a leer la correspondencia de Hennessey, con el corazón cada vez más acelerado a medida que leía.


De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de mayo, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
cc:
Asunto:
Blues de Baltimore

Hola,

Por favor, no te tomes mis reflexiones como un retrato de la ciudad de Baltimore. Seguro que es un sitio precioso y que la gente que vive aquí está muy contenta de estar aquí. Pero no es mi sitio y no creo que lo sea nunca. Esto es tan... norteño, no sé si me entiendes. Cuesta creer que compartamos el mismo océano, aunque sé que es así. Pero este Atlántico no parece mi Atlántico. Ya sé que no debería estar quejándome en mi primer correo, pero no lo puedo evitar. Aquí me siento muy sola, T, aunque no lo esté.

Bueno, eso no es del todo cierto. En realidad sí que estoy sola. El programa de Kate no empieza hasta el 15 de julio, pero ya se ha puesto a trabajar en uno de esos ambulatorios de urgencias. No tiene licencia para practicar la medicina, pero puede hacer admisiones y diagnósticos preliminares. Luego llega el médico de verdad y confirma o rechaza su diagnóstico. Le pagan muy bien, y como yo no he tenido la menor suerte para encontrar trabajo, es nuestra única fuente de ingresos. También cree que trabajar ahí la va a mantener alerta y le va a dar mucha experiencia. No sé si es cierto, pero necesitamos el dinero, por lo que no se lo puedo discutir.

Bueno, pues eso es lo único que está pasando. Kate trabaja de 9 de la noche a 9 de la mañana, porque el sueldo es mejor. He intentado cambiar mis horarios para adaptarlos a los suyos, pero no funciona. Estaba irritable y cansada todo el tiempo y al final ella me dijo que me fuera a la cama a mis horas normales.

Pasamos juntas varias horas todos los días, lo cual ya es más de lo que teníamos antes, así que no debería quejarme, pero hay algo que no va bien. No sé si es cosa suya o mía, pero las cosas no van bien. Ya te lo contaré cuando averigüe qué es. No te escribiría un mensaje como éste si lo fueras a leer inmediatamente, pero como no lo vas a ver hasta que lo haya solucionado, no tengo la sensación de estar dándote la plasta :-)

Espero que estés bien. Pienso mucho en ti.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 15 de junio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
cc:
Asunto:
¡Socorro!

Hola,

Espero que para cuando leas esto yo ya tenga un buen empleo y esté encantada de vivir aquí, pero va a hacer falta un milagro.

Ya sé que sólo han pasado dos semanas desde que te escribí, pero creo que nunca me he sentido más desdichada. Estoy segura de que es porque no tengo nada que hacer y me paso el día mano sobre mano, pero eso no me ayuda mucho. Kate opina que debería buscar trabajo, cualquier trabajo, para estar ocupada. Supongo que tendré que hacerlo, pero me resisto.

Esto no es más que lloriqueo adolescente, pero estoy hecha polvo por haber renunciado a un trabajo que me encanta para vivir en una ciudad donde no tengo vínculos, ni familia, ni amigos para acabar dedicándome a un trabajo rutinario. Sé que es muy elitista quejarme porque tengo que aceptar un trabajo normal y corriente, pero me he esforzado mucho para sacarme el doctorado. Me saca de quicio tener que renunciar a mis metas, sobre todo porque vamos a estar aquí por lo menos cuatro años, lo más probable seis.

Bueno, ya me he quejado suficiente por un día :-) Te escribiré otra vez cuando me sienta mejor. No es justo escribirte sólo para soltarte el rollo.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 18 de junio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
cc:
Asunto:
¡Buenas noticias por fin!

Sí, cuesta creerlo, pero ¡tengo trabajo! No me pagan mucho, pero el horario es bueno y voy a estar en un ambiente académico.

Voy a trabajar en la biblioteca de investigación para licenciados de Johns Hopkins como bibliotecaria. Sí, ya sé que no soy bibliotecaria :-) pero he trabajado mucho en metodología de la investigación y me las arreglo muy bien en una biblioteca.

Además de tener algo que hacer durante el día, voy a estar bastante cerca de Kate. Espero que podamos vernos de vez en cuando, aunque puede que sólo sea un sueño :-) La doctora Brill va a estar muy ocupada, pero eso es lo que le gusta. Sigue trabajando toda la noche, y con eso de que yo voy a estar trabajando todo el día, nos vamos a tener que dejar fotos para recordarnos el aspecto que tenemos :-) Pero estoy encantada de empezar a trabajar. Va a ser genial volver a estar ocupada y me apetece estar de mejor humor de forma continua.

Con un poco de suerte mis futuras cartas serán alegres, animadas y llenas de buenas noticias. ¡Mándame buenas vibraciones!

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de junio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

La buena noticia es que me gusta mi trabajo. La gente con la que estoy es simpática e inteligente, dos de mis cualidades preferidas :-) Si sigo un tiempo en este trabajo, creo que me va a ir muy bien. No es en absoluto tan divertido como trabajar contigo, pero, sopesándolo todo, no está nada mal.

Sí, ahora viene la otra cara de la moneda. Kate y yo hemos tenido una pelea tremenda, la peor que hemos tenido nunca. Por primera vez, no sé si vamos a conseguir salir adelante como pareja. No voy a entrar en detalles, más que nada porque ni se me ocurriría revelar ninguna de sus confidencias, pero ha sido horrible, T.

Sé que vas a tardar bastante tiempo en recibir esto, pero espero que me estés enviando tus mejores vibraciones. Cuando contemples el cielo de noche, ruega a los cielos por mí... necesito toda la ayuda que pueda conseguir.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 6 de julio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

Sé que vas a decir que no deberíamos haber tenido esta conversación ayer, pero teníamos que hacerlo. Kate hizo un turno de casi veinticuatro horas. Hay muchísimos ingresos en urgencias cuando la gente juega con fuegos artificiales.

Estaba cansada e irritada, pero ayer las dos teníamos el día libre y eso no pasa muy a menudo.

Hay algo que se lleva cociendo desde hace mucho tiempo y ayer estalló por los aires. Creo que tengo que retroceder un poco para que lo comprendas, así que intentaré explicártelo sin que te mueras de aburrimiento.

Ya sé que te he dicho en alguna ocasión que Kate y yo no hemos dedicado mucho tiempo a hablar del futuro. Parte del motivo era porque nuestras circunstancias actuales ya eran bastante estresantes y no queríamos complicar las cosas. Pero en el fondo yo siempre he sabido que íbamos a tener problemas cuando nos pusiéramos a hablar en serio.

Bueno, detesto tener que reconocerlo, pero mis sospechas eran ciertas. Ayer estuvimos dándole vueltas y una cosa muy importante quedó clara: Kate y yo no compartimos los mismos sueños para nuestro futuro. Es fácil para mí decir que la que tiene razón soy yo y que ella se equivoca, pero eso no es justo para ella. Ha sido sincera conmigo desde el principio, sólo que yo no quería ver la realidad.

El tema es el siguiente. Para mí es importante usar mi titulación y tengo que trabajar en algo que suponga un desafío para mí. Pero pase lo que pase, mi familia siempre será lo primero. Eso incluye a mi compañera, nuestros hijos, mis abuelos, mi padre y, sí, hasta mi madre.

Si tengo que renuciar a mi carrera profesional para que mi familia sea feliz, lo haré, sin la menor queja.

Pero Kate no piensa lo mismo. Para ella, su carrera es lo primero. Es lo que la hace feliz. Estaba hecha polvo cuando estuvimos juntas en Hilton Head el año pasado y decidió que nunca más podía volver a estar en esa situación. Necesita el desafío, la presión y, sí, el subidón que le da la medicina.

La familia es importante para ella y es una compañera muy cariñosa... cuando está en casa. Pero puede trabajar veinticuatro horas seguidas y ni enterarse de que la echo de menos. Opina que yo debería encontrar algo que me llene tanto como a ella su trabajo, pero no existe en el mundo un trabajo como ése para mí. Estar con Kate me llena. Estar en Beaufort con mi familia me llena. Estar contigo me llena. Me encanta escribir y me encanta la literatura, pero eso es mi trabajo y mi afición, no mi vida. Para ella, la medicina es su vida, y no sólo está dispuesta sino además deseosa de que su carrera marque el resto de su vida. Supongo que eso estaría bien si yo fuera igual, pero no puedo serlo. Siempre me voy a sentir celosa de su querida: la medicina. Si alguna vez llego al punto en que no quiero que esté en casa, vamos a tener problemas. Pero ella no lo ve así. Piensa que deberíamos sacar el máximo de energía de nuestro trabajo y luego llegar a casa y disfrutar la una de la otra en el poco tiempo que tengamos. A mí eso no me va a funcionar, ¡jamás!

