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Capítulo 7


—¿Frankie? Cielo, ¿estás bien? Por favor, háblame —me rogaba Crystal.

—No... no sé qué decir. Crystal, la he conocido —dije con voz ronca.

Me miró, desconcertada por mi respuesta, y por fin comprendió a qué me refería.

—¿A ella? ¿La has conocido? ¿A la de tus sueños? —preguntó, elevando las cejas hasta el nacimiento del pelo.

Asentí con la cabeza. Era lo único de lo que me sentía capaz en estos momentos. Mi corazón se moría por volver a verla y sólo llevaba unos minutos lejos de ella. Su olor seguía atrapado en mi nariz. Dios... ¿por qué me estaba pasando esto? Eso era lo único que necesitaba saber.

—¿Qué ha ocurrido, Frankie? ¿Puedes intentar contarme lo que ha ocurrido? ¿Dónde la has visto? ¿Te ha reconocido? ¿Qué te ha dicho? ¿Ha dicho algo? ¿Su voz era la misma que en tus sueños?

La cabeza me daba vueltas por todas las preguntas que me estaba haciendo, pero sabía que sólo intentaba ayudarme. Necesitaba beber algo. Se me había puesto la garganta sequísima de llorar.

—¿Podrías traerme agua, por favor? —conseguí decir a duras penas.

—Claro, cielo, ahora mismo vuelvo. —Sonrió y me dio un beso en la coronilla.

Llevaba haciendo eso desde que me acordaba. Siempre que me ponía triste o deprimida, me daba un beso en la coronilla. Nunca supe el significado de aquello, sólo sabía que siempre me ayudaba. Como cuando te comes tu galleta preferida cuando necesitas un tentempié. Crystal siempre había sido mi galleta preferida... por así decir.

Volvió a entrar en mi habitación con un vaso de agua y unos Kleenex. Ambas cosas me ayudarían con mis líquidos corporales. Tenía el corazón tan apesadumbrado que casi no podía respirar. Me entregó el vaso y lo vacié de un par de tragos. Me cogió el vaso y luego me pasó la caja de Kleenex. Saqué uno de los pañuelos y la miré a los preocupados ojos marrones.

—Crystal, ¿esto ha ocurrido de verdad? ¿O es que estoy tan sola que ya no distingo la realidad de la fantasía? —Me empezó a temblar el labio inferior y ella me abrazó de inmediato para consolarme. Apoyé la cabeza en su pecho y escuché su corazón mientras me enjugaba las lágrimas. La oí tomar aliento con fuerza y noté la vibración de su voz a través del pecho.

—¿Crees que has estado allí de verdad, Frankie? —preguntó tranquilamente.

—Crys... no puedo imaginarme siquiera que no haya sido real. Era tan increíblemente real. Todavía la huelo... —dije, mientras mis lágrimas le empapaban la camisa.

—Te creo, cariño. De verdad —dijo, mientras seguía acunándome como a una niña pequeña.

—¿Por qué está pasando esto, Crystal? ¿Tienes alguna idea? —pregunté.

—Bueno, Frankie, no sé muy bien. Creo que nuestras almas son atemporales y siempre están activas. También creo que una vez se acaba el tiempo durante el cual viven en el plano físico, siguen bien vivas y vuelven de nuevo con una forma física distinta.

Suspiré pesadamente porque nunca había creído realmente en el absurdo de la reencarnación. Siempre había visto la muerte como el final de la vida, no como un nuevo comienzo. Ella sabía cuánto me costaba oír estas cosas. Tal vez debería haber escuchado sus teorías antes de ahora.

—¿Y qué está pasando exactamente, Crystal? —No quería saber la respuesta. Sólo quería que cesara el dolor.

—Bueno, ¿por qué no me cuentas tu experiencia? Así podré intentar guiarte un poco.

—Vale, intentaré recordar todo lo posible. Dios, espero que saques algo en limpio de todo esto. No sé cuánto voy a poder seguir aguantando.

—Haré lo que pueda, Frankie. Ahora vamos a ponerte cómoda —dijo, al tiempo que me reclinaba contra el cabecero de la cama y me colocaba almohadas detrás de la cabeza y los hombros. Se quitó los zapatos, se metió en la cama y esperó a que empezara a hablar.

—Vale, pues todo empezó con Joni Mitchell.

—Espera... ¿la cantante? ¿Estaba en tu sueño? —Me miró como si le fuera a decir que estaba de broma.

