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Nueve meses después...

Townsend levantó la mirada hacia el sol radiante y lanzó su birrete lo más alto que pudo, riendo alegremente cuando cientos de birretes lanzados de igual manera cayeron sobre las cabezas de los graduados. Todavía intentaba recuperar el aliento cuando sus padres se abrieron paso entre la multitud para felicitarla con abrazos.

—Qué orgullosos estamos de ti, tesoro —le dijo su padre al oído.

—Gracias, papá. Yo también estoy orgullosa de mí misma.

—Cuántas cosas has conseguido, cielo —añadió su madre—. Cuando estabas en el instituto, yo habría sido la primera en dar por supuesto que jamás te graduarías en la universidad. Cuánto me alegro de haberme equivocado.

—A Townsend se le da muy bien superar cualquier expectativa —dijo una voz grave y melódica por encima del hombro de la graduada.

Girándose en redondo, la mujer más menuda echó los brazos alrededor de Hennessey, estrechándola con fuerza.

—¡No tenía ni idea de que ibas a venir!

—Jamás me perderé un día importante de tu vida —susurró Hennessey—. Te lo prometo.

—¿Por qué no me dijiste que ibas a venir?

—Bueno, es que no sabía cómo iba a venir ni cuándo... así que no quería hacer una promesa que no pudiera cumplir. Todavía no he terminado las clases y tenía tanto trabajo acumulado que ha sido por los pelos, pero he tenido suerte y he conseguido una tarifa estupenda de uno de esos revendedores al por mayor.

—Oh, Hennessey, cuánto me alegro de que estés aquí.

—Yo también me alegro mucho. —Soltó a la rubia y se echó un poco hacia atrás—. Hola, Miranda, Tucker.

—Me alegro mucho de volver a verte, Hennessey —dijo Tucker—. Hacía ya tiempo.

—¿Qué tal te va en... Duke? —preguntó Miranda, no muy segura de haber entendido bien el nombre de la universidad.

—Me va genial —dijo Hennessey, sonriendo alegremente—. Todavía me queda una semana de clases, pero no podía perderme este gran acontecimiento.

—Oh, qué detalle por tu parte —dijo Miranda—. ¿Cuánto tiempo te vas a quedar?

—Tengo un vuelo mañana a las nueve de la noche.

—Espero que tengas pensado alojarte con nosotros —dijo Miranda—. Nos encantaría.

Townsend se volvió y miró a su amiga.

—¿Te quedas, Hennessey? De verdad que nos encantaría.

La morena se encogió de hombros y dijo:

—La verdad es que no tenía nada pensado. Estaba tan obsesionada con llegar aquí a tiempo que ni se me ha ocurrido hacer una reserva en un hotel.

—Pues está decidido —dijo Miranda—. Tengo tantas cosas que preguntarte sobre el programa de escritura de Duke que me muero por pillarte a solas.

—Mm-mm, mamá. Si sólo la voy a tener por un día, me la quedo toda para mí. Tú puedes llamarla por teléfono para hacerle esas preguntas —dijo Townsend con una sonrisa pícara, pero todos sabían que lo decía totalmente en serio.


Para disgusto de Townsend, su madre había organizado una pequeña celebración en casa y había unas dos docenas de parientes y amigos esperándolos cuando llegaron con el coche. Por dentro, Townsend hizo una mueca, pero entonces su madre se volvió y le preguntó:

—No te importa demasiado, ¿verdad, querida? No habría planeado nada si hubiera sabido que Hennessey iba a venir.

Le sonrió afectuosamente y dijo:

—Claro que no me importa. ¿A quién puede importarle que alguien se tome la molestia de organizarle una fiesta?


Horas más tarde, cuando el último de los invitados ya se había ido, Townsend cogió a su amiga de la mano y la llevó arriba.

—Vamos a mi habitación a pasarnos toda la noche hablando —dijo, haciendo sonreír a Hennessey.

—Si no recuerdo mal, eso lo has dicho muchas veces... y siempre eres la primera que se queda dormida.

—No he tenido a nadie con quien practicar —dijo la rubia—. ¿Cómo voy a mejorar si no me lo trabajo?

—Tienes razón. Esta noche volveremos a intentarlo. —Hennessey le pasó el brazo a Townsend por los hombros y la siguió al interior de la espaciosa habitación, bellamente decorada—. Jo, me acuerdo de la primera vez que vine aquí a pasar un fin de semana. Nunca en mi vida había estado en una casa así de bonita. No paraba de pensar en lo que debiste de pensar tú cuando viniste a mi casa.

Townsend abrazó a su amiga con generosidad.

—Pensé que estaba enamorada de ti... y que cualquier sitio donde tú estuvieras era perfecto.

Con una risa nerviosa, Hennessey se apartó y preguntó:

—¿Te importa si me pongo el pijama? No estoy acostumbrada a pasarme todo el día bien arreglada.

—Claro. Te acompaño a tu habitación. ¿Prefieres la azul o la verde?

—La azul. La azul sin duda —replicó Hennessey—. Me gusta la vista que hay desde esa habitación.

—A mí también. Yo misma la habría elegido, pero por la mañana le da la luz mucho más temprano de lo que estaba acostumbrada a levantarme. —Se encogió de hombros y dijo—: A lo mejor debería cambiarme si voy a estar aquí un tiempo.

Hennessey abrió su bolsa y sacó una camiseta de Harvard desteñida y un par de pantalones cortos de deporte grises y holgados.

—Ahora mismo vuelvo —dijo, metiéndose en el cuarto de baño. Poco después, volvió a aparecer y Townsend le pasó una percha para el vestido.

—Hoy estabas guapísima —dijo la mujer más joven—. Sólo te he visto un par de veces con vestido, pero te quedan fabulosos.

—No me importa arreglarme, pero no lo hago por placer... sólo cuando es necesario.

—¿El asiento de la ventana? —preguntó Townsend, que ya sabía cuál iba a ser la respuesta.

—Por supuesto. —La morena se acomodó en el asiento de la ventana, sonriendo cuando su amiga le pasó unos almohadones.

—Ya sé que te gusta estar cómoda —dijo—. No te muevas. Voy a ponerme el pijama yo también.

Townsend tardó apenas unos minutos en volver y cuando se sentó, Hennessey alargó la mano y le quitó un poco de pasta de dientes que tenía en la comisura de la boca.

—Se te ha pasado —dijo.

—Tenía prisa. Sólo te tengo unas pocas horas y no quiero perder ni un minuto.

—Ojalá pudiera quedarme más, pero no es posible.

—Lo comprendo. Las clases son lo primero. Y Kate, por supuesto. ¿Qué le ha parecido que vinieras?

Hennessey frunció el ceño mínimamente.

—No le ha hecho mucha gracia, la verdad. Tenía el fin de semana libre... el primero desde hace meses... y como es lógico quería que lo pasáramos juntas. No sé si le habría importado en cualquier otro fin de semana, pero...

—Oh, Hennessey, no quiero causar problemas en vuestra relación.

