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De: Townsend Bartley < demonrum@loganlink.net >
Fecha: 2 de enero, 2000
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

Espero que hayas pasado un fin de año fabuloso y que no te resulte demasiado deprimente volver a la rutina del exceso de trabajo. Te daría las gracias por la nota que me enviaste, dándome las gracias por los regalos que les mandé a tu padre y tus abuelos, pero podríamos tirarnos semanas así :-)

Después de pensarlo mucho, he hecho algo que me parecía lo correcto, Hennessey. Espero no haberte ofendido ni haberme entrometido en tus cosas al hacerlo y confío en que me lo digas si es así.

He enviado un cheque por valor de 8.400 dólares al Departamento de Servicios Sociales de Carolina del Sur y les he dicho que era una donación, para que la usen como quieran. Recuerdo que tu madre estaba recibiendo unos 350 dólares al mes, y como tenía derecho a veinticuatro meses de subsidio, he pensado que esa cantidad era la correcta. Sé que el valor actual de los pagos futuros es menor en realidad, pero quería añadir un poco más por gastos administrativos, así que he redondeado hacia arriba.

He aquí por qué lo he hecho... confesión total:

No quiero que cargues con un sólo centavo de una deuda que no sea legítimamente tuya. No soporto pensar que tendrás que pagar lo que serán más de 10.000 dólares para cuando acabes. No es justo, Hennessey, y no vas a poder convencerme de lo contrario.

Yo tengo una deuda enorme contigo, y aunque sé que no hay forma de pagártela con dinero, en este caso, el dinero puede ayudar. De no haber sido por ti, yo sería una versión rica de tu madre. Por supuesto, es posible que alguna otra persona pudiera haberme ayudado a salir del pozo, pero no creo que hubiera llegado a vivir lo suficiente para conocer a esa persona. Tú me encontraste en mi punto más bajo, tesoro, y tú sola me ayudaste a salir de las profundidades. Devolverle al estado el fraude de tu madre es una ganga, comparado con todo lo que tendría que reembolsarle a mi compañía de seguros por mis diversos intentos de suicidio, conscientes e inconscientes. Ésta es una forma más de indemnizar por los daños, en este caso por otra alcohólica.

Hacer algo bueno por ti hace que me sienta bien conmigo misma.

Ahí lo tienes, colega. Confesión total. Si quieres, tú también puedes pagar al estado, pero eso sería pagarle el doble. He enviado un cheque al portador, sin remite, je je je.

Con todo mi cariño,
Townsend


—Hola, colega. ¿Te pillo en buen momento?

—¡Townsend! ¡Qué sorpresa! Siempre es buen momento para hablar contigo.

—Bueno, mm, es que no quiero interrumpir el poquísimo tiempo que tienes para estar con Kate...

—Oye, oye, que Kate está en el hospital y yo estoy aquí sin hacer nada. No pareces muy animada. ¿Qué te pasa?

Townsend soltó un largo suspiro y dijo:

—Jenna y yo estamos teniendo... problemas. Graves problemas, Hennessey. Creo que tal vez tengamos que separarnos.

—¡Oh, tesoro! ¿Qué ha pasado? Yo creía que las cosas iban bien.

—Iban. Van. Oh, Hennessey, qué confusa estoy con todo esto.

—Dime, cariño. Cuéntame qué está pasando.

La voz de Hennessey era tan suave y relajante que Townsend sintió que se le derramaban las palabras.

—La quiero y estaría con ella el resto de mi vida... pero ella no puede comprometerse conmigo. No está dispuesta a decírselo a sus padres y ni siquiera quiere hablar del tema. Dice que eso está fuera de toda discusión. Parece pensar que podemos seguir así indefinidamente... ¡pero yo no puedo!

Ahora estaba llorando y a Hennessey le costaba entender lo que decía.

—Shh... shh... tranquila, cariño. Tengo toda la noche. Respira y cálmate. Vamos a repasar todo esto juntas.

—Va...vale —dijo Townsend y a través del teléfono se oyó una serie de inhalaciones entrecortadas—. La historia es como sigue. Jenna es una buena chica mormona y en estos momentos no se siente bien siendo lesbiana, y probablemente nunca se sentirá bien. Yo me siento bien siendo quien soy, Hennessey, y me he esforzado tanto por quererme a mí misma que me parece mal estar en el armario. Llevo mucho tiempo aguantando, pero no veo cómo se va a poder resolver este tema. Esta noche me ha dicho que sobre todo es feliz cuando estamos solas las dos... que se puede olvidar de que las dos somos mujeres cuando estamos solas. ¡Me parece que no tiene remedio!

—Oh, Townsend, a lo mejor es que necesita un poco más de tiempo...

—No, no, no es eso. Es que... no debería contarte esto... pero es algo que me está desquiciando. Ya no tenemos relaciones sexuales. Pero para nada. Dice que no consigue relajarse lo suficiente para expresarse sexualmente y opina que no deberíamos centrarnos tanto en el sexo. ¡Centrarnos! ¡Pero si lo hemos hecho unas cinco veces en lo que va de año! ¿Eso es normal para gente de nuestra edad? ¡Dios, Hennessey!

—Pobrecilla. No tenía ni idea.