Nunca te lo he dicho, pero el año pasado, cuando las dos estábamos en Hilton Head, yo disfrutaba más por el día que por la noche. No era nada divertido estar con Kate cuando no estaba trabajando. Estaba irritable y quisquillosa todo el tiempo y le encontraba defectos a prácticamente todo. Quería que yo estuviera en casa a los cinco minutos de haber salido de trabajar y no quería veros a Nicole y a ti. Cuando sus necesidades no quedan cubiertas con el trabajo, depende de mí para que la llene y eso es mucha responsabilidad.

Yo tenía paciencia con ella, porque sabía que se sentía frustrada. Pero ella no comprende que la que ahora está en esa situación soy yo. Piensa que debería dejar mi trabajo y escribir, y está dispuesta a trabajar en el ambulatorio para ganar más dinero. Pero yo no puedo escribir bien si no me encuentro bien. No es algo que pueda ignorar a base de fuerza de voluntad. Además, no puedo contentarme sólo con escribir. ¡No soy una Emily Dickinson! Necesito el contacto humano... ¡y en abundancia!

Todo va mal, T, y no sé cómo arreglarlo. Con Kate se puede hablar y se le da bien comprender sus sentimientos, pero ninguna de las dos sabemos cómo salir de esto a base de hablar.

Las dos estamos muy dolidas y nos andamos con mucho tiento la una con la otra. Ella está dolida porque cree que yo ya sabía todo esto y estaba de acuerdo con el plan. Yo estoy dolida porque quiero que ella me quiera tanto como yo a ella y no puede. ¡Jo, cómo duele reconocer eso!

Ojalá nos pudieras enviar un poco de polvo mágico para que desaparecieran nuestros problemas, pero creo que eso supera incluso a tus grandes talentos.

Volveré a escribirte, colega. Espero tener mejores noticias.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 12 de julio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

Mañana vuelvo a casa.

Sabes, el correo electrónico es tan impersonal. Si estuviera escribiendo esto en papel, verías que mis lágrimas habían manchado la hoja y habían corrido la tinta. Eso sería mejor reflejo de mi corazón roto que esas simples palabras de derrota.

He aquí la verdad sin adornos. He crecido durante el tiempo que Kate y yo hemos estado juntas. Mis necesidades han ido cambiando a medida que he madurado. Cuando nos conocimos, me sentía sola y deprimida. Tú estabas con Jenna y creía que había perdido mi oportunidad. Lo único que quería era a alguien a quien amar, alguien que me enseñara a amar. Kate lo hizo, y muy bien. Pero ahora necesito más. Necesito a alguien con quien compartir mi vida, y eso sólo puedo hacerlo con alguien que sienta por mí lo mismo que yo por ella.

Hace mucho tiempo te dije que Kate y yo nos conformábamos con ser el condimento de nuestras vidas. Eso era una gilipollez entonces y es una gilipollez ahora. Lo dije para convencerme de que con eso me bastaba. Nunca me ha bastado, T, nunca. Estaba convencida de que Kate acabaría terminando su formación y se calmaría y se concentraría en nuestra relación, pero eso no va a pasar.

Quiero lo que siempre he soñado: quiero una compañera para quien yo sea lo primero, una compañera que prefiera pasar el tiempo conmigo antes que con cualquier otra cosa del mundo. Quiero ser el plato principal, T. Me merezco ser el plato principal. Si tienes un plato principal estupendo, no necesitas ningún puñetero condimento... y ésa es la situación de Kate. Su trabajo la hace tan feliz que en realidad no NECESITA nada más. Sí, me quiere. Sí, desea que esté con ella el resto de su vida. ¡Pero no me NECESITA! ¡Quiero que me necesiten, joder!

Estoy tan hecha polvo que tengo mal el estómago, pero, como de costumbre, la doctora no está en casa. La han llamado del ambulatorio diciendo que hoy podía hacer doble turno y se ha ido a trabajar. Era nuestra última oportunidad de intentar llegar a algún tipo de compromiso y se ha ido a trabajar. Si eso no es un mensaje bien claro, no sé lo que es.

Supongo que estaré en casa de mis abuelos cuando vuelvas. Jo, si supiera dónde estás, iría a buscarte. Pero supongo que a Nicole no le haría mucha gracia ver mi cara larga. Una cosa que sí sé es que te vas a alegrar de verme. Puedo contar contigo, T, y no hay nada en mi vida que me tranquilice más.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 31 de julio, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

Jo, trabajar en un barco de pesca sí que es una buena manera de tener mucho tiempo para pensar. Estoy saliendo con papá para que el abuelo pueda descansar un poco. Papá es buena compañía, pero como sabes, no tiene mucho que decir. Pero no importa. He aprovechado bien el tiempo, pensando en mi vida y en cómo me gustaría que fuera.

Mi vida personal va a ser difícil durante un tiempo, pero seguro que lo supero. Kate y yo hemos hablado por teléfono cada vez que tiene una noche libre. Ha sido duro porque las dos estamos muy tristes, pero no sé qué otra cosa hacer. Sabes, hay posibilidades de que ella cambie dentro de unos años y quiera más de una relación. Pero ahora mismo no hay manera de que podamos hacernos felices la una a la otra. Ella quiere que yo haga unos sacrificios que no estoy dispuesta a hacer. Yo quiero que ella tenga otra personalidad y eso no va a ocurrir simplemente porque yo lo desee. Así que esta noche nos hemos dicho adiós. Nos ha costado muchísimo a las dos, pero no nos hace ningún bien aferrarnos a un clavo ardiendo. Eso sólo prolonga la agonía, puesto que ninguna de las dos puede o quiere cambiar. La he querido lo mejor que he podido y sé que ella ha hecho lo mismo por mí. Pero no ha sido suficiente.

Me va a costar no tener contacto con ella, T, pero creo que tenemos que cortarlo. Las dos tenemos que salir adelante y Kate tiene que concentrarse en su carrera. Está muy ocupada, pero noto lo contenta que está al hacer lo que siempre ha querido. Al menos eso me alegra el corazón. Sé que así será feliz y la quiero lo suficiente como para dejar que encuentre la felicidad, aunque eso no me incluya a mí.

Me siento más que perdida, pero una cosa de la que estoy segura es de que quiero volver a trabajar para ti, si me aceptas. Si pudiera diseñar mi trabajo ideal, no creo que cambiara nada de mi trabajo en el campamento. Está en el sitio perfecto, el sueldo es maravilloso, el trabajo divertido y estimulante y tengo la mejor compañera de oficina del mundo. Mi jefa también es fantástica y encima es guapa :-) Así que si me aceptas de nuevo, una parte importante de mi vida estará justo como deseo que esté.

Espero que tu viaje esté saliendo tal y como deseabas. Nicole es una mujer afortunada, pero seguro que ya lo sabe :-) Espero que volváis dentro de unas semanas, dispuestas a empezar a vivir juntas. No se me ocurre mejor sitio para empezar que Carolina del Sur. Claro, que hay quien ha dicho que soy poco objetiva...

Muchos besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 16 de agosto, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

Sólo unas líneas para decirte lo mucho que lamento que las cosas no hayan salido bien entre Nicole y tú. Parecías bastante animada en tu correo, pero estoy muy preocupada por ti. Me imagino lo estresante que debe de ser terminar un viaje con alguien con quien acabas de romper. Espero que Nicole sea lo bastante madura para apreciar tu sinceridad.

Pienso en ti, T, y te envío todas las buenas vibraciones que puedo.

Besos,
Hennessey



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 1 de septiembre, 2003
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
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Asunto:

Hola,

Bueno, este fin de semana vuelves a casa y me encuentro presa de un dilema. Te aseguro que no es tan cómodo como suena :-)

Esto no se lo diría a nadie más, Townsend, y sólo te lo digo a ti porque sé que nuestra amistad puede con cualquier cosa. Así que voy a dejarme de rodeos y decirlo. Quiero recuperar mi trabajo y estoy casi segura de que tú también quieres que vuelva. Pero tengo que ser totalmente franca contigo. Quiero algo más que mi trabajo. Te quiero a ti también.