—No hay ningún problema, te lo prometo —dijo la mujer más grande—. Es que no ha sido el mejor momento. Kate no estará enfadada cuando vuelva a casa: sólo estaba decepcionada.

—Bueno, no la culpo. Su horario parece horrible y el tuyo no es mucho mejor.

—El suyo es mucho peor. Creo que la gente no se da cuenta de lo mucho que trabajan los estudiantes de medicina. No es ningún paseo.

—¿Cuánto tiempo pasáis juntas? —preguntó Townsend.

—Eso depende de cómo se considere. Estamos en la misma habitación muy a menudo, pero por lo general las dos estamos estudiando o leyendo. Normalmente tenemos una tarde a la semana en que ninguna de las dos tiene obligación de hacer otra cosa.

—¿Una tarde? ¡No lo dirás en serio!

—Oh, lo digo en serio. Ahora pasa más tiempo en el hospital que en clase. Sólo tiene un día libre a la semana y a veces coincide con que yo tengo que presentar un trabajo. Nos ha costado... nos ha costado mucho... sacar tiempo para las dos.

—¿Y eso no ha afectado a vuestra... relación? —preguntó Townsend, intentando no entrometerse.

—Sí, claro que así es más difícil. Pero eso es lo que ocurre cuando tu compañera es estudiante de medicina. Créeme, Townsend, las cosas van a ir a peor. Tendremos suerte si conseguimos vernos cuando sea residente.

—¿Merece la pena? —preguntó Townsend, con tono delicado.

—Sí —dijo Hennessey inmediatamente—. La quiero, Townsend. La quiero y la apoyo... igual que ella a mí. Los próximos ocho o diez años van a ser difíciles, pero nos hemos dado cuenta de que las dos tenemos que hacer lo que queremos... lo que nos hace felices a cada una. Seguro que a ella le gustaría que yo estuviera pendiente de todas sus necesidades cuando no está ocupada, pero mi trabajo es tan importante para mí como el de ella. —Hennessey se acomodó, ahuecando los almohadones para sujetarse mejor la espalda—. Mi punto de vista es el siguiente. Dentro de algunas parejas, cada miembro puede ser el plato principal para el otro. Sus vidas giran la una alrededor de la otra. Para mí y para Kate no es así, y probablemente no lo será nunca. Las dos somos mujeres independientes muy motivadas y ambiciosas. Cada una de nosotras es más bien el condimento de la vida de la otra. Nos damos alegría y sabor... no la comida completa.

—¿Y a ti te gusta ser un condimento? —preguntó Townsend, con aire desconfiado.

—Mira, no te voy a mentir. Hay veces que quiero ser el plato principal. Este año tuve un resfriado muy gordo y Kate tenía un turno de cuarenta y ocho horas en el hospital. Yo quería que se sentara al lado de mi cama y me leyera y luego me hiciera sopa y té. Pero tuve que cuidarme yo sola. No me gusto nada, pero así son las cosas.

—¿Pero tener una relación no consiste precisamente en eso? ¿En poder contar la una con la otra?

—Sí, sin duda. Pero no consiste únicamente en eso. También se trata de que cada una dé a la otra el espacio que necesita para realizar sus sueños. En eso es en lo que estamos ahora. —Miró a su amiga con tristeza y dijo—: Se dice que no se puede tener todo en la vida, y ya me he dado cuenta de lo cierto que es ese viejo axioma.

—¿Es suficiente para ti, Hennessey? ¿Eres feliz?

—Lo soy —dijo la mujer más grande sin el menor asomo de duda—. Ojalá pudiera estar más con ella, pero lo poco que estoy vale por todo el tiempo que tenemos que pasar separadas. Es una mujer extraordinaria, Townsend, y la quiero, la respeto y la admiro. Todo eso forma parte muy importante de una relación.

—¿Y todavía... me quieres a mí?

El rostro de Hennessey se dulcificó con una sonrisa cálida y llena de afecto.

—Claro que sí. Siempre te querré. Creo... que por fin he llegado al punto en que puedo quererte platónicamente —añadió—. He tardado mucho, pero creo que ya he llegado.

—Eso espero —dijo la rubia—. No quiero interponerme nunca entre Kate y tú.

—No te interpondrás —le aseguró Hennessey—. Kate y yo estamos unidas de forma permanente. Las dos estamos decididas a pasar juntas el resto de nuestra vida, ¡que no será mucho tiempo si sigue matándose a trabajar!


Siguieron hablando hasta que se les quedó la garganta seca. Bajaron juntas con sigilo para coger algo de beber, pero acabaron con helado.

—No sé por qué, pero el helado sabe mejor cuando te lo comes directamente de la caja —decidió Hennessey, golpeando el borde del recipiente con la cuchara—. Es como más gratificante.

—¿Cómo os las arregláis con las comidas? ¿Os hacéis la comida la una a la otra?

—No, no muy a menudo. A mí me encanta cocinar, pero no dedico tiempo a hacerlo para mí misma. De vez en cuando, hago una buena comida si las dos estamos libres un sábado por la noche o un domingo por la tarde, pero podría contar con los dedos de una mano las veces que lo he hecho.

—¿Y estás bien con esa situación? —preguntó Townsend.

—No, no me gusta —dijo Hennessey—. Pero tenemos que hacer sacrificios para poder titularnos. Ése es uno de ellos. —Sonrió a Townsend de medio lado y dijo—: Ni me preguntes sobre mi vida sexual.

Haciendo una mueca, Townsend preguntó:

—¿Tan mal va?

—Bueno, no es que no hagamos nunca el amor, es que por lo general a Kate le apetece cuando ha estado de servicio treinta y seis horas. Es una de las formas en que le gusta relajarse.

—¿Y?

—Pues... que normalmente es a las dos o las tres de la mañana —dijo Hennessey, riéndose—. Lo hacemos... sólo que yo estoy medio dormida.

Townsend le dio unas palmaditas en la mano a su amiga y dijo:

—No te quejes. Yo prefiero hacerlo a las dos de la mañana que no hacerlo para nada.

Asintiendo, Hennessey dijo:

—No debería haberlo dicho, colega. Sé que para ti ha sido difícil.

—Sí, lo ha sido, pero creo que por fin estoy preparada para dejarlo ir y empezar a salir con alguien. Me voy a ir una temporada con mi madre a Europa y cuando vuelva, voy a dedicarme a buscar a alguien a quien le traiga sin cuidado quién la haya creado.

—Venga, que hay gente religiosa que no se tiene que ir dos años del país —dijo Hennessey, sonriendo.

—No voy a arriesgarme —insistió Townsend—. Nada de devotas cristianas, judías, musulmanas, budistas, taoístas, hindúes, paganas, brujas o adoradoras del diablo. —Se rió de sí misma, diciendo—: Si pongo un anuncio personal, va a ocupar media página.

—No te hace falta poner un anuncio —dijo Hennessey—. Conozco a veinte mujeres en Duke a las que les encantaría salir contigo.

—Oye, yo tengo dinero —le recordó Townsend—. ¡Les pago el billete de avión!


—¿Y qué tienes pensado hacer en Europa? —preguntó Hennessey cuando volvieron arriba.