—Bueno, en cierto modo sí. ¿Recuerdas el otro día cuando se disparó el despertador y estaba cantando ella? —Asintió—. Pues empezó a sonar la misma canción, así que pensé que era el mismo pinchadiscos y que le gustaba poner esta canción a la misma hora todos los días. Bueno, pues no era mi despertador, era el tocadiscos del cuarto de estar. Salvo que no era yo la que había puesto el disco, era mi padre. —Se le pusieron los ojos como platos, pero me instó a que continuara—. Vale, oí esa canción de Ayúdame y fui a apagar el despertador y no estaba ahí, así que salí de mi cuarto para averiguar de dónde salía la música. Fui por el pasillo hasta que oí voces. Crystal, oí la voz de mi padre. No me lo podía creer. Llevaba años sin oír su voz: de hecho, tardé un poco en deducir dónde había oído antes esa voz. Al principio me apoyé en la pared porque te juro que mi cuerpo estaba entrando en shock. Luego oí la voz de una mujer. Crystal, era mi madre. ¿Te lo puedes creer? No recuerdo prácticamente nada de ella, pero en cuanto la vi, supe quién era. Vi que mi padre estaba intentando arreglar una radio o algo así en la mesa de la cocina. Ella estaba cacharreando en la cocina y esa canción no paraba de repetirse una y otra vez. La cabeza me daba vueltas. ¡Estaba espiando a estas personas, que ni siquiera me habían tenido aún, desde su propio pasillo!

Crystal guardó silencio a la espera de lo siguiente. Me bebí el resto del agua. Tenía la garganta muy seca. Me levanté y me llevé el vaso vacío al cuarto de baño para rellenarlo. Necesitaba más agua, ya que sabía que contar esta historia me iba a suponer un gran esfuerzo.

Volví a meterme en la cama y me reuní con Crystal, que esperaba pacientemente a que regresara.

—Vale, ¿lista para oír más? —dije sonriendo.

—Claro, tómate tu tiempo, cielo, tengo todo el día. Es domingo, así que tú también.

—Dios, casi se me había olvidado. Gracias a Dios que a Mario no le importa trabajar en domingo. ¿Lo has conocido ya?

—Creo que lo vi un momento la semana pasada. Parece buena persona. ¿Te está sustituyendo?

—Hoy sí y dejémoslo en eso —dije con una sonrisa.

Mi recién contratado empleado, Mario Antonelli, estaba trabajando solo en domingo por primera vez. Los domingos sólo abrimos unas pocas horas, así que no creía que fuera a tener ningún problema. Sabía que necesitaba tener a otra persona conmigo, empezaba a estar harta de trabajar los siete días de la semana. Puede que esté entregada a mi tiendecita, pero todavía no estoy tan loca como para que me encierren. Ahí hay una delicada línea que no estoy dispuesta a cruzar.

—Vale, doña Esquiva, vamos a hablar más de esto —me tomó el pelo Crystal.

—Está bien. Deja que me sitúe de nuevo —dije, colocándome de nuevo sobre las almohadas—. ¿Por dónde iba?

—Estabas mirando a tus padres.

—Ah, sí... Pues eso, que estaba mirando a mis padres, que estaban de nuevo en los años setenta y bien jóvenes. Qué pasada. No recordaba que mi padre tuviera tanto pelo. No podía creer que estuviera viendo a mi madre. No recuerdo gran cosa de ella, pero las fotos que tengo no le hacen la menor justicia, es guapísima.

Me preguntó dónde estará ahora. Hace tanto tiempo que se marchó... me pregunto si alguna vez piensa en mí. Seguro que no, la muy guarra ni siquiera vino al entierro de papá. Mis pensamientos me abrumaban el cerebro.

—¿Frankie? ¿Hola? Te has ido por completo, cielo. ¿Me lo cuentas?

—Oh, perdona, Crystal, es que estaba pensando en mi madre. No me puedo creer que ni siquiera apareciera para el entierro de papá. Habría apostado que de aparecer alguna vez, sería en ese momento.

—Ya, bueno, las prioridades de la gente son rarísimas hoy en día.

—Ya lo creo —asentí—. Bueno, el caso es que los observé un rato y volví a mi cuarto. Bueno, la verdad es que ya no era mi cuarto, porque cuando volví a entrar, no había la menor señal de que alguna vez hubiera estado allí. Me puse de los nervios, así que salí por la ventana y bajé por la escalera de incendios.

—Ah, como en los viejos tiempos. ¿Recuerdas cuando nos escapábamos así? ¡Tu padre jamás se enteró! —dijo riéndose.