Repito, yo no le diría esto a una mujer que acaba de romper con alguien. Y yo no confiaría en una mujer que hubiera tenido una larga relación y me dijera eso, así que sé que piso terreno resbaladizo. Si te lo digo ahora es porque podría influir en tu decisión sobre si vuelves a contratarme o no.

A lo largo de nuestra amistad me has dicho en diversas ocasiones que ya no estás enamorada de mí, y no creo que eso haya afectado a nuestra relación. Quiero que sepas que si estás segura de que nunca podrás corresponderme, eso jamás echará a perder lo que tenemos. Pero eso sólo es mi punto de vista. Si te pone incómoda tenerme al lado bebiendo los vientos por ti (y los bebo, que lo sepas), me quedaré con mis abuelos hasta que encuentre trabajo como profesora. O a lo mejor pesco con mi padre de día y escribo de noche. Bien sabe Dios que en esta casa no hay mucho más que hacer :-)

Si, por el contrario, descubres que aún te queda aunque sólo sea un pequeño rescoldo de atracción (sólo de decirlo se me acelera el corazón :-) ) haré todo lo que pueda para convertir ese rescoldo en una hoguera ardiente. No soy la misma persona indecisa y con fobias sexuales que era la última vez que lo intentamos, Townsend. Sé lo que quiero y sé que puedo hacerte feliz, si me das la oportunidad.

No espero que tomes una decisión sobre mí ahora mismo. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que estabas enamorada de mí y que los sentimientos no cambian deprisa. Sólo espero que me des la oportunidad de volver a ganarme tu corazón.

Nos queremos, nos respetamos, tenemos los mismos intereses, estamos bien situadas geográficamente... ¿tan difícil va a ser volver a enamorarnos? :-) Hablo en broma sobre todo porque estoy incómoda, T. Esto significa para mí más de lo que puedas imaginarte nunca y lo digo totalmente en serio. Lo único que necesito de ti ahora mismo es la promesa de que no estarás incómoda trabajando conmigo si te ves incapaz de corresponder a mi amor. El resto ya se arreglará solo.

H

Aturdida, Townsend se fue a la cama y se dejó caer en ella. Se quedó contemplando el techo, con la mente revuelta por una tormenta de emociones encontradas. Estaba atónita por las cosas que le habían ocurrido a Hennessey y asombrada de que su amiga hubiera sido tan franca con sus sentimientos. Sabía lo que tenía que hacer y sabía que tenía que hacerlo en cuanto hubiera dormido.


A la tarde siguiente, el barco camaronero atracó en el muelle, con Dawayne al timón y Hennessey a cargo de las amarras. La morena estaba tan absorta amarrando el barco que no se dio cuenta de que tenía visita hasta que saltó al muelle. Se quedó petrificada, con los ojos desorbitados con una mezcla de miedo y emoción.

Townsend se levantó, se sacudió el polvo de los pantalones cortos y luego se acercó a su amiga. Hennessey no movió ni un músculo. No vio a su padre saludar amablemente a Townsend ni lo oyó decir que él se encargaría de descargar el barco. Lo único que conseguía hacer era clavar los ojos en el leve contoneo de las caderas de Townsend al caminar por el muelle.

Plantándose delante de Hennessey, Townsend agarró los tirantes de color rojo brillante que sujetaban sus botas altas de goma amarilla. Tiró de la guapa aunque desaliñada mujer hasta ponerla a su altura y dijo:

—Dos cosas. Una, te mentí. Dos, date una ducha y hablaremos de ello.

—¿Eh?

—Hoy estás un poco lenta, larga, pero lo comprendo. Vamos a concentrarnos en la ducha, ¿vale? Por guapa que seas, hueles a comida barata para gatos. Vámonos.

Hennessey sintió que su amiga la cogía de la mano y recorría con ella la corta distancia que las separaba de la casa. Ninguna de las dos dijo nada durante el trayecto. Hennessey estaba demasiado sorprendida para hablar y Townsend sabía que Hennessey estaba un poco corta de entendederas en estos momentos. Ésta es una de sus características más adorables, pensó Townsend mientras caminaban. Con lo inteligente y madura que es, se queda como si tuviera serrín en el cerebro en determinadas circunstancias.

Llegaron a la casa y la puerta estaba abierta, como siempre.

—Sube a ducharte y cuando vuelvas a oler a mujer, baja. Tenemos que hablar muy en serio.

Hennessey asintió y se alejó en la dirección correcta. Pocos minutos después, Townsend oyó el agua que corría en la bañera y sonrió ante el logro de su amiga. No está mal. Ha encontrado el cuarto de baño.


Pasaron unos veinte minutos y Townsend empezó a preguntarse si Hennessey se había estado frotando la piel con piedra pómez. A lo mejor no tendría que haberle dicho que se quitara todo el olor a pescado. Es muy concienzuda. En el momento en que se disponía a subir para ver qué pasaba, Hennessey bajó, vestida con unos pantalones cortos finos y grises de deporte y una camisa sin mangas de color azul celeste.

—He hecho todo lo que he podido —dijo, sonriendo a Townsend con una buena dosis de miedo—. ¿Has dicho que me habías mentido?

Townsend dio unas palmaditas en el asiento para que se sentara a su lado y Hennessey obedeció.

—Así es. —Se giró hasta poder mirar a Hennessey directamente a los ojos y dijo—: Se me ocurren por lo menos dos veces en que me preguntaste si seguía enamorada de ti. Una vez te dije la verdad, pero la otra te mentí en la cara. ¿Me perdonas?

Hennessey apretó los labios.

—¿Cuándo me dijiste la verdad?

—El día antes de que te graduaras en Harvard. Entonces seguía enamorada de Jenna, larga, y aunque con el beso que me diste casi me desmayo... realmente entonces no estaba enamorada de ti.

El corazón empezó a latirle más rápido y Hennessey sintió que se le empezaba a secar la boca.

—¿Cuándo me mentiste?

Townsend bajó la mirada y se quitó distraída un poco de polvo de los pantalones cortos.

—No me acuerdo exactamente de cuándo, pero fue en los dos últimos años. Te dije que no estaba enamorada de ti... y era una mentira bien gorda.

A Hennessey se le empezó a animar la cara, pero seguía algo ceñuda.

—¿Me lo estás diciendo para tranquilizar tu conciencia?

Townsend puso la mano en el muslo bronceado que estaba al lado del suyo.

—No. Te lo digo por tus cartas. He pensado que debía dejar claro que no tienes que volver a ganarte mi corazón. Ya te lo has ganado.

La cara de Hennessey se iluminó de inmediato con una sonrisa radiante.

—¿¡¿No me jodas?!?

—¡Hennessey! ¡Pero qué lengua! Tú rara vez sueltas tacos.

—Y tú nunca me dices que me quieres... ¡así!

—Bueno, pues te quiero así. —Miró profundamente a los frescos ojos azules de su amiga y repitió—: Te quiero así.

—¡Dios, Townsend! Tengo un millón de preguntas, ¡pero tengo tantas ganas de besarte que podría gritar!

Townsend le echó una sonrisa provocativa y preguntó:

—¿Es que tu abuela no te ha enseñado que en casa no se grita?

Sin perder ni un segundo, Hennessey rodeó el cuerpo de Townsend con los brazos, estrechándola con fuerza durante casi un minuto. Estaba tan abrumada que estaba a punto de echarse a llorar, pero su necesidad de sentir los suaves labios de Townsend se impuso. Se apartó y miró a su amiga a los ojos, sintiendo que se perdía por completo en ellos. Cerró los ojos y se echó hacia delante y quedó envuelta por los labios más suaves, más cálidos y más deliciosos que había tocado nunca.

Una de ellas soltó un suspiro, pero ninguna de las dos sabía quién lo había hecho. Hennessey levantó una mano y la enredó en el pelo de Townsend, sujetándola y acariciándola a la vez.

Townsend estrechó el cuerpo de Hennessey en un abrazo inmenso, sin darse cuenta siquiera de que se la estaba montando en el regazo. Hennessey soltó un leve gemido al moverse y no tardó en encontrarse a horcajadas encima de Townsend. Se sentó, centrando el peso entre los muslos ligeramente abiertos de su amiga, intentando no hacerle daño.

