17



—Oye, Townsend. He estado pensando en ir a París para ver a Kate en Navidad. ¿Qué te parece si me tomo unas pequeñas vacaciones?

—Te pago por el trabajo que haces, larga, no por las horas que le dedicas, así que puedes tomarte todo el tiempo que quieras. Tenemos la programación lista para los cursos de invierno y primavera. Sólo tenemos que tener listos para junio los cursos de otoño y a volar.

Con una gran sonrisa, Hennessey dijo:

—Esto va sobre ruedas, ¿verdad? Sabía que lo haríamos bien, pero había subestimado la demanda que habría para este tipo de programa.

—Vamos genial, Hennessey, y te mereces unas largas y agradables vacaciones. Lo digo en serio eso de que te puedes tomar todo el tiempo que quieras.

—¿Y qué planes tienes tú para Navidad? ¿Vas a ir a Boston?

—Sí, creo que sí. Ahora que he fracasado con todas las del curso de escritura, voy a tener que extender la red.

—Oye, que no has fracasado. Has salido con seis mujeres de ese curso. Eso no es fracasar, nena: eso es ser exigente.

—Si, soy exigente. Tal vez demasiado. Estoy intentando encontrar a la mujer perfecta, pero a lo mejor debería limitarme a encontrar a una mujer aceptable.

—Bueno, supongo que eso depende de la meta que te propongas. Si sólo buscas a alguien con quien pasar el tiempo, probablemente deberías rebajar tus expectativas.

—No, no es eso lo que estoy buscando —reconoció Townsend—. Tengo muchas cosas que me mantienen ocupada, incluido escribir por las noches. Por eso soy exigente. Prefiero escribir que pasar una velada con alguien que sólo es aceptable. —Townsend se miró las manos extendidas, con expresión extrañada—. ¿Yo he dicho eso?

Hennessey se echó a reír y dijo:

—Sí. Estoy casi segura.

—Jo, pues sí que debo de estar a gusto aquí —dijo Townsend.

—Yo te aseguro que sí —dijo Hennessey—. Cuando esté en París, voy a hacer todo lo posible por convencer a Kate de que venga aquí cuando regrese. Podría ser feliz aquí durante el resto de mi carrera profesional. Siempre y cuando tú seas la directora, claro está.

—Ah, pero qué aduladora. Nada me gustaría más, Hennessey. Siempre y cuando consiga encontrar a una mujer para mí, por supuesto. No estoy dispuesta a pasarme los próximos cuarenta años aquí sentada viendo cómo Kate y tú morreáis.

—No morreamos en público —dijo Hennessey—. No mucho.


Hennessey levantó la vista de su escritorio y se meció despacio en la silla, echándole una mirada a su amiga de la cabeza a los pies.

—Sé que el calentamiento global es una realidad, pero no es posible que te hayas puesto así de morena en Boston.

—Hola, larga —dijo Townsend, dándole un beso a Hennessey en la mejilla—. No, no nos quedamos en Boston. Un par de días después de Navidad, nos fuimos a Bermudas. Estuvo bien. Tuve el tiempo suficiente para volver a conectar con mis padres, pero no tanto como para acabar harta de ellos. —Dejó la mochila y se sentó y luego preguntó—: ¿Qué tal tu viaje? Estás estupenda, así que debe de haber ido bien.

—Ha sido genial. Realmente genial. Pasar un mes juntas era justo lo que nos hacía falta. Aun a riesgo de darte demasiada información, debo decirte que no hay nada mejor que tener una mujer hermosa haciéndote el amor mientras te susurra al oído en francés.

Townsend le lanzó una goma a su amiga, dando directamente en el blanco.

—Tú restriégamelo, Boudreaux. Tú en París haciendo el amor y yo sentada en la playa con mis padres.

—Pero lo has pasado bien, ¿no?

—Pues sí. Y, ya que estamos siendo totalmente sinceras, me alegro de informarte de que mi racha de celibato por fin ha terminado.

—¿En serio? ¡Cuenta! ¡Quiero detalles!

Townsend se echó a reír, meneando la cabeza.

—Sabes, hemos progresado mucho en los últimos años. Nunca habría pensado que podríamos tener este tipo de conversación. Cuánto me alegro de que podamos.