—No es la clase de cosa de la que suelo hablar contigo. Y no te lo contaría ahora, pero hace que me sienta como que le exijo demasiado. La quiero, Hennessey, y deseo expresar mi amor por ella tocándola. ¿Cómo puede estar mal eso?

—No está mal, tesoro. Es justo lo que deberíais sentir la una por la otra. Te mereces que tu compañera te desee y te demuestre lo mucho que te desea. Te lo mereces.

—No lo entiendo, Hennessey. La quiero y sé que ella me quiere a mí. Me demuestra cuánto me quiere por la forma en que me trata. Pero no quiere tener relaciones sexuales. Nos besamos... a menudo, pero en cuanto se da cuenta de que me estoy excitando, se aparta. Hace poco dijo que creía que podríamos trasladarnos a Salt Lake City cuando se gradúe y formar parte de su familia si dejáramos de tener relaciones sexuales y nos quisiéramos platónicamente.

—¿Y a ella le basta con eso? —preguntó Hennessey en voz baja.

—Sí. Dijo que no soporta la idea de volver a estar lejos de mí, pero que tampoco cree que podamos tener sexo. Dijo que prefiere renunciar al sexo antes que a mí.

—¿Tú estás dispuesta a hacer esa concesión?

—No —dijo Townsend con tono apagado—. La quiero con todo mi corazón, pero empezaré a sentir rencor hacia ella si no puedo volver a tocarla. Deseo su cuerpo, su sabor, Hennessey. No estoy dispuesta en absoluto a sentirme culpable por eso.

—No deberías sentirte culpable, Townsend. Tu sexualidad es un don y no deberías sacrificar una parte de ti misma sólo por satisfacer a Jenna. Tú no eres así, cariño.

—Lo sé. Lo sé. ¿Pero cómo dejo a alguien que amo? ¿A alguien que me ama?

—Yo no tengo una respuesta para eso. Ojalá la tuviera. ¿No podéis ir las dos a una terapia?

—No. Ella no confía en los psicólogos si no son mormones y no puede hablar de esto con un psicólogo mormón.

—Eso es un círculo vicioso —dijo Hennessey.

—Ah, podría tirarme horas hablando del tema, pero son sus creencias y me niego a ridiculizarlas.

—Eres una buena compañera, Townsend. Muy buena compañera. Y pase lo que pase, espero que eso lo sepas.

—Gracias. Tú sabes que tu aprobación es muy importante para mí.

—Bueno, la tuya también lo es para mí, así que es lógico.

—Voy a intentar pillarla a ver si consigo obligarla a que me dé algo de esperanza. No quiero perderla, Hennessey. Se me está partiendo el corazón.

—Ya lo sé, cariño. Ya lo sé. Haré todo lo que pueda para ayudarte con esta situación. Lo que sea. Iré a Utah si me necesitas. Dímelo y allí estoy.

—Eso me ayuda más de lo que puedas imaginarte —gimoteó Townsend—. Jamás te pediría que lo hicieras, sobre todo cuando tienes tan cerca los finales, pero que te ofrezcas es importantísimo para mí.

—Oye, que no me ofrecería si no lo pensara de verdad. Prométeme que me llamarás si necesitas que vaya a verte. ¿Me lo prometes?

—Sí... sí. Te lo prometo.

—Bien. Ahora vete a dormir y llámame mañana. Quiero ver cómo vas. Estaré en casa hacia las seis.

—Vale. Hablamos mañana. Gracias por apoyarme.

—Siempre te apoyaré, Townsend. Siempre.



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 1 de julio, 2000
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

He vuelto a Boston y estoy luchando como una fiera para no beber. Ha pasado mucho tiempo, Hennessey, pero estoy tan triste y tan hundida que me muero por algo que me quite el dolor. Gracias a Dios que Laura, mi antigua madrina, está disponible y dispuesta a trabajar de nuevo conmigo. Voy a una reunión todos los días, a veces dos veces al día. Haré lo que tenga que hacer, pero no voy a volver a beber. ¡Me niego! Llevo demasiado tiempo esforzándome muchísimo para rendirme ahora.

Escríbeme, colega. Necesito toda la ayuda posible.
T

p.s. Lo único bueno de haber vuelto a casa es que no tengo que tener una cuenta de correo aparte para escribirte. Toma nota de que vuelvo a tener la antigua dirección.


—Señorita Townsend, tiene visita.

Townsend apartó la mirada del programa de televisión que estaba viendo y sacudió la cabeza para despejársela.

—Perdón. Estaba medio dormida. ¿Quién es, Lupe?

—Es una mujer —contestó la doncella. Con aire un poco inseguro, añadió—: Dice que se llama Larga. ¿Es así?

Cuando su cerebro registró el nombre, Townsend salió disparada del sofá, echando a correr hacia el recibidor.

—¡Hennessey! —Dio apenas unos pasos y se detuvo para gritar por encima del hombro—: ¡Gracias, Lupe! —Como iba en calcetines, se deslizó los tres últimos metros como un esquiador al detenerse al pie de una colina y se posó suavemente en los brazos abiertos de Hennessey—. Nunca en mi vida me he alegrado tanto de ver a alguien —murmuró, apoyando la cabeza en el pecho de su amiga—. No sabes qué falta me hacía esto.