Cuando Townsend la tuvo donde quería, se dejó ir, besando a Hennessey sin el menor asomo de autocontrol. Se apretaban la una contra la otra, tratando de acercarse más, de besarse con más fuerza, de sentirse, olerse y saborearse cada vez más.

El tiempo pareció detenerse y las dos mujeres perdieron la conciencia de todo cuanto las rodeaba, hasta que entró Dawayne por la puerta, preguntando:

—¿Has salido ya de la ducha...? —Se quedó mirando a su hija y a su amiga, por un instante, con aire más culpable que ellas, luego se dirigió hacia el cuarto de baño, diciendo—: La primera vez desde hace semanas que no pareces un gato enfermo, nenita. Me alegro de verte, Townsend.

—Yo también me alegro de verlo, señor Boudreaux. Siento que hayamos...

—No pasa nada —dijo él—. Hay que vivir.

Townsend se quedó mirando a su amiga, sin rastro de pasión en el cuerpo.

—¿Pero qué demonios...?

—Nunca me ha dicho lo que tengo que hacer —dijo Hennessey—. Ya te he dicho que es más como un hermano mayor que un padre. Además, dado como tontea con las mujeres, seguro que a él lo han pillado en situaciones más embarazosas.

Townsend luchó por desenredarse de su amiga, diciendo:

—No puedo creer lo poco que parece importarte. Jo, Hennessey, ¡hace pocos años eso te habría matado!

Hennessey le echó una sonrisa provocativa de medio lado.

—Ahora ya soy mayor.

—Ya lo creo —asintió Townsend, dándole otro beso—. ¿Hablamos ahora o quieres que sigamos hasta que lleguen tus abuelos y nos pillen de nuevo?

—No soy tan mayor —dijo Hennessey—. Vamos a saludar y luego a dar un paseo o algo así.

Así lo hicieron, y tras un recibimiento muy cariñoso por parte de la vieja generación, Townsend llevó a Hennessey hasta el final del muelle.

—¿Te importa? Me encanta oír el agua dando en la madera.

—A mí también —dijo Hennessey—. Pero la gente del restaurante nos puede ver, así que nada de besos. La abuela nos daría una paliza si alguien se quejara.

Townsend se quitó los zapatos y los calcetines y dejó que sus pies se mojaran en la marea alta.

—Bueno, dijiste que tenías un millón de preguntas antes de que nos entrara la locura. ¿Quieres empezar con la lista?

—Puede que haya exagerado —reconoció Hennessey—. Pero sí que tengo algunas. Supongo que la más importante es: ¿cuánto tiempo hace que sientes esto y por qué no me lo habías dicho?

—Eso son dos —le recordó Townsend—. Pero puedo con dos. Creo que me volví a enamorar de ti cuando pasé las Navidades aquí hace un par de años. Estábamos sentadas al lado del faro de Harbor Town, hablando de cómo habíamos estado la primera vez que fuimos allí. De repente me di cuenta de que te quería más que nunca.

—¿Entonces por qué...?

—Shh... shh... —la tranquilizó Townsend—. Esa pregunta ya está sobre el tapete. No te lo dije porque tú tenías una relación, cariño. ¿De qué habría servido?

Hennessey parecía desconcertada.

—Pero si me lo hubieras dicho, a lo mejor me habría dado cuenta antes de cómo era mi relación con Kate.

—Ya. —Townsend enfocó la mirada y se quedó mirando a Hennessey un momento—. ¿Y por qué iba a hacer semejante cosa?

—¿Y por qué no?

Townsend sacudió la cabeza con irritación.

—Yo nunca, jamás, querría estar con una mujer a la que hubiera que empujar para que se decidiera a estar conmigo. Dios, Hennessey, ¿es que no me conoces? Nunca, ni una sola vez, dije nada malo sobre la religión de Jenna. Era ella la que tenía que tomar su propia decisión. ¿Por qué iba a intentar convencerte de que dejaras a Kate?

Con aire muy culpable, Hennessey dijo:

—Yo te dije que seguía enamorada de ti cuando tú estabas con Jenna.

Townsend le dio unas palmaditas en el muslo y dijo:

—Yo siempre he sido más desinteresada.

—Eso es cierto.

Hennessey la miraba con total seriedad, pero Townsend no le hizo ni caso.

—No seas tonta. Durante los dos primeros años de conocernos era una lunática.

—Pero siempre has sido más madura que yo —dijo Hennessey—. Todavía lo eres.

—No creo que eso sea cierto —dijo Townsend—. Tú tuviste que crecer demasiado pronto, nena. Yo no crecí lo bastante deprisa. Ninguna de las dos cosas era muy recomendable. Creo que ahora estamos prácticamente a la par.

—Bueno, ¿y qué hacemos ahora? Le prometí a papá que estaría aquí toda la semana.

—Mmm... eso me recuerda. ¿Va a ser difícil decírselo a tus abuelos?

Hennessey se echó a reír.

—No, para nada. La abuela lleva años diciéndome que estaba perdiendo el tiempo con Kate. Ha estado segura desde el principio de que con quien tengo que estar es contigo.

—¿Conmigo? ¿En serio?

—Sí —dijo Hennessey—. Poco después de que le dijera lo de Kate, me preguntó si a ti también te gustaban las mujeres. No quería traicionar tu confianza, pero no pensé que te importara.

—Claro que no me importa —le aseguró Townsend.

—Bueno, pues dijo que nunca había visto a Kate mirarme como me mirabas tú. Parte del motivo de que nunca le cayera bien Kate era que estaba segura de que tú me querías más que Kate y estaba también segura de que yo te quería más a ti que a Kate. Siempre te he querido más —dijo Hennessey, con una sonrisa culpable.

—¿Entonces por qué has estado tanto tiempo con ella? —preguntó Townsend—. ¿Cómo podías estar con ella si sabías que me querías más a mí?

Hennessey se rascó la cabeza y dijo:

—No sé si hice lo correcto, pero sí que hice lo que me pareció que era lo correcto. Creo que puede que fuera como las personas que han perdido a un cónyuge muy amado. Si se vuelven a casar, seguro que el tipo de amor es diferente. Si la mayoría de ellos pudieran elegir, seguro que preferirían volver a tener a su primer cónyuge. Pero como eso no puede ser, encuentran a alguien a quien amar... de forma distinta. Yo amaba a Kate, la amaba de verdad, pero nunca la amé como te amaba a ti, Townsend. Una vez juntas, le debía mi fidelidad. Me esfuerzo por ser una persona de honor, y me pareció que lo honorable era intentar con todas mis fuerzas que las cosas salieran bien con Kate.

—Ah. —Townsend se la quedó mirando un momento y dijo—: Mi psiquiatra cree que elegiste a Kate porque era una adicta al trabajo. Cree que estabas programando tu relación para que acabara fracasando.

—No tengo que pagar por ese análisis, ¿verdad? —preguntó Hennessey—. Porque me parece un asco.

—Podría ser —dijo Townsend—, pero también podría haber algo de verdad en ello. Puede que hayas buscado una amante "de arranque".

—Pues sí que la fastidié, porque ha sido un arranque de lo más largo —dijo Hennessey, riendo—. Creo que mi madrina de Alcohólicos Anónimos dio en el clavo y su opinión no me costó nada.

—Tú siempre buscando gangas, ¿eh? —dijo Townsend.

—Sí. Pero los consejos gratis también pueden ser correctos. Ella pensaba que elegí a Kate para protegerme.

—¿De?

—De ti —dijo Hennessey, con expresión sombría—. Pensaba que al principio me sentía atraída por ti porque eras alcohólica. Estar con alguien a quien tenía que salvar y conseguir progresos era algo fantástico para mí. Me había pasado la vida intentando que mis padres dejaran de beber y ahí estaba, ayudando por fin a alguien a quien quería a que empezara a sentir aprecio por sí misma.

Con aire de estar a punto de echarse a llorar, Townsend asintió.

—Eso sí lo entiendo. —Posó la mirada en Hennessey y en sus ojos huidizos se notaba el miedo—. Ya no sientes eso, ¿verdad?