Townsend apartó la mirada, con un amago de indecisión en la cara.

—Mmm...

Hennessey alargó la mano y le tocó el brazo.

—No es por cotilleo, cariño. No tienes por qué decírmelo.

Mirando pensativa a su amiga, Townsend dijo:

—No creo que le importe que te lo cuente. —Sonrió y dijo—: Mi madre va a ingresar en una clínica de Suiza que trata la adicción a los fármacos. Me ha dicho que está tan impresionada con mi recuperación que no puede seguir pasando por alto cómo su adicción a los calmantes le está abotargando los sentidos. —Sonrió aún más y dijo—: Nunca he sido una influencia positiva para nadie, Hennessey. Me siento genial.

Hennessey se arrimó a ella y la abrazó con cariño. Cuando se apartó, dijo:

—Has influido a muchas personas. Yo he ido a reuniones contigo en las que te he oído contar tu historia. Sé que muchísima gente se ha sentido animada y fortalecida por ti. Además, llevas años influyéndome a mí positivamente. Que yo no tuviera un problema con el alcohol no quiere decir que no estuviera mal. Me has ayudado a cambiar en muchas cosas, colega.

—No tantas como tú a mí —dijo Townsend.

Hennessey alargó la mano y dijo:

—Digamos que estamos empatadas y que las dos somos unas santas, ¿vale?

Townsend le atizó un mamporro en broma con uno de sus almohadones.

—¡No digas la palabra "santa" en mi presencia! ¡Demasiado religiosa!



De: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
Fecha: 20 de julio, 1999
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

Hola,

Bueno, ya estoy en casa y quería darte las gracias otra vez por escribirme tan a menudo cuando estaba en Europa. Me encanta Suiza, pero he pasado más de dos meses allí sintiéndome muy sola. El único momento en que veía a mi madre era los domingos, cuando se permite a los familiares asistir a las reuniones de grupo, pero tenía que estar allí para apoyarla. Yo ya he estado en rehabilitación y sé lo que es que nadie vaya a verte los días de visita. Por suerte, mi padre vino dos veces de visita y la hermana de mi madre, Julia, estuvo una semana. Julia y mi madre llevaban años peleadas, pero han conseguido unirse más desde que mi madre no se droga. Parece que Julia se había pasado años detrás de ella para que reconociera que tenía un problema y mi madre no quería ni oír hablar de ello. Está bien volver a tener a mi tía en mi vida: es una persona agradable, aunque es un poco nueva era para mi gusto. Por cierto, ¿eso de nueva era no debería ser ya vieja era? (je je je)

Mamá va bien y está decidida a acudir a una reunión de Narcóticos Anónimos todos los días durante por lo menos noventa días. Tengo intención de ir con ella durante un tiempo. Por suerte, puedo identificarme con prácticamente cualquier clase de conducta compulsiva, así que yo también sacaré algo de las reuniones :-)

Tengo que contarte algo que me parece una buena noticia :-) Al parecer, Jenna llevaba más de un mes intentando ponerse en contacto conmigo. No dejó ningún mensaje al llamar, pero la doncella me comentó que había llamado una mujer joven toda las semanas mientras estuve fuera. Como sabía que Jenna no es de las que deja mensaje, la llamé y reconoció que era ella la de las llamadas fantasma :-)

Ha vuelto de Filipinas y está dispuesta a volver a la universidad. Lo genial es que BYU no la ha admitido, así que va a ir a la Universidad Estatal de Utah en Logan. Te preguntarás por qué es una buena noticia que no te admitan en una universidad. Bueno, pues Jenna me ha dicho que la han rechazado sobre todo por las redacciones. La muy pillina las hizo mal a propósito para no tener que ir a la universidad con la mayoría mormona, je je je. Decía todo tipo de blasfemias en sus redacciones, como que se estaba cuestionando su fe mormona y que su estancia en Filipinas le había demostrado que vivir en una comunidad mormona no era necesariamente algo bueno.

Por suerte, se esforzó con sus solicitudes para la Universidad de Utah y la Estatal de Utah. Ha optado por la Estatal porque el esquí es mejor :-) y está a dos horas y media de sus padres. Dice que quiere estar lo más lejos posible para poder vivir más abiertamente.

He aquí la buena noticia: ¡quiere que vaya a Utah a vivir con ella! Me quedé pasmada, como podrás imaginarte. Creía que me iba a dar una patada en el culo en cuanto volviera, pero me jura que no podía ser más abierta en sus cartas porque su compañera de cuarto la interrogaba constantemente sobre por qué no tenía novio en casa. Al parecer, te miran con desconfianza si no tienes novio, pero si tienes novio, no debes mantener relaciones sexuales con él. Poca tensión en la noche de bodas, ¿eh? :-)

Bueno, asegura que me quiere más que cuando se marchó y que los dos últimos años sólo le han servido para convencerse de que mantener una relación lésbica es algo que le va bien. Espero con todo mi corazón que sea cierto, Hennessey, y creo que la única manera de averiguarlo es irme a Utah. Yo no tengo planes en firme de ningún tipo, como sabes, pero quiero asistir a varios cursos más de escritura. Supongo que eso puedo hacerlo en Logan tan bien como en cualquier parte, ¿no?

Así que nos vamos a reunir en agosto y vamos a alquilar un piso. Estoy muy emocionada (vale, estoy emocionadísima) y espero que te emociones por mí. Como sabes, el año pasado me esforcé por seguir adelante con mi vida, pero no conocí a nadie que me atrajera tanto como Jenna. Si conseguimos solucionar algunos de nuestros problemas, creo que lo lograremos. ¡Deséame suerte, colega!

Besos,
Townsend



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 29 de julio, 1999
Para: Townsend Bartley < myrealname@teaparty.com >
cc:
Asunto:

Hola, colega,

¡Bueno, ésta ha sido una semana de sorpresas inesperadas! Yo acabo de volver de pasar un fin de semana largo con mis abuelos... ¡y he salido del armario con todo el mundo! Primero me pasé por el campamento y tuve una larga conversación con MaryAnn, como una especie de calentamiento. Luego, fui a Beaufort. Por su orden, hablé con: mi padre, luego mi abuelo y por fin mi abuela. Sí, opté por el camino fácil, pero te alegrará saber que ninguno de ellos intentó estrangularme, jajaja.

En realidad, papá y el abuelo no dijeron gran cosa en un sentido u otro, y como yo ya preveía que iba a ser así, por eso se lo dije a ellos primero. Para cuando hablé con la abuela, ya se lo había dicho a tres personas y empezaba a sentirme como una veterana. No le hizo gracia, en absoluto, y no está dispuesta a dejar que Kate vuelva de visita, pero cuando me marché, me dijo que me quería tanto como siempre. Eso es lo único que me importa.

Sé que los tres tardarán un tiempo en acostumbrarse, pero al menos he dado el primer paso. Sé que lo he hecho con un retraso de tres años, pero hasta ahora no estaba preparada. Supongo que debería haber ido a ver a mi madre, pero se acaba de mudar —o la han desahuciado— y nadie sabe dónde está exactamente. Seguro que podría haber dado con ella si me hubiera empeñado, pero no me apetecía pasar por el numerito de la culpabilidad. Soy más pobre que nunca y no estoy dispuesta a darle a mi madre mis últimos dólares, por lo que la visita habría sido penosa para las dos.