—Oh, créeme, lo sabía. Siempre me esperaba despierto. Sabía distinguir sus ronquidos falsos de sus ronquidos verdaderos. Sólo que nunca he sabido por qué nunca me castigó.

—Sólo quería asegurarse de que estabas bien, Frankie. Eras buena chica en general y él lo sabía. Estoy segura de que sólo le preocupaba tu seguridad.

—Sí, probablemente es cierto. Nunca tenía que llegar a una hora fija. Teníamos una buena relación y la comunicación nunca fue un problema. —Noté que se me llenaban los ojos de lágrimas—. Dios, lo echo de menos, Crystal.

—Lo sé, cariño —dijo, apoyando la cabeza en mi hombro y acariciándome el brazo.

Nos quedamos así hasta que logré serenarme. Me sentía como si estuviera teniendo una crisis nerviosa. Habían pasado tantas cosas, ¿o no? No sabía si creer realmente o no que mi experiencia había sido un viaje de verdad o que había sido sólo un sueño. Nunca hasta entonces había tenido un sueño en el que sintiera tales cosas.

¡Dios! ¿Qué está pasando?

Noté que me empezaba a relajar y decidí continuar con mi historia.

—Vale, creo que estoy lista.

—Muy bien, Frankie, te escucho —dijo ella, acurrucándose más contra mí.

—Bueno, pues después de bajar corriendo por la escalera de incendios, me quedé pasmada mirando el barrio. O sea, Crystal, ¡tu tienda ni siquiera era una idea aún! Era increíble. Estaba mirando la calle y era como si estuviera viéndola a través de los ojos de otra persona. Vi el barrio tal y como era en 1974.

—¿1974?

—Sí. Bajé por Sheridan Road y encontré un pequeño café que que ya no existe. Era un café monísimo. Me senté y esperé a que me atendieran. Me senté en la barra y allí estaba ella, Crystal. Vi un periódico ¡y la fecha era del 22 de abril de 1974! Creí que iba a vomitar de la angustia. Entonces la vi bien de cerca. Yo no conseguía decir una frase entera de lo cortada que estaba. Era increíblemente bella, más de lo que podría haberme imaginado jamás. Entonces me habló con esa voz angelical que había oído tantas veces. Casi me da algo.

—¿Qué dijo? —preguntó Crystal.

—"¿Querías pedir algo, cielo?" Era adorable, Crystal. Me quedé boquiabierta mirándola. Mi mente examinaba cada línea de su cara y cada curva de su cuerpo. Pensé que me iba a hacer arrestar por los pensamientos que se me pasaban por la cabeza. Habría... maldita sea.

—Bueno, vale, entonces comiste, supongo, ¿no? —Me di cuenta de que se estaba poniendo impaciente.

—Sí, comí y luego hicimos planes para el resto del día. Fue de un raro... Quiero decir, no sé si yo habría podido hacer planes con alguien a quien acabara de conocer en el trabajo. En cualquier caso, esperé a que terminara su turno y me dijo que su novio iba a venir a recogerla.

—¿Su novio? —exclamó Crystal.

—Sí... lo sé... chica, qué encanto de hombre. No sé, Crystal, también me preocupa que esté con él. Hablamos de lo abusivo que se pone, especialmente cuando bebe. Me temo que tendría que matarlo si veo que le hace daño.

—¿Crees que ella es lo bastante fuerte como para dejarlo? —preguntó.

—Creo que animándola lo suficiente, lo haría. Tiene miedo de lo que le pueda hacer si lo insinúa siquiera. Este tipo es un asqueroso total, Crystal. Me entraron ganas de despellejarlo cuando lo conocí. Me estaba babeando encima hasta que se enteró de que era amiga de Annie. Estoy segura de que la engaña. Es pura escoria.

—Annie, ¿eh? —Me dio un codazo sonriendo.

—Sí, y le pega todo. Es una Annie total. Está estudiando para hacerse escritora en la Universidad de Loyola. Dios, Crystal, ¿cómo puede no ser real algo como esto? No lo comprendo. Yo he estado allí, maldita sea. Nadie puede decirme nada que me lleve a creer lo contrario.

—Yo no dijo que no haya ocurrido, Frankie. Estas cosas pasan. Creo que deberíamos hablar de ello con Nonnie. Creo que puede ayudar. Lleva más tiempo en esto y ha visto más cosas que yo.

—¿Qué crees que ha sido, Crystal? —Sentía curiosidad.