A pesar de donde estaban, Hennessey abrazó a su amiga, susurrando:

—No, no, todo eso ya lo he superado. —Se apartó y miró a Townsend a los ojos—. Mi madrina me dijo que sentirme atraída por Kate fue la cosa más sana que me podía haber pasado. Y en ese momento, lo fue. Kate era una amante "de arranque", pero no creo que yo estuviera programando nuestra relación para que fracasara. Creo que estaba intentando crecer. Y, afortunadamente, elegí a una persona más madura y con más experiencia que yo con quien crecer. Kate tiene una de las familias más normales que he visto nunca —continuó Hennessey—. Los hijos se comportan como hijos y los padres se comportan como padres. Kate nunca ha tenido que ir a buscar a su padre a un bar y rogarle que vuelva a casa. Su madre nunca le ha robado dinero. Tenía experiencia sexual, era fácil de querer y era capaz de quererme sin un camión cargado de equipaje emocional.

—Yo tenía dos camiones —dijo Townsend, con tono apagado y triste.

—Y yo —insistió Hennessey—. Pero estar con Kate me permitió dejar atrás toda esa mierda. Habría sido mucho más difícil si yo siempre hubiera estado intentando asegurarme de que tú te mantenías en el buen camino.

—Pero entonces todo esto no lo sabías, ¿verdad?

—¡Dios, no! Antes no tenía tanto acceso a mi mente subconsciente.

—¿Y ahora? —El sol soltaba destellos en el agua, bañando la cara de Hennessey en un resplandor bronceado. Townsend deseó poder tocar ese rostro tan bello, pero sabía que tenían que ser discretas cuando estaban en casa de Hennessey—. ¿Qué piensa ahora tu mente subconsciente de nosotras?

—Todas mis mentes... y tengo muchas... piensan que estar contigo es la mejor idea del mundo. ¿Y tú qué? ¿Sigo con tu corazón?

—Sí. Soy tuya, larga. Ojalá pudiéramos... —Miró hacia la casa y meneó una ceja con aire sugerente—. Pero no parece posible.

—¿Estás segura de que estás preparada para estar conmigo, T? No hace tanto que rompiste con Nicole.

—Fue a principios de julio —dijo Townsend.

—¿Julio? Yo creía que fue justo antes de que me escribieras.

—No. Ésa fue la primera vez que tuve acceso a Internet.

—¿Qué pasó, nena? ¿Me lo cuentas?

—Claro. Ahora que has roto con Kate, puedo contarte toda la historia. Acabas conociendo muy bien a una persona cuando estás con ella a todas horas. Y ella también acabó conociéndome muy bien a mí. Algunas de las cosas que descubrió le mosqueaban. En realidad, llevaban mosqueándola desde el principio, pero tenía miedo de preguntarme algunas cosas. Por suerte, consiguió armarse de valor antes de decidir trasladarse aquí.

—¿Qué tenía miedo de preguntar?

—Tenía miedo de preguntarme sobre ti. —Townsend tocó con el dedo el surco que se había formado entre las cejas de Hennessey—. Nicole me preguntó si la quería a ella más que a ti y en justicia no pude decirle que sí. —Miró al suelo y dijo—: Nunca amaré a otra mujer tanto como a ti, Hennessey. Jamás.

Mientras hablaba, Hennessey se fue arrimando más sin darse cuenta hasta que su amiga la detuvo.

—Estamos en público, cariño.

—¿No podemos irnos a algún sitio? Tengo que tocarte. He esperado un cuarto de mi vida para tocarte, Townsend. Eres la mujer más preciosa, inteligente, sensible, divertida y moral que he conocido en toda mi vida. Y tienes el cuerpo más delicioso —añadió, con la voz ronca y un brillo decidido en los ojos.

—Delicioso, ¿eh? —dijo Townsend, con los ojos chispeantes de nuevo—. Pues me temo que vamos a tener que esperar un poco para probar nuestras delicias. Yo tengo que volver esta noche y tú tienes que trabajar.

—Oooh... no me lo recuerdes. La pesca comercial no es lo mío.

—Tengo que ir al campamento y ocuparme de unas cosas, pero se me podría convencer para que volviera.

—Por favor, por favor, por favor, por favor...

Townsend detuvo los labios en movimiento con los dedos.

—Volveré en cuanto pueda. Tú no corras riesgos en el agua. Quiero que te concentres, cariño. Quiero que tengas las dos manos y todos los dedos intactos cuando vuelva.

—Haré todo lo que pueda. —Volvió a inclinarse hacia su amiga y se detuvo a tiempo—. Tengo que despedirme de ti con un beso.

Fueron al coche de Townsend, aparcado en un sitio donde nadie las veía. Townsend se apoyó en la puerta y puso las manos en las caderas de Hennessey. Acercándose, con los ojos parpadeantes de asombro, Hennessey dijo:

—Qué feliz soy... pero también estoy triste. Las dos nos hemos esforzado mucho por estar con otras personas. Ojalá hubiéramos podido quedarnos juntas para capear el temporal.

—No pienses eso —dijo Townsend—. Nunca habríamos tenido esta oportunidad si no hubiéramos dedicado un tiempo a crecer. Cuando nos conocimos, yo no podía pensar en ti como mi igual, Hennessey, y acabas de reconocer que tú tampoco pensabas en mí de esa manera. Ahora sí.

—No somos iguales —dijo la morena, sonriendo con picardía—. Tú eres mi jefa. ¿Hay alguna norma al respecto?

—Sí. La norma que establece que vamos a pedirle a MaryAnn que nos haga codirectoras del programa... y que las dos respondamos ante ella. No estoy dispuesta a dejar que nuestro trabajo afecte a nuestra relación.

—¡Jo! Ésas son las palabras que me moría por oír —dijo Hennessey, sonriendo.

—Lo digo en serio. Tú eres lo primero, larga. Siempre lo serás. —Se besaron largo rato, intentando controlar su pasión—. Te quiero, Hennessey. Te llamo en cuanto llegue a casa, ¿vale?

—Llevaré encendido el móvil en todo momento. Llámame cuando quieras... a cualquier hora.

—Lo haré. —Besó a Hennessey una vez más y luego le dio una palmadita en la mejilla—. No sé tú, pero yo he tenido un día muy agradable.

—Si el mejor día de mi vida se puede calificar de agradable, entonces te aseguro que he tenido un día muy agradable.

—Tú espera —susurró Townsend, mordisqueando el labio inferior de Hennessey—. Creo que puedo mejorarlo. Dame tiempo.

—Todo el que necesites —dijo Hennessey, con una sonrisa luminosa.


A la tarde siguiente, el sueño de Hennessey se hizo realidad cuando Townsend apareció de nuevo sentada en el muelle, esperando a que atracara el barco. Saltando del buque en cuanto fue seguro hacerlo, Hennessey sonrió a su amiga con cariño.

—Llevo todo el día pensando en ti. —Levantó las manos mugrientas y agitó todos los dedos—. Pero también me he concentrado.

—¿Puedes irte ahora?

Hennessey se volvió hacia el barco y Dawayne le hizo un gesto para que se fuera.

—Vete. Ya descargo yo. Me alegro de volver a verte, Townsend. Esta vez llamaré antes de entrar.

—Siento lo de ayer, señor Boudreaux.

—Yo he hecho cosas peores —dijo, y en sus bellos rasgos se dejó ver el chico que todavía llevaba dentro.


Townsend se echó en la cama de Hennessey, esperando a que su amiga se duchara. Hennessey estaba cantando y Townsend la escuchó largo rato, pensando: No es una voz formada, pero es bien bonita. Podría pasarme el resto de mi vida escuchando esa voz.

Hennessey salió mientras Townsend seguía sumida en sus ensoñaciones. Iba vestida de nuevo con ropa muy ligera y muy suelta, cosa obligatoria por el calor y la humedad. Se echó en la cama al lado de Townsend y su olor limpio y fresco hizo que su amiga moviera la nariz.

—Mmm, qué bien hueles.

—¿Ya no huelo a pescado?

—Será mejor que lo compruebe. —Con una sonrisa provocativa Townsend se puso a olisquear todo el largo cuerpo de Hennessey. Advirtió que su amiga no llevaba nada de ropa interior y su mente empezó a divagar, intentando idear formas de tocar y saborear algo de esa piel desnuda.

—¿Sigues comprobando? —preguntó Hennessey un poco más tarde.

—No. —Townsend tenía la cara hundida entre los pechos de Hennessey, incapaz de apartarse—. No sé si puedo estar echada aquí contigo sin... —Deslizó los dedos por debajo de la pernera de los pantalones cortos de Hennessey y fue subiendo cada vez más hasta que una mano cálida la detuvo.