En cualquier caso, estoy contenta de habérmelo quitado de encima: ahora sólo tengo que pasarme unos años acostumbrándolos a la idea :-)

Basta de hablar de mí; hablemos de ti. Estoy contentísima de que vayas a volver a intentarlo con Jenna. Le tengo mucho cariño y tú sabes cuánto te quiero a ti. Si las dos podéis haceros felices, me haréis feliz a mí también.

Me horroriza pensar que te vas a ir hasta Utah, pero con mi programa supongo que de todas formas no habría podido ir a Boston a verte muy a menudo. Hazme saber tus planes y cómo puedo seguir en contacto contigo.

Besos,
Hennessey



De: Townsend Bartley < demonrum@loganlink.net >
Fecha: 29 de agosto, 1999
Para: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
cc:
Asunto:

¡Saludos desde Utah!

Éste no es el mejor sitio del mundo para conseguir una copa, pero Logan es una ciudad muy bonita.

Llevamos aquí una semana y hemos conseguido encontrar un buen piso. Te alegrará saber que tiene dos dormitorios y que el segundo lo vamos a convertir en una habitación de invitados. Está a tu disposición siempre que quieras, larga.

Después de instalarnos y contratar los servicios (atención a la nueva dirección de correo), decidimos explorar un poco. Jenna nunca ha estado aquí, así que es una experiencia nueva para las dos. Está tan contenta de haber vuelto a Estados Unidos que está como una niña con zapatos nuevos :-) Creo que no se había dado cuenta de lo maravilloso que es este país hasta que se marchó. Aunque a veces la vida es así. No sabes lo que tienes hasta que dejas de tenerlo. Me alegro de que haya recuperado su país... y me alegro de haberla recuperado.

Comenzamos nuestra exploración de la zona con un pasote de caminata para subir el Monte Naomi. Es una excursión de seis kilómetros y medio, subiendo hasta una altura de casi tres mil metros. Me quedé pasmada por lo fácil que me resultó. Supongo que tanto correr ha dado sus frutos, ¿eh? Jenna también está estupenda de forma, aunque ha perdido mucho peso. Me gustaban sus mollitas, pero está tan guapa como siempre. Está mucho más musculosa, pero sobre todo en las piernas. Eso le pasa por estar todo el día recorriendo Filipinas a pata :-)

A lo que iba, subimos por un sendero escabroso y éramos las únicas personas que había allí. Me quedé pasmada al ver kilómetros de flores silvestres que se extendían por los prados: lupinos, aguileñas, margaritas silvestres y otras cosas cuyos nombres desconozco :-)) Hacía calor y teníamos una vista tan magnífica que nos sentamos en medio de un prado repleto de flores y bebimos un poco de agua.

Sentada allí en esa colina, miré a Jenna y me quedé abrumada por el amor que sentía por ella en ese momento. No se trataba de lujuria, no se trataba de sexo, no se trataba de atracción. Era amor, Hennessey. Me di cuenta de que la quiero tanto que haría cualquier cosa por estar con ella. Antes no estaba segura de ella, pero ahora parece mucho más madura, mucho más centrada. Parece saber lo que quiere y —ante mi deleite— me quiere a mí.

Nos quedamos en el prado un buen rato, besándonos y abrazándonos. No conseguía abrazarla lo suficiente, Hennessey. ¡Jo, es tan importante para mí! Llegaron otros caminantes y me quedé de piedra cuando Jenna ni se inmutó. Nos quedamos donde estábamos y volvió a besarme... ¡delante de otras personas! ¡Eso sí que es progresar!

Ahora, pasemos a temas académicos. Jenna va a hacer un programa de asignaturas completo y yo me voy a matricular en dos. Una es en la Estatal de Utah y es un curso avanzado de escritura creativa. La otra es un poco más tipo hippy :-) Se imparte en un sitio de aquí que ofrece talleres de escritura y me voy a apuntar a un curso para encontrar mi voz creativa. Puede que sea una chorrada, pero me gustaría mucho que me ayudaran a aprender a desahogarme de forma creativa. Ya te contaré cómo va.

Sé que tus clases empiezan dentro de poco, así que te envío buenas vibraciones para el estudio. Espero que Kate y tú tengáis más tiempo para estar juntas este año, pero sé que no es probable. Supongo que tendrás que sacar el máximo provecho de cada minuto que tengas, larga, y sé que podrás.

En cualquier caso, parece que por una vez las dos estamos bien, ¿eh? Tú has salido del armario con orgullo :-) y hasta Jenna se ha descubierto ante unos desconocidos en lo alto de un monte de Logan. Esperemos que siga la buena racha.

Besos,
Townsend

p.s. Tú eres la única persona a la que le voy a dar esta dirección de correo. Necesito poder hablar libremente contigo y no quiero tener que preocuparme de que Jenna lea mi correo. No es una fisgona, pero mejor prevenir.



De: Hennessey Boudreaux < hboudreaux@freemail.com >
Fecha: 30 de noviembre, 1999
Para: Townsend Bartley < demonrum@loganlink.net >
cc:
Asunto:

Hola,

En primer lugar, quiero pedirte disculpas por ser tan horrible a la hora de escribirte. No sé en qué se me va el tiempo, pero cuando tengo un momento para mí misma, me quedo dormida. Ya sabes que necesito mis ocho horas de sueño, y no hay muchas noches que lo consiga. Que Kate tenga un horario de trabajo tan absurdo no me ayuda mucho, porque intento quedarme levantada para pasar un poco de tiempo con ella cuando va a volver a casa antes de la una o las dos de la mañana. Normalmente, por supuesto, me quedó dormida en el sofá y ni siquiera sé cómo he llegado a la cama cuando me despierto al día siguiente :-)

Pero sí que tengo una buena noticia. Después de muchas, muchas, muchas horas de hablarlo, Kate ha decidido en qué se va a especializar. No es su primera preferencia, pero ha decidido que va a hacer psiquiatría. Tendrá un horario regular y podrá venir a casa a cenar todas las noches. Incluso podremos empezar a tener hijos, cosa que queremos las dos. Ella preferiría hacer algo con un poco más de marcha :-) pero está de acuerdo con que necesitamos tener tiempo para estar juntas para hacer que nuestra relación funcione. No sabes cuánto le agradezco que esté dispuesta a hacer un sacrificio así por mí: es una señal muy clara de lo entregada que está a nuestra relación.