—Y yo —dijo Hennessey—. En serio. Ahora cuéntamelo todo antes de que te lo tenga que sacar a golpes.

—Vale. —Townsend se sentó sobre una pierna doblada, en su postura habitual cuando relataba algo—. Llevaba unos dos días en casa y decidí llamar a Nicole, mi antigua profesora de escritura creativa. Ante mi sorpresa, se alegró mucho de oírme.

—A mí no me sorprende —dijo Hennessey, sonriendo alegremente.

—Ya, bueno, quedamos esa noche para cenar y conectamos estupendamente. Volvimos a su casa y cuando me marché, me armé de valor y me despedí de ella con un beso.

—¡Así se hace! —la jaleó Hennessey.

—Sí, me sentí muy orgullosa de mí misma. Bueno, el caso es que a ella no le importó y después de pasarnos un rato morreando en la puerta, por fin me aparté y le dije que la llamaría al día siguiente.

Hennessey la miró extrañada y preguntó:

—¿Por qué paraste?

—¡Era nuestra primera cita, Hennessey! Tengo que conocer a una mujer antes de enrollarme.

—Cómo me alegro de oír eso. No sabes lo feliz que me hace ver que te tratas a ti misma y a tu cuerpo con respeto.

Townsend se ruborizó, asintió y carraspeó.

—He, mm... he aprendido de mis errores. Sólo dejo que me toquen personas a quienes respeto. —Se miró las manos y dijo en un leve susurro—: Me lo merezco.

—Por supuesto que te lo mereces. Nadie se lo merece más que tú, Townsend.

Asintiendo levemente, Townsend controló las emociones que amenazaban con desbordarse.

—Así que salimos la tarde siguiente y hablamos de nuestras respectivas situaciones. Ella está contenta en Boston, pero no le importaría pasar unas seis semanas aquí. ¿Crees que puedes meterla en el semestre de primavera?

—Sin problema. Todavía nos faltan tres profesores. Seguro que podrá ocuparse de uno de los seminarios... si lo hace tan bien como dices. —Hennessey parpadeó con aire inocente y preguntó—: Lo hace bien, ¿no?

—¿Dónde está la pequeña e ingenua Hennessey que yo conocía? —preguntó Townsend, riendo.

—Me he dejado la inocencia en París —dijo la mujer alta sin darle importancia—. Si no fuera porque sé que no es posible, habría pensado que Kate había estado tomando Viagra. Bueno, ¡dame detalles sobre Nicole!

—Vale, vale. Pasamos unos diez días conociéndonos. Y no me refiero en el sentido bíblico —añadió, entornando los ojos—. A mí no me interesaba meterme sin más en el catre. No besamos... mucho, pero eso era todo.

—Caray. ¡Te has convertido en un dechado de virtudes!

—Voy a tener que ser un dechado de virtudes durante los próximos veinte años para compensar mis vicios pasados.

—Tú no tienes que compensar nada, Townsend. Eres una mujer maravillosa y espero que Nicole lo haya descubierto.

—Creo que sí. Cuando mis padres y yo nos fuimos a Bermudas, me llevé el portátil y todas las noches nos pasábamos un par de horas charlando en la red. Así es como he llegado a conocerla mejor, para serte sincera. No teníamos que estar pendientes de las señales físicas o sexuales que emitíamos. Fue... agradable.

—Parece agradable —asintió Hennessey.

—Estuvimos una semana en Bermudas y cuando volví, fui a cenar a su casa. Lo pasamos genial. Pero genial. Después de cenar, puso música romántica y me pidió que bailara con ella.

—¡Guay! ¡Qué cosa más dulce!

—Lo fue. Estuvimos bailando un buen rato y era un gusto moverme con ella. Al poco, empezamos a besarnos y no tardó en desabrocharme la blusa despacito... muy despacito.

—¡Uuuy! ¡Qué arte!

Riéndose con humor, Townsend asintió.

—Sí que tenía arte. Lo hizo con tanta habilidad que casi ni me enteré. Pero cuando empezó a sacarme la blusa de los pantalones... entonces sí que me llamó la atención.