—Sí que lo sé —replicó Hennessey—. Por eso estoy aquí.

Levantando la vista hacia los ojos de la mujer más alta, Townsend preguntó:

—¿Te ha costado mucho escaparte? ¿A Kate le parece bien que estés aquí?

—Le parece bien, Townsend. No te preocupes por mí. Deja que yo me preocupe por ti, ¿vale? Tengo tres días y quiero pasarlos atendiendo a todas tus necesidades.

—Jo, ¿por qué no hacen más mujeres como tú? —Townsend dejó caer de nuevo la cabeza y se permitió unos instantes de placer sublime, recreándose en la sensación de estar a salvo y segura en ese abrazo reconfortante.

—No sé si hay más como yo, pero ahora yo estoy aquí. ¿Cómo quieres que pasemos el tiempo que tenemos?

—Quiero ir al Vineyard. ¿Te parece bien?

—Claro. Prepara una bolsa y vámonos. ¿Van a estar tus padres?

—No, mi padre se ha tomado un par de semanas libres y se ha ido con mi madre a una gira literaria por el norte de Europa. Es una mezcla de viaje de negocios y vacaciones.

Hennessey miró preocupada a su amiga y preguntó:

—¿Te conviene estar sola, cielo? A lo mejor deberías haberte ido con ellos.

—No, me invitaron, pero para mí es importante tener algo de estabilidad. Necesito ir a mis reuniones y concentrarme en mí misma... viajar no es lo que me conviene ahora mismo.

—Pero... ¿y el Vineyard?

—Ah, ahí no hay problema. Allí hay muchas reuniones y puedo llamar a Art, que siempre consigue que me sienta más estable.

—Estupendo. Vamos a hacer el equipaje y a largarnos.

—De acuerdo.


—Este sitio cambia mucho en verano —dijo Hennessey esa noche mientras paseaban por una calle muy congestionada.

—Sí, sobre todo en el fin de semana del 4 de julio. Pero es agradable. Es decir, no es que me guste tener que hacer cola para comprar un helado, pero me encanta sentarme en la playa y ver salir el sol. Cuando sube el calor, me quito la ropa y me doy un largo baño, luego puedo tumbarme a tostarme al sol hasta que se me seca el traje de baño. Eso no se puede hacer antes de julio.

—Sí, a mí también me encanta hacer eso —dijo Hennessey—. Pero yo puedo hacerlo en marzo. Una ventaja más de Carolina del Sur.

—La lista es interminable, ¿verdad? —dijo Townsend, apretándole la mano a su amiga—. ¿Kate está tan loca por el sur como tú?

Hennessey se quedó callada un momento, y cuando Townsend levantó la mirada, vio una expresión algo inquieta.

—Mm... pues no. No ha llegado a apreciarlo, y dado cómo se ha estado comportando mi abuela, el panorama no es bueno.

—Pero ella sabe lo que tú sientes al respecto, ¿verdad?

Hennessey le sonrió con sorna y dijo:

—Lo supo a los cinco minutos de conocerme. Debería ser presidenta de la Oficina de Turismo de Carolina del Sur. Y aunque sabe que yo no sería feliz en ninguna otra parte, tiene pensado solicitar programas de residencia por todo el país. Está siendo... un motivo de discusión entre las dos.

—Ay, jo. ¿Cuánto tiempo va a durar la residencia?

—Cuatro años. Cuatro larguísimos años. Más si quiere hacer investigación.

—¡Joder! —Townsend se paró en seco, haciendo que la larga fila de turistas tuviera que rodearlas, refunfuñando al hacerlo—. ¡Cuatro años! ¡Pero si casi no soportas estar en Carolina del Norte!

—Ya lo sé —dijo Hennessey, cogiendo a su amiga del brazo y echando a andar de nuevo por la calle—. Pero Kate tiene razón. No puede controlar dónde la van a aceptar. Si entra en uno de los mejores programas de residencia, tiene que aceptarlo. No sé cómo nos las vamos a arreglar, pero tendremos que hacerlo.

—Vale, si tú entiendes su punto de vista, ¿por qué discutís?

—Mm... es que... me ha ofendido —dijo Hennessey, ruborizándose ligeramente—. Ni siquiera ha querido solicitar plaza en la Facultad de Medicina de Carolina del Sur. Dice que el programa es de tercera categoría.

—Ay, pobre. No me extraña que te haya ofendido.

—Sabes, no me habría ofendido tanto si su meta fuera hacer investigación, pero quiere dedicarse a la medicina privada. A tus clientes les da igual dónde hayas hecho la residencia. ¡No creo que tengan forma de saberlo! Podría ir a cualquier parte.

—Lo siento, Hennessey. Ojalá compartiera tus prioridades.

—Sí, ojalá, pero tiene razón. Yo podría ir a cualquier parte del país y pasarme unos años escribiendo. Quiero enseñar, pero no tengo mucha prisa. La verdad es que tendría más posibilidades si tuviera algunos cuentos o incluso una novela publicados antes de solicitar un puesto como profesora.

—Si te fueras con ella cuatro años, ¿se trasladaría ella a Carolina del Sur para poner su consulta?