—No podemos enrollarnos aquí, cielo. Ojalá pudiéramos, pero...

—Ya lo sé —dijo Townsend, con tono derrotado—. Las paredes son delgadísimas.

—Podría ir a Hilton Head y volver por la mañana.

—¿A qué hora salís tu padre y tú?

—A las seis.

Townsend le frotó la tripa a Hennessey.

—No me parece muy relajante. No quiero que abandones mi cama a las cuatro de la mañana. Cuando te ponga las manos encima, te voy a tener ahí mucho tiempo.

—¿Y qué hacemos?

—Creo que podemos besarnos un rato y luego ir a ayudar a tu abuela en la cocina. Luego podemos besarnos un poco más y me voy a casa.

—Me gusta lo de besarnos —dijo Hennessey—. Me gusta mucho. Pero lo de que te vayas a casa es un asco.

—Volveré mañana por la tarde. Ya es algo, ¿no?

—Sí —dijo Hennessey, sonriendo—. Es más que algo.


A la tarde siguiente, Townsend apareció a su hora y esta vez tenía buenas noticias.

—Mañana no tengo nada que hacer. ¿Qué tal si me quedo esta noche y os ayudo en el barco mañana?

—¿En serio? ¡Me encantaría que te quedaras! Pero creo que tenemos que guardar un poco las apariencias. A la abuela no le que gustaría que...

—Oye, por eso no te preocupes. Nos espera el resto de nuestra vida, cariño. Una o dos noches no van a suponer ninguna diferencia.


La pareja empezó como pretendía, con Townsend en el somier y Hennessey en el colchón en el suelo. Hennessey no supo a qué hora ocurrió, pero en algún momento de la noche Townsend se acostó a su lado y no tardaron en quedarse dormidas muy abrazadas, sin importarles el calor.


A las cinco de la mañana, la abuela de Hennessey abrió con sigilo la puerta para despertar a la tripulación. Lo que vio le hizo sofocar un grito, pero se obligó a superar la incomodidad y mirar atentamente a su nieta.

Hennessey estaba de lado, con la cabeza apoyada en el hombro de Townsend. La mujer más menuda rodeaba la cintura de Hennessey con los dos brazos, con las manos unidas a la espalda de la morena. Townsend tenía la cara vuelta, con la barbilla apoyada en la cabeza morena de Hennessey y un amago de sonrisa en los labios.

Las jóvenes parecían tan absolutamente contentas y el cariño que sentían la una por la otra era tan evidente, que no tuvo valor de despertarlas. Hoy pueden salir los chicos solos. Estas dos necesitan estar juntas. Se rió de sí misma en silencio. ¿Pero qué mosca te ha picado? Antes de que te des cuenta estarás participando en uno de esos malditos desfiles. Irguió la espalda y pensó con aire digno: Por encima de mi cadáver.


El sol entró despacio por la ventana abierta, cuyos tenues visillos se mecían con una ligera brisa. Townsend abrió los ojos y se encontró con la sonrisa de Hennessey.

—¿Estás despierta, tesoro?

—Sí. —Townsend se estiró y movió los hombros—. Me siento como si hubiera dormido en una cabina telefónica.

—Vamos a poner el colchón en el somier y a dormir un poco más. Todavía pareces cansada.

—¿No tenemos que levantarnos?

—No hay prisa. Tenemos mucho tiempo.

Era evidente que Townsend seguía medio dormida.

—Vale. —Se apartaron del colchón y lo subieron al somier—. ¿Estás segura de que tenemos tiempo?

—Mm-mm. Segurísima. —Hennessey se metió en la cama y se puso a Townsend encima—. Duérmete, cariño. Ya te despertaré.

—¿Seguro?

—Seguro.


El sol acabó dando directamente en los párpados de Townsend. Con un leve maullido, alzó una mano y se los tapó, intentando no despertarse. Hennessey sonrió y puso la mano encima de la de Townsend, sin tocarla. Cuando ya parecía que se había vuelto a quedar profundamente dormida, la rubia se despertó sobresaltada.

—¡Tenemos que levantarnos! —Se incorporó, mirando a su alrededor con cara de pasmo.

Hennessey le puso una mano en el hombro y volvió a tumbarla con delicadeza.

—No, no tenemos que levantarnos. Tenemos el día libre.

—Pero...

—Ya lo sé. Pero podemos ir a pescar cualquier otro día. La abuela se ha apiadado de nosotras.

—¿Eh?

—Me desperté justo antes del amanecer y bajé para ver por qué la abuela no nos había despertado. Estaba haciéndole el desayuno al abuelo y me dio un azote en el culo y dijo: "Vuelve con tu chica".

—¿Tu chica? —Townsend se echó a reír, con un tono algo alocado.

Hennessey se pegó a su compañera y la abrazó con fuerza. Le mordisqueó el cuello y las orejas, haciéndola chillar.

—Eres mi chica y todo el mundo lo sabe. Hasta la abuela quiere que me pase el día haciendo el amor contigo. —Detuvo su ataque y sonrió al oír la exclamación de Townsend.

—Tu abuela quiere que hagamos el amor. Tu abuela quiere que nosotras hagamos el amor.

Sonriendo ampliamente, Hennessey apoyó la cabeza en su otra mano y dijo:

—Sí. Y yo siempre hago lo que dice mi abuela. Soy una chica muy buena.

Con un ligero ceño, Townsend dijo:

—A ver si lo entiendo. Estamos en la misma cama minúscula. Ninguna de las dos está liada con nadie más. Las dos tenemos experiencia sexual. Mi familia te adora y la tuya parece quererme a mí. —Le cogió a Hennessey la cara con las dos manos, estrujándosela—. Y ahora me dices que tu abuela quiere que hagamos el amor. ¿Aquí no pasa algo raro?

—A-a.

—¿Qué? —Le soltó la cara a Hennessey—. ¿Puedes repetir?

—Nada. Aquí no pasa nada raro. Aquí es donde tenemos que estar. Tenemos todo el día para nosotras. —Puso la mano en la cadera de Townsend, trazando pequeños círculos—. ¿Alguna queja?

La rubia se dejó caer boca arriba.

—Estoy... estoy estupefacta. Jamás en la vida pensé que por fin acabaríamos juntas en la cama. ¿Estás segura de que no estoy soñando?

—Muy segura. Yo estoy bien despierta. Todas mis partes están despiertas. —Le dedicó a Townsend su sonrisa más provocativa y empezó a mover la mano por su costado—. ¿Quieres verlo?

Townsend no contestó de inmediato y Hennessey se inclinó sobre ella, percibiendo un leve asomo de indecisión.

—¿Qué te pasa, cariño?

—No lo sé —dijo Townsend—. Es como si fueran demasiadas cosas buenas todas a la vez. Estoy un poco... asustada, creo.

—Nunca se tienen demasiadas cosas buenas —la tranquilizó Hennessey. Pasó el dedo por las pequeñas arrugas de la frente de Townsend—. Todo irá bien, cielo. Por fin estamos donde siempre hemos querido estar.

—Ya lo sé —dijo, en voz baja y un poco trémula—. ¿Y si ahora la fastidiamos?

—Ohh, pobrecita. No hay nada de que preocuparse. No la fastidiaremos.

—A lo mejor tú no, ¿pero y yo? Nunca he conseguido tener una relación duradera.

Hennessey olisqueó el cuello de su compañera.

—La nuestra ha sido muy duradera. ¿O es que no cuenta?

—Sí, claro que cuenta. Pero no hemos tenido relaciones sexuales. A lo mejor no se me da muy bien, a pesar de que lo he hecho mil veces. No fui lo bastante buena para mantener a Jenna interesada y Nicole no quiso dejar Boston por mí. ¿Quién no elegiría Hilton Head antes que Boston?

—Una lunática —susurró Hennessey, volviendo a mordisquear ligerísimamente la oreja de Townsend.

—Hablo en serio —lloriqueó Townsend—. Estoy muy nerviosa.

—¿Me das un beso?

—¿Eh?

—Me... das... un... beso. Es una pregunta muy sencilla.