La mala noticia es que hasta que termine la residencia la cosa va a ser brutal. A veces es difícil —muy difícil— no perder de vista el premio, pero es nuestra única opción. No hay forma de hacer esto de una manera más fácil y es tan importante para ella que a mí ni se me ocurriría quejarme. La pobre está siempre cansada y estresada y está trabajando con un jefe de residentes que parece regodearse en humillarla, por lo que para ella también ha sido muy duro. Cada vez que me parece que tengo demasiadas cosas que hacer, la miro, sentada ante su escritorio después de trabajar doce horas en el hospital, estudiando para asegurarse de que está preparada para el día siguiente. Sé que la gente piensa que los médicos ganan demasiado, pero renunciar a ocho años de tu vida debería merecer la pena desde el punto de vista económico. Jo, ¿a que ya me expreso como la mujer de un médico? :-)

Quiero a Kate, Townsend; tú sabes que la quiero. Y algún día podremos pasarnos el día entero holgazaneando en nuestra lujosa mansión :-)) Puedo aguantar muchísimas cosas para hacerla feliz y espero que esto sea justo lo que la satisfaga. Sé que yo estaría molesta con ella si intentara interferir en mi vida profesional, por lo que yo nunca se lo haré. Sólo podemos ser felices juntas si cada una es feliz individualmente.

No sé qué planes tienes para las vacaciones, pero si tienes algo de tiempo, me encantaría que vinieras unos días a Beaufort. Kate se va a ir diez días a Europa con sus padres y se han ofrecido muy generosamente a llevarme con ellos, pero necesito pasar un tiempo con mis abuelos. Probablemente estarás con Jenna, esquiando por todo Utah, pero si por casualidad tienes unos días, me encantaría que vinieras. Jenna también está invitada, por supuesto, pero no sé qué le parecería pasar sus vacaciones conmigo. Por favor, no dejes de decirle que me cae estupendamente y que me encantaría volver a verla.

Házmelo saber, colega, y repito, perdóname por estar tan metida en mis cosas.

Besazos,
Hennessey


—Jo, Hennessey, se me había olvidado cuánto me gusta esto. —Townsend se envolvió bien en su abrigo ligero y cogió a su amiga del brazo, pasándole la mano alrededor—. También se me había olvidado el frío que puede hacer en esta época del año.

—Hace cinco años que estuviste aquí en Navidad —le recordó Hennessey—. Aunque no sé cómo ha podido pasar tanto tiempo. Es como si hubiera sido hace nada.

La mujer más joven asintió pensativa.

—Sí, en cierto modo, pero también parece que fue hace una vida. A las dos nos han pasado muchas cosas desde entonces, ¿verdad?

—Sí, sí, es cierto. —Hennessey cogió la mano de su amiga y se la sujetó suavemente—. Aunque hay una cosa que no ha cambiado y que es lo absolutamente a gusto que me siento contigo. Cada vez que nos vemos, parece que sólo han pasado unos días desde la última vez que nos vimos.

—Eso es lo mejor —asintió Townsend, sonriendo afectuosamente—. Bueno, como has sido tan pésima para escribirme, quiero que me cuentes todo lo que ha pasado desde la última vez que nos vimos.

—Jo, eso es desde el verano. ¡No tengo tan buena memoria!

—Oye, vamos a dar un largo paseo por la playa. No tenemos nada más que hacer, así que desembucha, Boudreaux. Sé que tienes una mente como una caja fuerte.

—Sí, supongo que sí. —Hennessey respiró hondo, cosa que Townsend oyó incluso por encima del apacible rugido del mar—. No te he contado toda la verdad de por qué estoy aquí.

—¿Eh? ¿Es que las personas que nos han dado el desayuno en realidad no son tus abuelos? ¿Y ese tipo tan guapo no era tu padre?

Riendo suavemente, Hennessey asintió.

—Sí, son los mismos de siempre, pero lo que no te he contado es que la abuela no quería que Kate viniera conmigo. A los padres de Kate se les ocurrió lo del viaje a Europa para ofrecernos una alternativa.

—¡Aiijj! —Townsend no dijo más: se limitó a agarrar la mano de su amiga con un poco más de fuerza.

—Sí. Las cosas han estado bastante tensas en nuestro piso casi todo este mes. Sabes —dijo pensativa—, intento no hablar nunca de los problemas que tenemos... no me parece justo ni para Kate ni para ti. Pero me gustaría hablar de esto para ver qué opinas.

—Claro, nena. Sabes que te ayudaré si puedo.

Hennessey se metió la mano en el bolsillo del abrigo y sacó una goma para el pelo, tras lo cual dedicó un momento a recogerse el pelo en una coleta.

—Jamás conseguiré pasarme un peine por estas greñas —dijo, sacudiendo la cabeza—. Vale, ésta es mi postura. A ver si te parece lógica.

—Soy toda oídos.

—Mi abuela es más importante para mí de lo que jamás podré expresar con palabras. Pero es una mujer mayor y terca y, francamente, tiene bastante prejuicios. Por suerte, no siente animosidad contra las minorías raciales, pero es muy intolerante con los aspectos religiosos, culturales y sexuales que se desvían de lo que ella considera la norma. No voy a poder cambiar su opinión sobre el lesbianismo en un futuro cercano. De hecho, dudo de que pueda llegar a hacerlo alguna vez. Pero eso no me va a impedir quererla y pasar tiempo con ella. Le debo la vida, Townsend, y ésa es una deuda que nunca podré pagar.

—Ya lo sé, tesoro —dijo Townsend—. Entiendo tu punto de vista, pero me gustaría conocer también el de Kate.

—De acuerdo. Kate nunca ha tenido que luchar con el tema de estar fuera del armario... hasta ahora —dijo Hennessey—. No lo está llevando muy bien y creo que esto de la abuela lo está empeorando.

—¿Con qué está luchando? —preguntó Townsend.

—Sus tutores le han dejado claro que estar fuera del armario en el hospital va a ser perjudicial para su carrera —dijo Hennessey, haciendo una mueca al decirlo—. No está en absoluto contenta con esa opinión y se está quemando. La mayoría de sus compañeros de clase lo saben, pero los adjuntos no, y tiene miedo de que el jefe de residentes que le ha tocado lo descubra. Está probando lo que se siente al estar en el armario... y lo detesta como no te puedes imaginar.

—Ay, Dios —suspiró Townsend—. Yo creía que Duke tenía un ambiente muy liberal.

—Y lo tiene —dijo Hennessey—. Yo estoy totalmente fuera y a nadie se le mueve una pestaña. Pero en medicina hay otro ambiente. En la facultad de medicina hay tipos muy conservadores, y es vital que Kate les cause buena impresión. Creo que siente que está poniendo en entredicho sus principios para unirse al juego... y por eso está tan intolerante con mi abuela. Ya es malo cuando tienes que jugar a esto profesionalmente... opina que nuestras familias deberían apoyarnos por completo.

—Y eso no va a pasar.

—Durante mucho tiempo no —asintió Hennessey.

—¿Y qué quiere Kate que hagas? —preguntó la rubia.

—Quiere que le diga a mi abuela que somos pareja. Que venimos a casa juntas o no venimos para nada.

Townsend se paró en seco.

—¡Hennessey! ¡Tú nunca podrías dejar de ver a tus abuelos!

En la boca de la mujer de más edad se formó una sonrisa lenta de medio lado.

—Ya sé que no podría. Gracias por saber eso de mí.