—Ah, ahí todavía no hemos llegado. Las dos tenemos tal exceso de trabajo que intentamos no hablar demasiado sobre nuestro futuro. La verdad es que simplemente intentamos superar el día a día.

—Vamos a bajar hasta el mar —dijo Townsend—. Aquí hay demasiada gente.

—Vale. Ésa es una propuesta que jamás rechazaré. El mar es mi sitio preferido.

Caminaron en silencio, cogidas flojamente de la mano. Al llegar al borde del agua, las dos se quitaron los zapatos y los calcetines y pasearon por la playa, dejando que el agua fría les salpicara las piernas desnudas.

—Mm... no tienes que contestar si es demasiado personal, pero ¿estás contenta de estar con Kate?

—Sí —dijo Hennessey, sin dudar ni un segundo—. Estoy muy contenta de que nos hayamos encontrado y sé que vamos a tener una vida muy buena juntas. Sólo que hay un problema importante.

—¿Y cuál es? —preguntó Townsend, mirando a su amiga.

—Estamos... esperando a que nuestra vida vuelva a empezar —dijo Hennessey, con expresión pensativa—. Lo que tuvimos en París fue maravilloso, Townsend. Kate es una mujer muy interesante, divertida e inteligente. Pero no pasamos suficiente tiempo juntas para avanzar en nuestra relación. Llevamos juntas casi cuatro años y no estamos tan cerca la una de la otra como durante el primer año. A mí no me preocupa, porque sé cómo es y sé que estamos bien la una con la otra. Pero estoy deseando volver a tener tiempo para estar juntas. No puedes profundizar el amor que sientes por alguien si no pasas mucho tiempo con esa persona. Mi única esperanza es que Kate consiga entrar en un programa de residencia que reconozca que los médicos son humanos y que necesitan algo de tiempo libre y algo de tiempo para estar con su familia. Por eso pensaba que le vendría bien estar en un programa de residencia más relajado. Si entra en uno de los centros de investigación más importantes, me temo que van a ser cuatro años más tragando la misma mierda.

—Ojalá te fueran mejor las cosas, Hennessey. Te mereces una buena relación.

—Ah, no me malinterpretes, Townsend, las cosas van bien en cuanto a la calidad. Es con la cantidad con lo que tenemos problemas. Habría sido mejor si nos hubiéramos conocido cuando ella ya se hubiera licenciado en medicina o después de su residencia, pero no es posible dar con el momento justo para estas cosas.

Mirando a su amiga con una sonrisa triste y resignada, Townsend dijo:

—Dar con el momento justo lo es todo, ¿verdad?

Hennessey sonrió dulcemente y asintió.

—Pues sí.



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 22 de julio, 2000
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

Quería volver a despedirme de ti con mis mejores deseos antes de que salgas para Francia. Sé que estas vacaciones son justo lo que necesitáis las dos y espero que aprovechéis cada minuto para volver a familiarizaros la una con la otra.

Ya sé que ya te he dado las gracias por los preciosos diarios y por los ánimos, y quería que supieras que he empezado a usarlos para escribir. Me he quedado asombrada al ver cuánto más fácil me resulta expresarme —sobre todo mis sentimientos más profundos e íntimos— usando una pluma y un diario. Como sabes, llevo ya años escribiendo cositas, y aunque algunas están bastante logradas, ninguna de ellas me ha salido de las entrañas. Siempre han sido un poco carentes de emoción, un poco reservadas. Voy a intentar pasar el resto del verano sacándome del corazón algunos de estos sentimientos reprimidos y plasmándolos en el papel. Muchísimas gracias, Hennessey, por animarme a hacer esto y, una vez más, gracias por los diarios. Cada vez que los tengo en las manos, pienso en ti.

Con todo mi cariño,
Townsend



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 4 de septiembre, 2000
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Bonjour!

Adoro París en primavera, adoro París en otoño...

Qué bien lo hemos pasado, Townsend. Todavía estoy en una nube por el viaje, tanto que ni siquiera me importa que mañana tengo que empezar las clases :-)

Este viaje me ha recordado una cosa muy importante, que es que nunca debo dejar que los baches que tengamos me lleven a pensar que la relación corre serio peligro. Quiero a Kate con todo mi corazón y cuando tenemos tiempo para estar juntas sin interrupciones, conseguimos recuperar toda la magia. Me siento como cuando empezamos: como una chiquilla inocente perdidamente enamorada :-)

Anoche estaba sentada ante mi escritorio, organizando unos apuntes, y me quedé mirándola mientras leía. No tengo ni idea de cuánto tiempo pasó, pero estaba absolutamente fascinada. Te juro que me podría haber pasado la noche entera simplemente mirándola. Pero quiso la suerte que levantara la mirada y me viera. Creo que mi expresión le comunicó que estaba pensando en ella y, chica lista que es, vino a mí, me cogió de la mano y me llevó derecha a la cama.

Las dos estamos pletóricas después de haber pasado juntas un mes entero y espero que dure mucho tiempo :-)

Estamos tan bien juntas cuando conectamos, Townsend, y este viaje me ha recordado todas las razones por las que me enamoré de Kate. Es la persona perfecta para mí y ahora estoy más segura de eso que nunca.

Perdóname por enrollarme con este tema, pero es que estoy tan feliz ¡que estoy a punto de estallar!