—Ven aquí —dijo Townsend, mirándola levemente ceñuda. Rodeó a Hennessey con los brazos y la acercó. Sus labios se encontraron y al sentir el peso de Hennessey encima de ella, parte de su angustia empezó a desaparecer. Abrió la boca y recibió dentro la lengua cálida y suave de su amante. Hennessey tenía un sabor tan fresco, tan limpio...—. ¡Oye! ¡Te has lavado los dientes!

—Qué beso tan encantador —suspiró Hennessey—. Lo que más me ha gustado es el grito que me has soltado en la oreja.

Townsend la agarró de la camiseta y la zarandeó en broma.

—¿Cuándo te has lavado los dientes?

—Cuando me he duchado —dijo la morena—. Que tú puedas pasarte el día entero durmiendo no quiere decir que yo también sea una vaga.

—¿Estamos solas?

—Desde hace horas. Literalmente.

Townsend trepó por encima de su compañera, levantándose antes de que Hennessey pudiera detenerla.

—Si tú te duchas, yo me ducho.

—¿Puedo ir contigo? Soy muy ayudadora.

—Seguro que sí. —Townsend le cogió la nariz y se la retorció—. A lo mejor más tarde. Ahora tengo que darme a mí misma una charla. No te vayas.

Hennessey se estiró y se puso las manos detrás de la cabeza.

—Ni se me ocurriría.


Cuando Townsend volvió a la habitación, se puso en jarras y estrechó los ojos.

—Has estado en la cocina.

—¿Por qué lo dices? —Hennessey estaba bebiendo un gran vaso de zumo de naranja y comiendo una tostada atiborrada de mermelada.

—Dame un poco de eso, bribona. Te dije muy clarito que no te fueras.

Ofreciéndole la tostada, Hennessey dijo:

—Ya verás que estoy domesticada, pero que no soy muy obediente. Soy un cachorrito muy terco.

Townsend se sentó a su lado y dio un buen bocado.

—¿Tienes más?

—Mm-mm. Te he traído una.

Townsend cogió la tostada y se puso a masticar, con aire pensativo.

—¿Estás segura de que estamos preparadas para esto?

Hennessey gimió, meneando la cabeza.

—¡Si lo dices en serio, me tiro por la ventana!

Empujándola con el hombro, Townsend dijo:

—Lo digo un poco en serio. Puedes tirarte de la cama.

—Cariño, ¿qué pasa? Si alguna vez ha habido dos personas que se merezcan... que se hayan ganado... que hace siglos que deberían tener una relación sexual, somos nosotras. ¡Te conozco y te quiero desde que Dios llevaba pañales!

Townsend le dio unas palmaditas distraídas en la pierna.

—Lo sé, lo sé. Es que estoy preocupada por tener por fin lo que quiero. Me da miedo.

—Y también es emocionante —dijo Hennessey—. Es una recompensa por nuestra paciencia, cariño. Nos hemos ganado el derecho a estar juntas ¡y vamos a ser felices! Estoy totalmente segura.

—¿Estás segura? —Por un instante, Hennessey vio un destello de la jovencita asustada que había conocido tantos años atrás.

Besándola con ternura, Hennessey acarició la cara de Townsend, tranquilizándola.

—Estoy absolutamente segura. No tengo la menor duda, tesoro. Estamos hechas la una para la otra y ya va siendo hora de que asumamos nuestro destino.

—Suena un poco ominoso —dijo Townsend.

—Vale. Probemos por el lado romántico. —Hennessey se bajó de la cama y se arrodilló ante Townsend. Cogiendo entre las suyas las manos más bonitas que había visto en su vida, Hennessey miró profundamente a su compañera a los ojos y dijo—: Supe que eras la mujer de mi vida la primera vez que te besé. Sentí una descarga de calor que me llegó al alma, Townsend, y lo supe. Simplemente lo supe. Hemos tardado mucho en llegar a este momento, pero cada paso ha merecido la pena. Cada vez que hemos tropezado, cada vez que nos hemos hecho daño, nos ha traído hasta aquí. —Besó tiernamente las manos temblorosas—. Te amo con todo mi corazón... con toda mi alma. Y te prometo que siempre te amaré. No hay muchas cosas de las que esté segura, pero estoy segura de ti... de nosotras.

Los temblores cesaron de inmediato y Townsend apretó las manos de Hennessey. Tiró de ellas, ayudando a su amante a volver a la cama.

—Creo que ya hemos hablado suficiente por hoy. Vamos a hacer algo más productivo con la boca.

En un abrir y cerrar de ojos, Hennessey quedó tumbada boca arriba, con Townsend echada encima de ella.

—El romanticismo me vuelve loca —murmuró, depositando besos cálidos y húmedos por toda la cara de Hennessey.

—Te puedo recitar poesía —jadeó Hennessey.

—Más tarde. Mucho más tarde. —Townsend cubrió la boca de Hennessey con la suya y la besó con todo el amor que sentía en su corazón—. Te quiero tanto —suspiró—. Tantísimo.

Hennessey la estrechó con más fuerza y se puso de lado, trasladando también a Townsend. Sus manos se movieron por el cuerpo esbelto y musculoso, deslizando el suave algodón de la camiseta y los pantalones cortos por la piel tapada. Al tiempo que Townsend aumentaba la intensidad de sus besos, los dedos de Hennessey se colaron por debajo de la camiseta y entre sus piernas comenzó un sordo palpitar al tocar la piel sedosa.

—Mmmmm —fue lo único que consiguió decir, pero Townsend la comprendió perfectamente. Besándola con fuerza, Townsend se incorporó y se agarró el cuello de la camiseta, quitándosela y tirándola al suelo.

Los ojos de Hennessey se pusieron como platos por la sorpresa cuando Townsend volvió a echarse, colocándose de tal manera que su pezón quedó dulcemente metido dentro de la boca abierta de Hennessey. La morena agarró a su compañera con fuerza, gimiendo al chupar la carne cada vez más firme. Townsend se agitó y suspiró, pasando los dedos por el pelo negro de Hennessey, cada vez más excitada al ver a su amante dedicar tan tiernos cuidados a su sensible pecho.

Intentando hablar con la boca llena de la suculenta carne, Hennessey farfulló:

—Mamaioho.

—Oh, cariño —ronroneó Townsend—. Me encanta tu voz y me encanta oírte hablar, pero podemos hablar luego. Sigue usando esa boca tan bonita.

Alzando la cabeza, Hennessey le sonrió.

—Lo siento. Es que tenía que decirte lo maravilloso que es el sabor y el tacto de tu cuerpo. Eres todo lo que sabía que serías.

Townsend se levantó el otro pecho y se lo metió a su amante en la boca.

—Amor ahora. Charla después.

Hennessey no pudo evitar sonreír, pero siguió las instrucciones y no tardó en descubrir que ella tampoco quería seguir hablando. Chupó, lamió y besó los hermosos pechos, haciendo que Townsend se retorciera y suspirara. A ella también le cosquilleaban los pechos y se apartó el tiempo suficiente para arrancarse su propia camiseta. Colocó sus pechos contra la carne caliente y húmeda de Townsend, pegándolos todo lo posible al tiempo que se frotaba contra ella.

La presión era enloquecedora, pero Townsend quería —necesitaba— más. Echó las piernas alrededor de la espalda de Hennessey, moviendo las caderas despacio y apretando los dientes de frustración.

La morena se colocó boca arriba, enganchó con los pulgares los pantalones cortos de Townsend y se los quitó. Se llenó las manos con las lisas y redondas nalgas, estrujándolas. Tenía la boca tan llena que no conseguía decir palabra, pero sus gruñidos guturales comunicaban a Townsend toda la información necesaria.

Con sus fuertes muslos, Townsend se dio la vuelta, llevándose inesperadamente a Hennessey consigo. Los brillantes ojos azules se abrieron de golpe, mirando con asombro al ver su mundo del revés. Ahora que la tenía donde quería, Townsend le devolvió el favor y le quitó las bragas a la morena con gesto elegante.

Las dos mujeres totalmente desnudas se pegaron la una a la otra, con la piel cubierta de una ligera capa de sudor. La cama era pequeña, pero se las arreglaron para aferrarse la una a la otra en un abrazo estrechísimo, rodando de un lado a otro mientras cada una se deleitaba en la sensación del cuerpo de la otra.

Hennessey no pudo esperar más y deslizó la mano entre sus cuerpos, bajando por el firme vientre de Townsend y los rizos claros, hasta colarse entre sus piernas. Por instinto, Townsend levantó la pierna y la echó por encima de las caderas de Hennessey, abriéndose a las caricias de su amante.