Agarrando a su amiga de la chaqueta, Townsend preguntó:

—¿Estás diciendo que Kate no sabe eso de ti? ¿Cómo puede no saberlo?

Con el ceño ligeramente fruncido, Hennessey meneó la cabeza.

—Lo sabe, pero es más bien un conocimiento abstracto. No lo comprende a nivel emocional. Está convencida de verdad de que cuando quieres a alguien, esa persona te quiere tal cual eres. Y si no te quiere así, es que no es cariño auténtico.

—Oh, Hennessey, cualquiera puede darse cuenta de cuánto te quiere tu abuela. ¡Cualquiera!

Sacudiendo la cabeza con más fuerza, Hennessey dijo:

—Kate no. Siempre ha tenido tanto apoyo... tanto apoyo auténtico... que no comprende que la mayoría de la gente sólo puede ofrecer cariño condicional. De verdad que no lo entiende, Townsend, y eso nos ha causado muchos problemas. Está dolida porque he decidido estar con mi familia en vez de con ella y yo estoy dolida porque no entiende mi punto de vista.

—Jo, ya veo por qué esto ha sido difícil para ti —murmuró la rubia—. Qué mal.

—Pues sí —asintió Hennessey—. Pero hay algo bueno. Kate me quiere incondicionalmente y las dos estamos totalmente seguras de que lo superaremos. Es un problema, pero no es fatal.

—Dios, qué suerte tenéis de estar así de seguras —dijo Townsend, pasando el brazo por la cintura de su amiga y estrechándola con fuerza.


—¿Estás segura de que esto es buena idea? —preguntó Hennessey mientras conducían por una estrecha calle en curva de un condado vecino.

—No, para nada, pero si quieres ver a tu madre, quiero que lo hagas mientras yo estoy aquí. Sé lo duro que te resulta, cariño, y quiero que después puedas hablar de ello conmigo.

—Gracias. —Hennessey dio un apretón cariñoso a su amiga en la rodilla—. Eso significa mucho para mí.

Siguieron conduciendo en silencio y era evidente que Hennessey estaba tensa y un poco irritable. Maldecía en voz baja los numerosos baches de la calle mal pavimentada y Townsend sabía que maldecir no era una cosa que le saliera a su vieja amiga de forma natural.

Al final de la calle, Hennessey aparcó el coche y miró a su alrededor, comprobando las direcciones. Soltando un suspiro, abrió la puerta y dijo:

—Vamos.

—¿Estás segura de que esto está bien? La nota decía que era el número 715 y esa casa es el 713 y la siguiente es el 717.

—Está bien —dijo Hennessey, con tono grave. Subió por el largo camino de entrada que había en el lado sur del 717, dando alguna que otra patada a las piedras sorprendentemente grandes que cubrían el suelo.

Townsend miró el trozo de valla rota que alguien había colgado con alambre de uno de los aleros del garaje y donde habían escrito a mano 715. Sintió un estremecimiento, que le llegó hasta el fondo del alma, y se adelantó corriendo unos pasos para coger a Hennessey suavemente de la mano.

Una puerta torcidísima situada a un lado del garaje les llamó la atención, y Hennessey llamó con fuerza. Al cabo de un momento, su madre acudió a la puerta, con aire de estar muy contenta de ver a su hija.

—Hola, mamá —dijo la mujer alta, sonriendo a su madre con cariño—. Supongo que te acuerdas de mi amiga, Townsend. Vino conmigo cuando vine a verte hace unos años, cuando vivías en Riggs Road.

—Ah, claro —dijo la mujer, sin que en sus turbios ojos castaños se vislumbrara atisbo alguno de reconocimiento—. ¿Cómo estás, cielo?

—Estoy bien —dijo Townsend, sonriendo a su vez—. ¿Qué tal está usted, Maribelle?

—Muy bien, estupendamente. —Sonrió a Townsend ampliamente y la joven lamentó ver que había perdido varios dientes más desde su último encuentro—. Pero sentaos... —Maribelle miró por el garaje, advirtiendo, como por primera vez, que sólo había una silla en el suelo de cemento manchado de aceite. La decoración se completaba con un colchón y un somier de cama doble, también en el suelo, una pequeña cómoda pintada con espejo y el tipo de estufa sobre cuyos peligros advierte el cuerpo de bomberos todas las Navidades.

—No, no, estamos bien así —dijo Hennessey—. Ha sido un viaje muy largo hasta aquí. ¿Por qué te has ido de Beaufort?

—Ah, ya sabes lo caro que está todo allí. Si no juegas al golf, no encuentras un sitio decente donde vivir.

Hennessey asintió cortésmente, sabiendo que el único momento en que su madre viviría cerca de un césped cuidado sería cuando la enterraran.

—Bueno, ¿y cómo te mueves por aquí?

Maribelle se encogió de hombros y dijo:

—Lemont tiene coche, así que no hay problema.

—¿Lemont? —preguntó Hennessey.

—¡Oh! —Por algún motivo, Maribelle pareció ponerse nerviosa—. Es... es el dueño de la casa. Un anciano muy agradable. Te caería bien.

—Seguro que sí —dijo Hennessey, balanceándose sobre los talones con las manos en los bolsillos—. Mm... ¿para qué querías verme concretamente, mamá?

—Ah, pues para charlar un poco. Parece que ya nunca nos vemos.

—Bueno, hacía ya tiempo —asintió Hennessey—. Pero no voy a casa muy a menudo.

—Ya —asintió Maribelle, haciendo una breve pausa—. Oye, ¿y te queda mucho de universidad, cariño?

—Un año y medio... luego tengo que escribir la tesis. Pero no tengo que estar en Durham para hacer eso.

—Ya... Durham. Tengo entendido que es bonito —dijo con un suspiro melancólico, como si estuviera hablando de Florencia o París.

—Lo es. Aunque echo de menos esto —dijo Hennessey—. Son las dos Carolinas, pero mi corazón siempre vivirá en la del sur.

—Qué gracioso —dijo Maribelle, soltando una risita—. Son las dos Carolinas. Nunca lo había pensado. —En ese momento, Townsend supo a ciencia cierta que la inteligencia de Hennessey no procedía del lado materno de la familia—. Bueno, ¿y qué haces para divertirte, cielo?

Hennessey la miró extrañada, pues su madre no le había hecho una pregunta personal desde hacía años.

—Mm... estudio mucho, imparto un par de cursos para estudiantes no licenciados...

—¿Pero todavía no tienes novio? —Maribelle echó una mirada irónica a Townsend y dijo—: No sé a qué está esperando. Yo ya tenía una hija de ocho años cuando tenía su edad.

—No, mamá, no tengo novio. —Dudó un momento y Townsend prácticamente vio cómo le funcionaba la mente. Decidiendo evidentemente que no tenía nada que ocultar, Hennessey dijo—: Nunca tendré novio, mamá. Soy lesbiana. Tengo una amante que se llama Kate y que estudia medicina en Duke. Ella es parte del motivo de que decidiera estudiar allí.

A la mujer se le pusieron los ojos como platos y dio la impresión de que se iba a desmayar.