—¡Ya te digo!

—Todavía no sé cómo lo hizo, pero logró desnudarme mientras seguíamos bailando. Luego yo hice lo mismo con ella. Fue, con diferencia, la seducción más provocativa en la que he participado en mi vida.

Hennessey agarró un cuaderno y un bolígrafo.

—¡Voy a tomar notas! Esto podría venirme muy bien. Kate se lo monta mucho mejor que yo.

—Te ahorro los detalles escabrosos, pero pasamos una noche muy, pero que muy agradable. La semana siguiente tampoco estuvo mal —añadió, riendo—. Fui a casa, preparé una bolsa, me despedí de mis padres y volví derecha a casa de Nicole. Hicimos el amor hasta el amanecer, dormimos y nos pasamos el día entero haciendo el amor. Antes de que me diera cuenta, había pasado una semana... anoche casi estuve a punto de perder el último avión.

—¡Jo! ¡Debes de estar agotada!

—No. Aunque seguro que lo noto esta noche.

—Bueno... ¿y en qué habéis quedado?

—Vamos a ver si le gusta vivir conmigo cuando venga aquí esta primavera. Si sale bien, se planteará la posibilidad de mudarse. Pero para eso falta mucho. Me gustó volver a sentirme abrazada y acariciada. Si eso es lo único que sale de esto, me doy por satisfecha. Ha conseguido que me vuelva a sentir como un ser sexual y hacía tiempo que no me pasaba.

—Cuánto me alegro por ti, T. Me alegro muchísimo. —Soltó una carcajada brusca y añadió—: Kate también se va a alegrar.

En cuanto lo dijo, Hennessey deseó poder borrar las palabras, pero Townsend se dio cuenta de su incomodidad y preguntó:

—¿Me lo explicas?

—No. —Hennessey se quedó mirando su mesa, pero Townsend se levantó y se sentó en el borde del mueble.

—Vamos, no puedes decir algo así y esperar que lo olvide. Desembucha.

—Vale. —Soltando un suspiro, Hennessey dijo—: Una de las preocupaciones de Kate es que no intentes encontrar a alguien. Cree... cree que podrías estar esperando...

—Esperándote a ti —terminó Townsend por ella.

—Sí. A mí.

Mirándola directamente a los ojos, Townsend preguntó:

—¿Le has dicho que yo ya no siento eso por ti, Hennessey?

Devolviéndole la mirada, Hennessey dijo:

—Sí, pero sin entrar en detalles. No quiero entrar en grandes discusiones al respecto, para serte sincera. Me da miedo de que Kate me pregunte lo que siento por ti y no quiero tener esa conversación.

Townsend se inclinó y le dio un beso a su amiga en la cabeza.

—Eres mi mejor amiga, tesorito. Y ojo, que eso es muy importante, pero se limita a un cariño platónico.

—Llevo años diciéndoselo a Kate, pero opina que eres demasiado mona para estar soltera, a menos que lo hagas a propósito.

—Te aseguro que no se lo voy a discutir —dijo Townsend. Cambió el peso de lado y preguntó—: ¿Y tú? ¿Se te ha pasado lo que sientes por mí?

—No. —Sonrió con dulzura y añadió—: Nunca se me pasará, Townsend. Creo que siempre estaré enamorada de ti, pero Kate es la dueña de mi cuerpo y de mi alma. Jamás se me ocurriría serle infiel. No hay nada en este mundo que pudiera llevarme a traicionarla.

—Por eso te queremos las dos, Hennessey. Las dos lo sabemos.


—Esta noche vamos a hacer una barbacoa, Hennessey. ¿Quieres venir?

—Qué va. Tengo que acabar unas cosas y normalmente llamo a Kate los lunes por la noche. Que os divirtáis Nicole y tú.

—Yo no lo llamaría divertirse —dijo Townsend—. ¡Nicole es una negrera! —Cogió su maletín y se acercó a la mesa de Hennessey, sentándose en el borde.

—¿Sigue trabajando en tu primer capítulo?

—Sí. Me está dando unos consejos excelentes, pero quiere que trabaje por lo menos tres horas cada noche. Dice que no tengo la menor disciplina.