Hennessey (flotando en una nube de felicidad parisina)



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 15 de noviembre, 2000
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

Jamás adivinarías dónde voy a pasar el mes de enero. ¿Te rindes? ¡Voy al campamento! ¡Sí, al campamento! Mi madre va a volver participar en el taller de escritura de MaryAnn y he decidido acompañarla. Para entonces habré acabado aquí las clases y voy a participar de verdad en el taller. Estoy muy segura de que quiero ser escritora y estoy aprovechando todas las oportunidades para aprender el oficio.

Por cierto, te encantaría el curso sobre desarrollo de personajes que estoy haciendo ahora. Mi profesora es fabulosa y es muy, pero que muy atractiva :-) Por primera vez desde hace meses, vuelvo a mirar a una mujer con deseo, y me estoy planteando pedirle que salga conmigo cuando acabe el curso.

Así que las cosas me empiezan a ir bien. ¿Qué tal te va a ti? Sé que Kate tenía que tener enviadas para hoy todas sus solicitudes de residencia y me preguntaba si habéis llegado a un acuerdo sobre los sitios donde va a solicitarla. Yo, por supuesto, opino que debería venir a Boston, pero mis motivos son totalmente egoístas :-)

Dime si vas a estar en casa durante las vacaciones de invierno. Yo voy a tener coche, así que iré a verte o te llevaré a Hilton Head para pasar un fin de semana. Por supuesto, me encantaría ver a Kate también. Creo que no nos hemos visto más de una hora en todos estos años, y como las dos sois pareja permanente, creo que ya va siendo hora de que nos conozcamos un poco mejor.

Te quiere,
T



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 16 de noviembre, 2000
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

Vaya, fíjate qué cosas (como se dice en C.S.). Me parece maravilloso que vayas a participar en el taller de escritura con tu madre y estoy aún más encantada al ver lo dedicada que estás a perfeccionar tu oficio. A veces desearía haber elegido el mismo camino que tú y haber aprendido a ser mejor escritora, pero ya estoy demasiado encarrilada por la vía académica para dejarlo. Además, mis posibilidades de ganarme la vida como escritora son escasas, y para mí es importante ayudar un poco a mis abuelos en cuanto me sea humanamente posible. Pero igual que tú, me veo como escritora y nunca dejaré de escribir, aunque tenga que dormir cuatro horas por noche para sacar tiempo.

Tengo buenas noticias sobre los planes de Kate. Ha pedido plaza en Stanford, Columbia, la Universidad de Chicago, UCLA y la Facultad de Medicina de Carolina del Sur (¡hurra!). Como ves, podríamos acabar en cualquier punto del país, pero hemos acordado tener una larga charla y tomar la decisión que nos venga bien a las dos, a largo plazo. Pasar ese tiempo en Francia ha seguido beneficiando a nuestra relación, Townsend. Siento que ahora pisamos terreno totalmente sólido y que las dos estamos decididas a alcanzar las mismas metas. Hemos estado en Francia dos veces y cada viaje nos ha cambiado la vida. ¡París debe de ser nuestra ciudad de la suerte! Ojalá estuviera en Carolina del Sur :-)

Por desgracia, la abuela sigue negándose a que Kate me acompañe a casa por Navidad. No he tenido tiempo de estar con ella para que se acostumbre más a la idea de que soy lesbiana, pero la buena noticia es que este año Kate no está enfadada por eso. Va a ir a Chicago a ver a su familia y yo voy a volar a Chicago al día siguiente de Navidad. Me quedaré con ella como una semana y luego volveré a Beaufort a pasar el resto de las vacaciones. Las mías son más largas que las de Kate, así que volverá a Durham por su cuenta. Eres bienvenida en mi casa cuando quieras, colega, pero me gustaría ir también al campamento. Echo de menos a MaryAnn y me encantaría volver a verla. Ya haremos planes en firme cuando se acerque el momento.

Las cosas nos empiezan a ir bien a las dos, cielo, y si tu profesora de escritura juega bien sus cartas, podría ser una mujer muy afortunada :-)

Besos,
H


Hennessey dio un largo y lento lametón a su helado y miró a su amiga ladeando la cabeza.

—¿Te acuerdas de la primera vez que vinimos aquí?

Townsend miró despacio a su alrededor, contemplando el faro pintado a rayas rojas y blancas, las tiendecitas y los cafés, las aguas tranquilas del Atlántico que acariciaban los diques.

—Estaba pensando lo mismo justamente. No ha cambiado mucho... pero nosotras sí.

—Han pasado muchos años —dijo Hennessey, con una sonrisa cálida en los labios.

Townsend asintió pensativa.

—¿Cómo se ha pasado el tiempo tan rápido?

—No todo ha pasado tan rápido —dijo Hennessey—. La universidad se me pasó mucho más deprisa que los cursos de postgrado. Para mí este último año ha sido como tres. Pero ahora que veo el final, se me está pasando el tiempo volando otra vez.

—¿Cómo te sientes ahora que te has quedado sin títulos que conseguir? —preguntó Townsend, guiñándole el ojo a su amiga con picardía.