—¿Una médico? ¿Te has liado con una médico?

Parpadeando despacio, Hennessey dijo:

—Está estudiando medicina. No será médico hasta dentro de dos años y luego pasará otros cuatro años más o menos en formación.

Meneando la cabeza despacio, Maribelle dijo suspirando:

—Una médico.

—Sí. Una médico lesbianorra. Forrada de pasta. —Era evidente que Hennessey estaba más que molesta, y Townsend se temió que fuera a hacer una escena.

—Tú siempre te lo has montado bien, Hennessey —dijo la mujer de más edad, con aire celoso y un poco resentido.

—Sí, he tenido una vida estupenda.

Maribelle no advirtió el tono irónico, y Townsend no iba a ser la que lo señalara, de modo que se hizo un silencio tenso y largo en la cargada estancia.

Maribelle ladeó la cabeza como si oyera algo y dijo:

—Espera un momento, cielo. Ahora mismo vuelvo. —Se alejó correteando antes de que las otras dos pudieran decir nada y a los pocos segundos la oyeron hablar con alguien en el camino.

—¿Te diviertes? —preguntó Hennessey, sonriendo a su amiga tensamente.

—No. No vengo a verla a ella y no espero divertirme. Estoy aquí por ti.

Ahora una sonrisa auténtica iluminó el bello rostro.

—Tengo que recordarme a mí misma que nadie me obliga a venir aquí, y que si lo voy a hacer, tengo que hacerlo con amor... o si no es una pérdida de tiempo. Gracias por recordármelo, colega.

—De nada. Para eso estamos.

Se abrió la puerta y entró un hombre con una cintura de ciento quince centímetros embutida en unos pantalones de noventa y cinco. Llevaba una camisa blancuzca de poliéster, ceñida y de manga corta, y una corbata estrecha.

—Personeau —dijo, ofreciendo la mano—. ¿Eres Hennessey Boudreaux?

—Sí. —Lo miró extrañada y cuando se disponía a preguntarle quién era, él se adelantó con otra pregunta antes de que ella pudiera decir nada.

—¿Maribelle Pikes es tu madre?

—Sí...

—¿Recibes dinero de algún pariente que no sea tu madre?

—¿Qué? No, no, ¿pero a usted qué le importa?

—Escucha, bonita, ya tengo bastante trabajo. No me hagas perder el tiempo. ¿Eres estudiante a jornada completa?

—Sí, pero...

Él levantó la voz y siguió adelante:

—¿Cuántos años de estudios te faltan para terminar?

—Dos, pero...

—Eso es todo lo que necesito. Gracias. —Se dio la vuelta y salió de la estancia, y cuando Hennessey hizo amago de ir tras él, Townsend la agarró por el bolsillo de los vaqueros.

—¿Merece realmente la pena? —preguntó en voz baja, sujetándola con fuerza.

Notó que la tensión de la tela se aflojaba y Hennessey meneó la cabeza.

—No, supongo que no.

Oyeron que el hombre echaba a andar por el camino y Hennessey salió a la cálida luz del sol y se puso al lado de su madre. Vio que el hombre se metía en su coche, en el que ponía claramente Estado de Carolina del Sur. Rápida como el rayo, Hennessey le arrebató a su madre un sobre de la mano y le dio la espalda rápidamente cuando la mujer de más edad intentó recuperarlo. Moviéndose para esquivar sus manos, Hennessey sacó un cheque del sobre por una cantidad de 352,00 dólares. Se dio la vuelta y sostuvo el cheque ante los ojos de su madre, preguntando con un tono muy desagradable:

—¿En qué te ha ayudado que esté aquí hoy para conseguir esto?

—Eso no es asunto tuyo, Hennessey. Ahora vete. Tienes un largo viaje de vuelta.

Colocando ambos pulgares e índices en el centro del cheque, Hennessey amenazó con romperlo en dos.

—Más vale que me lo digas. No lo podrás cobrar si está pegado con celo.

Townsend salió y se puso detrás de su amiga, poniéndole la mano en la espalda y notando la acumulación de tensión y calor.

El movimiento distrajo a Hennessey lo suficiente para que Maribelle le quitara el cheque, que se metió dentro de la camisa.

—Ya te he dicho que esto no es asunto tuyo, jovencita. ¡Ahora métete en ese coche de lujo y lárgate!

—Muy bien, llamaré al Departamento de Servicios Sociales. Seguro que se alegran de investigar un pequeño fraude.

—No sabes de qué estás hablando —dijo Maribelle con desprecio.

—Cuando un funcionario del estado me hace preguntas sobre mi parentesco, mis medios y mis estudios... es que estoy implicada. Y si yo estoy implicada, es que tú estás cometiendo un fraude. De modo que sí que sé de qué estoy hablando, mamá. Te recomiendo que me digas la verdad o lo hará el estado.

—¡Muy bien! —Lo dijo con tal fuerza que le salió volando un chorro de saliva por el agujero donde debería haber tenido un bicúspide. Hennessey se secó la cara y retrocedió, apoyándose en Townsend, que le pasó un brazo por la cintura—. No sé por qué te importa, doña Marisabidilla de Carolina del Norte, pero me estoy muriendo de hambre. Alguien me dijo cómo conseguir un poco de ayuda y lo he hecho.

—¿Y qué tengo que ver yo con eso? —preguntó Hennessey.

—Tuve que conseguir una partida de nacimiento que dijera que tenías dieciséis años —contestó la mujer, sin la menor vergüenza—. Sabía que ese hombre iba a venir hoy, por eso te dije que vinieras.

Hennessey se echó a reír, a pesar de su enfado.

—¿Pero ese tipo es estúpido o qué? ¡Si parezco mayor de lo que soy!

Su madre le echó una mirada que indicaba lo simplona que le parecía su hija.

—He tenido que pasarle unos billetes para que lo haga. Todo el mundo se aprovecha —masculló.

—Gracias por decirme la verdad —dijo Hennessey—. Si es que es la verdad. —Cogió a Townsend de la mano y echó a andar por el camino.

—¿Se lo vas a decir? —quiso saber Maribelle.

Deteniéndose en seco, pero sin darse la vuelta, Hennessey dijo:

—No, no se lo voy a decir. ¿Cuánto tiempo puedes seguir recibiendo la subvención?

—Dos años. Esos rácanos hijos de puta sólo te dan dos años.

—Bien. Gracias. —Siguió caminando, agarrando la mano de Townsend con fuerza.

—¡Prométeme que no se lo vas a decir a nadie! —gritó Maribelle a su espalda.

—Te lo prometo —contestó Hennessey, con la voz quebrada al tiempo que le caían las lágrimas por las mejillas.


Una hora después, estaban sentadas en el muelle de Camarones Boudreaux y Hennessey hacía saltar piedras perezosamente por el agua tranquila.

La voz de Townsend rompió el silencio.

—¿Cómo vas, colega? ¿Te apetece hablar?

Hennessey sonrió a su amiga y dijo:

—Siento haber estado tan retraída. Es que... nunca deja de sorprenderme y decepcionarme.

—Lo sé, tesoro, lo sé muy bien.