Hennessey se reclinó en la silla y preguntó:

—¿Cómo te sientes dejando que alguien con quien tienes una relación tan íntima vea tu trabajo?

—Con ella está bien. Tú no... no tendrás celos de que nunca te haya dejado verlo, ¿verdad?

—¿Celos? —La morena pensó en la pregunta un momento—. Un poco. Aunque creo que lo entiendo... siento un poco de celos de que confíes más en ella que en mí.

Pasando los dedos por el reluciente pelo de Hennessey, Townsend le levantó la barbilla y dijo:

—Nada podría estar más lejos de la verdad, pero tú estás en cada capítulo, nena. Me da mucho corte enseñártelo.

—Lo comprendo... más o menos.

Townsend sonrió a su amiga y dijo:

—Te dejaré leerlo cuando lo acabe. Es que me da miedo oír tus comentarios cuando todavía estoy escribiendo. Además, quiero asegurarme de que sigues siendo la mala de la historia. —Le revolvió el pelo a Hennessey y le dio un beso en la melena—. Bueno, me largo a buscar a mi mujer y llevarla a casa. Que pases buena noche y saluda a Kate de mi parte.

—Vale. Eres libre de traer las sobras mañana.

—Siempre detrás de una comida. Así me gusta.

—Es la última comida gratis que voy a tener durante un tiempo y quiero recordarte durante el verano. Ya sabes que lo único que me mantiene el interés es cómo cocinas.

—Sí. Ya. Sé hacer muchas cosas, colega, pero cocinar no es una de ellas. Lo único que sé hacer bien es la barbacoa y lo sabes.

Hennessey agarró una de las manos de su amiga y le dio un beso en el dorso.

—Te voy a echar de menos este verano.

—Y yo a ti. Me da cierta envidia que vayas a pasar otro verano en París mientras yo me quedo aquí.

—Me apetece muchísimo —dijo Hennessey—. París siempre ha tenido mucha magia para nosotras. Y dependiendo de dónde acabemos el año que viene, vamos a necesitar magia extra para superarlo.

—¿Cuándo sabe Kate dónde va a ir?

—Dentro de dos días. Estoy histérica.

—¿Tú? —dijo Townsend riendo—. ¡La que debería estar histérica soy yo! Si no acabáis en Carolina del Sur, voy a tener que sustituirte.

Hennessey le retorció la nariz a su amiga.

—Sí, sí. Lo importante siempre eres tú, ¿verdad?

—Siempre lo ha sido y siempre lo será. Bueno, prométeme que me escribirás en cuanto lo sepáis, ¿vale?

—Vale. Ahora lárgate de aquí y ve a impresionar a tu mujer con tus habilidades culinarias.

Townsend le sonrió con sorna y se levantó de un salto.

—Si eso es lo único que tengo para impresionarla, ya puedo ir tirando la toalla. —Se dio una palmada en el culo y dijo—: Esto es lo mejor que tengo.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@HiltonHeadWritersProgram.edu >
Fecha: 1 de junio, 2002
Para: Townsend Bartley < tbartley@HiltonHeadWritersProgram.edu >
cc:
Asunto:

¡Yujuuu!

¡A Kate la han aceptado en el programa de residencia de Palmetto Health en Charleston! Yo estoy más emocionada que ella :-) pero sé que acabará adorando Carolina del Sur si se empeña. Estaremos de vuelta en Estados Unidos dentro de seis semanas y voy a pasar el resto del verano haciendo todo lo que pueda para que el cambio le resulte lo más fácil posible.

Charleston está a dos horas de Hilton Head, así que tenemos que negociar dónde vamos a vivir. Ojalá pudiéramos vivir en el bungalow, para no tener que pagar alquiler, pero no puedo consentir que mi amor conduzca hasta tan lejos todos los días. Tendremos que ver cómo lo hacemos, pero pase lo que pase, volveré al trabajo en septiembre.

No te haces idea de lo contenta que estoy por todo esto, Townsend, y me muero por llegar a casa y empezar a hacer mi vida con Kate en el lugar más bonito de la tierra.

Flotando en las alturas por encima de la tour Eiffel,
H


PARTE 18


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