—Yo diría que has tenido una experiencia extracorporal consciente.

—¿Qué es eso? —No me gustaba en absoluto cómo sonaba aquello.

—Hay una experiencia llamada experiencia "extracorporal" que ocurre normalmente durante el sueño en la que puedes tener la sensación de estar volando o cayendo, pero sobre todo de movimiento. La persona se encuentra en un estado alterado de la consciencia. Hay personas que han tenido experiencias "extracorporales conscientes", que es más difícil, pero es como un sueño lúcido. Eso es lo que creo que te ha ocurrido a ti.

Ya sabía yo que no me gustaba cómo sonaba.

—¿Y ahora qué? O sea, ¿crees que puede ocurrir otra vez?

—Pues eso depende de ti y de tu amiga Annie. Para mí es muy evidente que te necesita para algo. A lo mejor es la situación entre su novio y ella. No lo sé. No lo sabremos a menos que vuelva a ocurrir. Creo que deberíamos ir a ver a Nonnie, Frankie. Es posible que pueda ver algo que yo no veo.

—Está bien, Crystal, pero te lo advierto. No voy a beber ningún té raro ni nada que ayude con este proceso. Quiero respuestas más que nadie, pero no voy a participar en ningún sacrificio por la causa —expliqué con seriedad.

Crystal se rió de mí, como sabía que haría.

Dios, hasta yo me estoy riendo de lo absurdo que es todo esto. Necesito reírme, ya he llorado demasiado por hoy. Dios, me duele el corazón.



Capítulo 8


Bajamos a casa de Nonnie y nos la encontramos durmiendo la siesta en el salón. No quise despertarla, de modo que esperamos un rato en la cocina. Crystal tenía hambre, así que decidimos hacer un "brunch". Ya se había pasado la hora del desayuno, pero tampoco era la hora de comer. Creo que la gente ha decidido llamarlo "brunch" para tener una excusa para comer más.

¿Pero qué sé yo? Me están ocurriendo cosas extracorporales. ¿Verdad? Verdad.

Nos sentamos a comer hasta que ya no pudimos más. Tras echarnos a suertes quién iba a fregar y secar, nos pusimos a recoger. Para cuando terminamos de recoger el desastre que habíamos creado en la cocina, Nonnie ya se había despertado. Entró en la cocina y nos miró frotándose los ojos soñolientos.

—Hola, chicas. ¿Qué hacéis aquí con el día tan bueno que hace?

—Hola, Nonnie, acabamos de comer. ¿Qué tal tu siesta? —le dijo Crystal.

—He descansado. Ya sabéis que una chica de mi edad necesita descansos de belleza siempre que pueda —dijo sonriéndonos.

—Nonnie, tenemos que hablar contigo de una cosa que le ha pasado a Frankie —dijo Crystal toda seria.

—Vale, voy a hacerme una taza de té y hablaremos en el salón —contestó Nonnie.

—Muy bien. Ahora te vemos —le respondió a Nonnie.

Crystal me cogió de la mano y me llevó al salón. Yo seguía muy nerviosa con la idea de hablar de esto. Es decir, ¿y si no era más que un sueño muy vívido? Era ridículo. Era un sueño y eso era todo, eso tenía que ser. Tenía que pensar así, porque si no me iba a volver loca tratando de buscar una manera de volver a ver a Annie.

Dios... Annie... ¿Eres real? ¿O eres sólo un sueño? ¡Dios!

—¿Vale, Frankie? —dijo Crystal. Oh, mierda, ya se me había ido la olla.

—¿Cómo dices?

—¿Estás bien, chica? Respira hondo. Todo va a ir bien, te lo juro. Nonnie no se va a burlar de ti —dijo Crystal, cogiéndome la mano y acariciándome la parte interna de la muñeca. Dios, cómo me tranquilizaba siempre.

—Sí, estoy bien. Es que ya no sé qué creer, ¿sabes? —le dije con franqueza.

—Lo sé, cielo. Vamos a ver qué dice Nonnie de tu experiencia —me dijo con tono tranquilizador.

Nonnie entró en el salón con una taza de té hirviendo para ella. Me miró y luego miró a Crystal y decidió que ésta iba a ser una conversación que se iba a prolongar lo suyo.

—Bueno, ¿quién quiere empezar? —dijo Nonnie, directa al grano.

—Voy a resumir lo que le ha pasado a Frankie y, Frankie, si quieres intervenir cuando me olvide de algo, no lo dudes, ¿vale? —terminó Crystal.