—He estado pensándolo —dijo Hennessey—, y he decidido que voy a hacer que Kate me ayude a organizar una hoja de cálculo para ver cuánto dinero está robando mi madre. Lo voy a devolver todo... tarde lo que tarde.

—Ya sabía yo que querrías hacer eso —dijo Townsend. Le pasó el brazo a Hennessey por la cintura y la estrujó—. Eres una mujer tan honrada y madura. ¿Estás totalmente segura de que Maribelle y tú tenéis algo que ver genéticamente?

—Sí. Papá se habría dado cuenta —dijo Hennessey, riendo suavemente.

—Bueno, esto es un ejemplo más de por qué quieres tanto a tu abuela, y con toda la razón. Tu abuelo y ella son las personas que te han hecho ser la mujer que eres. Si te hubieran dejado con tu madre, estarías ayudándola a descubrir formas de defraudar al estado, en lugar de buscar formas de devolver el dinero.

—Sí, te aseguro que no es el tipo de persona que me gustaría seguir como modelo para mi vida. —Se quedó callada unos minutos y Townsend dejó que fuera ella quien llevara la conversación—. Sabes —empezó Hennessey—, esto es parte del problema con Kate. Nos cuesta comunicarnos con temas que son más emocionales que lógicos.

—¿Lógicos?

—Sí. —Hennessey hizo botar otra piedra por el agua—. Kate es muy lógica, muy lineal. Le gusta sopesar los pros y los contras de una situación y luego decidir cuánto tiempo y energía debe dedicarle. Yo comprendo que ella es así —dijo Hennessey—. Lo comprendo de verdad. —Echó las manos hacia atrás, apoyándolas en el muelle, y luego se inclinó hacia atrás, contemplando el cielo un momento—. Pero parece que ella no consigue hacer lo mismo conmigo.

Townsend le rascó ligeramente la espalda y preguntó:

—¿A qué te refieres, cariño?

—No quiero dar la impresión de que Kate es fría, porque no lo es —dijo Hennessey con vehemencia—. Es buena y generosa y me apoya totalmente... siempre y cuando no haga algo que ella piense que sólo me va a hacer daño.

—Ahh... así que en parte es que te quiere proteger —dijo Townsend.

—Sí. En realidad, es eso. Le daría igual que yo estuviera perdiendo el tiempo... el tiempo es mío, a fin de cuentas. Pero no entiende por qué sigo en contacto con gente que me hace daño, gente que no me comprende, gente que no me apoya por completo.

—Y supongo que tu madre es la primera de la lista de personas que te hacen daño.

—Sí, es la número uno —asintió Hennessey—. Kate quiere que marque un límite con mis abuelos para obligarlos a aceptar nuestra relación, pero quiere que deje de ver a mi madre... para siempre.

—Oh, Hennessey, tú nunca podrías hacer eso —dijo Townsend, sonriendo a su amiga con cariño—. ¡Tú irías a ver a tu madre a la cárcel aunque te hubiera pegado un tiro!

—Gracias por entenderlo —dijo Hennessey, riéndose suavemente por el ejemplo de su amiga—. Eso es muy importante para mí.

—Entiendo lo que sientes por tu familia y tu hogar, Hennessey. También sé que las dos cosas están interrelacionadas para ti. Esta tierra, esta gente, este océano. —Tiró una piedra lo más lejos que pudo y añadió—: Todo ello junto es tu hogar. Nunca serás feliz si estás demasiado lejos de cualquiera de ellos.

Hennessey no dijo ni una palabra más. Apoyó la cabeza en el hombro de su amiga y estuvo llorando largo rato mientras Townsend le acariciaba despacio la espalda temblorosa.


Al día siguiente fueron al coto y dedicaron casi toda la mañana a pasear, tratando de identificar la masa de plantas y animales nativos. A Hennessey se le daba el juego bastante mejor que a Townsend, pero la rubia estaba tan contenta de ver a su amiga de un talante tan relajado y alegre que no dejó que interfiriera su espíritu competitivo.

—Parece que hoy te sientes muy bien —dijo Townsend—. ¿No te quedan restos de la visita de ayer?

—No, la verdad —dijo Hennessey—. Cuando no estoy con ella, tengo la capacidad de acudir a mi parte empática y ver lo trágica que es su vida en realidad. Sólo me dan ganas de estrangularla cuando estoy con ella. —Sonrió a su amiga con tristeza y dijo—: Sabes, no me has dicho gran cosa sobre por qué estabas libre para venir aquí. ¿Van bien las cosas con Jenna?

Encogiéndose de hombros, Townsend dijo:

—Sí. Al menos yo creo que sí. Tenía que ir a casa y no se sentía cómoda llevándome con ella. Estaba segura de que su familia iba a notar cómo nos comportamos cuando estamos juntas... y seguro que tiene razón.

—Y... ¿eso no te molesta?

—Ojalá se lo dijera y acabara con todo esto de una vez, pero está progresando. Me he ocupado de conocer a algunas lesbianas de Logan y se siente cómoda socializando con ellas. Jo, hasta nos cogemos de la mano en público... en las calles desiertas —añadió, riendo—. No puedo obligarla a ir más deprisa de lo que le resulta cómodo... aunque desearía poder hacerlo.

—Ojalá Kate sintiera lo mismo que tú —dijo Hennessey—. No es la persona más paciente del mundo.

—Cielo, va a ser médico. ¡Si querías paciencia, tendrías que haber elegido a una poeta o una escultora!

—Sí, tienes razón —dijo Hennessey, riendo entre dientes—. Supongo que no puede tener todas las virtudes que deseo. Jo, seguro que yo tampoco soy perfecta para ella en muchas cosas.

—Nos pasa a todos —asintió Townsend—. Lo único que importa es que las virtudes importantes estén ahí.

Tras mirar a su amiga tanto tiempo que ésta acabó sintiéndose un poco incómoda, Hennessey preguntó:

—¿Jenna tiene todo lo que es importante para ti?

Tras pensarse la respuesta un buen rato, Townsend asintió por fin.

—Sí. Lo tiene. Es buena, generosa, atenta y paciente conmigo. Rara vez habla mal de nadie y se esfuerza por ayudar a los demás. Ha sido una influencia muy buena para mí y se lo agradezco. —Sonrió pícaramente y dijo—: Y besa que te mueres. Esos labios dulces no han pasado por muchos sitios.

—Ahí se ve algo de la antigua Townsend —dijo Hennessey, riendo con ganas—. A veces echo de menos tu lado más salido.

La rubia se encogió de hombros, sonrojándose un poco.

—Jenna es una mujer tan inocente que modero a propósito esa parte de mí. Supongo que tengo que pasar unos días lejos de ella para que vuelva a salir. A veces me siento como la prostituta redimida del pueblo que vive con el predicador.

—Espero que sepas que a mí me encantan todas y cada una de tus partes, Townsend: antiguas, nuevas, maduras, inmaduras. Cada parte de ti es perfecta.

—Gracias. Lo mismo digo. Siempre ha sido así y siempre lo será.


PARTE 15


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