—Bien. Aunque estoy más aliviada por Kate. Las dos tenemos más cosas que hacer, pero en algunos aspectos, para ella ya ha terminado la parte más difícil. Una de nuestras metas principales es que haga la residencia dentro de un programa que no le exija turnos de guardia de veinticuatro horas. No sólo son inhumanos, sino que ponen en peligro el cuidado del paciente... y eso a Kate la saca de quicio.

—Lo comprendo —asintió Townsend—. ¿Y qué hace una residente cuando está de guardia?

—En la mayoría de los hospitales, el residente de guardia se ocupa de cualquier urgencia que surja durante la noche. La llamarían si un paciente de urgencias tuviera un brote psicótico o estuviera agitado... las típicas cosas psiquiátricas. Además, la llamarían si uno de los pacientes ingresados tuviera síntomas psiquiátricos por la noche.

—Seguro que la mayoría de sus pacientes son personas con muchísimos problemas.

—Ah, sí, pero eso es de esperar cuando te estás formando. Para cuando tienes tu consulta privada... ya lo has visto todo.

—¿Crees que le gustará ser psiquiatra? ¿Encaja con su personalidad?

—Mm... creo que para ella es una concesión, para serte sincera. Si el día tuviera cuarenta horas, le gustaría ser cirujana de traumatología. Pero quiere tener una vida familiar estable. Queremos tener hijos juntas, Townsend, y si quieres ser una cirujana de primera, tienes que dedicar tu vida a ello.

—Supongo que eso es algo que he aprendido en estos últimos siete años y medio —dijo Townsend, sonriendo—. La vida se basa toda en hacer concesiones. Qué asco, ¿verdad?

—A veces sí —asintió Hennessey—. Y en nuestro caso, Kate va a ser la que tenga que hacer la mayoría de las concesiones. Espero que no acabe siendo demasiado para ella.

—Seguid hablando de ello, nena. Las dos podéis solucionar lo que sea si sois sinceras con lo que sentís.

—Estoy de acuerdo. Ahora, volvamos al campamento para ver si convencemos a tu madre de que salga a cenar con nosotras.

—No será difícil. Todavía piensa que eres una santa viviente.

—Jo, qué lista es —dijo Hennessey, riendo entre dientes—. Por eso debe de ser tan buena escritora.



Una semana después

—Hola, señora Boudreaux. ¿Cómo está usted?

—Pero bueno. —La mujer mayor se acercó a Townsend y la abrazó con fuerza—. ¿Sabe Hennessey que estás aquí?

—No. Se me ha ocurrido darle una sorpresa. Me he pasado por la casa, pero no había nadie.

—Ah, tardará bastante en volver, cielo. Salió esta mañana a pescar con su padre y su abuelo.

—Maldita sea, ojalá la hubiera llamado. Me habría encantado salir con ellos.

—¡Bah, tonterías! ¡No querrás oler a pescado el día entero!

—Bueno, no —reconoció Townsend—, pero nunca he estado en un barco de pesca comercial. Creo que sería interesante.

—¿Y has estado en una cocina comercial? —Unos ojos azules tan familiares que pillaron a la rubia por sorpresa la miraban risueños y Townsend se descubrió negando con la cabeza—. Pues eso también es muy interesante. ¿Qué tal si te quitas ese jersey tan bonito y te pones un delantal? Me vendría bien un poco de ayuda.

Sonriendo a la mujer con cariño, Townsend hizo lo que le pedía, contenta de haberse puesto una camiseta debajo del grueso jersey.

Como Townsend era una neófita, quedó a cargo de las tareas más sencillas, pero como la hora del almuerzo ya había pasado, no tenían muchos clientes y el trabajo fue rápido. No hablaron mucho, pues Townsend tenía que concentrarse para evitar cortarse los dedos mientras troceaba verduras para hacer sopa. Pero al cabo de un par de horas, la mujer mayor dijo:

—¿Tú conoces a esta chica que le interesa a Hennessey?

—Sí, la conozco. —Dejando el cuchillo, Townsend miró a la señora Boudreaux—. Siente algo más que interés por ella: está enamorada de ella y tienen pensado pasar toda su vida juntas.

La expresión de la mujer mayor se endureció y apretó tanto los labios que casi le desaparecieron.

—No me gusta.

Townsend se acercó a ella y le puso la mano en la espalda rígida y llena de tensión.

—Eso me ha dicho Hennessey. A ella le gustaría que no fuera así. En serio. Quiere a su abuelo y a usted y a su padre más de lo que se pueden imaginar.

—¿Pero por qué tiene que ser así, Townsend? Es una chica preciosa y sería una esposa y una madre estupenda. Cualquier hombre sería afortunado de tenerla.

—No le interesan los hombres. No creo que le hayan interesado nunca. ¿A usted no le parecía un poco raro que no saliera con nadie durante toda su época de instituto?

—No, en absoluto. Pensaba que era una buena chica y que quería evitar problemas.

—Es una buena chica. Hennessey es prácticamente la chica más buena del mundo y se le partirá el corazón si usted no la acepta como es.

Mirando a Townsend de hito en hito, la señora Boudreaux soltó:

—¡Yo acepto a mi niña tal cual es! Es que no quiero que esa otra ande rondando por aquí.

—Usted sabe lo que quiere decir eso, ¿verdad? —preguntó Townsend suavemente.