—Sí, me parece bien —asentí.

—Vale, pues empiezo. —Crystal respiró hondo y empezó mi historia—. Creo que Frankie ha tenido una experiencia extracorporal consciente, Nonnie —explicó.

—Vaya, qué interesante. Sigue —la instó.

Crystal le contó a Nonnie todo lo que yo le había contado a ella hacía un par de horas. Nonnie estaba sentada en su mecedora preferida y guardó silencio total a lo largo de toda la explicación de mi viaje. El silencio me estaba sacando de quicio.

—¿Qué opinas, Nonnie? —Ya no pude contenerme más.

—Hija, dame un momento para que lo piense. La paciencia es algo que necesitas adquirir sin tardanza —me recriminó. Sabía que no tenía la menor paciencia.

—Lo siento, es que todo esto me tiene un poco alterada. Sólo quiero saber si ha sido real o no —dije, agachando la cabeza.

—Oh, ya lo creo que ha sido real. Necesito pensar un momento. —Se levantó y volvió a la cocina. Hubo unos ruidos que indicaban que se estaba rellenando la taza de té. Me quedé mirando a Crystal sin poder creérmelo.

—Es real, ¿eh? Genial... —Apoyé la cabeza en las manos—. ¿Así que no estoy loca?

—Cielo, nunca has estado loca. Te lo prometo, Nonnie y yo te ayudaremos con esto todo lo que podamos. Yo creo que Nonnie está intentando dilucidar por qué esta tal Annie se ha puesto en contacto contigo para empezar. Le gusta saberlo todo antes de meterse en una cosa así.

—No es "esta tal Annie"... sólo Annie. —Me quedé callada.

—Ooh, tema delicado, ¿eh? —Me la quedé mirando—. ¿Frankie? Te estás enamorando de ella, ¿verdad? —Me echó su sonrisa de sabelotodo.

—No estoy enamorada de ella... Al menos todavía no —reconocí—. Pero si lo estuviera, no habría ninguna otra persona de quien prefiriera enamorarme.

—Caray, Annie tiene que ser muy especial —dijo, apoyando los codos en las rodillas y mirándome atentamente.

—Sí que lo es, Crystal, y te agradecería que no te burlaras de mí en estos momentos. —Fingí hacer un puchero y Crystal me puso la mano en la cabeza con gesto tranquilizador.

—Sabes que yo no haría eso. Sólo te estoy tomando el pelo. Ya veo que para ti es importante. Haremos lo que podamos, te lo prometo —me aseguró.

Nonnie volvió a entrar en ese momento. Efectivamente, se había vuelto a llenar la taza de té caliente y se acomodó de nuevo en su mecedora preferida con funda de cuadros. Se meció un poco y luego me miró largo rato sin decir palabra. Esta vez supe que no debía decir nada. Por mucho que me incordiara, dejé que me mirara.

—Vale, Frankie. Creo que lo que te ha pasado ha sido una auténtica experiencia extracorporal consciente. —Gemí por dentro—. Creo que hay motivos de peso para que ella haya venido a buscarte. Puede ser que os conocierais en otra época y que el tiempo que estuvisteis juntas se interrumpiera por algo, tal vez incluso la muerte. En estos momentos no lo sé. Intentaré ponerme en contacto con unas personas esta noche y averiguar más cosas. Lo que quiero que hagas es que no te empeñes demasiado en regresar a ese sitio. Déjate llevar. Debes estar muy relajada, casi en estado de meditación. ¿Sabes meditar?

—No... yo...

—Crystal te enseñará. —Cerré la boca que se me había quedado abierta y miré a Crystal, que me sonrió y meneó la cabeza—. Entretanto, si intenta ponerse en contacto contigo de nuevo, ya sea a través de tus sueños o lo que sea, déjate llevar. No intentes controlar la situación, que te conozco —dijo, señalándome con el dedo—. Deja que ocurra. Abre la mente y digo en serio que la abras. Te conozco desde hace mucho tiempo y sé que no crees en muchas de las cosas en las que creemos Crystal y yo, pero debes confiar en lo que nosotras sabemos del otro lado.

—¿El otro lado? —pregunté con incredulidad.

—Sí, el otro lado —repitió.

—¿Qué hay al otro lado, Nonnie? —pregunté en voz baja.

—Las respuestas que necesitas —dijo y la miré mientras se levantaba y se iba a su cuarto.

¿Puede ser más críptica? Conociéndola, creo que ya sé la respuesta.


PARTE 6


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