Alzando de nuevo la cabeza, Hennessey miró a su amante, comunicando sus sentimientos con los ojos. Sus labios se encontraron al tiempo que los ágiles dedos de Hennessey tocaban el calor de Townsend por primera vez. Con un abrazo feroz, Townsend se aferró a su compañera con todas sus fuerzas, instándola a seguir con un levísimo gemido.

Hennessey se recreó en las delicias del sexo de Townsend, dejando que sus dedos jugaran con cada pliegue y valle de la carne rosada. La acariciaba con suavidad y sin centrarse en nada, intentando prolongar la sensación todo lo posible. Jugueteando, deslizándose sobre la piel increíblemente sensible, provocó a Townsend hasta volverla loca de deseo. La rubia se apretó contra ella, intentando obligar a Hennessey a que acelerara el ritmo, pero lo único que hizo Hennessey fue aumentar la profundidad de sus besos, dejando a Townsend tan sin aliento que sólo pudo gruñir de frustración.

Por fin, Hennessey se puso a explorar sus profundidades, deslizando un dedo dentro de Townsend con tal lentitud que la rubia quiso gritar. Pero cuando el largo dedo llegó hasta el fondo, ronroneó de placer, farfullando entre besos:

—Más.

Manteniéndola al borde de la satisfacción plena, Hennessey se puso a toquetear alrededor del clítoris de Townsend, sin llegar a tocarlo directamente. Pellizcó y tiró de los delicados labios, hasta que Townsend empezó a menearse contra ella, con el cuerpo cubierto de sudor.

—Por favor —jadeó—. Por favor.

Hennessey volvió a besarla, chupándole el labio inferior, disfrutando de su sabor salado.

—Siempre te haré favores, cariño. Siempre.

Mientras lo decía, metió otro dedo dentro de ella, moviéndose deprisa para hundirlo hasta el fondo. Townsend sofocó un grito y agitó las caderas al sentir la presión. Se agarró lo mejor que pudo, pues a sus brazos les costaba sujetarse a la espalda mojada de Hennessey.

—Ya casi. ¡Ya casi!

Hennessey metió un dedo más dentro, notando la estrechez húmeda de la carne de su amante que palpitaba alrededor de su mano. Luego se retiró, bajando con el dedo mojado hasta tocar apenas el culo de Townsend. Miró a los ojos medio cerrados preguntando en silencio. Como respuesta, Townsend le agarró la mano y empujó, metiendo todos los dedos de Hennessey en sus respectivos lugares. La rubia gruñó y clavó los dientes en el hombro de Hennessey, marcándola.

Intentando concentrarse a pesar de sentir el coño dolorosamente palpitante, Hennessey colocó el pulgar justo encima del clítoris de Townsend. Empezó a mover la mano, deslizando el pulgar sobre la protuberancia de nervios al tiempo que sus dedos se movían dentro de su amante.

Las palabras que emitía la rubia eran un puro galimatías: en parte grito, en parte gruñido, con algunas sílabas ininteligibles de vez en cuando. Pero Hennessey lo interpretó como una dulce expresión de aliento. Siguió moviendo la mano, despacio, despacio, tocando, acariciando y penetrando todas las partes del cuerpo de Townsend.

Su propia necesidad era tan grande que Hennessey ya no pudo seguir ignorándola. Se metió el muslo de Townsend entre las piernas y empezó a empujar con las caderas, enloquecida al sentir la piel sedosa.

La presión fue en aumento, subiendo cada vez más hasta que Townsend creyó que iba a estallar. El orgasmo le llegó de repente e inhaló bruscamente, arqueando la espalda por encima de la cama. Gritó al tiempo que se aferraba a la sábana y luego soltó el aliento, como si se estuviera estremeciendo. Sus brazos inertes se esforzaron por agarrar a su amante, pero no tenía fuerza suficiente para juntar las manos.

Con unas rápidas embestidas más, Hennessey alcanzó el orgasmo ruidosamente, gruñendo y emitiendo un "¡Sí!" con los dientes apretados.

Cayendo boca arriba como un árbol cortado, Hennessey se quedó tumbada junto a su amante, sin aliento y floja, con el cuerpo cubierto de sudor.

—¿Quién necesita una siesta? —murmuró.

La respuesta de Townsend fue pegarse al costado de su compañera, murmurando:

—¿Me prometes que me vas a hacer eso todos los días?

—¿Todos los días? —preguntó Hennessey, riendo suavemente.

—Todos los días —dijo Townsend—. Prométemelo.

—Te lo prometo —asintió Hennessey—. Aunque podría mejorarlo.

—Vale —cedió Townsend—. Eso es el mínimo, pero si puedes hacerlo mejor...

—Vamos a probar de nuevo después de la siesta —dijo Hennessey, bostezando.

Townsend se quedó echada junto a su amante y le puso una mano en el vientre. Hennessey estaba casi dormida cuando la rubia dijo:

—Tienes una tripa monísima.

—Mmm mmm —farfulló Hennessey, con los ojos bien cerrados.

—Pero no se te deberían notar tanto los huesos de las caderas. Tienes que engordar un poco.

—Muy bien. Me pongo a ello. —La cama se agitó y Hennessey notó que Townsend se movía. De repente, notó que su pecho recibía amorosas atenciones—. ¿Qué haces? —preguntó la morena.

—No puedes dejar una cosa así de bonita suelta por aquí y esperar que me porte bien. Soy humana.

Abriendo los ojos, Hennessey se puso las manos detrás de la cabeza y observó a Townsend mientras ésta le besaba y mordisqueaba todo el tronco.

—Supongo que podemos echar una siesta más tarde, ¿no?

—Mmm mmm.

—Se le da demasiada importancia a eso de dormir.

—Mmm mmm.

—Oye, ¿dónde vas? Oooh... eso está bien.

—Mmmmmmm mmmmmmm. —Townsend levantó la cabeza y se lamió los labios—. Me voy a pasar mucho tiempo aquí abajo.

—Por mí no tengas prisa —dijo Hennessey, recostándose y suspirando profundamente—. Oh, qué gusto. Pero qué gusto.

Townsend siguió lamiendo la esencia de su compañera y no tardó en dejar a Hennessey incapaz de pronunciar palabras completas. Tumbada boca arriba, con las piernas abiertas de par en par, Hennessey movía las caderas en un lento círculo. Townsend seguía su ritmo, moviendo la lengua al compás de los movimientos de su amante.

Cuando Hennessey empezó a moverse más deprisa, Townsend hizo lo propio, presionando un poco más. A ciegas, Hennessey bajó la mano y agarró una de su compañera, trasladándola debajo de la barbilla de Townsend. La rubia supo perfectamente lo que deseaba Hennessey y se deslizó dentro de ella, colocando los dedos con delicadeza al principio de la abertura de Hennessey. Apretando en diversos puntos, fue moviéndose como las manecillas de un reloj. Cuando sus dedos llegaron a las doce, Hennessey farfulló algo y empezó a agitar las caderas, con fuerza. A los pocos segundos, soltó un grito y se aferró a los hombros de Townsend, queriendo acercarla más y apartarla al mismo tiempo. Se agitó y se estremeció y por fin tiró de Townsend hasta que la rubia subió por su cuerpo y la acunó. Se quedaron abrazadas largo rato, mientras el corazón de Hennessey recuperaba un ritmo normal.

Townsend cerró los ojos y empezó a quedarse dormida, mientras la brisa que entraba por la ventana le refrescaba la piel ardiente.

—No quiero parar —murmuró.

La voz tranquila de Hennessey llegó flotando hasta su oído.

—No son ni las diez. Acabamos de empezar.

Townsend se incorporó un poco y miró a su compañera. Hennessey la miró con una sonrisa desconcertada que no tardó en transformarse en una sonrisa plena. En sus ojos había tanto amor que Townsend se conmovió hasta el punto de quedarse sin habla. Abrazando a Hennessey, la besó, dedicándole un largo rato, saboreando sus dulces labios y su lengua.

—Sí que acabamos de empezar —dijo suavemente, frotando la cara en el cuello de Hennessey—. Nos amamos desde hace años, pero hoy nuestra vida ha vuelto a empezar.

—Por nuestro nuevo comienzo —dijo Hennessey, volviendo a besar a su compañera—. Por una vida entera de nuevos comienzos.


FIN


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