La señora Boudreaux no dijo nada. Se limitó a hacer un leve movimiento negativo con la cabeza.

—Hennessey vendrá cada vez menos a casa. A usted la quiere muchísimo, pero no querrá pasar largos períodos de tiempo lejos de Kate.

—Esa chica es la que le ha metido ideas raras en la cabeza a mi niña. Es ella la que la ha convencido de todas estas tonterías y es la que está intentando alejarla de aquí.

—A mí no me parece que eso sea cierto —dijo Townsend—. Pero aunque lo fuera, usted va a tener que aprender a recibir a Kate en su casa si quiere que Hennessey venga a verla.

Mirándola sin querer creérselo, la señora Boudreaux dijo con altivez:

—Una doctora importante de Chicago no querría venir a un sitio como éste. Se larga a París en cuanto puede. Tiene más dinero que moral. Además, ¿qué hay aquí que pueda interesarle a una chica así?

—Hennessey —le recordó Townsend—. Hennessey es feliz aquí y Kate la quiere. Kate quiere que sea feliz, señora Boudreaux. ¿Usted no?

La mujer mayor se quitó el delantal y lo tiró encima de la mesa, dio la espalda a Townsend y se marchó enfadada de la cocina.


Poco después de su brusca marcha, Townsend oyó la sirena de un barco que se acercaba. Mirando por la ventana, vio el barco de los Boudreaux que se deslizaba por el agua, acompañado del bronco ruido del motor. Salió corriendo por la puerta de atrás y ya estaba en el muelle cuando Dawayne saltó del barco para agarrar la amarra que le lanzó su padre. Hennessey iba al timón y estaba tan concentrada que no vio a Townsend. Dios mío, nunca he visto una mujer más bella, pensó la rubia mientras observaba a su amiga. Ésta era Hennessey en toda su gloria: en el agua, ayudando a su familia a ganarse la vida. Parecía feliz, relajada, segura de sí misma y competente... cada una de sus mejores cualidades sobresalía con total claridad.

Townsend estaba tan ensimismada que no oyó los pasos que se acercaban, y se sobresaltó un poco cuando notó una mano en el hombro.

—Quiero a esa chica más de lo que podrá saber nunca —dijo la señora Boudreaux, con la voz entrecortada—. Quiero que sea feliz.

Townsend la abrazó impulsivamente, estrujándola tanto que la mujer se quedó sin aliento.

—Lo sabe. Le juro que lo sabe. Es una mujer muy paciente y no le meterá prisa, pero para ella sería importantísimo que intentara recibir bien a Kate.

—Lo haré —dijo la mujer mayor, con tono absolutamente decidido—. Haría lo que fuera por esa niña.


Después de cenar, las dos se sentaron en el muelle, contemplando las luces en movimiento de los barcos que regresaban a tierra.

—Has tenido un día muy completo —dijo Hennessey—. Has aprendido a trabajar como pinche de cocina y has convencido a mi abuela para que le dé una oportunidad a Kate. ¿Qué más te guardas en la manga de ese jersey?

Dándole un empujón en broma a su amiga en el hombro, Townsend dijo:

—No ha sido difícil conseguir que tu abuela vea la luz. Te quiere muchísimo, Hennessey. No podría soportar hacerte daño.

—Ya lo sé —dijo la joven de más edad—. Pero te agradezco igual que hayas conseguido progresos con ella. Te lo agradezco mucho.

Por encima del suave ruido del agua al chocar con el muelle, se oyó una voz.

—Hennessey, te llaman por teléfono.

—Ahora mismo voy, papá. —La mujer alta se levantó y se sacudió los vaqueros—. ¿Quién me llamará? —Se le desvaneció la sonrisa y echó a correr—. Tiene que ser Kate.

Townsend la siguió al interior de la ajetreada cocina, que estaba a pleno rendimiento preparando las cenas de última hora. Hennessey parecía muy incómoda y trataba de hablar en voz baja. Townsend le llamó la atención y sacó su teléfono móvil, diciendo sin voz:

—Usa mi teléfono.

Con expresión de alivio, Hennessey asintió y dijo:

—Ahora mismo te llamo, Kate. —Mirando a su padre, dijo—: Papá, estaré en casa si me necesitáis.

—Vale, cariño. ¿Te vas a quedar, Townsend?

—No lo tenía pensado, pero es posible.

—Siempre nos encanta tenerte con nosotros, cielo —dijo la señora Boudreaux.

—Si no me quedo, vendré a despedirme —dijo, saliendo de la estancia detrás de Hennessey. Echó a correr para alcanzarla y le tiró de la parte de atrás de los vaqueros justo cuando la mujer más alta estaba marcando el número—. Eh, espera un momento, nena.

Hennessey se detuvo y la miró, con los ojos azules desorbitados.

—¡Ha dicho que no va participar en la asignación de plazas!

—¿Qué?

Agitando la mano, Hennessey dijo:

—Es complicado. Luego te lo cuento.

—Nena, tengo que irme ya si quiero volver a Hilton Head. Mañana tengo cosas que hacer y la verdad es que no puedo quedarme esta noche. Te voy a dar mi tarjeta telefónica y así podrás llamar a Kate desde el teléfono de tu casa.

—¡Mierda! —Frunciendo los labios, Hennessey dijo—: Tengo la sensación de que la noche va a ser larga. ¿Puedo ir a Hilton Head contigo? No quiero que mi familia oiga esta conversación.

—Claro. Te traeré de vuelta cuando quieras. Además, esta noche me gustaría ir acompañada. Estoy cansada.

—Tú ve a decírselo a mi familia mientras yo me preparo —dijo Hennessey—. Ahora mismo voy.


Tres horas después, Hennessey asomó la cabeza en el bungalow de Townsend y dijo:

—Te he fundido la batería y también la de repuesto.

La rubia apartó la mirada del programa de televisión al que había estado dedicando el veinticinco por ciento de su interés y dijo:

—Me parece que te hace falta dar un paseo.

—Eso estaría bien —asintió Hennessey—. ¿Te apetece?

—Claro que sí. Espera que coja una chaqueta más abrigosa. Y también te traeré un jersey.


Caminando por la amplia playa de arena, con el camino iluminado por una luna llena y brillante, Hennessey cogió a Townsend de la mano y dijo:

—No sé si es que le da miedo dar este paso o es que de verdad necesita un descanso. Es la primera vez que me habla de esta idea y me tiene asustadísima.

—Rebobina, larga. No tengo ni idea de qué estás hablando y no me estoy enterando de nada.

—Ah, mierda. Se me olvida que no sabes todo lo que yo sé.

—Me gustaría saber todo lo que tú sabes, pero no es más que una fantasía —bromeó Townsend.

Hennessey le revolvió el pelo a su amiga y dijo:

—Deja que empiece por el principio. Ya te he dicho que Kate ha solicitado plaza en varios sitios para hacer su residencia de psiquiatría.

—Sí. Hasta ahí me he enterado.

—Bueno, pues eso sólo es una parte del proceso. Hay un sistema que se creó para garantizar que se cubren todas las residencias y que todos los estudiantes cualificados obtienen una plaza... lo más rápido posible. Es en eso en lo que Kate ha decidido que no va a participar.

—¿Pero por qué?

—De hecho, ha decidido que no va a empezar la residencia en julio. Dice que necesita por lo menos un año de descanso. Pero como jamás ha dado la menor muestra de que estuviera pensando esto, me tiene absolutamente descolocada. No es propio de ella hacer las cosas de forma impulsiva, y si no es algo impulsivo, estoy enfadada con ella por no decírmerlo antes. El plazo vence mañana y no va a presentar su lista de preferencias. Eso quiere decir que aunque cambie de opinión, no podrá encontrar un programa de residencia decente.

—Dios, pues no te ha dado mucho tiempo para reaccionar.

—Por eso estoy enfadada —dijo Hennessey, alzando la voz con irritación—. Seguro que no lo ha decidido esta noche. Detesto quedarme al margen de decisiones como ésta y ella lo sabe muy bien. Esto nos afecta a las dos, y me cabrea ver que se comporta como si sólo se tratara de ella.

Apretándole un poco más la mano a su amiga, Townsend dijo:

—Tiene que haber algo más que no te ha dicho, cariño. No te enfades con ella hasta que sepas exactamente qué es lo que está pensando. Si quieres saber mi opinión, parece que tiene miedo. Y lo último que te hace falta cuando tienes miedo es que tu compañera se enfade contigo.

Hennessey se soltó la mano y le pasó el brazo a Townsend por los hombros.

—Tienes razón. Como siempre. —Se rió suavemente y dijo—: Probablemente es mejor que no esté en casa en estos momentos. Nos pasaríamos toda la noche discutiendo y eso no es bueno para ninguna de las dos. Seguro que mañana estoy más receptiva.

—Bueno, en defensa de Kate, debo decir que es ella la que va a tener que hacer todo el trabajo. Si no está preparada para ello...

—Lo que me molesta no es que quiera tomarse un año de descanso. Es que no me haya dicho que tenía dudas. —La mujer más alta se detuvo y se volvió hacia su amiga—. Si no confiamos la una en la otra para compartir nuestras dudas y nuestros miedos, ¿qué sentido tiene? Tener una relación no es lo más fácil de este mundo y uno de los aspectos más gratificantes es contar con el apoyo de tu compañera cuando lo estás pasando mal. Me molesta mucho y me preocupa que no me haya hablado antes de esto.

—A lo mejor lo pensaba de forma inconsciente y le ha venido todo de golpe al acercarse el plazo —sugirió Townsend.

—Kate no funciona así —dijo Hennessey—. Es muy, muy metódica. Me sorprendería muchísimo que esto sea algo que se le acaba de ocurrir. Pero supongo que todo es posible, así que debería dejar que me lo explique más a fondo cuando vuelva a casa.

—¿Cuándo vas a volver a casa? —preguntó Townsend.

—Me iba a ir el domingo que viene, pero voy a volver mañana. A la abuela no le va a hacer gracia, pero tengo que irme. Kate me necesita.

—Eres una buena compañera, Hennessey. Sé que las dos lo solucionaréis. Estoy segura.

Hennessey asintió.

—Yo también estoy segura. Es que desearía haberlo solucionado ya. Conseguirlo no va a ser fácil.


PARTE 16


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